Martes, 03 de mayo de 2011
Los pol?ticos, en particular los creyentes, tienen en la exhortaci?n apost?lica ?Ecclesia in Europa? una br?jula para su compromiso pol?tico y evitar el ?partidismo?, considera Alberto Ribera.
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La democracia amenazada por los riesgos del ?partidismo?
La democracia amenazada por los riesgos del ?partidismo?

MADRID, lunes, 7 junio 2004 ( ZENIT.org ).- Los pol?ticos, en particular los creyentes, tienen en la exhortaci?n apost?lica ?Ecclesia in Europa? una br?jula para su compromiso pol?tico y evitar el ?partidismo?, considera Alberto Ribera.

As? lo expuso este m?dico y economista, profesor del IESE, la escuela de negocios de la Universidad de Navarra, con sede en Barcelona y Madrid, al intervenir en el Foro de Coloquios Interdisciplinares de Madrid, que ha celebrado un ciclo de encuentros sobre el documento en el que Juan Pablo II recoge las conclusiones del segundo s?nodo europeo.

En esta entrevista concedida a Zenit, Ribera explica sus conclusiones.

--?Qu? destacar?a del mensaje de ?Ecclesia in Europa?, por lo que se refiere a la actuaci?n de los cat?licos en la vida pol?tica?


--Alberto Ribera: Todo el documento es, como dice el Papa al principio, ?una invitaci?n a la esperanza?. En esa l?nea, me parece especialmente relevante el comentario al pasaje del Apocalipsis: ?ponte en vela, reanima lo que te queda y est? a punto de morir?, en el que Juan Pablo II invita a ?confesar nuestras lentitudes, omisiones, infidelidades y culpas?, sin excusas y sin adoptar ?actitudes huidizas de desaliento?.

--?En qu? se manifiestan esos signos de des?nimo y esas otras actitudes negativas, que ser?a necesario rectificar?


--Alberto Ribera: Ante todo, en la falta de reconocimiento de la responsabilidad personal de cada uno --de m? mismo-- en la crisis que vivimos. Contrasta la actitud del Papa y de los obispos con la postura de muchos cat?licos, cuando tan a menudo imputamos los males de la situaci?n actual a los adversarios de la Iglesia, culpables del deterioro moral, cultural y social, que se observa a nuestro alrededor. A menudo, nuestra acci?n se agota en denunciar los presuntos abusos que otros cometen.

--?Podr?a poner alg?n ejemplo?


--Alberto Ribera: Voy a tomarlos de una entrevista al catedr?tico de Derecho de la Universidad Complutense, Rafael Navarro-Valls, publicada por Zenit el 11 de mayo de 2004.

Seg?n esa entrevista, las dificultades para la ense?anza de la religi?n en las escuelas p?blicas en Espa?a surgieron ?porque no hab?a un n?mero suficiente de profesores que quisieran impartir este tipo de ense?anza?. Despu?s vinieron los problemas con sindicatos y con gobiernos centrales o auton?micos. Pero a lo mejor tambi?n hay que responsabilizar a los cat?licos, que hemos abandonado la ense?anza p?blica o que nos hemos desentendido de las clases de religi?n en los centros p?blicos.

Recuerda el ilustre jurista que ?la Iglesia aspira a su autofinanciaci?n, donde encontrar?a un mayor espacio de libertad?. Si esta capacidad de independencia econ?mica no se ha logrado, ?es debido a la oposici?n de algunos partidos pol?ticos? M?s bien habr?a que decir que algo falla en el grado de compromiso de los laicos cat?licos con nuestra Iglesia, cuando se trata de echar mano de la cartera.

La lista de ejemplos podr?a prolongarse. Y es que resulta m?s c?modo echar la culpa a los ?malos? que arremangarse y tratar de ser coherente. En el fondo del asunto, subyace --a mi modo de ver-- la poca asimilaci?n de las ense?anzas del Concilio Vaticano II sobre la misi?n de los laicos en la Iglesia y en la sociedad.

--Esa mayor presencia en la vida p?blica, ?no significar?a desenterrar anacr?nicos planteamientos de confesionalismo?


--Alberto Ribera: En absoluto. Creo que Juan Pablo II proclama justamente lo contrario, y lo hace de manera radical al insistir en la necesidad de orientar las tareas pol?ticas en funci?n de su naturaleza de servicio al bien com?n. En la exhortaci?n sobre la Iglesia en Europa, subraya de nuevo el deber de ?defender la verdad y promover la paz, purificando el coraz?n de cualquier hostilidad, ego?smo y partidismo?. Considero muy significativa esa menci?n al ?partidismo?, que el Papa ha repetido varias veces: por ejemplo, en la proclamaci?n de santo Tom?s Moro como Patrono de los gobernantes y pol?ticos, durante el Jubileo del a?o 2000. Tal vez no se ha prestado suficiente atenci?n a la denuncia de una subordinaci?n de la pol?tica a ?la utilidad del propio grupo o partido?, que hizo en aquella ocasi?n.

--?Cu?les son esos posibles riesgos del partidismo?


--Alberto Ribera: Adem?s de la violaci?n de la justicia en las acciones concretas en que se anteponga el bien particular de un grupo al bien com?n, la partitocracia est? llevando a un difuso desprestigio de la democracia, especialmente entre los j?venes. De ah? al rechazo de la pol?tica y al cinismo, no hay m?s que un paso.

Predomina en todas partes --lo vemos a diario, a derecha e izquierda-- una visi?n de la pol?tica como lucha de poder y no como tarea de servicio. Un pol?tico cat?lico incurrir?a en esa postura partidista, si para ?l lo importante fuera detentar el poder e impedir as? que lo ocuparan ?otros?, presunta o declaradamente anticat?licos. Aunque esto ?ltimo fuera cierto, el argumento no ser?a v?lido: que el otro sea ?malo? no significa que yo sea ?bueno?. Quiz? de manera inconsciente, no s?lo se prejuzga que los otros obrar?n mal, sino que tambi?n se da por supuesto que ?los m?os? act?an siempre bien. Se acaba en un partidismo-sectarismo, que genera confrontaci?n y agresividad. Ah? est? la pol?tica ?anti? y el ambiente de crispaci?n que lamentablemente ya se ha convertido en un t?pico con el que en Espa?a unos partidos denuncian a otros, jaleados por medios de comunicaci?n igualmente partidistas-sectarios.

--?Puede ofrecer alguna sugerencia o propuesta concreta?


--Alberto Ribera: Opino que ser?a conveniente una reforma de las leyes electorales dando cabida a listas abiertas, que facilitar?an discernir entre personas singulares y no s?lo entre etiquetas de partido. Adem?s, considero importante que los partidos pol?ticos garanticen la libertad de voto --o al menos la objeci?n de conciencia--, en aquellas cuestiones que afectan a las convicciones personales. Se trata de un derecho b?sico, pero que demasiadas veces se ha conculcado en nombre de disciplinas de partido, impuestas de manera formal o t?citamente (por ejemplo cuando se temen represalias ante un posible disenso respecto a los l?deres del partido).


Publicado por mario.web @ 2:04
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