Lunes, 25 de abril de 2011


Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual

Nuestra vida dar?a un vuelco si encontr?semos la manera de realizar tantos proyectos que llevamos en el coraz?n sin que nadie nos lo impidiese. O, mejor, sin que nadie nos viese...

Un pastor llamado Giges, seg?n se cuenta en una leyenda griega, encontr? la manera de llevar a cabo esos proyectos. ?C?mo? Con un anillo que, al ser girado hacia dentro, le permit?a conquistar el don de la invisibilidad. Pens? entonces que podr?a entrar donde ning?n pastor hab?a entrado: ?en las habitaciones del rey! All? se lanz?, ?l, que antes aparentaba ser honrado y sencillo, y, ni corto ni perezoso, sedujo a la reina, mat? al rey, y qued? as? al frente de todo el dominio de quien antes era su due?o y se?or.

Todos hemos so?ado, alguna vez, con adquirir esa cualidad magn?fica de la invisibilidad. Con ella podr?amos atravesar puertas custodiadas por severos polic?as o por inc?modos porteros. Sin pagar podr?amos ver una buena pel?cula de cine, o disfrutar de un emocionante combate de boxeo en primera fila, sin que nadie notase nuestra presencia, o entrar en una tienda y salir con una serie de regalos ?tomados? sin tener que realizar la molesta cola para pagar en caja...

Ante un anillo como el de Giges, podr?amos descubrir que, en el fondo, lo que antes consider?bamos como ?absolutamente prohibido? resulta una posibilidad a nuestro alcance, sin el terrible inconveniente de alguien que nos mire, nos denuncie o, si se trata de un polic?a, nos meta a la c?rcel...

La f?bula griega es s?lo eso, una f?bula, que ha dado pie a diversas pel?culas o a las aventuras apasionantes de los personajes de una larga novela mitol?gica, El se?or de los anillos. Pero nos sirve para preguntarnos si, en el fondo, somos buenos s?lo porque nos ven, o si no ser?amos un poco menos buenos (en el fondo, un mucho p?caros y delincuentes) si nuestros actos se mantuviesen en el m?s completo secreto, protegidos de las vistas indiscretas y enjuiciadoras de los dem?s. Esta f?bula nos sirve para sacar a flote lo que es el centro de nuestros sue?os, aquellas cosas que de verdad queremos y amamos, en lo m?s profundo de nuestro coraz?n.

Podr?a ser que descubramos que queremos cosas enormemente peligrosas. Tal vez notaremos que el sue?o largamente acariciado es un crimen o una venganza guardada y alimentada durante a?os de odio y de rabia. Quiz? sea una ambici?n capaz de hacernos cometer robos enormes (o peque?os furtos). Quiz? sea un deseo de infidelidad conyugal, de esos que por desgracia, sin necesidad de un anillo de Giges, ocurren con bastante frecuencia en nuestra sociedad. Sue?os tristes, sue?os malos, sue?os que no querr?amos tener, que no querr?amos que otros tuviesen respecto de nosotros mismos...

Pero quiz? podremos descubrir (?por qu? no?) que albergamos sue?os ben?ficos, quijotescos, a lo Robin Hood, de quien quiere hacer el bien e implantar algo de justicia en nuestro mundo. Sue?os de defender a los ni?os de la explotaci?n de los mayores, a los pobres de sus condiciones de miseria, a los tristes de sus pesimismos, a los ancianos de sus abandonos, a los enfermos de sus sufrimientos en soledad, a los deformes y discapacitados de las tremendas marginaciones sociales.

Nos puede ser de mucha utilidad descubrir un ?anillo de Giges? por unos minutos. Pocos minutos, pero suficientes para desatar nuestro coraz?n de las miradas que nos esclavizan y nos impiden ser lo que realmente somos.

Sabemos, desde luego, que el hombre ?invisible? no puede escapar de los ojos de Dios. O, mejor todav?a, que deber?amos de dejar de preocuparnos de lo que piensan los dem?s cuando actuamos, para preocuparnos por esos ojos invisibles, pero reales, de Dios. Entonces nos daremos cuenta de que vale la pena s?lo una cosa: hacer el bien que nos pide el coraz?n, que no es sino una forma de escuchar lo que Dios nos grita todos los d?as, ante las mil disyuntivas que surgen en lo cotidiano de nuestro vivir.

Quiz? alg?n d?a, cuando despertemos a la eternidad, ?veremos? con clarividencia la vida de cada hombre y mujer como si tuvi?semos un anillo que no s?lo no nos hace invisibles, sino que nos permite ver lo que todos cre?amos que era invisible, pero era visible para Dios.

Entonces muchos gestos de benevolencia y de ?altruismo? se mostrar?n como m?scaras de ego?smos camuflados y de intereses torcidos. Pero tambi?n veremos que muchos hombres y mujeres que valor?bamos poco (si es que no los consider?bamos como delincuentes o temibles enemigos) relucir?n con un coraz?n y una vida escritos en l?nea recta, en una fidelidad total a los propios valores y con un aut?ntico sentido del amor, la justicia y la fraternidad.

El anillo de Giges no hizo peor al pastor que lo encontr?. S?lo dej? salir fuera un dinamismo de mal que se escond?a dentro de su alma. Importa, por tanto, construir un coraz?n lleno de bondad para que, con anillo o sin anillo, cada uno se dedique s?lo a una tarea en la vida: hacer el bien, construir un mundo un poco m?s bueno y un poco m?s feliz...


Publicado por mario.web @ 10:33
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