Lunes, 02 de mayo de 2011
No podemos olvidar el hecho de que toda obra de apostolado debe reflejar y ayudar a vivir la experiencia del Esp?ritu, origen de todo carisma.
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El proceso de Institucionalizaci?n de un carisma
El proceso de Institucionalizaci?n de un carisma
Aclarando t?rminos.
Cuando se habla del proceso de institucionalizaci?n se puede correr el peligro de pensar en un proceso esquem?tico que tiende a reglamentar los pasos necesarios para llegar a una meta u objetivo prefijado. Es esta una concepci?n de las ciencias sociales que sin duda alguna ha aportado grandes beneficios a las instituciones humanas. Pero cuando hablamos de las instituciones espirituales es otra la concepci?n de la palabra institucionalizaci?n que debe guiar nuestra reflexi?n.

Al hablar de la institucionalizaci?n del carisma no se quiere restringir la libertad de acci?n del Esp?ritu. Partiendo de la definici?n que nos da el Magisterio sobre lo que es un carisma en la vida consagrada, ?el carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Esp?ritu (Evang. nunt. 11), transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne?1 , debemos considerar la realidad espiritual del mismo. No es una realidad que se puede gobernar con criterios humanos, sino que es una realidad que debe seguir sus propias leyes, esto es, las leyes del Esp?ritu. Y frente a esta realidad el trabajo del hombre puede hacer poco o nada para decirle al Esp?ritu c?mo y cu?ndo debe actuar.

Los hombres que mejor han comprendido esta realidad insondable del Esp?ritu han sido los Fundadores, quienes fieles a la voz de Dios, se han dejado guiar por ?l y han hecho la experiencia del Esp?ritu que Dios les inspiraba. El testimonio de su vida fiel a esta inspiraci?n del Esp?ritu, que en cada Fundador cobra inspiraciones y matices diversos, forma parte de un patrimonio espiritual legado para la posteridad, para el enriquecimiento y beneficio de la Iglesia .2

La tarea del Fundador puede considerarse plenamente realizada pero no completada. Plenamente realizada cuando con su fidelidad a la experiencia del Esp?ritu, logra transmitir a las siguientes generaciones dicha experiencia del Esp?ritu. No completada, desde el momento en que toca a los disc?pulos del Fundador continuar a lo largo del tiempo dicha tarea, que se materializa en el vivir, custodiar, profundizar y desarrollar constantemente el carisma. Y es precisamente esta labor de vivir, custodiar, profundizar y desarrollar constantemente el carisma en sinton?a con la Iglesia las que formar?n parte de la institucionalizaci?n del carisma.

Un Fundador, por inspiraci?n divina, realiza la experiencia del Esp?ritu, que es el origen de todo carisma. En dicha experiencia est? concentrado todo el carisma que contiene en s? mismo el patrimonio espiritual del instituto, su propia espiritualidad, la forma espec?fica de vivir la consagraci?n, las obras de apostolado, su relaci?n con el mundo, con los laicos. El Fundador es s?lo el origen de una larga cadena de personas y obras que vendr?n despu?s de ?l y que guiadas por la experiencia del Esp?ritudesarrollar?n constantemente el carisma. Se requiere por tanto cauces adecuados para que los disc?pulos del Fundador puedan hacer ellos mismos, sobre la huella de la experiencia del Esp?ritu que hizo el Fundador, hacer propia dicha experiencia, vivirla, profundizarla y ponerla en pr?ctica confront?ndola con las nuevas realidades que le tocar?n vivir.

Si bien es cierto que el Esp?ritu es libre y sopla d?nde quiere, tambi?n es cierto que el hombre es d?bil y puede dejarse enga?ar por diversos sofismas, que con apariencia de verdad, pueden pervertir la experiencia espiritual base del carisma. Y no creemos exagerar al hacer esta afirmaci?n cuando contemplamos el reciente pasado de muchas congregaciones y personas consagradas que por una mala interpretaci?n del Concilio se han desviado de lo que era el carisma genuino de su congregaci?n .3

El dar cauces seguros para que las personas consagradas y la Congregaci?n religiosa pueda desarrollar la genuina experiencia del Esp?ritu no es coartar al Esp?ritu, sino permitir que siga actuando en estricto apego al Fundador. Y dichos cauces formar?n parte de la institucionalizaci?n del carisma.


Los cauces de la institucionalizaci?n.

Conocer y vivir el carisma.
Un primer cauce para la institucionalizaci?n del carisma ser? el conocimiento concreto, espiritual y pr?ctico de la experiencia del Esp?ritu que ha dado vida a la fundaci?n del Instituto religioso, congregaci?n o movimiento. Conocer con claridad esta experiencia del Esp?ritu es asegurar las bases para que el futuro de la congregaci?n se consolide sobre la huella que ha dejado el fundador. El desconocimiento de esta experiencia deja desamparado al Instituto de vida consagrado y sus miembros quedan a merced de interpretaciones subjetivas o personales, muchas de ellas de dudoso gusto cristiano.

Si bien es cierto que nuestro mundo es reacio a dar ?rdenes e indicaciones, esto es debido a una mala interpretaci?n de la libertad, mala interpretaci?n que incluso de ha infiltrado en los ambientes teol?gicos. Tal parece que ahora todo hombre, por el hecho de ser hombre tiene el derecho ha decir cuanta barbaridad se le venga en mente, siempre en nombre de la as? llamada libertad teol?gica. ?Questo pericolo ? vorrei aggiungere ? nella societ? dei nostri tempi non ? puramente hipot?tico. Don Divo Barsotti ha detto una parola tremenda, ma di attualit? incontestabile: in molte proposte, in molte iniziative, in molti discorsi delle nostre comunit? ?egli afferma ? Ges? ? una scusa per parlare d?altro?. 4

Ya el Magisterio de la Iglesia, en uno de sus ?ltimos documentos, anota este peligro de la libre interpretaci?n del carisma: ?Sin embargo, considerando algunos elementos del presente influjo cultural, hemos de recordar que el deseo de autorrealizarse puede entrar a veces en colisi?n con los proyectos comunitarios; y que la b?squeda del bienestar personal, sea ?ste espiritual o material, puede hacer dificultosa la entrega personal al servicio de la misi?n com?n; y, en fin, que las visiones excesivamente subjetivas del carisma y el servicio apost?lico pueden debilitar la colaboraci?n y la condivisi?n fraternas.? 5

Non encontramos por tanto con dos problemas en el momento de establecer los cauces para conocer e interpretar el carisma. En primer lugar, como un de los signos de nuestro tiempo, el modo de concebir la autoridad y la obediencia, ha cambiado con los tiempos. Ahora no se concibe una autoridad que quiera imponer su propio punto de vista, sino un autoridad al servicio de la verdad. Se debe encontrar por tanto la verdad, que en nuestro caso es el carisma y su aut?ntica interpretaci?n. Por otra parte, y como segundo problema, sabiendo que el carisma, como bien dice Antonio Mar?a Sicari ,6 es una gracia viviente, y como tal, no puede quedar sujeta a las leyes humanas. Sigue sus propias leyes y el hombre no puede impedirle que se dirija a d?nde lo dirige el Esp?ritu. No se pude coartar la libertad del Esp?ritu.

Parecer?an por tanto dos problemas irreconciliables. Sin embargo no lo es. Si por una parte no se puede dejar a la libre interpretaci?n de los hombres el desarrollo del carisma, porque puede convertirse en un problema donde el subjetivismo y el relativismo juegan un papel importante y cada uno de los miembros del Instituto se convierte en un libre interpretador del carisma, por otra parte no es posible coartar la libertad al Esp?ritu. Debemos sin embargo recordar que el Esp?ritu no violenta la naturaleza del hombre, al contrario se basa en ella para poder actuar. Cuando el Esp?ritu encuentra estas bases humanas, entonces puede actuar. Si no encuentra dichas bases humanas, el Esp?ritu sigue su propio cauce de no violentar al hombre, respeta su libertad y por no encontrar los medios adecuados, se reprime en su acci?n.

Es necesario por tanto que existan esos cauces humanos por donde pueda caminar el Esp?ritu. Dichos cauces humanos, propician las condiciones necesarias para el desarrollo del carisma. Sobre estos cauces humanos, el Esp?ritu actuar? para seguir desarrollando el carisma.

Como un cauce humano podemos mencionar la investigaci?n necesaria para identificar los elementos que componen el carisma, es decir, los elementos que han configuradola experiencia del Esp?ritu. Establecer con precisi?n los elementos constitutivos de la experiencia del Esp?ritu, permite que los disc?pulos espirituales del Fundador tengan un conocimiento personal y vivencial del propio carisma lo m?s cercano a la fuente originaria, con el fin de evitar interpretaciones personales subjetivas que los lleven con el pasar del tiempo a desviarse del carisma originario.

Junto con este conocimiento del carisma, se debe proporcionar tambi?n los elementos necesarios para que los miembros de la Congregaci?n, del Movimiento o del Instituto religioso puedan hacer propia esta experiencia del Esp?ritu. El carisma, como experie ncia del Esp?ritu debe traducirse en una experiencia espiritual personal, de lo contrario puede quedar como un objeto de museo, precioso y ?nico, pero que s?lo sirve para ser contemplado. Sin embargo, la experiencia del Esp?ritu, tenida por primera vez por el Fundador, no debe ser considerada como algo inaccesible, sino como el punto de inicio y el punto de llegada de todo disc?pulo espiritual del Fundador. Punto de inicio, pues de ah? arranca el estilo de vida que Dios ha querido regalar al mundo. Y punto de llegada porque hacia ?l todos los miembros del Movimiento o del Instituto religioso deben confluir con su estilo de vida y con las obras inspiradas por el propio carisma.

Se deben dar por tanto los cauces espec?ficos para que los miembros de la congregaci?n religiosa puedan hacer propia esta experiencia del Esp?ritu, y tambi?n para que puedan vivir de acuerdo a esta experiencia del Esp?ritu. Esto no es coartar ni la libertad personal ni la libertad del Esp?ritu. Se trata simplemente de prevenir las interpretaciones demasiado humanas o demasiado personales del carisma.

Por ello conviene que quien dirige el Instituto o Movimiento, se pregunte en primer lugar, sobre el grado del conocimiento del carisma que tienen sus miembros, los subsidios que cuentan para hacer propio dicho conocimiento y la forma en qu? est?n viviendo el carisma en la pr?ctica, ya que cada vida y obra de apostolado debe ser un reflejo del propio carisma. De esta manera la institucionalizaci?n del carisma, marcando con exactitud la esencia del mismo y dando los medios para re-apropiarse del mismo y reflejarlo en la vida y en las obras, refuerza la acci?n del Esp?ritu, el mismo Esp?ritu que dio inicio a la experiencia espiritual hecha por el Fundador.

El Cristo del Fundador.
La experiencia del Esp?ritu que ha dado origen al carisma lleva por concomitancia 8 a descubrir a Cristo en todas las realidades. Cada carisma, como una gracia especial para la construcci?n de la Iglesia , 8 al fundamentarse en una experiencia del Esp?ritu, lleva a una forma muy peculiar de construir la Iglesia. Bien sabemos que la Iglesia no es una realidad humana, sino una realidad espiritual, es el cuerpo m?stico de Cristo. Los carismas, al tener su origen en una necesidad muy especial y concreta de la Iglesia, no vienen inspirados por Dios para solucionar un problema material. Ser?a muy triste pensar, y muy peligroso para el futuro desarrollo de la obra, que una Congregaci?n religiosa ha sido fundada solamente para formar enfermeras profesionales o maestras de un grande nivel intelectual y cient?fico. Dios inspira cada carisma para dar a conocer un nuevo rostro de Cristo a la humanidad, y a partir de ese nuevo rostro de Cristo, poder solucionar alg?n problema que aqueja a la humanidad.

Es muy significativo a este respecto, como la beata Teresa de Calculta, en el momento en que las autoridades civiles de Yemen le pidieron la apertura de una comunidad de religiosas misioneras de la caridad para dedicarse a los desamparados de aquel pa?s, ella acept? a condici?n de contar con un sacerdote que pudiera celebrarles la Eucarist?a todos los d?as. Esta petici?n se deb?a sobre todo al hecho de que sin el Cristo que muere en la Cruz, lanzando el grito tengo sed, sus religiosas no pod?an contar con las ayudas espirituales necesarias para proseguir la obra. Es el Cristo, y no cualquier Cristo, sino el aspecto espec?fico del Cristo que Dios ha hecho ver y vivir al Fundador, el que sostiene al carisma y a las acciones que a partir de ?l se derivan.

Por ello, como un proceso normal de la institucionalizaci?n del carisma, es necesario que se ponga a disposici?n de los miembros de la Congregaci?n, adecuados subsidios que identifiquen el aspecto espec?fico de Cristo que Dios ha permitido ver y experimentar al Fundador. En muchas ocasiones estos aspectos espec?ficos de Cristo est?n ya considerados en la espiritualidad propia del Instituto o Movimiento, por lo que ser? necesario que se haga destacar los puntos de contacto entre dicho camino espiritual y los aspectos espec?ficos del Cristo que vivi? el Fundador a trav?s de adecuados estudios de la propia espiritualidad que tengan en consideraci?n estos puntos de contacto.

Como subsidio necesario convendr? poner a disposici?n de los miembros de la congregaci?n el camino espiritual recorrido por el Fundador, con el fin de seguir sus huellas. En la medida que cada persona consagrada o laica, participe en forma directa de la experiencia del esp?ritu que hizo el Fundador, su camino en la vida tendr? la seguridad de llevar hacia la meta espiritual que el Fundador consigui? para s? mismo y sugiri? para sus disc?pulos espirituales. Este camino espiritual, que lleva a la santidad, asegura las herramientas necesarias para poner en pr?ctica el ideal de vida que Dios inspir? al Fundador y aplicarlo a los tiempos actuales, como aseguraba Juan Pablo II en Vita consecrata: ?Se invita pues a los Institutos a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy.Esta invitaci?n es sobre todo una llamada a perseverar en el camino de santidad a trav?s de las dificultades materiales y espirituales que marcan la vida cotidiana? . 10

Otro elemento importante para promover el conocimiento de las caracter?sticas espec?ficas de Cristo que Dios permiti? ver y vivir al Fundador es el papel que jug? la historia, la cultura y el lugar geogr?fico en el que se desarroll? el carisma. Los or?genes de todo carisma hunden sus ra?ces en una necesidad muy concreta que Dios hace ver al Fundador. Es esa necesidad concreta, vista por el prisma de las caracter?sticas espec?ficas de Cristo, la que dar? origen a la experiencia del Esp?ritu, que comienza a ser vivido por el Fundador, para despu?s ser transmitida a sus disc?pulos espirituales. Por ejemplo, para Chiara Lublich, fundador del Movimiento de los focolarinos, el ver destruida su ciudad, le hace tomar conciencia de la importancia de la unidad, y a partir de la experiencia espiritual que tiene con el Cristo crucificado, pero con el Cristo abandonado, surge este carisma de la unidad. Por ello, conocer la historia personal del Fundador, la cultura en la que se desenvuelve su vida, los acontecimientos hist?ricos que dejan una huella profunda en su alma, ser?n elementos que deben estudiarse con profundidad y darse como subsidios a quienes deseen vivir con fidelidad el carisma. De la comprensi?n del carisma nace el amor a ?l, y del amor a ?l proviene la vivencia fiel al mismo. Una historia que no debe ser simplemente el recuento de acontecimientos, sino que debe ser una historia personal, psicol?gica y espiritual, que permita ver la forma en que el Fundador evoluciona espiritualmente a trav?s de los acontecimientos que la Providencia le pone delante. De esta forma se podr? descubrir el papel que la historia y la cultura, han jugado en la delimitaci?n de las caracter?sticas espec?ficas del Cristo que Dios permiti? ver y vivir al Fundador.

Las primeras obras de apostolado.
La mayor?a de las congregaciones religiosas en el momento de su nacimiento, surgen con una o varias obras de apostolado espec?ficas: la catequesis, la cura de los enfermos, la ense?anza. Hay congregaciones que su carisma les permite abarcar innumerables obras de apostolado y hay otras que por su mismo carisma se reducen a un campo muy espec?fico. Un gran error de parte de las congregaciones, y que pueden tener consecuencias funestas para el desarrollo del carisma, es el dejar las obras eminentemente carism?ticas, con el pretexto de afrontar los retos de nuestros tiempos. Es una tentaci?n muy fuerte por la que han pasado muchas congregaciones, especialmente en la d?cada de los a?os setentas y ochentas, por haber diluido o le?do el carisma, es decir, por haber tenido una hermen?utica eminentemente social en la adaptaci?n del carisma a los tiempos del post-concilio .11

Por ello, es importante que la congregaci?n conozca con exactitud cu?les fueron las motivaciones espirituales que movieron al Fundador para poner en pie dichas obras de apostolado y cu?l era la finalidad espiritual que quer?a conseguir con dichas obras de apostolado, ya sea para los beneficiarios directamente de esas obras, ya sea para las religiosas que en ellas deber?an realizar un servicio: ?Redunda en bien mismo de la Iglesia el que todos los Institutos tengan su car?cter y fin propios. Por tanto, han de conocerse y conservarse con fidelidad el esp?ritu y los prop?sitos de los Fundadores, lo mismo que las sanas tradiciones, pues, todo ello constituye el patrimonio de cada uno de los Institutos? . 12

No podemos olvidar el hecho de que toda obra de apostolado debe reflejar y ayudar a vivir la experiencia del Esp?ritu, origen de todo carisma. Por ello, un subsidio para la institucionalizaci?n del carisma ser? el distinguir la metodolog?a pr?ctica que cada obra de apostolado debe seguir para reproducir los prop?sitos del Fundador y hacer cada persona, beneficiaria o empleada en dicha obra de apostolado, laico o religiosa, viva la experiencia del Esp?ritu.




NOTAS

1 Sagrada Congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Mutuae relationes, 23.4.1978, n. 11.
2 ?Por lo mismo se reconoce a cada instituto una justa autonom?a de vida, especialmente de gobierno, mediante la cual tengan en la Iglesia una disciplina propia y puedan mantener ?ntegro y desarrollar su patrimonio espiritual y apost?lico. Es tarea de los ordinarios de los lugares conservar y tutelar esa autonom?a.? Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apost?lica, La colaboraci?n entre institutos para la formaci?n, 8.12.1998, n. 7.1
3 ?Dalla vita consacrata possiamo dire che, dopo aver navigato, in questi anni agitati, tra Scilla e Cariddi, tra il fariseismo restauratore e tra l?adeguamento al mondo dei sadducei, o, se vogliamo esprimerci in termine di istanze positive, tra identit? e l?aggiornamento?? Franc Rod?, La spinta che la Chiesa si attende dalla vita consacrata, en German S?nchez Griese (ed), Duc in altum! Edizioni Art, Roma 2006, p. 90.
4 Giacomo Biffi, Le cose di lass?, Esercizi spirituali con Benedetto XVI, Edizioni Cantagalli, Siena 2007, p. 86 ? 87.
5 Congregaci?n para los Institutos de vida consagarda y las Sociedades de vida apost?lica, El servicio de la autoridad y la obediencia, 11.5.2008, n.3.
6 ?El <> no se mantiene en la historia como se mantiene un patrimonio de ideas, de valores, de experiencias, s?lo porque se le puede contrastar con nuevas prospectivas y nuevas emergencias. Se mantiene m?s bien, como una ?gracia viva?, cuya direcci?n pertenece al Esp?ritu Santo: comienza con un evento de gracia que involucra al carism?tico en un ardiente camino para seguir a Cristo y puede permanecer en la historia solamente como gracia que siempre se renueva.? Antonio Maria Sicari, Gli antichi carismi nella Chiesa, Jaca Book, Milano, 2002, p. 32 ? 33.
7 Mons. Franc Rod?, c.m., prefecto de la congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apost?lica, en su intervenci?n al Congreso de la vida consagrada en el 2004, ha acu?ado este t?rmino, aunque en italiano expresa con mayor fuerza la idea que queremos significar. En italiano la palabra usada es <>. Creemos oportuno utilizarlo como una forma que expresa el concepto que queremos transmitir, puesto que no basta un contacto con el carisma, sino que es necesario incorporarlo a la propia vida, en todos los niveles que la vida consagrada comporta. Franc Rod?, c.m. La vita consacrata alla scuola della Eucarist?a, en Passione per Cristo, passione per l?umanit?, Paoline editoriale, 2005, p. 239.

Publicado por mario.web @ 1:55
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