Domingo, 01 de mayo de 2011
El l?der de nivel 3 no puede desempe?ar cabalmente su funci?n si no cuenta con personas capacitadas para comunicar con fuerza persuasiva la quintaesencia de su pensamiento y su m?todo.
?
Necesidad de formar escuela
Necesidad de formar escuela



El l?der de nivel 3 no puede desempe?ar cabalmente su funci?n si no cuenta con personas capacitadas para comunicar con fuerza persuasiva la quintaesencia de su pensamiento y su m?todo.

La tarea investigadora que ha de realizar exige mucho tiempo y concentraci?n. Por eso necesita delegar en colaboradores eficaces las tareas de organizaci?n y difusi?n. El buen l?der no se siente obligado a realizar todas las tareas que implica su funci?n de gu?a.

?sta comienza por descubrir claves de orientaci?n de la vida y sigue por la selecci?n de colaboradores y la promoci?n de los mismos a puestos de responsabilidad.

El l?der orienta y anima, procura descubrir nuevos talentos y los insta a prepararse para realizar una fecunda labor de liderazgo. Esta labor promotora de nuevos l?deres es caracter?stica del llamado ?l?der transformacional?, que no intenta atraer hacia s? a una multitud de seguidores, sino orientarlos hacia el verdadero ideal.

Se trata, por tanto, de un liderazgo compartido, impulsado por la participaci?n generosa de todos en valores elevados, no por el af?n de satisfacer alg?n inter?s propio, como sucede con el ?liderazgo transaccional?.

Un dirigente que se atiene a la situaci?n en que se halla y no siente preocupaci?n por mejorarla puede ser un buen administrador o gestor, pero no ser? un l?der de nivel 3, funci?n que debe ir adherida a todo cargo de responsabilidad.

La dificultad que entra?an tales cargos es hoy mayor que nunca, debido a la complejidad de la vida actual y a la multitud de posibilidades nuevas que alberga y de riesgos que implica.


Tanto m?s necesario es para todo responsable disponer de l?deres de mediaci?n que trasmitan y potencien su capacidad orientadora.

Estos l?deres est?n llamados a realizar una labor de gran alcance, caracterizada por las siguientes tareas:

1. Ahondar en el pensamiento del promotor del proyecto educativo y perfeccionarlo en todos los ?rdenes. Si realizan esta funci?n eficazmente, pueden llegar a convertirse en l?deres de nivel 3. Tal conversi?n es una de las metas que persigue todo l?der transformacional, cuyo prop?sito b?sico es la promoci?n de la calidad personal de sus seguidores (16) .

2. Difundir, con talante creativo, la doctrina y el m?todo del proyecto en el que se hallan comprometidos. Para ello han de poner en juego, dentro de sus posibilidades, toda suerte de medios:

- Dar conferencias, impartir cursos, publicar art?culos y libros, grabar audiocassettes y v?deos, dirigir tutor?as, recensionar libros, sostener debates, dirigir sesiones catequ?ticas, pronunciar homil?as...

- Fundar y dirigir grupos de trabajo, conforme a las normas de las din?micas de grupo. En los ?ltimos tiempos se cultivaron profusamente estas din?micas, a veces en detrimento de la labor orientadora de los l?deres.

Es conveniente fomentar la participaci?n de los componentes del grupo de trabajo, pero no se puede reducir toda su labor al di?logo entre ellos. Se ha llegado a considerar como sesi?n de trabajo ideal aquella cuyo director se limita a presentar un tema escuetamente para dar paso a la discusi?n en grupos.

Esta discusi?n resulta con frecuencia in?til cuando no va precedida de una oferta de claves de orientaci?n por parte de un gu?a.

Lo decisivo en tales encuentros no es tanto intercambiar opiniones, m?s o menos improvisadas, sobre el tema propuesto cuanto comprobar en qu? medida son eficaces las claves de orientaci?n propuestas por el l?der del grupo en orden a resolver una serie de problemas.

Si los asistentes regresan a sus casas con un pu?ado de claves que les permitan ganar la debida perspectiva respecto a grandes cuestiones de la vida, podemos hablar de misi?n cumplida.

En cambio, reducir la sesi?n a una serie de coloquios y a la puesta en com?n del resultado de los mismos puede ser una cortina de humo que oculte la falta de un aut?ntico liderazgo.

A menudo se hace pasar este procedimiento como un modelo de relaci?n grupal ?democr?tica? y se anatematiza la funci?n dirigente del aut?ntico l?der como una forma de ?imposici?n dogm?tica e intransigente, no dial?gica y participativa?.

En esta acusaci?n se confunde la oferta de claves de orientaci?n con la imposici?n de doctrinas r?gidas, y se identifica la tenacidad en la defensa de una posici?n bien razonada con la terquedad del que no admite razones adversas a su posici?n monol?tica.

Este cultivo unilateral de las din?micas de grupo no debe empa?ar su importancia en la tarea de realizaci?n de un proyecto formativo. De ah? la conveniencia de que todo l?der conozca las normas que regulan la formaci?n de grupos de trabajo y la direcci?n de los mismos.


- Ayudar a interpretar de modo penetrante toda suerte de obras culturales: filos?ficas, literarias, cinematogr?ficas... Para ello, el l?der ha de cultivar el arte de leer y de contemplar con las tres condiciones de la inteligencia madura: largo alcance, amplitud, profundidad. Conviene aqu? subrayar que hay, al menos, tres niveles de lectores y de espectadores:


1) El que se halla en un nivel cultural m?s bajo que el del autor y s?lo puede captar algunas ideas inconexas de su obra. No descubre el sentido del conjunto y no acierta a ver la funci?n que ejerce en ?l cada una de sus partes.

2) Un lector o espectador que posee un grado de cultura af?n a la del autor y capta cada una de las ideas expuestas y su funci?n dentro del conjunto de la obra, de modo que adivina el sentido profundo de lo que en ella se afirma.

En la obra de Tirso de Molina El burlador de Sevilla y convidado de piedra, Don Juan se ofrece a alumbrar el camino a Don Gonzalo y ?ste le contesta: ??No alumbres, que en gracia estoy!? (17) .

?Se trata de una vana incongruencia o se nos revelan en esta sencilla frase los distintos niveles de realidad en que se mueven los personajes y las actitudes que adoptan en su vida?

El lector de este segundo nivel sabe responder a estas cuestiones -que constituyen el tema de la obra, m?s all? de su mero argumento- y descubre el mensaje human?stico profundo que nos trasmite el autor.

3) Un lector o espectador que, por disponer de claves de orientaci?n de la vida superiores en alg?n aspecto a las que guiaron en su d?a al autor, es capaz de sobrevolar el texto y determinar si el autor fue fiel en todo momento a su punto de partida y supo ver todo el alcance de su obra.

Ciertas manifestaciones de Federico Garc?a Lorca parecen dar a entender que su obra Yerma expone el drama de una mujer que padece una esterilidad biol?gica (18) .

El lector que conoce a fondo lo que es e implica el encuentro interhumano adivina que el verdadero drama de la protagonista consiste en la esterilidad espiritual que implica la falta de encuentro.

Vista as?, esta obra pasa de ser vista como ?una tragedia rural de pasiones elementales? a ser considerada como una seria advertencia de que la falta de creatividad corroe las relaciones conyugales de forma extremadamente peligrosa.

En la genial pel?cula de Th. Dreyer Dies irae, dos j?venes unidos por un amor ?imposible? -seg?n los c?nones de la ?poca- se acercan a un lago y suben a una barca. El joven pregunta: ??A d?nde vamos??. La joven contesta: ?A donde nos lleve la corriente?.

En ese lago no hab?a corriente alguna capaz de arrastrar esa barca. Se ve inmediatamente que el autor quiere elevarnos a un nivel superior al de los procesos naturales.

El lector que se mueva en el nivel de los procesos espirituales percibe r?pidamente que la corriente a que alude la joven es la del v?rtigo, que puede arrastrarnos a donde no queremos en principio ir. Vista as?, la obra adquiere un gran valor est?tico y un poder formativo relevante.

Todo l?der est? llamado a ser un lector de nivel 3.


Publicado por mario.web @ 1:00
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios