Domingo, 01 de mayo de 2011
Mi madre me llevaba a las iglesias. Durante los paseos festivos, o gestiones y recados entre semana, o sencillamente cuando hacia la compra
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Amor de madre
Amor de madre
Mi madre me llevaba a las iglesias. Durante los paseos festivos, o gestiones y recados entre semana, o sencillamente cuando hacia la compra, que llevaba anotada en un papel muy peque?o. Caminaba muy deprisa y recuerdo que me llevaba de la mano en volandas. Pero yo no protestaba, era feliz con ella, yendo de aqu? para all?, entrando en mercadillos, tiendas multicolores o entidades financieras. Precisamente de una de ellas salimos una vez con una bicicleta. Era roja, y plegable. Fue cosa de un sorteo. Nos toc?. Aunque lo mejor era cuando compraba el pan reci?n hecho y una bolsa de olivas negras. Recuerdo el sabor y el amor de sus manos partiendo un trozo de pan en plena calle. Otras veces -como algo extraordinario- me regalaba una vinagreta, con aquellos vestigios de pepinillos, cebolletas, col en flor y zanahorias? El caso es que durante esas caminatas me dec?a con frecuencia: -?Vamos a ver a Jes?s?. Y yo no renegaba. Porque quer?a al fin poder descansar un poco de tanto traj?n. Estaba reventado. Me sentaba y miraba con la boca abierta los santos de los retablos (esos pliegues de sobrepellices, sotanas y casullas, o los elementos de tortura utilizados en su martirio), y miraba extasiado la oscuridad de los confesionarios, y las velas? Enseguida mi madre me hac?a poner de rodillas, o si me ve?a muy agobiado me dejaba estar de pie a su lado, mientras ella se llevaba la cabeza a las manos durante un buen rato. Siempre -para mi verg?enza (?mam? no, mam? no?)- se pon?a en el primer banco, lo m?s cerca posible de la imagen de la Virgen que hubiera. As? fue como mi fui enamorando de la Madre de Dios, sin querer casi. Yo lo ?nico que hac?a era mirarlas. Era evidente que eran muy buenas amigas. Mis ojos iban de mi madre a la Virgen y de la Virgen a mi madre (no he perdido la costumbre). Algo pasaba all?, por supuesto. Algo tramaban las dos. De reojo miraba tambi?n una diminuta llama roja que oscilaba nerviosa all? arriba. Y esa llama me llevaba a? -?Guillermo, ve a saludar a Jes?s?. Y yo iba o no iba dependiendo de la gente que hubiera. Si est?bamos solos en la iglesia era fenomenal. Me levantaba y me acercaba a las gradas del altar y tocaba el sagrario. -?En el sagrario est? Dios hijo m?o, dile algo?. ?Qu? iba a decirle? -?Hola Dios?. Y volv?a corriendo con mi madre. Se estaba bien all? Esta ma?ana he vuelto a una de esas iglesias. Y me he arrodillado en el mismo banco, el primero, delante de la imagen de la Virgen. Y, he pensado que mi madre me di? el mejor regalo de mi vida, el conocer a Jes?s y a su Madre...

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Publicado por mario.web @ 1:12
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