Domingo, 01 de mayo de 2011
Alfonso L?pez Quint?s nos ofrece una interesante serie de art?culos en los que explora el tema de la manipulaci?n; en esta emisi?n explica c?mo se manipula
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La manipulaci?n a trav?s del lenguaje (Parte 4)
La manipulaci?n a trav?s del lenguaje (Parte 4)

4. C?mo se manipula

El tirano no lo tiene f?cil en una democracia. Quiere dominar al pueblo, y debe hacerlo de forma dolosa para que el pueblo no lo advierta, pues lo queprometen los gobernantes en una democracia es, ante todo, libertad. En las dictaduras se promete eficacia, a costa de las libertades. En las democracias se prometen cotas nunca alcanzadas de libertad aunque sea a costa de la eficacia. ?Qu? medios tiene en su mano el tirano para someter al pueblo mientras lo convence de que es m?s libre que nunca?

Ese medio es el lenguaje. El lenguaje es el mayor don que posee el hombre, pero el m?s arriesgado. Es ambivalente: el lenguaje puede ser tierno o cruel, amable o displicente, difusor de la verdad o propalador de la mentira. El lenguaje ofrece posibilidades para descubrir en com?n la verdad, y facilita recursos para tergiversar las cosas y sembrar la confusi?n. Con s?lo conocer tales recursos y manejarlos h?bilmente, una persona poco preparada pero astuta puede dominar f?cilmente a personas y pueblos enteros si ?stos no est?n sobre aviso. Para comprender el poder seductor del lenguaje manipulador debemos estudiar cuatro puntos: los t?rminos, los esquemas, los planteamientos y los procedimientos.


A) Los t?rminos

El lenguaje crea palabras, y en cada ?poca de la historia algunas de ellas se cargan de un prestigio especial de forma que nadie osa ponerlas en tela de juicio. Son palabras "talism?n" que parecen condensar en s? todas las excelencias de la vida humana.

La palabra talism?n de nuestra ?poca es libertad. Una palabra talism?n tiene el poder de prestigiar las palabras que se le avecinan y desprestigiar a las que se le oponen o parecen opon?rsele. Hoy se da por supuesto -el manipulador nunca demuestra nada, da por supuesto lo que le conviene- que censura -todo tipo de censura- se opone siempre a libertad. En consecuencia, la palabra censura est? actualmente desprestigiada. En cambio, las palabras independencia, autonom?a, democracia, cogesti?n van unidas con la palabra libertad y quedan convertidas, por ello, en una especie de t?rminos talism?n por adherencia.

El manipulador saca amplio partido de este poder de los t?rminos talism?n. Sabe que, al introducirlos en un discurso, el pueblo queda intimidado, no ejerce su poder cr?tico, acepta ingenuamente lo que se le proponga. Cuando, en cierto pa?s europeo, se llev? a cabo una campa?a a favor de la introducci?n de la ley abortista, el ministro responsable de tal ley intent? justificarla con este razonamiento: "La mujer tiene un cuerpo y hay que darle libertad para disponer de ese cuerpo y de cuanto en ?l acontezca". La afirmaci?n de que "la mujer tiene un cuerpo" est? pulverizada por la mejor filosof?a desde hace casi un siglo. Ni la mujer ni el var?n tenemos cuerpo; somos corp?reos. Hay un abismo entre ambas expresiones. El verbo tener es adecuado cuando se refiere a realidades pose?bles, es decir: objetos. Pero el cuerpo humano, el de la mujer y el del var?n, no es algo pose?ble, algo de lo que podamos disponer; es una vertiente de nuestro ser personal, como lo es el esp?ritu. Te doy la mano para saludarte y sientes en ella la vibraci?n de mi afecto personal. Es toda mi persona la que te sale al encuentro. El hecho de que en la palma de mi mano vibre mi ser personal entero pone al trasluz que el cuerpo no es un objeto. No hay objeto, por excelente que sea, que tenga ese poder. El ministro intuy? sin duda que la frase "la mujer tiene un cuerpo" es muy endeble, no se sostiene en el estado actual de la investigaci?n filos?fica, y para dar fuerza a su argumento introdujo inmediatamente el t?rmino talism?n libertad: "Hay que conceder libertad a la mujer para disponer de su cuerpo..." Sab?a que, con la mera utilizaci?n de ese t?rmino supervalorado en el momento actual, millones de personas iban a replegarse t?midamente y a decirse: "No te opongas a esta proposici?n porque est? la libertad en juego y ser?s a tachado de antidem?crata, de fascista, de ultra". Y as? sucedi?, efectivamente.

Si queremos ser de verdad libres interiormente, debemos perder el miedo al lenguaje manipulador y matizar el sentido de las palabras. El ministro no indic? a qu? tipo de libertad se refer?a, porque la primera ley del demagogo es no matizar el lenguaje. De hecho alud?a a la "libertad de maniobra", la libertad -en este caso- de maniobrar cada uno a su antojo respecto a la vida naciente: respetarla o eliminarla. La "libertad de maniobra" no es propiamente una forma de libertad; es, m?s bien, una condici?n para ser libre. Uno comienza a ser libre cuando, pudiendo elegir entre diversas posibilidades, -libertad de maniobra- opta por aquellas que le permiten desarrollar su personalidad de modo cabal -libertad creativa-. Pero una persona que utilice esa libertad de maniobra en contra del germen de vida que marcha aceleradamente hacia la plena constituci?n de un ser humano, ?se orienta hacia la plenitud de su ser personal? Vivir personalmente es vivir fundando relaciones comunitarias, creando v?nculos. El que rompe los v?nculos fecund?simos con la vida que nace destruye de ra?z su poder creador y, por tanto, bloquea su desarrollo como persona.

Todo esto se ve claramente cuando se reflexiona. Pero el demagogo, el tirano, el que desea conquistar el poder por la v?a r?pida de la manipulaci?n opera con extrema celeridad para no dar tiempo a pensar y someter a reflexi?n detenida cada uno de los temas. Para ello no se detiene nunca a matizar losconceptos y justificar lo que afirma; lo da todo por consabido y lo expone con t?rminos ambiguos, faltos de precisi?n. Ello le permite destacar en cada momento el aspecto de los conceptos que le interesa para su fines. Cuando subraya un aspecto, lo hace como si fuera el ?nico, como si todo el alcance de un concepto se limitara a esa vertiente. De esa forma evita que las gentes a las que se dirige tengan suficientes elementos de juicio para clarificar las cuestiones por s? mismas y hacerse una idea serena y bien aquilatada de las cuestiones tratadas. Al no poder profundizar en una cuesti?n, el hombre est? predispuesto a dejarse arrastrar. Es un ?rbol sin ra?ces que lo lleva cualquier viento, sobre todo si ?ste sopla a favor de las propias tendencias elementales. Para facilitar su labor de arrastre y seducci?n, el manipulador halaga las tendencias innatas de las gentes y se esfuerza en cegar su sentido cr?tico.

Toda forma de manipulaci?n es una especie de malabarismo intelectual. Un mago, un ilusionista hace trueques sorprendentes y al parecer "m?gicos" porque realiza movimientos muy r?pidos que el p?blico no percibe. El demagogo procede, asimismo, con meditada precipitaci?n, a fin de que las multitudes no adviertan sus trucos intelectuales y acepten como posibles los escamoteos m?s inveros?miles de conceptos. Un manipulador proclama, por ejemplo, ante las gentes que "les ha devuelto las libertades", pero no se detiene a precisar a qu? tipo de libertades se refiere: si a las libertades de maniobra que pueden llevar a experiencias de fascinaci?n -que despe?an al hombre hacia la asfixia- o a la libertad para ser creativos y realizar experiencias de encuentro, que lleva al pleno desarrollo de la personalidad. Basta pedirle a un demagogo que matice un concepto para desvirtuar sus artes hipnotizadoras.

En verdad, ten?a raz?n Ortega y Gasset al advertir: "?Cuidado con los t?rminos, que son los d?spotas m?s duros que la Humanidad padece!". Un estudio, por somero que sea, del lenguaje nos revela que "las palabras son a menudo en la historia m?s poderosas que las cosas y los hechos" (M. Heidegger [3] ).


B) Los esquemas mentales

Del mal uso de los t?rminos se deriva una interpretaci?n err?nea de los esquemas que vertebran nuestra vida mental. Cuando pensamos, hablamos y escribimos, estamos siendo guiados por ciertos pares de t?rminos: libertad-norma, dentro-fuera, autonom?a-heteronom?a... Si pensamos que estos esquemas son dilemas, de forma que debemos escoger entre uno u otro de los t?rminos que los constituyen, no podremos realizar en la vida ninguna actividad creativa. La creatividad es siempre dual. Si pienso que cuanto est? fuera de m? es distinto, distante, externo y extra?o a m?, no puedo colaborar con cuanto me rodea y anulo mi capacidad creativa en todos los ?rdenes.

Una alumna manifest? un d?a en clase lo siguiente: "En la vida hay que escoger: o somos libres o aceptamos normas; o actuamos conforme a lo que nos sale de dentro o conforme a lo que nos viene impuesto de fuera. Como yo quiero ser libre, dejo de lado las normas". Esta joven entend?a el esquema libertad-norma como un dilema. En consecuencia, para ser aut?ntica, para actuar con libertad interior se sent?a obligada a prescindir de cuanto le hab?an dicho de fuera acerca de normas morales, dogmas religiosos, pr?cticas piadosas, etc. Con ello se alejaba de la moral y la religi?n de sus mayores y -lo que es todav?a m?s grave- hac?a imposible toda actividad verdaderamente creativa.

He aqu? el poder temible de los esquemas mentales. Si un manipulador te sugiere que para ser aut?nomo en tu obrar debes dejar de ser heter?nomo y no aceptar norma alguna de conducta que te venga propuesta del exterior, dile que es verdad pero s?lo en un caso: cuando actuamos de modo pasivo, no creativo. Tus padres te piden que hagas algo, y t? obedeces forzado. Entonces no act?as aut?nomamente. Pero suponte que percibes el valor de lo que se te sugiere y lo asumes como propio. Esa actuaci?n tuya es a la vez aut?noma y heter?noma, porque es creativa.

Cuando era ni?o, mi madre me dec?a: "Toma este bocadillo y d?selo al pobre que llam? a la puerta". Yo me resist?a porque era un se?or de barba larga y me daba miedo. Mi madre insist?a: "No es un delincuente; es un necesitado. Vete y d?selo". Mi madre quer?a que yo me adentrara en el campo de irradiaci?n del valor de la piedad. El valor de la piedad me ven?a sugerido desde fuera, pero no impuesto. Al reaccionar positivamente ante esta sugerencia de mi madre, fui asumiendo poco a poco el valor de la piedad hasta que se convirti? en una voz interior. Con ello, este valor dej? de estar fuera de m? para convertirse en el impulso interno de mi obrar. En esto consiste el proceso formativo. El educador nos adentra en el ?rea de imantaci?n de los grandes valores, y nosotros los vamos asumiendo como algo propio, como lo m?s profundo y valioso de nuestro ser.

Ahora vemos con claridad la importancia decisiva de los esquemas mentales. Un especialista en revoluciones y conquista del poder, Jos? Stalin, afirm? lo siguiente: "De todos los monopolios de que disfruta el Estado ninguno ser? tan crucial como su monopolio sobre la definici?n de las palabras. El arma esencial para el control pol?tico ser? el diccionario". Nada m?s cierto, a condici?n de que veamos los t?rminos dentro del marco din?mico de los esquemas, que son el contexto en el que juegan su papel expresivo.


C) Los planteamientos estrat?gicos

Con los t?rminos del lenguaje se plantean las grandes cuestiones de la vida. Debemos tener m?ximo cuidado con los planteamientos. Si aceptas un planteamiento, vas a donde te lleven. Desde ni?os deber?amos estar acostumbrados a discernir cu?ndo un planteamiento es aut?ntico y cu?ndo es falso. En los ?ltimos tiempos se est?n planteando mal, con el fin estrat?gico de dominar al pueblo, temas tan graves como el divorcio, el aborto, el amor humano, la eutanasia... Casi siempre se los plantea de forma sentimental, como si s?lo se tratara de resolver problemas acuciantes de ciertas personas. Para conmover al pueblo, se aducen cifras exageradas de matrimonios rotos, de abortos clandestinos, realizados en condiciones infrahumanas... Tales cifras son un ardid del manipulador. El Dr. B. Nathanson, director de la mayor cl?nica abortista de Estados Unidos, manifest? que fue ?l y su equipo quienes inventaron la cifra de 800.000 abortos al a?o en su pa?s. Y se sorprend?an al ver que la opini?n p?blica recog?a el dato y lo propagaba con toda candidez. Hoy, convertido a la defensa de la vida, se siente avergonzado de tal fraude, y recomienda vivamente que no se acepten las cifras aducidas para apoyar ciertas campa?as.


D) Los procedimientos estrat?gicos

Hay diversos medios para dominar al pueblo sin que ?ste se d? cuenta. Pongamos un ejemplo; en ?l yo no miento pero manipulo. Tres personas hablan mal de una cuarta, y yo le cuento a ?sta exactamente lo que me han dicho, pero altero un poco el lenguaje. En vez de decir que tales personas en concreto han dicho esto, indico que lo dice la gente. Paso del singular al colectivo. Con ello no s?lo le infundo miedo a esa persona sino angustia, que es un sentimiento mucho m?s difuso y penoso. El miedo es temor ante algo adverso que te hace frente de manera abierta y te permite tomar medidas. La angustia es un miedo envolvente. No sabes a d?nde acudir. ?D?nde est? la gente que te ataca con su maledicencia? La gente es una realidad an?nima, envolvente, a modo de niebla que te bloquea. Te sientes angustiado.

Tal angustia es provocada por el fen?meno sociol?gico del rumor, que suele ser tan poderoso como cobarde debido a su anonimato. "Se dice que tal ministro realiz? una evasi?n de capitales". ?Qui?n lo dice? La gente, es decir, nadie concreto y potencialmente todos.

Otra forma oblicua, sesgada, subrepticia, de vencer al pueblo sin preocuparse de convencerlo es la de repetir una vez y otra, a trav?s de los medios de comunicaci?n, ideas o im?genes cargadas de intenci?n ideol?gica. No se entra en cuesti?n, no se demuestra nada, no se va al fondo de los problemas. Sencillamente se lanzan proclamas, se hacen afirmaciones contundentes, se propagan esl?ganes a modo de sentencias cargadas de sabidur?a. Este bombardeo diario configura la opini?n p?blica, porque la gente acaba tomando lo que se afirma como lo que todos piensan, como aquello de que todos hablan, como lo que se lleva, lo actual, lo normal, lo que hace norma y se impone.

Actualmente, la fuerza del n?mero es determinante, ya que lo decisivo se resuelve mediante el n?mero de votos. El n?mero es algo cuantitativo, no cualitativo. De ah? la tendencia a igualar a todos los ciudadanos, para que nadie tenga poder directivo de orden espiritual y la opini?n p?blica pueda ser modelada impunemente por quienes dominan los medios de comunicaci?n multitudinarios. Una de las metas del demagogo es anular, de una forma u otra, a quienes pueden descubrir sus trampas, sus trucos de ilusionista.

La redundancia desinformativa tiene un poder insospechado de crear opini?n, hacer ambiente, fundar un clima propicio a toda clase de errores. Basta establecer un clima de superficialidad en el tratamiento de los temas b?sicos de la vida para hacer posible la difusi?n de todo tipo de falsedades. Seg?n Anatole France, "una necedad repetida por muchas bocas no deja de ser una necedad". Ciertamente, mil mentiras no hacen una sola verdad. Pero una mentira o una media verdad repetida por un medio poderoso de comunicaci?n se convierte en una verdad de hecho, incontrovertida; viene a constituir una "creencia", en el sentido orteguiano de algo intocable, de suelo en que se asienta la vida intelectual del hombre y que no cabe discutir sin exponerse al riesgo de quedar descalificado. A formar este tipo de "creencias" tiende la propaganda manipuladora con vistas a tener un control soterrado de la mente, la voluntad y el sentimiento de la mayor?a.

El gran te?rico de la comunicaci?n MacLuhan acu?? la expresi?n de que "el medio es el mensaje": no se dice algo porque sea verdad; se toma como verdad porque se dice. La televisi?n, la radio, la letra impresa, los espect?culos de diverso orden tienen un inmenso prestigio para quien los ve como una realidad prestigiosa que se impone desde un lugar para uno inaccesible. El que est? al corriente de lo que pasa entre bastidores tiene alg?n poder de discernimiento. Pero el gran p?blico permanece fuera de los centros que irradian los mensajes. Es insospechable el poder que implica la posibilidad de hacerse presente en los rincones m?s apartados y penetrar en los hogares y hablar a multitud de personas al o?do, sin levantar la voz, de modo sugerente.




Continuaci?n: Parte 5 (Ant?doto contra la manipulaci?n...)

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[3] Cf. Nietzsche I, Neske, Pfullingen 1961, p. 400.

Publicado por mario.web @ 14:25
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