Martes, 03 de mayo de 2011
Algunas reflexiones sobre el por qu? de esta incompatibilidad desde el punto de vista de la raz?n.
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Sobre la eutanasia
Sobre la eutanasia
17/09/2008

Sostengo que no es posible compaginar eutanasia con bienestar y progreso, siempre y cuando no se confunda aquella con el evitar la prolongaci?n artificial de la vida o el encarnizamiento terap?utico. Estas son algunas reflexiones sobre el por qu? de esta incompatibilidad desde el punto de vista de la raz?n.

Todos los comportamientos sociales relevantes est?n insertos en una determinada concepci?n de lo que es la vida personal y social, en unos llamados paradigmas o marcos referenciales a los que tambi?n denominamos culturas o civilizaciones.

En ella cada acci?n toma sentido dentro de aquel sistema de referencia. Si se la extrae de ?l esta acci?n se convierte en una anomal?a porque no encaja. Esta es la causa de que resulte tan dif?cil un juicio sobre hechos y comportamientos del pasado si no se consideran el marco referencial de la ?poca.

La eutanasia y el suicidio asistido ten?an un sentido pleno en el modelo o paradigma de las llamadas sociedades heroicas ?que algunos denominan impropiamente militaristas- La vida heroica ?La Il?ada nos ha dejado una pintura extraordinaria de ella- culminaba con una muerte del mismo sentido: en combate, o por la propia mano, donde lo que importaba era c?mo pasaba la memoria del sujeto, ?el h?roe?, a la posteridad.

Porque esta era la ?nica manera de conseguir un determinado tipo de inmortalidad no material: la que quedaba fijada en la memoria de las generaciones posteriores. En este marco de referencia la muerte era un lugar indeterminado ?el Hades en los griegos- en el mejor de los casos sin recompensa. Las religiones de esta ?poca no estaban orientadas a una divinidad amorosa, y obviamente, no exist?a nada parecido a la vida eterna y la felicidad despu?s de la muerte ?o no- de acuerdo con la vida vivida.

Esta concepci?n arcaica se prolonga en algunas sociedades -Jap?n es el caso m?s espectacular- hasta el siglo XX, y tambi?n en algunas profesiones e ideolog?as modernas.

El suicidio por ejemplo ha sido una pr?ctica nada infrecuente entre los altos mandos militares en ?pocas recientes y en determinadas tradiciones castrenses. El nazismo hizo de ?l una pieza ligada al honor (y aqu? es necesario un inciso. No es una coincidencia azarosa que algunos de los grandes males que nos aquejan, el aborto, la eutanasia activa, la pol?tica de manipular la gen?tica ?la raza- sean caracter?sticas de la ideolog?a nazi; que no de la fascista).

El otro modelo antiguo de sociedad es la religiosa. En nuestras fuentes morales y culturales esto significa el cristianismo. En ?l, el planteamiento es distinto. En una vida que se realiza orientada hacia Dios, aquella es su regalo y de su propiedad. La vida no nos pertenece y es como un capital del que al final se deben rendir cuentas.

La muerte solo es un paso a la plena realizaci?n, un cambio de fase, no el fin. Y la posterioridad se realiza en este plano. En este contexto, el sufrimiento y la compasi?n (es decir el sufrir con) tienen sentido. Naturalmente en este marco la eutanasia y el suicidio no tienen cabida, son irracionales porque son contrarios a Dios.

En la modernidad el pensamiento ilustrado no opera en este tema en profundidad, no altera las coordenadas de la visi?n negativa. La raz?n substituye a Dios pero continua valorando negativamente el suicidio y la eutanasia, que son percibidos en un caso como una cobard?a, un huir, y por otro como un grave riesgo para la sociedad, porque el legitimar la muerte del otro y legalizarla no excluye, como en toda ley humana, que sea utilizada con fines no deseados.

A pesar de que el sufrimiento y el dolor resultaban m?s generalizados e intratables que ahora, los ilustrados, los enciclopedistas y los modernos no presentan como caracter?stica central de su pensamiento la introducci?n social de la muerte provocada, que solo tiene cabida en las ideolog?as extremas.

Dos personajes encarnan muy bien la actitud ante la derrota. Uno es Jesucristo, que la asume hasta la humillaci?n y el dolor. Lo hace adem?s sin ser estrictamente necesario para ?l, la tentaci?n radicaba precisamente en evitarlo.

El otro personaje radicalmente opuesto es Hitler, que no soporta la derrota y el posterior juicio, ni la expectativa de una muerte seguramente cierta pero indeterminada en el tiempo y en sus caracter?sticas. Tiene miedo y se mata.

En la postmodernidad, es decir, en nuestro per?odo de civilizaci?n, que no es nada m?s que el resultado de los estertores del cad?ver insepulto de la modernidad, privados de la l?gica y de la raz?n, no existe sistema. Hay solo un conjunto de criterios ca?ticos, en un proceso de ideas donde crece y crece la entrop?a social, es decir el desorden.

La raz?n es sustituida por el emotivismo, es decir, el sentimentalismo sin sujeciones, el buenismo. Pero como todas las manifestaciones de nuestro tiempo se basan en la exaltaci?n del yo del superindividualismo desvinculado, se trata de un sentimentalismo en el que solo cuenta ?mi? sentimiento y no la situaci?n real de los dem?s.

Veo las cosas en funci?n de c?mo las ?siento? yo, y en todo caso las sufro, sin atenerme a la raz?n y a la realidad de las mismas, y eso hace que personas crean que hay determinadas vidas que no merecen ser vividas, pero no porque objetivamente sea as? sino porque ellos ?sienten? as?. Solo algunos, poqu?simos, escasos, tetrapl?jicos desean morir.

La inmensa mayor?a lo que pretende son medios, recursos, compa??as, personas, que les permitan vivir a su manera con la m?xima plenitud posible. Y lo mismo podr?amos decir de los enfermos terminales, cuyo mayor problema no es la muerte en si, sino el grado de sufrimiento, de dolor que pueda llevar aparejada, y la soledad. Es a esto a lo que temen y no al acto exacto de quedar dormido.

Una sociedad bien construida parar?a su atenci?n, no sobre el emotivismo de algunos, sino sobre la realidad de los hechos, sobre la cosa en s?, y el gran debate ser?a c?mo mejorar las condiciones de vida de los tetrapl?jicos, c?mo garantizar a todos los cuidados paliativos, y quiz?s lo m?s dif?cil, como dar acompa?amiento y calor humano en una sociedad de personas aisladas.

?Por qu? goza de tan buena prensa el matar o matarse, y tiene tan escasa acogida lo que significa un progreso real, de condiciones materiales y sociales? No es f?cil responder a la pregunta en toda su dimensi?n, pero s? hay alg?n elemento que ayuda a entenderla.

En nuestra cultura irracional y contradictoria, la muerte se ha convertido en un instrumento socialmente admitido, que permite liberar a los m?s fuertes de la carga de los m?s d?biles. Eso es el aborto, la eutanasia y el suicidio asistido. En este sentido es una manifestaci?n m?s del hiperindividualismo hedonista de la sociedad desvinculada.

Y tambi?n influye un segundo factor, pol?tico. Una determinada postizquierda sin norte, bandera, ni s?mbolos, entregada con armas y bagajes al capitalismo puro y duro, y a la l?gica liberal, levanta sus nuevos t?tems en torno a aquellos antivalores y lo califican de progreso.

En otra ?poca esto no hubiera sido admitido, pero en la nuestra donde el pensar que da reducido a muy poco, lo ?nico que cuenta es la experiencia nazi y comunista de machacar una idea tantas veces como sea necesaria aprovechando el gran poder del Estado.

Publicado por mario.web @ 1:42
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