Domingo, 01 de mayo de 2011
El cine se ha convertido en la forma contempor?nea de arte por excelencia y la TV es hoy el veh?culo principal de la cultura popular. S?lo la familia los supera en la capacidad de comunicar valores y formar las conciencias.
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En Di?logo con Hollywood
En Di?logo con Hollywood

EN DI?LOGO CON HOLLYWOOD
(Los Angeles, 15 octubre 1992)


El cine se ha convertido en la forma contempor?nea de arte por excelencia y la TV es hoy el veh?culo principal de la cultura popular. S?lo la familia los supera en la capacidad de comunicar valores y formar las conciencias. La Iglesia tiene una larga tradici?n de colaboraci?n con los artistas: los estimula " a abrir su creatividad para un fin trascendente", mientras ellos la ayudan a comunicar sus valores.

Con estas premisas el Cardenal R. Mahony, arzobispo de Los Angeles, ha dirigido una carta pastoral a los autores, realizadores, productores y actores del cine y de la TV. En su di?cesis se encuentra Hollywood, donde se producen la mayor parte de las pel?culas y telefilms que circulan por todo el mundo.

El texto, en forma de di?logo, no hace hip?tesis alguna de reglamentar la creatividad de los autores, ni a la libertad de juicio de los espectadores. Describe, por el contrario, algunos aspectos problem?ticos de la producci?n cinetelevisiva ( la relaci?n enriquecimiento-espect?culo y la de libertad-responsabilidad, el papel de los ?ndices de audiencia) y presenta criterios de valoraci?n general ( sobre personajes, conflicto, desarrollo de la historia) y espec?fica sobre determinados temas ( entre los cuales la sexualidad, el bien, la violencia). esta introducci?n. El texto apareci? en Il regno-documenti 38 (1993) 9, 302-309. El texto original ingl?s en Catholic International 21 (1992) 3, p. 1023 ss..

Durante millares de a?os la gente, cada vez que se empobrec?a, estaba sola, confusa o sent?a la necesidad de reunirse para dar un sentido a la propia vida, ha contado historias: historias de amor e historias de guerra, historias de valor o de desesperaci?n, historias verdadera s o inventadas, historias c?micas o lacrim?genas. El elemento com?n a todas la s historias es que cada una contiene una parte verdadera sobre la historia de los hombres.

Las historias divierten. Nos gusta contarlas y escucharlas. ?Por qu?? Somos narradores de historias. Porque frecuentemente las historias nos llevan al pasado, nos unen a los otros y nos hacen capaces de distinguir las cosas, ponerlas juntas y llegar a captar el significado y el fin de nuestra vida.

A lo amplio y largo de su historia los hombres se han reunido en torno al fuego para contarse historias. M?s tarde la han puesto por escrito. En tiempos m?s recientes se han reunido en torno a una estufa en la cocina contarse sus historias. Algunas veces ha musicalizado sus historias y las han cantado acompa??ndose con la guitarra o el bajo.

En nuestro siglo hemos descubierto nuevos modos de contar historias, modos que se llevan a cabo con nuevas y maravillosas tecnolog?as y nuevas emociones del arte. La TV- tanto en su parte informativa como de espect?culo- es un modo electr?nico de contar historias. Se ha convertido en el veh?culo de la cultura popular. Y el cine es el modo cinematogr?fico de contar historias. Ha llegado a ser la forma contempor?nea de arte por excelencia.

Estos dos acontecimientos tienen un profundo significado para todos los que de coraz?n poseen la dignidad de la persona humana y el bienestar de la, familia humana.

Publico esta carta pastoral en el 5? aniversario de la visita de Juan Pablo II a Los Angeles y de su discurso a los l?deres de la industria del espect?culo, en el cual dec?a:"... en cuanto a los comunicadores de la palabra humana, sed los custodios y los administradores de un inmenso poder espiritual que pertenece al patrimonio de la humanidad y est? destinado a enriquecer a toda la humanidad entera".

Dirijo esta carta pastoral a tantos hombres y mujeres que ocupan puestos de importancia en la industria nacional del espect?culo: productores, realizadores, autores, t?cnicos, actores, artistas y a todos aquellos que forman parte de la producci?n y programaci?n televisiva y espect?culos cinematogr?ficos. Tambi?n escribo para nuestra comunidad cat?lica y a todas las personas de buena voluntad esparcidas por nuestro pa?s, que son los espectadores de estos esfuerzos.

En esta carta quisiera compartir algunas reflexiones breves introductorias a la informaci?n televisiva, para pasar despu?s a una tratado del espect?culo ofrecido por la narraci?n de historias, tanto en la peque?a pantalla del televisor como en la gran pantalla del cine.


I. INFORMACI?N TELEVISIVA

Creo que la informaci?n televisiva tiene que dar gracias providenciales a la vida social y pol?tica de nuestra gente. En su mejor expresi?n, puede crear un electorado inteligente que es la base de una sana democracia. Puede ser tambi?n la tribuna desde la cual se debaten las grandes cuestiones de la sociedad, punto focal para un di?logo incesante, que es la linfa vital de una sociedad libre. El problema es el acceso, y en el sistema actual lo que lo asegura son los dineros.

A menudo el problema es tambi?n la condensaci?n de ideas que parece ser que se exige. Un flash de 30 segundos es dif?cilmente adecuado para una discusi?n razonable de los serios problemas que se nos presentan.

Tambi?n creo que la informaci?n televisiva tiene un papel providencial que jugar en la uni?n de los pueblos de la tierra. Y lo hace llev?ndonos al coraz?n , a la mente y al alma personas de otras partes del mundo, que pueden ser muy diversas de nosotros por el color de la piel, la lengua, la cultura, la educaci?n, la fe religiosa, el patrimonio ?tnico, la orientaci?n pol?tica o econ?mica. Todas estas personas comparten con nosotros una humanidad com?n, una pertenencia com?n a la familia de Dios en esta tierra. Un modo correcto de hacer televisi?n puede ayudarnos a tener esta experiencia.

La informaci?n televisiva puede ayudar a unir los pueblos de la tierra permiti?ndonos tener la experiencia en los mismos sucesos y en el mismo momento. Estoy pensando en acontecimientos diferentes como los primeros pasos en la luna, la ca?da del muro de Berl?n, los juegos ol?mpicos, el hambre de Etiop?a y Somalia, la noche de los Oscars, los estudiantes en la plaza Tienanmen, la elecci?n del Papa o la del presidente. Centenares de millones de personas de cualquier parte del mundo han visto estos acontecimientos important?simos casi al mismo tiempo. Esto debe acercarnos y ayudarnos a tener la experiencia de una humanidad com?n.

Una sola imagen televisiva- la toma de la tierra desde el espacio- lo dice todo. Quien logra mirar esta maravilla, se dice a s? mismo:? He aqu? donde vivo y donde vivimos todos. ?Estamos aqu? unidos?

La TV nos ayuda a entender que lo que tenemos en com?n es mucho m?s profundo e importante que lo que nos separa. Somos de verdad hermanos y hermanas los unos de los otros. Cuando la TV se usa se modo correcto, puede llevarnos a la plegaria de Jes?s "para que todos seamos uno en el Padre ( Jn 17,21-23).

Pero la informaci?n televisiva puede hacer algo m?s que darnos cuenta de nuestra unidad fundamental. Tambi?n puede ayudarnos a tener experiencia de aquello que nos separa. Puede estimularnos a afrontar la crueldad que aflige a la historia. Puede despertar en nuestros corazones las necesidades y los sufrimientos de nuestros semejantes. Puede hablar por aquellos que no pueden hacerlo- los j?venes, los pobres, los marginados - y sus peticiones de justicia.

Puede quitar la m?scara del rostro de la guerra. Puede revelar la avidez que hay tras el racismo, la hipocres?a del sexismo, la desesperaci?n detr?s de la ciega violencia. Y puede llevar a juicio- ante millones de personas - a quien viola los derechos humanos, a quien no respeta el medio ambiente, a quien va contra la paz y confianza p?blicas.

II. ESPECT?CULO
Pero la TV no es s?lo un medio de informaci?n. Tambi?n es un espect?culo. Los telefilms, los grandes escenarios y los films semanales se han convertido en los ingredientes b?sicos del espect?culo popular. A quien hace y ve estos programas y los cinematogr?ficos dirijo estas las reflexiones de esta carta.

Lo hago porque Los Angeles es la capital mundial del espect?culo. Gran parte del espect?culo mundial se idea, se financia y se produce en esta zona. Mucha de nuestra gente vive del espect?culo.

Lo hago tambi?n por motivo del poder moral de estos medios. En esta sociedad, en este tiempo, s?lo la familia supera a los medios en su capacidad de comunicar valores, formar las conciencias, proporcionar modelos de comportamiento y motivar la conducta humana.

No lo hago porque sea un realizador o un productor, un guionista o un autor, un t?cnico del montaje o un compositor. Me gustan estas formas de arte, pero no soy competente en ninguna de ellas.

M?s bien hablo como gu?a de una comunidad religiosa que comprende una parte significativa de espectadores y que tiene una responsabilidad particular en la promoci?n de la salud moral y en el crecimiento espiritual de todos los hijos de Dios.

III. ARTE Y RELIGI?N
La comunidad religiosa tiene una larga tradici?n de colaboraci?n con los mejores artistas del mundo- pintores, escultores, arquitectos, m?sicos, comedi?grafos, poetas o novelistas - para crear obra de arte que durante siglos han iluminado y estimulado, elevado y recreado el esp?ritu humano. Estos artistas han ayudado a la Iglesia a contar su historia, a compartir sus perspectivas, a comunicar sus valores y a expresar su fe en los actos lit?rgicos y en los s?mbolos sagrados, una contribuci?n que el Concilio Vaticano II ha confirmado en el decreto Inter Mirifica sobre los medios de comunicaci?n social ( 1963). Nos agrada pensar que la Iglesia haya ayudado a estos artistas a aumentar sus actitudes y a desarrollar al m?ximo sus creatividad.

?La Iglesia les ha ayudado de este modo? Les ha pedido a estos artistas que abran su creatividad a un fin trascendente. Los ha estimulado a que afronten los interrogantes m?s profundos y duraderos del hombre en torno a su propia condici?n. Les ha ayudado a que vayan al fondo de s? mismos, a dar voz a sus deseos espirituales m?s ?ntimos, y a dar cuerpo a sus intuiciones m?s personales. ? Cu?l ha sido el resultado? Estos artistas han creado obras de significado duradero, obras que contin?an enriqueciendo a todos nosotros.

Esta mutua y fecunda colaboraci?n entre comunidad art?stica y religiosa ha sido posible porque la religi?n y el arte tienen mucho en com?n. Ambas surgen de los m?s profundos sentimientos de la personalidad humana. Ambas se encuentran con los niveles de la personalidad humana y tienden a recavar sus experiencias. Ninguna de las dos refleja una comunicaci?n simplemente mental o cerebral. Tanto la religi?n como el arte buscan hacer que la materia sea transparente para el esp?ritu.

Un ejemplo de los lazos entre el arte y la religi?n puede verse en el nacimiento del teatro occidental, tanto la tragedia como la comedia, en los rituales religiosos, primero en la antigua Grecia y despu?s en los atrios de las grandes catedrales de la Europa Medieval.

Esta afinidad entre religi?n y arte es particularmente verdadera para el catolicismo. Somos una religi?n que cuenta historias. La esencia de nuestra fe es la historia del amor apasionado de Dios por todos los miembros de la familia humana y de nuestra respuesta ambivalente e inconstante al amor de Dios. Esta aventura incesante ha tra?do una nueva intimidad mediante la alianza de Dios con el pueblo hebreo y se ha cumplido en el nacimiento, muerte y resurrecci?n de Jes?s.

La aventura contin?a ahora en la vida de la Iglesia y en lo profundo del alma de cada uno de nosotros cuando luchamos por aceptar el amor de Dios y por responderle. Este es e drama central de toda vida humana. Bajo distintas apariencias y de muchas formas ?sta es la historia de la familia humana.

Para el cat?lico la esencia de la vida interior de Dios es comunicaci?n, en un cierto punto autorevelaci?n y despu?s donaci?n de s?. Para nosotros Jes?s es la palabra de Dios, el modo con el que el Padre se revela a nosotros. "Dios ha amado tanto al mundo", dice Juan, " que envi? a su Hijo unig?nito para que quien crea en ?l tenga vida eterna" ( Jn 3,16).

Para nosotros Jes?s es la Palabra o la imagen de Dios hecha carne, ha llegado a ser humana, visible, tangible, vulnerable, terrena, sensiblemente presente entre nosotros. Este Jes?s contin?a viviendo su vida de resucitado no s?lo en nosotros en el alma de quienes creen en ?l, sino en todo miembro de la familia humana, especialmente en los pobres y necesitados. Cuando nos abrimos a ellos, respondemos a sus necesidades, nos abrimos nosotros mismos a Dios que vive en ellos.

?Cu?l es el resultado? Dios se da a nosotros mediante ellos. Este es el modo con el que Dios act?a de ordinario: hace de lo humano un veh?culo de lo divino. Frecuentemente nos habla, nos hace part?cipes de su amor para nosotros a trav?s de otras personas, a trav?s del lenguaje y los gestos humanos, mediante los signos totalmente humanos como son el vino, el agua y el aceite. El catolicismo es tambi?n una religi?n de signos y s?mbolos sagrados, una religi?n sacramental.

? Por qu? maravillarse si los cat?licos sentimos tanta afinidad con los artistas que usan palabras e im?genes para condensar la vida humana y destilar la experiencia humana, contando la historia humana y revelando su significado trascendente? ?Por qu? maravillarse si amamos historias que van m?s all? de la superficie de la vida humana y exploran sus profundidades misteriosas? ? Por qu? maravillarse si amamos historias que reflejan de modo particular su historia de amor que est? en el coraz?n de la experiencia humana?

? Y por qu? maravillarse si buscamos un di?logo con los que hacen films en la industria del espect?culo? Su poder - en el bien o en el mal - es impresionante. Lo que crean no s?lo refleja la sociedad humana sino que contribuye tambi?n a formarla:" Vuestra influencia sobre la sociedad es muy profunda", dijo Juan Pablo II en su discurso a los l?deres de esta industria." Centenares de millones de personas ven vuestros films y programas televisivos, oyendo vuestras voces, cantando vuestras canciones y reflejan vuestras opiniones.

Es indiscutible que vuestras decisiones m?s peque?as pueden tener un impacto mundial". Es raro que un sacerdote, un ministro o rabino, un educador, un pol?tico o un dirigente comercial tengan el poder de un director de cine para elevar o degradar a la persona humana.


IV. ENRIQUECIMIENTO Y ESPECT?CULO

Es obvio que los directores de cine tienen el deber de divertir: la diversi?n es un valor humano. Los hijos de Dios necesitan re?r, llorar, fantasear y jugar. El espect?culo es un modo para hacer todas estas cosas.

Pero en el momento en que se divierten, los directores de cine, como todos los artistas, tienen tambi?n el deber de enriquecer a su p?blico, de participar con ?l alguna intuici?n sobre lo que significa ser persona, estimul?ndola a tener cuidado de su propia vida y usar de la propia libertad para crecer, para decir "s?" a s? mismo, a progresar en el amor y en la participaci?n con todos los hermanos y las hermanas de la familia humana: as?, al hacer su contribuci?n a a la edificaci?n de una sociedad humana de paz y justicia en la que todos vivimos.

No creo que los directores de cine puedan entretener de modo completo al p?blico sin enriquecerlo al mismo tiempo entreteni?ndolo. El entretenimiento sin enriquecimiento es superficial y sin compromiso. El enriquecimiento sin entretenimiento es simplemente da?ino: no enriquece a nadie. No es cuesti?n de entretenimiento o enriquecimiento. Es cuesti?n de entretenimiento y enriquecimiento.


V. LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

Fundir entretenimiento y enriquecimiento es un est?mulo creativo de capital importancia. El deber de los directores responsables es extremadamente dif?cil y por eso necesitan de mucha libertad para asumirlo.

Esto significa libertad explorar a fondo en los personajes de sus historias: libertad de enfrentar la parte demon?aca de sus personajes con la parte divina; libertad de examinar honestamente las decisiones en las que se debaten; libertad de mirar las consecuencias de esas decisiones; libertad de decir la verdad como ellos la ven; libertad de hacerlo del modo m?s convincente que puedan; libertad de probar las cosas, de arriesgarse, hasta de fracasar. La libertad art?stica es esencial para el proceso creativo.

Los directores son muy celosos de su libertad. Pero una breve reflexi?n los convencer? de que la libertad, tan querida por ellos, no puede estar separada del orden moral, de las exigencias de la verdad, de una solicitud por el bien com?n o el bienestar de otras personas. Esta separaci?n llevar?a no a la libertad sino al arbitrio.

Nos alegramos de la primera enmienda de nuestra Constituci?n que protege nuestro derecho, no s?lo de adorar a Dios seg?n nuestras conciencias, sino tambi?n de decir la verdad tal como la vemos. Pero ninguna persona razonable dir?a que la primera enmienda nos da el derecho de encender fuego en un teatro lleno de gente o de difamar a otro ser humano o de jurar en falso. La libertad art?stica debe ser siempre responsable.

El deber de un director responsable porque una parte de su p?blico puede ser joven, que no est?n emotivamente maduros. Pocos de ellos saben renunciar a la satisfacci?n inmediata de una necesidad o de practicar la autodisciplina. La afirmaci?n de s? mismos es d?bil y sus valores est?n en continuo cambio. Llevan en s? una carga de energ?as turbulentas que no est?n todav?a bajo el dominio de la raz?n.

Considerado el poder de un film, lo que para un adulto maduro y disciplinado podr?a ser un retrato refinado y real de una experiencia humana significativa, podr?a llevar a un joven vulnerable y sensible a un comportamiento autodestructivo y antisocial.

La exclusi?n de menores de 17 a?os es una ayuda limitada, visto que la mayor parte de los j?venes llega a la madurez emotiva despu?s de los 17 a?os ( se hace aqu? una referencia a la clasificaci?n de la Motion Picture Association of America - MPAA- una comisi?n de diez personas, todas padres, que valora el film seg?n una escala de cinco niveles, desde "G", para todos, "NC- 17", exclusi?n de chicos hasta 17 a?os: la clasificaci?n tiene el valor meramente indicativo para las familias y no es obligatorio para las salas de cine).

Temo que tanta publicidad televisiva d? esta impresi?n. Impl?citamente dicen:" si no posees lo que vendemos, no eres nada, y como ser humano eres u fracaso". Esto es idol?trico y explica el desequilibrio que aflige a tantos j?venes.

La regla de oro se aplica aqu?. Los directores responsables no har?n a su p?blico lo que no querr?an que se les hubiera hecho a ellos, o a sus hijos adolescentes. No herir?n la sensibilidad en nombre del teatro o de la tragedia. Al contar historias, deben ser comprometidas y convincentes desde el punto de vista cinematogr?fico, no jugar?n con las emociones incontroladas de los espectadores menos maduros. Al buscar el placer del p?blico, no incitar?n los instintos bajos, el narcisismo, el hedonismo y la concupiscencia. No dir?n a sus espectadores (solo) parte de la realidad, la parte f?cil de o?r y ocultar?n la otra parte, la que requiere duro trabajo, disciplina y amor desinteresado.


VI. EL SISTEMA

Las responsabilidades de los directores son graves. Sus decisiones son estrechamente dif?ciles y m?s a?n por el sistema comercial en donde trabajan.

La TV es una empresa guiada por los ?ndices de audiencia. Los programadores establecen como objetivo un segmento de espectadores - aquellos que probablemente comprar?n los productos que marca la publicidad - y despu?s seleccionan los programas a su parecer cubrir?n el segmento demogr?ficamente deseado. La industria cinematogr?fica es semejante. Produce aquello que los productores cree que la gente pagar? por ver.

Este sistema comercial tiene sus desventajas. Tiende a ignorar las necesidades de la totalidad (de los segmentos) de los espectadores, al someter el espect?culo al marketing , al concentrar el poder inmediato de la programaci?n en pocas manos, al decir a la gente solamente aquello que quiere antes que aquello que necesita, al recurrir al m?nimo com?n denominador y al imponer severas restricciones a la libertad de los directores.

Tiene, sin embargo, una gran ventaja. Hacer simplemente lo que les guste a los espectadores. Este es un poder importante y comporta una responsabilidad importante.


VII. LA RESPONSABILIDAD DEL ESPECTADOR

Se ha dicho que en una democracia la gente tiene la forma de gobierno que merece. Lo mismo se puede decir del espect?culo. El p?blico, tanto en el cine como en casa ante el televisor, debe conocer los g?neros en donde se apoya el film.

Esto no resta responsabilidad a los directores. Y tambi?n hay que afirmar que el p?blico debe asumir su parte de responsabilidad. Ni el p?blico ni la comunidad creativa puede renunciar a las propias responsabilidades y no echar la culpa al otro en el estado actual de las cosas.

?C?mo hace el espectador responsable para decidir los programas televisivos y cinematogr?ficos que tiene que ver y cu?l de ellos sugerir a los amigos? ?C?mo pueden los padres responsables ayudar a los hijos a que tomen estas decisiones? ?C?mo hace el cr?tico para evaluar lo que ve? ?Y qu? hace el director responsable para decidir qu? tipo de historias debe contar y de qu? modo?

No son preguntas f?ciles de responder, ni decisiones sencillas las que se deben tomar. El espectador, el padre, el cr?tico, el director deben resolverlas en lo ?ntimo de su recta conciencia.

Porque soy contrario a la censura, no propongo un c?digo que regule lo que los directores pueden crear, ni quiero imponer lo que los espectadores inteligentes pueden ver.

Mi contribuci?n mediante esta carta pastoral est? dirigida m?s bien a proponer y ofrecer criterios que espero sean de ayuda y gu?a a los directores y a los espectadores en su esfuerzo por responder a tales preguntas y a tomar decisiones.


VIII. CRITERIOS GENERALES

Un buen film o un buen programa televisivo est? formado de muchos ingredientes. Desde el punto de vista de los valores humanos, hay tres de inter?s particular: los personajes, la naturaleza del conflicto y el desarrollo de la historia.



Publicado por mario.web @ 14:32
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