Domingo, 01 de mayo de 2011
Nos cuesta advertir que descuidamos lo m?s grande que tenemos: nuestra honestidad, nuestra familia, la vocaci?n a la que nos sentimos llamados, nuestros deseos de ayudar a los dem?s
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No olvides lo principal
No olvides lo principal
Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un ni?o en los brazos pasaba delante de una caverna y escuch? una voz misteriosa que desde dentro le dec?a: "Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal. Y recuerda que, despu?s de que salgas, la puerta se cerrar? para siempre. Por tanto, aprovecha la oportunidad, pero te repito: no olvides lo principal."

La mujer entr? en la caverna y vio que estaba llena de inmensas riquezas. Fascinada por el oro y las joyas, que con seguridad la sacar?an de su sufrida pobreza, dej? al ni?o en el suelo y empez? a juntar, ansiosamente, todo lo que pod?a caber en su ra?do delantal.

La voz misteriosa habl? nuevamente: "Te queda s?lo un minuto." Agotado ese tiempo, la mujer cargada de oro y piedras preciosas corri? hac?a fuera y la puerta se cerr?. Record? entonces que el ni?o hab?a quedado dentro y la puerta se hab?a cerrado para siempre. La riqueza dur? poco, pero la tristeza se qued? para siempre en su alma.

El relato es sencillo, pero su ense?anza puede ser aprovechable. Porque, aunque todos solemos tener principios claros, es f?cil que luego, con demasiada frecuencia, nos ocurra algo parecido a lo que sucedi? a aquella pobre mujer. Tenemos quiz? todav?a muchos a?os de vida por delante, y aunque a veces una voz interior nos lo advierte, hay cosas importantes que solemos dejar siempre para despu?s, porque hay otras que nos absorben o nos distraen de tal modo que, a la hora de la verdad diaria de la vida, nos hacen olvidar lo principal.

El descuido habitual de la vida familiar, o de detalles que afectan a nuestra salud o a la salud de nuestro esp?ritu, o a la necesaria dedicaci?n a nuestros deberes profesionales o sociales, son posibles ejemplos. Suelen ser peque?as cosas, que se presentan quiz? como tareas que no acucian a corto plazo, pero que, con el tiempo, encontramos que nos han llevado a donde no quer?amos ir. Nos cuesta advertir que descuidamos lo m?s grande que tenemos: nuestra honestidad, nuestra familia, la vocaci?n a la que nos sentimos llamados, nuestros deseos de ayudar a los dem?s. Y como son realidades con las que convivimos cada d?a, no advertimos que son precisamente lo que vertebra y da sentido a nuestra vida, y que perderlo es una verdadera tragedia.

Encontrarse un d?a con que carecemos de cultura, o que hemos abandonado la pr?ctica religiosa por simple dejadez, o que hemos dilapidado tontamente el cari?o de nuestro marido o nuestra mujer, son cosas tristes que hemos de ver venir antes de que nos envuelvan y nos enreden. Quiz?, por ejemplo, parece que tener un hijo m?s es una carga, pero luego, pasados los a?os, se ve de otra manera. O cuesta advertir que empe?arse en alcanzar determinado logro profesional a costa de la familia, de la honradez o de la lealtad, es algo que no merece la pena.

Vistas sin la necesaria profundidad, las cosas importantes pueden parecernos a veces insulsas y prosaicas, o hasta rid?culas, pero dedicarles la energ?a y el tiempo necesarios es la mejor inversi?n de toda una vida, un esfuerzo que transforma a las personas y las engrandece. Por eso es preciso levantar la mirada hacia el largo plazo de las consecuencias de nuestras decisiones.

Y en todo caso, como al final tomamos siempre algunas decisiones equivocadas, que el tiempo se encarga de hacernos ver de forma meridiana, tambi?n es importante en esos momentos centrarse en lo importante: asumir esos errores y no horadar en ellos, rectificar en lo posible, sacar experiencia y no echar las culpas a los dem?s.

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Publicado por mario.web @ 1:09
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