Martes, 03 de mayo de 2011
En el debate de estos ?ltimos a?os encontramos una fuerte renovada atenci?n respecto a la relaci?n entre ?tica y econom?a, entre ?tica y utilidades. Es un hecho que vemos en Am?rica, en Europa, en Italia y que estimamos muy positivo. Es tambi?n una confir
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Modernidad, ?para qu??
Modernidad, ?para qu??


El desarrollo es un proceso en que la solidaridad civil se une al rigor econ?mico


En el debate de estos ?ltimos a?os encontramos una fuerte renovada atenci?n respecto a la relaci?n entre ?tica y econom?a, entre ?tica y utilidades. Es un hecho que vemos en Am?rica, en Europa, en Italia y que estimamos muy positivo. Es tambi?n una confirmaci?n de cuanto siempre hemos sostenido cuantos invocamos los valores del cristianismo: la indisolubilidad entre moral y comportamiento econ?mico. Admitido este hecho, decimos que existen dos peligros: que la "business ethics" venga a concebirse como un tema de moda, al igual que tantas otras modas que ha producido la literatura sobre administraci?n en las ?ltimas d?cadas y que han tenido una vida m?s o menos ef?mera. O tambi?n, y ?ste es el segundo riesgo, que todo venga a terminar en una nueva ret?rica: en discursos, palabras, entrevistas que se convierten en fines en s? mismos y poco impactan el modo concreto de actuar.

C?mo madura el desarrollo civil
Hoy existe, sin duda, una necesidad de recuperar los valores morales: una necesidad tanto m?s viva por cuanto es m?s compleja la sociedad en que vivimos. Vivimos en una sociedad de grandes n?meros.

En los pa?ses de democracia liberal tenemos la fortuna de poder canalizar esta complejidad en las estructuras de una sociedad pluralista. Pero esto no impide que el pluralismo venga a ser con frecuencia, fragmentaci?n. No existe ya un gu?a "fuerte" como en otros tiempos pod?an serlo el Estado o la Iglesia.

Al mismo tiempo, vivimos en oleadas de continuos cambios: la misma innovaci?n tecnol?gica ofrece inmensas oportunidades, pero abre riesgos nuevos y nuevas dificultades, sobre todo para los grupos sociales menos preparados. En este contexto, el redescubrimiento de algunos grandes valores que se compartan viene a ser esencial para fundamentar la evoluci?n de nuestras sociedades llamadas de avanzada. Y es la ?nica base sobre la que se pueden movilizar las inteligencias, las conciencias y el potencial de recursos ocultos de los ciudadanos.

Pero el llamamiento a los valores para movilizar las fuerzas vivas de la sociedad no debe ser abstracto: pues vendr?a a ser pura ideolog?a. Y los da?os causados por las ideolog?as que quieren salvar al mundo en nombre del bien com?n llenan la historia y tambi?n los cementerios. Los valores deben traducirse en respuestas racionales, que persigan el bien com?n, con la advertencia de que es la experiencia del cient?fico y no la presunci?n del ide?logo la que madura el desarrollo civil.

C?mo se concreta la ?tica de los negocios
Para concretar y generar progreso econ?mico civil, la ?tica de los negocios debe traducirse: (a) en comportamientos de empresa; (b) en una nueva sensibilidad hacia los grandes problemas de la sociedad con sus complejidades, como el ambiente, la habitabilidad, la movilidad en las ?reas urbanas, la reconsideraci?n del "welfare state" para que la solidaridad deje de ser sin?nimo de burocracia; (c) y en prop?sitos y proyectos respecto a las instituciones.
Tratar? conjuntamente los dos primeros puntos, porque los comportamientos "morales? de la empresa exigen sensibilidad a los problemas que se presenten.

Capacidad emprendedora significa -desde siempre- saber responder oportunamente a las nuevas demandas que se expresan por el mercado y por su cultura de una sociedad. Y de este modo es como se crean utilidades.

Una empresa moderna, atenta a las exigencias de la poblaci?n, debe responder positivamente a la demanda ambiental para beneficios del inter?s general y por ventaja de s? misma.

Hoy, por ejemplo, nuestras sociedades expresan una demanda de calidad de la vida y del ambiente. Una empresa moderna, atenta a las exigencias de la poblaci?n, debe responder positivamente a la demanda ambiental para beneficio del inter?s general y para ventaja de si misma. La respuesta a la demanda ambiental es pues, una respuesta econ?mica y moral al mismo tiempo. Las utilidades que de ella se derivan vienen a ser un "indicador" de eficacia y de eficiencia empresarial en relaci?n a un objetivo preciso: una mejor respuesta a la demanda de un ambiente m?s limpio. Un "caso" real que se refiere a la industria automotriz puede explicar concretamente cuanto se ha dicho. Desde siempre la demanda social respecto al autom?vil es una demanda de movilidad y de autonom?a en el ir de un lugar a otro.

En los ?ltimos quince a?os se ha a?adido una segunda demanda social: mayor seguridad y confiabilidad "total" en el veh?culo. Hoy, adem?s, se manifiesta la demanda de menor contaminaci?n. La capacidad empresarial de un constructor de autos est? en recoger esta demanda y transformarla en una oportunidad econ?mica. No por casualidad Alemania, que es el pa?s en que las exigencias ambientales se manifestaron primero y con m?s presi?n, es tambi?n la naci?n europea en donde los constructores de autos han sido los m?s r?pidos en instalar tecnolog?as anticontaminantes, mucho antes de que la ley lo mandase. De este modo las compa??as alemanas no s?lo manifestaron su responsabilidad social sino que adquirieron una cierta ventaja competitiva, por lo menos en los ?ltimos dos o tres a?os.

Por otra parte, el caso del autom?vil tambi?n es ejemplar desde otro punto de vista: de c?mo la demanda social de un mejor ambiente puede transformarse en una actitud ideol?gica. El autom?vil ser?a el culpable, "por definici?n??, de la contaminaci?n ambiental de la ciudad, as? como los gases de descarga ser?an los culpables de las lluvias ?cidas.
Todo esto es puro ecologismo ideol?gico, porque los estudios concuerdan en evaluar la contaminaci?n por gas de descarga en no m?s all? del 15% del total contaminante urbano. Por su parte las lluvias ?cidas contin?an siendo un fen?meno cuyas causas est?n todav?a en gran parte por descubrirse. A tal grado es esto verdad que, por ejemplo, casi no se detectan lluvias ?cidas en Italia, en donde la modernizaci?n se ha desarrollado y en cambio se precipitan en China, donde son muy pocos los autom?viles.

Econom?a e instituciones: equilibrio conveniente
Despu?s de haberme referido a la capacidad emprendedora que se manifiesta en la respuesta a las exigencias de nuestra sociedad, anticip?ndose a su aparici?n cuanto es posible, me refiero al segundo aspecto: las reglamentaciones jur?dicas e institucionales que, como empresarios, debemos estar dispuestos no s?lo a aceptar, sino a contribuir a establecer, para que las utilidades sean provechosas para quien las produce y para la sociedad en que se encuentra.

Si nosotros, que actuamos en el campo econ?mico estamos conscientes de actuar con responsabilidad moral, tenemos el derecho de pedir un marco adecuado de normas y de instituciones y tenemos el deber de contribuir a crearlo.

La relaci?n de los valores morales de bien com?n con la actividad de la empresa orientada a las utilidades, se evalu? por medio de las instituciones. Se eval?a mediante el reconocimiento de la libertad econ?mica y del sistema de normas que orienten el resultado de la actividad econ?mica en funci?n del desarrollo: desarrollo social, desarrollo de la empresa y modernidad de la sociedad en su conjunto.

Atender a las instituciones debe ser un h?bito mental de los agentes econ?micos.

Las utilidades son un resultado que brota all? donde el proceso productivo se desarrolla con eficiencia y con eficacia.

Debemos reflexionar sobre la relaci?n entre econom?a e instituciones: la primera est? cambiando profundamente por efecto de la globalizaci?n de los negocios y por la concientizaci?n del sistema econ?mico. Pero tambi?n las segundas -las instituciones- aun cuando menos afectadas por el impacto del mercado ?nico europeo, no podr?n evitar el cambio; y con ellas, no podr? dejar de evolucionar la legislaci?n econ?mica.

Deberemos buscar un nuevo equilibrio entre econom?a e instituciones, que sea congruente con el proceso de integraci?n europea y de competencia a nivel global; para hacer frente a los problemas como el de ?anti trust? al de la fiscalidad sobre los rendimientos de capital y la contaminaci?n de la actividad econ?mica. No se puede alcanzar la integraci?n de otros continentes con Europa teniendo instituciones y legislaciones muy distintas de las de los dem?s no s?lo por obtener la armonizaci?n (que siempre es una meta deseable) sino porque el mismo reconocimiento de las legislaciones originales es lo que presiona para reducir las diferencias jur?dicas e institucionales de cada uno de los sistemas nacionales. Para no ser castigados por nuestras mismas leyes e instituciones, debemos nosotros mismos contribuir a la determinaci?n de las reglas nacionales que se acerquen m?s a las m?s avanzadas de Europa. En s?ntesis, la relaci?n entre empresas e instituciones debe hacerse mediante la armon?a de los valores de eficiencia y eficacia y los valores del inter?s general.

Eficacia y eficiencia son valores a los que es muy sensible el mundo econ?mico. No inclu? las utilidades entre los valores de emprender porque las considero como un resultado que brota all? donde el proceso productivo se desarrolla con eficiencia y con eficacia. En los casos de buen funcionamiento de las empresas, las utilidades son un resultado que van con otros resultados que, tambi?n, son de suma importancia, como el incremento de la profesionalidad de quienes trabajan en la empresa, como la atenci?n constante a la innovaci?n, y como la atenci?n a las necesidades de los clientes.

De la eficiencia al inter?s general
Eficiencia y eficacia son valores tan importantes que en ellos se sostiene la empresa. Si en la empresa se generan utilidades, profesionalidad e innovaci?n, pueden las instituciones generar buena vida para los ciudadanos. Una Administraci?n P?blica que tenga como valor la eficiencia, no s?lo responde mejor a las exigencias de las personas; no s?lo es m?s autorizada y respetada, si no que tambi?n es m?s fuerte y m?s independiente ante las presiones de grupos de poder.

La verdaderamente gran aportaci?n que el capitalismo ha dado a las sociedades occidentales ha sido el de ense?ar a utilizar mejor los recursos disponibles: no por casualidad fue que en los pa?ses en que m?s se desarroll? no se ha difundido tanto la pobreza. Es cierto que existan "nuevas" pobrezas cuyas causas son m?ltiples. Pero una de ellas, no ciertamente al menos importante, se encuentra precisamente en las ineficiencias del "welfare?. El capitalismo es visto como vencedor en cuanto a crear riqueza. Hoy la riqueza no se traduce ya s?lo en productos y dinero, sino que est? constituida por el saber. Las empresas producen saber "Know how? que puede ser utilizado tambi?n con provecho del inter?s general de nuestras sociedades. Para no caer en una l?gica puramente materialista del negocio o en el peligro de una separaci?n entre moralidad y actividad econ?mica, creo que cada uno de nosotros, hombres de empresa, debe asumir el compromiso de aceptar el reto: ser m?s competitivo para ser m?s social. No se trata de un reto general o abstracto. Somos los integrantes de la sociedad que
tiene, quiz? m?s que otras, el h?bito de la innovaci?n.

Pues bien, nuestra aportaci?n al bien com?n debe ser dirigida a construir una nueva modernidad; no rechazando la tecnolog?a, sino, al contrario, precisamente dando un gran salto tecnol?gico y de organizaci?n. Las ciudades del futuro deben ser precisamente aquellas en que la tecnolog?a permita disminuir los desperdicios, para movilizarse, para trabajar, para estudiar.

Una cultura compartida
Llevar a la sociedad aquella cultura tecnol?gica y organizativa que en las empresas permite producir utilidades, viene a ser -con los debidos ajustes- no s?lo una posibilidad sino una gran oportunidad. Porque una cosa es cierta; el mal uso de los recursos, el desperdicio, es siempre un hecho inmoral. El despilfarro nunca es ?tico. Para construir una nueva modernidad no basta, sin embargo, la aportaci?n de los hombres de empresa; se necesita la cooperaci?n de otras fuerzas sociales. Se pide, y justamente, que los empresarios sean morales. Pero ?Por qu? s?lo ellos? Es un reclamo que va dirigido a todos los integrantes de la sociedad.

El mal uso de los recursos, el desperdicio, es siempre un hecho inmoral. El despilfarro nunca es ?tico
Si el desperdicio es inmoral ?por qu? no pedir con igual fuerza a los sindicatos que lo combatan con los hechos y no s?lo con la palabra? "Lo que se necesita es una poderosa actividad emprendedora moral", ha dicho el Cardenal Carlo Mar?a Martini. No es una llamada de atenci?n en general; debemos evitar que se la deje caer en la nada y por esto debemos sentirla como un compromiso personal de cada uno de nosotros. Una fuerte actividad emprendedora moral puede venir a ser fundamento de la "nueva modernidad".

Por un desarrollo solidario

El bien com?n requiere hoy m?s que nunca, al comienzo de los a?os noventas, una cultura compartida de desarrollo, en que la eficiencia sea procurada como instrumento para reforzar nuestra democracia; en que la innovaci?n no sea negaci?n del pasado sino su natural evoluci?n; en que los valores culturales y morales se afirmen no con el dogmatismo ideol?gico, sino con acciones pragm?ticas. De hecho, el desarrollo es resultado de un proceso de crecimiento de la sociedad en que la solidaridad civil se une al rigor econ?mico.


Publicado por mario.web @ 1:45
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