Martes, 03 de mayo de 2011

Fuente: Fluvium.org
Autor: Alfonso Aguil? Pastrana

"Hay hombres que luchan un d?a y son buenos. Hay otros que luchan un a?o y son mejores. Hay otros que luchan muchos a?os y son mucho mejores. Pero hay quienes luchan toda la vida: esos son los imprescindibles".

Estas palabras de Bertolt Brecht nos invitan a pensar en lo necesarias que resultan esas personas que todos conocemos y que parece que nunca se cansan, que siempre est?n ah?, que siempre tiran hacia arriba del ambiente en el que est?n, que son un catalizador de todo lo positivo de quienes le rodean.

Si nos paramos a pensar, hay bastantes personas que son as?, que han hecho natural en sus vidas esa estabilidad emocional y esa madurez que les hace acostumbrarse a tirar hacia arriba de los dem?s, pasando ellos casi inadvertidos. Sienten de vez en cuando, como todos, la tentaci?n de dejar de hacer esa discreta y eficaz labor, se sienten a veces hartos de tener que escuchar, animar, mediar, conciliar... Sin embargo, quienes logran hacer todo eso de modo natural, y pasan a considerar ese esfuerzo como algo ordinario, son las personas que consiguen crear y mantener un ambiente de trabajo, de optimismo, de buen entendimiento entre todos. Son esos hombres o mujeres cuyo influjo muchas veces no se valora hasta el d?a en que faltan, y quiz? entonces se ve que su papel era fundamental, que el clima positivo que hab?a a su alrededor era fruto de que se hab?an acostumbrado a pensar en los dem?s, a no cansarse de ser pa?o de l?grimas de unos y otros, a decir con cari?o y lealtad lo que se deb?a mejorar, a relajar la tensi?n que tantas veces se crea por simples nimiedades.

Me recuerda tambi?n aquella vieja pel?cula de Frank Capra titulada "Qu? bello es vivir", en la que el protagonista est? desesperado y a punto de suicidarse, y un simp?tico ?ngel le hace ver lo valiosa que ha sido su vida y lo mucho que ha repercutido para el bien de much?simas personas. Para demostr?rselo, le concede el privilegio de ver lo que hubiese sucedido en la vida de algunas de ellas si ?l no hubiera existido y por tanto no hubiera podido ayudarlas. Gracias eso, recupera la alegr?a de vivir y comprende todo lo que una existencia normal puede aportar en la vida de tant?sima gente.

Con m?s inter?s por los otros Todos podemos incorporar a nuestra vida esa actitud. Porque una palabra amable y conciliadora es f?cil de decir, pero sin embargo, a veces nos cuesta llegar a pronunciarla. Nos detiene el cansancio, nos distraen otras preocupaciones, nos frena un sentimiento de frialdad o de indiferencia ego?sta. Pasamos junto a personas a las que conocemos pero apenas las miramos a la cara y no reparamos en que sufren, y en que quiz? sufren precisamente porque se sienten ignoradas o poco valoradas por nosotros. Bastar?a una palabra cordial, un gesto afectuoso, e inmediatamente algo se despertar?a en ellas: una se?al de atenci?n y de cortes?a puede ser una r?faga de aire fresco en lo cerrado de una existencia castigada en ese momento por la tristeza y el desaliento.

Muchas veces lo que impide esa buena actitud es nuestra impaciencia ante los defectos ajenos. Quiz? esas personas que tanto nos impacientan tienen objetivamente esos defectos que tanto nos enfadan, pero si centramos ah? demasiado nuestra atenci?n eso generar? en nosotros una ansiedad que no ayuda nada, ni a ellas ni a nosotros, y puede acabar en algo parecido a una obsesi?n. Adem?s, hay demasiadas veces en que esos defectos no son tales, sino diferentes y leg?timos modos de ser. Si somos demasiado quejosos, quiz? debemos ganar en reciedumbre interior y esforzarnos m?s en ser como esas personas de las que hemos hablado.


Publicado por mario.web @ 1:51
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