Lunes, 25 de abril de 2011
El gozo de los padres que han sido generosos con sus hijos no acabar? aqu?: los querr?n a?n m?s en la otra vida
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Ley de vida
Ley de vida

Al margen de todas las consideraciones espirituales, conviene no dramatizar: la separaci?n de padres e hijos es ley de vida: "dejar? el hombre a su padre y a su madre, y se unir? a su mujer, y ser?n dos en una sola carne" (Marc. X. 7?8). Y los que se casan no suelen seguir tampoco el parecer de sus padres a pies juntillas. Escribe Addison que "la mujer pide raras veces consejo antes de comprarse el traje de boda".

Algunas oposiciones violentas a la vocaci?n de los hijos, con llantos y amenazas, revelan, junto con la falta de aceptaci?n de la Voluntad de Dios, el quebrantamiento no aceptado de un af?n posesivo: un af?n a veces patol?gico que se cree con derecho a dirigir la vida de sus hijos a su capricho, consider?ndolos como eternos adolescentes. Contra ese atropello exclama Do?a Juana, un personaje de una comedia de Moreto:

"Obedecer es muy justo a mi padre, pero no cuando la elecci?n err?; que un casamiento forzado lleva el honor arriesgado y soy muy honrada yo".

Ese af?n posesivo lleva con frecuencia, en el caso de que el hijo decida entregarse a Dios, a murmuraciones y acusaciones contra instituciones de la Iglesia; y en el caso de que el hijo tome matrimonio se concreta en entrometimientos en su vida familiar y en murmuraci?n de nueras. Muchas veces este af?n se reviste de preocupaci?n por el futuro. Pero, ?cu?ntas madres aceptan sin m?s problema que su hija joven se case y se vaya a otra ciudad ?en el matrimonio, que tantas veces recoge frutos amargos de infidelidad? con una persona casi desconocida... y ponen el grito en el cielo si decide entregarse a Dios, que nunca traiciona!

Sin embargo, lo habitual es que tras una primera reacci?n negativa, si los hijos responden generosamente a su vocaci?n, los padres acaben acept?ndola y queri?ndola, y sea para ellos fuente de gozo y de alegr?a. "Mucho se alegrar? el padre del justo ?dice la Sagrada Escritura? y el que engendr? a un sabio se gozar? en ?l. Al?grense, pues, tu padre y tu madre".

Los testimonios de los padres que tienen hijos consagrados a Dios en las distintas instituciones de la Iglesia? confirman una realidad universal: el gozo de los padres ?incluso de aquellos que se opusieron al principio tenazmente a la vocaci?n de sus hijos? al verlos fieles en su camino.


A?n m?s en el cielo

En el invierno de 1856, Mamma Margarita cay? enferma. Vi?ndose morir, llam? a Don Bosco y el dijo: "Bien sabe Dios, hijo m?o, lo mucho que te he querido, pero espero quererte a?n m?s en el cielo". Sus palabras testimonian una consoladora realidad: el gozo de los padres que han sido generosos con sus hijos no acabar? aqu?. Los padres de los santos y de las almas entregadas a Dios los querr?n a?n m?s en la otra vida y contemplar?n, con toda su grandeza, el influjo espiritual de la vida de sus hijos en miles y miles de almas. ?Qu? gozo el de Luis Mart?n, al ver desde el cielo "la lluvia de rosas" que provoc? la entrega de su hija! ?Qu? alegr?a incomparable la de mam? Margarita al contemplar el crecimiento de aquel hogar espiritual que naci? gracias a su esfuerzo! ?Qu? confusi?n alborozada la de Juan Bautista Sarto al comprobar c?mo ?l, un pobre alguacil, contribuy?, sin saberlo, a enriquecer la Iglesia contempor?nea de un modo profund?simo e incalculable!

Tambi?n podemos imaginarnos a Teodora Theate, a Monna Lapa, a Juan Luis Bertr?n, a Fernando Gonzaga, a la madre de Juan Cris?stomo, y a Pedro Bernardone y a tantos y tantos otros. Tambi?n ellos gozar?n al ver las maravillas que ha hecho Dios por medio de sus hijos. Y dar?n gracias a Dios porque, pese a sus lloros y lamentos, a sus amenazas y "pruebas", sus hijos no les hicieron demasiado caso. Si hubieran llegado a hacerlo, la Iglesia y la humanidad no contar?an ?y ellos comprobar?an la consecuencia negativa inmensa de sus actos? ni con santo Tom?s de Aquino, ni con Santa Catalina de Siena, ni con San Luis Bertr?n, ni con San Luis Gonzaga, ni con San Juan Cris?stomo, ni con San Francisco de As?s...

Resulta casi inimaginable el empobrecimiento que hubiesen acarreado ?de conseguir sus prop?sitos? a la Iglesia en el ?mbito de la teolog?a, del papado, de la evangelizaci?n, de la espiritualidad, de la doctrina... Gracias a Dios, sus hijos fueron fieles a su vocaci?n y las palabras de Jes?s adolescente en el Templo resonaron en sus o?dos con m?s fuerza que las de sus padres: "?No sab?ais que yo debo ocuparme en las cosas de mi Padre?".


Jos? Miguel Cejas, "La vocaci?n de los hijos", Folletos MC


Publicado por mario.web @ 9:56
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