Martes, 03 de mayo de 2011

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual

Estas l?neas quieren ofrecer una ?gil presentaci?n del proceso al que fueron sometidos los templarios en los primeros a?os del siglo XIV, proceso que culmin? con la supresi?n de la Orden en una p?gina dram?tica de la historia de la Iglesia. A trav?s de los datos analizados quedan al descubierto mecanismos profundos del mal que destruyen corazones y que llevan a injusticias sin nombre, pero que no son capaces de aniquilar la bondad y el hero?smo de quienes son capaces de dar su vida por la verdad y la justicia.


A. La Orden del Temple

1. Los templarios surgieron a inicios del siglo XII, tras la conquista de numerosos lugares de Tierra Santa y de Jerusal?n por parte de la I cruzada (1095-1099). Los cruzados organizaron un reino propio, en el que Balduino I fue declarado rey de Jerusal?n (1100-1118). Con el nuevo rey, muchos cruzados decidieron quedarse en las zonas conquistadas para evitar que los sarracenos las conquistasen de nuevo.

Entre quienes se ofrecieron a permanecer en la zona, encontramos a Hugo (Hugues) de Payens, un caballero que deseaba unir en su vida dos ideales: los de la caballer?a y los de la vida mon?stica. Con 8 compa?eros fund? en 1118 ? 1120, en la ciudad de Jerusal?n, una Orden militar de caballeros (poco antes hab?a sido fundada la primera, la Orden de San Juan de Jerusal?n u hospitalarios).

Parece que se autodenominaron ?pobres caballeros del Cristo?, aunque tambi?n fueron conocidos con otros nombres: ?Christi milites? (soldados de Cristo), ?Milites Templi? (soldados del Templo, o del ?Temple?, como todav?a hoy se les conoce).

Los templarios emit?an, adem?s de los tres votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, un voto especial de defender y escoltar a los peregrinos y viajeros que se trasladaban en Tierra Santa. Les fue dado, como lugar de residencia, una parte del edificio que ocupaba el segundo rey de Jerusal?n, Balduino II (1118-1131) que, seg?n se cre?a, estaba situado donde hab?a sido levantado el templo del rey Salom?n.


2. La Orden de los templarios tuvo como insigne amigo y promotor a san Bernardo de Claraval, por cuyo influjo adopt? una regla similar a la benedictina. Consigui? pronto el reconocimiento pontificio por parte del Papa Inocencio II, con la bula ?Omne datum optimum? del a?o 1139: desde ese momento los templarios depend?an ?nicamente del Papa.

El h?bito que les distingu?a era blanco (como el usado por los cistercienses) con una visible cruz roja. Entre sus miembros, exist?a una especie de jerarqu?a. Estaban, por un lado, los caballeros, que sol?an ser nobles o de familia noble, y se dedicaban a las artes militares. Hab?a tambi?n un grupo reducido de sacerdotes o capellanes, para las misas y dem?s celebraciones lit?rgicas. Adem?s, hab?a un numeroso grupo de escuderos, normalmente de la clase media, y de hermanos legos, dedicados al servicio dom?stico. La direcci?n suprema de la orden corr?a a cargo de un ?gran maestre?.


3. Durante los siguientes decenios, la Orden del Temple tuvo un amplio crecimiento y expansi?n. Hab?a templarios en Tierra Santa, Chipre, Francia, los reinos de Espa?a, Italia, Inglaterra, Alemania. En el a?o 1300 se calcula que hab?a unos 4000 caballeros de la Orden, a los que habr?a que sumar un buen n?mero de servidores.

Los templarios hab?an conseguido una fama merecida, sobre todo por el valor mostrado en acciones de combate. Sus gestas fueron cantadas por la poes?a medieval, lo cual muestra el aprecio que recibieron de sus contempor?neos. Una de las ?ltimas haza?as militares por la que se les distingue fue la defensa de la postrera plaza cristiana en Tierra Santa, Tolemaida (San Juan de Acre), que cay? en 1291 bajo el ataque de un numeroso ej?rcito sarraceno, y que implic? la muerte, entre tantos otros templarios, del gran maestre de la Orden, Guillermo de Beaujeu. Por sus conocidos gestos de hero?smo, el Papa Bonifacio VIII no dud? de hablar de los templarios como de ?atletas del Se?or? y de ?guerreros intr?pidos?.

No faltaron, sin embargo, momentos de tensi?n y de lucha entre las ?rdenes de caballer?a, en los que los templarios se mostraron inclinados m?s a defender sus propias ideas e intereses que a colaborar con los dem?s cristianos de Tierra Santa. Es triste tener que recordar que incluso hubo una sangrienta ?guerra civil? entre los templarios y los hospitalarios, con miles de muertes por ambas partes, en la segunda mitad del siglo XIII.

Otro aspecto a destacar es que la Orden del Temple, nacida con ideales de pobreza, fue adquiriendo un importante poder econ?mico. Los templarios llegaron a ser importantes prestamistas y acaudalados ?banqueros?, con lo que es comprensible que no faltasen envidias y cr?ticas ante su ventajosa situaci?n financiera.


4. La p?rdida de Tolemaida (Acre) implic? el inicio de una nueva fase en la vida de la Orden. Si los templarios hab?an nacido en funci?n de la defensa de Tierra Santa, ten?an ahora que asumir nuevas tareas en la vida de la sociedad y de la Iglesia cat?lica, y tal vez no ten?an una clara idea de lo pod?an hacer por la cristiandad. Organizaron su cuartel general en la isla de Chipre, una especie de avanguardia cristiana en espera de la ?reconquista? de Palestina; pero muchos templarios marcharon a vivir a Francia, una de las naciones que m?s vocaciones hab?a dado a la Orden.

Su actividad como ?banqueros? aument? en esos a?os, y no faltaron voces mal?volas que los acusaban de enriquecerse excesivamente. Pero algunos estudiosos afirman que no practicaban la usura, y ello explica que la gente recurriese a ellos con m?s confianza que respecto a otros que s? ped?an intereses muy elevados por los pr?stamos. Otros expertos han mostrado que no eran tan ricos como se sigue repitiendo una y otra vez: seg?n algunos estudios, ten?an muchos menos bienes inmuebles que los pose?dos por los ?austeros? cistercienses...


5. En este nuevo contesto aumentaron las envidias, y no faltaron quienes empezaron a hacer circular dicher?as o calumnias de diversa gravedad, en especial sobre los ritos secretos con los que eran admitidos los nuevos caballeros. Pero la fama y la integridad de los templarios era tan ampliamente reconocida, que esas primeras cr?ticas no fueron pr?cticamente tenidas en consideraci?n.


B. La preparaci?n del drama

6. Los problemas inician a partir de la serie de intrigas, maquinaciones, calumnias, y, como veremos, abusos que llegaron hasta niveles de injusticia y violencia insospechados, por parte del rey de Francia, Felipe IV el Hermoso (1268-1314), y de su fiel servidor y h?bil jurista Guillermo (Guillaume) de Nogaret (ca. 1260-1313).

Felipe IV promovi? una pol?tica de tipo absolutista y particip? en numerosas guerras con momentos de victoria y con importantes derrotas. Para financiar sus enormes gastos militares no dud? en usar m?todos ?extraordinarios?. Decidi? imponer impuestos a los cl?rigos y controlar en parte los asuntos eclesi?sticos, lo que le llev? a un fuerte enfrentamiento con el Papa de entonces, Bonifacio VIII (Benedicto Caetani o Gaetani, 1235-1303).

Felipe el Hermoso mostr? su astucia y su malignidad en diversos momentos de su choque con el Papa. Por ejemplo, cuando Bonifacio VIII envi? una bula, ?Ausculta fili carissime? (5 de diciembre de 1301) para pedir al rey que se presentase en Roma y respondiese a diversas acusaciones de tiran?a y de abuso sobre el clero, Felipe IV mand? quemar el texto papal y lo sustituy? por otro texto falso en el que hac?a decir al Papa cosas absurdas que no hab?a afirmado. De este modo, pretend?a provocar una reacci?n de la gente y de parte del clero a su favor, como si fuese v?ctima de la ?malignidad? de Bonifacio VIII.

El rey franc?s pudo contar, adem?s, con aliados de peso en Italia: dos cardenales de la potente familia Colonna defend?an la idea de que Bonifacio VIII era un Papa ileg?timo. Los cardenales Colonna fueron excomulgados, pero consiguieron huir a Francia para pedir la protecci?n de Felipe IV, mientras que algunos de sus familiares en Italia continuaban sus intrigas contra el Papa.


7. En este contexto de tensiones se produjo la tristemente famosa afrenta de Anagni. Cuando el Papa se dispon?a a emanar, el 8 de septiembre de 1303, el decreto de excomuni?n contra el rey franc?s, el d?a anterior Guillermo de Nogaret consigui? entrar por la fuerza en la ciudad de Anagni (donde resid?a el Papa), con la ayuda de un grupo de mercenarios y el apoyo de la familia Colonna. All? apres? al pont?fice y busc? maneras de obligarle a la renuncia y a la convocatoria de un concilio. S?lo una revuelta popular de la gente de Anagni pudo liberar a Bonifacio VIII. Pero la salud del Papa qued? seriamente quebrantada: mor?a el 11 de octubre de ese mismo a?o.


8. Tras la muerte de Bonifacio VIII, los cardenales eligieron Papa a Nicol?s (Niccol?) Boccasini (1240-1304), que tom? el nombre de Benedicto XI y s?lo gobern? la Iglesia por un a?o (1303-1304). En ese breve tiempo hizo importantes concesiones a Felipe el Hermoso y absolvi? a los Colonna, pero no a Nogaret, a quien mantuvo la excomuni?n por la afrenta de Anagni.


9. El c?nclave de 1304-1305 fue especialmente dif?cil y largo, pues en ?l se enfrentaron, de una parte, los partidarios del rey de Francia y de la familia Colonna, y de otra, los defensores del legado de Bonifacio VIII. Al final, los cardenales eligieron a Bertrand de Got (ca. 1264-1314), arzobispo de Bordeaux, que se encontraba en esos momentos en Francia.

El nuevo Papa tom? el nombre de Clemente V y fue coronado en Lyon. Gobern? la Iglesia de 1305 a 1314. Aunque inicialmente mostr? el deseo de partir hacia Italia, por diversos motivos fue posponiendo el viaje, hasta que al final fij? la residencia papal en Avi??n. De este modo, qued? expuesto notablemente a las intrigas del rey y de su fiel ministro Nogaret. Adem?s, contribuy? a que la curia papal fuese cada vez m?s ?francesa?, al nombrar a numerosos cardenales de Francia.

Clemente V estaba aquejado por diversas enfermedades que limitaban no poco su servicio a la Iglesia. Era, adem?s, un hombre muy apegado a su tierra y a su familia, a la que favoreci? enormemente. Tambi?n ten?a no poco aprecio por el dinero: lleg? a acumular m?s de 1 mill?n de florines, de los cuales una importante cantidad pas? a sus familiares, 200 mil florines fueron dedicados a obras p?as, y s?lo quedaron 70 mil florines para su sucesor.

Con los nombres de Felipe IV el Hermoso, Guillermo de Nogaret y Clemente V estamos ya ante los principales protagonistas de la condena de los templarios, que vamos a presentar en sus momentos m?s importantes. Conviene, antes de presentar la historia de una tragedia, hacer menci?n del ?proceso? contra Bonifacio VIII, pues nos ayudar? a comprender hasta qu? punto el rey franc?s era capaz de inventar calumnias y de suscitar ?testigos? en pos de sus ambiciones de poder y de venganza.


10. El ?proceso? contra la persona del Papa Bonifacio VIII ven?a siendo organizado ya desde 1303, y lleg? a tomar cuerpo a causa de las numerosas presiones y amenazas que ejercieron Felipe IV y Nogaret (que segu?a excomulgado precisamente por haber encarcelado al Papa) sobre Clemente V. ?ste intent? de diversos modos eludir el asunto, pues conoc?a la honradez de su predecesor. Al final accedi? a escuchar a los acusadores que se presentasen contra Bonifacio VIII, y luego permiti? que se abriese el proceso en Avi??n (1310).

Contra el Papa Caetani no s?lo testimoni? su agresor, Nogaret, sino una serie de personajes turbios, entre los que no faltaron monjes o sacerdotes indignos, que llegaron a inventar calumnias de lo m?s pintoresco y absurdo. Alguno acus? a Bonifacio VIII de hereje; otro, de haber asesinado al anterior Papa, Celestino V (ca. 1210-1296); otro, de no mirar a la hostia durante la consagraci?n; otro, de haber dicho que la religi?n cristiana estaba llena de falsedades; otro, de proferir que las religiones jud?a, mahometana y cristiana eran invenciones humanas; otro, que no quiso recibir la Eucarist?a antes de morir. No es dif?cil comprender que tal c?mulo de acusaciones, ofrecidas ?espont?neamente? y con lujo de detalles, no podr?an sino ser motivadas e incitadas por alguna mente resentida y perversa como la de Nogaret. No hay que olvidar esto, para comprender el tenor de las acusaciones y la astucia casi diab?lica que se hizo patente en el esfuerzo por destruir a los templarios, tambi?n con la mano y la mente de aquel ?fiel ministro? de Felipe IV.


C. Acusaciones y procesos contra los templarios

11. No creemos que la historia sea el resultado de fuerzas ciegas ni de factores an?nimos que dirigen, como marionetas, a sus protagonistas. Esto se hace patente en el tema de la disoluci?n de los templarios: el drama de esta Orden militar no acaeci? como resultado de una fatalidad inevitable, sino como consecuencia de ambiciones profundas, de odios encendidos, de voluntades maquiav?licas, de miedos y de torturas usadas con astucia calculada hasta el detalle.

Conviene subrayar, como ya dijimos en el punto 4, que la identidad de los templarios estaba en parte en entredicho por la desaparici?n de los enclaves cristianos en Tierra Santa. Ello llev?, por ejemplo, a que uno de sus enemigos, Pedro Dubois, en una obra titulada ?De recuperatione Terrae Sanctae? (1305-1307), propusiese la supresi?n de la Orden del Temple o su fusi?n con la Orden de San Juan. ?Motivos? Pedro Dubois no se?ala ning?n esc?ndalo ni acusaci?n como las que ser?n inventadas en Francia, sino simplemente se?ala que los templarios han perdido su raz?n de ser, pues no tienen peregrinos a los que escoltar...


12. El drama inicia, como ya insinuamos, con las ambiciones econ?micas, las envidias y los odios de Felipe IV el Hermoso. ?De d?nde nacieron estas actitudes? No es f?cil saberlo, sobre todo si se?alamos que los templarios (de origen franc?s) apoyaron al rey en sus disputas contra Bonifacio VIII, y que el mismo rey confirm?, el a?o 1304, todos los privilegios dados en Francia a la Orden militar.

Pudo haber influido en Felipe IV un hecho personal: en 1306, tras una sublevaci?n ocurrida en Par?s, el rey encontr? protecci?n segura al refugiarse en la fortaleza (el Templo) que ten?an los templarios de la ciudad. Quiz? este hecho hizo pensar al monarca en el ?peligro? que implicaba la existencia de un grupo de hombres tan poderosos, y le llev? a poner en marcha la idea de destruirlos. Una vez m?s la historia muestra c?mo la gratitud es una virtud muy extra?a entre los hombres, pues el que los templarios hubiesen defendido y salvado la vida del rey deber?a haber sido un motivo suficiente para refrenar las ambiciones del monarca...

Hemos de recordar, adem?s, que la Orden del Temple era famosa por sus riquezas, y que fung?a en muchos lugares como si se tratase de una especie de ?banco?, capaz de dar pr?stamos, de custodiar bienes de valor, etc. Seg?n parece, cuando Felipe el Hermoso estuvo en el Templo de Par?s, fue llevado a contemplar el abundante tesoro custodiado por los templarios. La ambici?n se despierta de modo muy intenso a trav?s de la vista, m?xime cuando eran cuantiosas las deudas que agobiaban al rey franc?s.


13. Hab?a que conseguir dinero, de modo r?pido y sin intereses. Una primera acci?n de Felipe IV consisti? en arrestar y exiliar a todos los jud?os de su reino el 21 de julio de 1306, lo que le permiti? apropiarse de todos sus bienes. M?s tarde, en 1311, har?a algo parecido con los mercaderes italianos. En 1307 les llegaba el turno a los templarios. Para acaparar sus riquezas, sin embargo, habr?a que anular su poder, su prestigio y, sobre todo, su dependencia directa del Papado.


14. La primera fase consisti? en buscar y reunir acusaciones contra los templarios. Entre los primeros ?testigos? encontramos a un personaje turbio, Esquiu de Floyran, que dec?a haber sido templario y que hab?a cometido diversos delitos que le llevaron a la c?rcel. Una vez en libertad, se dirigi? primero a la corte del rey de Arag?n, Jaime II, con una serie de graves acusaciones contra la Orden del Temple que habr?a obtenido, supuestamente, de un templario ap?stata conocido en la c?rcel. El rey aragon?s no hizo ning?n caso de estas acusaciones, y entonces Esquiu march? a Francia. No es f?cil imaginar que alguien dirig?a los pasos y las acusaciones de este hombre, como antes alguien hab?a coordinado e incitado a tantas personas, incluso eclesi?sticos, a proferir acusaciones absurdas contra Bonifacio VIII...

Las calumnias de Esquiu fueron, obviamente, muy bien acogidas por Felipe el Hermoso, y no falta quien insin?a que detr?s de Esquiu estaba la astucia y la imaginaci?n de Guillermo de Nogaret. El rey pudo tambi?n ?reunir informaciones? de algunos templarios que hab?an dejado la orden o hab?an sido expulsados por su mala conducta (lo cual ya los hace testigos poco fiables). Incluso el rey instig? a doce falsarios para entrar en la Orden y actuar como esp?as, para poder testificar as? contra los templarios.

Felipe IV iba informando de las distintas cr?ticas y acusaciones al Papa para preparar el terreno a la hora de presionarle a iniciar un proceso contra la Orden del Temple. Clemente V empez? a dudar de la inocencia de los templarios y lleg? a pensar en la necesidad de una investigaci?n, una idea que barruntaba ya en el verano de 1307.


15. Previamente, el rey hab?a realizado una maniobra que result? vital para su proyecto. El gran maestre de los templarios, Jacobo (Jacques) de Molay (ca. 1243-1314), resid?a en Chipre (que, como dijimos, esa la sede central de la Orden) y habr?a que atraerlo a Francia. El Papa lo llam?, quiz? en parte con la idea de que hab?a que analizar ciertos proyectos para preparar la conquista de Tierra Santa, quiz? tambi?n para pedirle una defensa de la Orden. Jacobo no intuy? el peligro al que iba a exponerse, y parti? hacia Francia con un nutrido grupo de caballeros. El rey, de manera c?nica, lo agasaj? grandemente en Par?s, e incluso le permiti? ser padrino de uno de sus hijos. La v?ctima hab?a ca?do, sin saberlo, en una complej?sima telara?a de la que s?lo lograr?a librarse con la muerte.

Mientras, Felipe IV terminaba de mover las ?ltimas piezas para que el plan fuese perfecto. Ten?a como confesor a Guillermo Imbert, que era, adem?s, el gran inquisidor del reino. Con su apoyo, en nombre de la Inquisici?n, el rey pod?a echar mano a los templarios bajo la falsa acusaci?n de herej?a, con lo que evitaba el problema de la invulnerabilidad de una Orden que depend?a directamente del Papa.


16. Empieza el drama. El 22 de septiembre de 1307, el rey env?a ?rdenes secretas para que la ma?ana del d?a 13 de octubre se proceda al arresto de los templarios presentes en su reino y a la incautaci?n de todos sus bienes. La ejecuci?n del mandato real cogi? de sorpresa a Jacobo de Molay (que se encontraba en Par?s, preparando un viaje a la corte papal para defender a la Orden de las acusaciones que corr?an ya por todas partes) y a los m?s de 1000 templarios (tal vez 2000) residentes en Francia. Para tal arresto masivo, el rey cont? con un eficaz ej?rcito privado y una especie de polic?a, que ya hab?an mostrado su destreza a la hora de arrestar y expulsar a los jud?os. La ?conquista? de la fortaleza (el Templo) que los templarios ten?an en Par?s corri? a cargo del mismo Nogaret, que convirti? a aquel recinto en la c?rcel de los que antes eran sus propietarios...

El golpe fue tan inesperado que el mismo Papa Clemente V tuvo que protestar ante el abuso real, con una carta fechada el 27 de octubre de ese mismo a?o 1307. Envi?, adem?s, a dos cardenales, Berenguer Fredol y Esteban de Siuzy, para conminar al rey a que pusiese en sus manos las personas y los bienes de los templarios. Veremos en seguida c?mo maniobr? el rey ante esta petici?n papal.


17. Antes de la llegada de los dos cardenales, el rey empez? a conseguir ?resultados? muy favorables a sus planes. Los comisarios reales torturaban a los templarios y les obligaban a confesar sus delitos. Cuando ?stos ced?an psicol?gicamente, llamaban a los inquisidores que recog?an las ?confesiones? de los presuntos culpables. Muchos templarios sucumbieron y se acusaron de delitos contra la fe y contra la moral (normalmente de aquellos delitos sobre los que se les preguntaba seg?n una lista previamente preparada por los inquisidores).

Jacobo de Molay, que ten?a unos 64 a?os, cedi? a la presi?n psicol?gica, si bien parece que no fue torturado f?sicamente. El 24 de octubre de 1307 declar?, ante el inquisidor Imbert y varios testigos, haber renegado de Cristo y haber escupido sobre la cruz. M?s a?n, envi? una carta a todos los templarios de Francia para que confesasen, por mandato suyo, aquellos delitos de los que fuesen acusados. No es el momento de juzgar este gesto de debilidad. Quiz? lo comprender?amos mejor si dej?semos de pensar que los h?roes son impasibles, cuando en realidad son tan humanos que tambi?n pueden tener sus momentos de flaqueza. Jacobo no soport? la presi?n psicol?gica y firm? una falsa confesi?n de delitos. Veremos que, en el decurso de los hechos, aumentar? su entereza moral y llegar? a dar, con su muerte, testimonio de amor a la verdad y de la inocencia de su Orden.


18. Los dos cardenales enviados por el Papa fueron recibidos con bastante retraso. El rey los acogi? con benevolencia. Renov? sus promesas, llenas de no poca hipocres?a, de fidelidad a la Iglesia, y manifest? su disponibilidad de entregarles las personas de los templarios, pero sin liberar, por el momento, a ninguno. Poco tiempo despu?s los cardenales consiguieron entrevistar a Jacobo de Molay y a varios templarios en la c?rcel, y ?stos hicieron sus primeras retractaciones.

El Papa, por su parte, estaba indignado por el papel que la Inquisici?n hab?a jugado en Francia contra los templarios. Por eso, a inicios de 1308, suspendi? de su cargo a Guillermo Imbert. Adem?s, priv? a la Inquisici?n francesa de competencias en el asunto de los templarios, y pas? el proceso a los tribunales diocesanos. Por desgracia, el Papa no mantuvo estos gestos de valor, pues m?s adelante, bajo las presiones del rey, confirm? a Imbert como juez para el caso de los templarios.


19. Mientras, Felipe IV hab?a enviado una pregunta a la facultad teol?gica de Par?s: ?ten?a el rey de Francia la facultad de apresar, juzgar y condenar a los herejes? La facultad le dio una respuesta negativa. Entonces empez? a promover, a trav?s de Pedro Dubois (jurista franc?s rico en ardides y precursor de la ?propaganda? panfletaria, al que ya mencionamos por un primer escrito contra los templarios), una serie de ataques contra Clemente V, al que acusaba de poca firmeza para gobernar la Iglesia y de haberse dejado sobornar por los templarios. En uno de sus escritos, Dubois le recuerda al rey c?mo Mois?s conmin? a los israelitas para que asesinasen a los infieles del pueblo, sin pedir permiso a Aar?n: tambi?n el rey podr?a actuar as?, sin tener que avisar al Papa...

Para aumentar su presi?n sobre Clemente V, Felipe IV convoc? los estados generales para el 5 de mayo de 1308, en la ciudad de Tours. All? recibi? un apoyo casi un?nime: los templarios merec?an la pena de muerte por ser herejes y por haber cometidos cr?menes nefandos. Las calumnias y las presiones del rey hab?an logrado una nueva victoria, y todav?a quedaba uno de los puntos m?s dif?ciles: doblegar la voluntad del Papa.


20. El rey quiso encontrarse con Clemente V en la ciudad de Poitiers (que fue durante bastante tiempo residencia provisional del Papa), de mayo a julio de 1308. El rey reconoci? al Papa su competencia para juzgar a la Orden del Temple, si bien ?se ofrec?a?, para ?ayudar? al Papa, a mantener en arresto a la mayor parte de los templarios. Permiti?, adem?s, que un grupo de templarios, bien seleccionados, se presentasen ante el pont?fice, al mismo tiempo que inventaba excusas absurdas para impedir que Jacobo de Molay y otros jefes insignes de la Orden pudiesen ser interrogados por el Papa. Los prisioneros seleccionados se acusaron de tales delitos y con tanto descaro que Clemente V qued? muy impresionado.


21. Fue entonces cuando el Papa se decidi? del todo a iniciar el proceso, llevado a cabo en un doble binario. Por un lado, habr?a un proceso pontificio, en el que se analizasen los eventuales delitos de la Orden en su conjunto; por otro, los obispos realizar?an procesos diocesanos para analizar los presuntos delitos de los templarios en cuanto personas particulares.

Adem?s, y siempre bajo las presiones del rey, el 22 de noviembre de 1308 Clemente V pidi? que fuesen arrestados y juzgados los templarios de las dem?s naciones cristianas, y que sus bienes pasasen bajo el control de la Iglesia. Aludiremos un poco m?s adelante a c?mo fue acogida y aplicada la orden papal.


22. Hubo que esperar a noviembre de 1309 para que diese inicio el proceso pontificio contra la Orden del Temple. Fue llamado a declarar Jacobo de Molay. Despu?s de unos momentos de vacilaci?n, defendi? p?blicamente la inocencia de la Orden, y declar? su fe cat?lica, lo cual era una importante retractaci?n p?blica de lo que hab?a firmado bajo las presiones psicol?gicas durante los primeros meses. Las palabras de Molay debieron de sentar muy mal a uno de los personajes presentes en la comisi?n y que ya nos es suficientemente conocido: Nogaret. Con permiso del obispo que presid?a el tribunal, Nogaret empez? a interrogar a Molay y ?ste le desminti? sus acusaciones llenas de veneno. Al final, Jacobo de Molay pidi? que se le concediese la gracia de escuchar misa, lo cual no pedir?a alguien que fuese verdaderamente hereje...

Durante el proceso, otros caballeros templarios empezaron a retractar sus ?autoacusaciones?. Uno de ellos, Ponsard de Gisi, tuvo la osad?a de exponer a qu? torturas hab?a sido sometido para ser obligado a declararse culpable:

?Tres meses antes de mi confesi?n me ataron las manos a la espalda tan apretadamente que saltaba la sangre por las u?as, y sujeto con una correa me metieron en una fosa. Si me vuelven a someter a tales torturas, yo negar? todo lo que ahora digo y dir? todo lo que quieran. Estoy dispuesto a sufrir cualquier suplicio con tal de que sea breve; que me corten la cabeza o me hagan hervir por el honor de la Orden, pero yo no puedo soportar suplicios a fuego lento como los que he padecido en estos dos a?os de prisi?n?.


23. Cada vez eran m?s los templarios que retractaban lo firmado bajo torturas y que se mostraban dispuestos a defender a su Orden. Entre febrero y abril de 1310, m?s de 500 templarios quisieron dar este paso y se ofrecieron para hablar ante los jueces en Par?s. Muchos de ellos sab?an a qu? se estaban arriesgando: en aquel tiempo, el hereje que primero confesaba sus errores y luego se retractaba, pod?a ser condenado a la hoguera.

Ante tal multitud de hombres dispuestos a defender a la Orden, los jueces determinaron que los templarios escogiesen a algunos representantes que pudieran hablar en nombre de todos. Fueron elegidos Pedro de Bolonia (Pietro di Bologna) y otros tres templarios. El 1 de abril de 1310 entregaron un primer escrito de defensa, en el que negaban como absurdas las acusaciones, recordaban que muchos templarios hab?an confesado a causa de las torturas y del miedo a la muerte, y ped?an, finalmente, lo siguiente:

?Imploramos la misericordia divina, que se haga justicia, puesto que ya por un tiempo excesivo hemos padecido una persecuci?n injusta. Como cristianos fieles y fervorosos pedimos la recepci?n de los sacramentos de la Iglesia?.

No faltaron, hay que reconocerlo, algunos ex-templarios que renovaron las acusaciones contra la Orden, as? como otros prisioneros que ratificaron sus confesiones acusatorias. Pero las contradicciones sobre algunos puntos eran tan manifiestas que los jueces no consiguieron mucho de estas declaraciones.


24. La valent?a recobrada por las v?ctimas pon?a al rey en graves problemas, y tuvo que pensar, con sus ministros, un golpe de mano que asustase a muchos y produjese un fuerte impacto en la ?opini?n p?blica?. Para ello, el rey cont? con la complacencia del nuevo arzobispo de Sens, Felipe (Philippe) de Marigny, hermano de uno de los ministros de Felipe IV, que ten?a la competencia de juzgar a los templarios encarcelados en la zona de Par?s. Prepar? un tribunal eclesi?stico apresurado para juzgar a algunos templarios que hab?an retractado las acusaciones anteriores. Los procuradores de los templarios, apenas conocieron la noticia, avisaron a la comisi?n pontificia de lo que estaba por ocurrir; incluso Pedro de Bolonia entreg? un documento de apelaci?n al Papa. Pero sus peticiones no fueron atendidas.

As?, el 11 de mayo de 1310, 54 templarios acusados como ?relapsos? (es decir, acusados del ?delito? de haberse retractado y de haber querido defender a la Orden ante una comisi?n pontificia que deber?a guardar secreto de sus interrogatorios), fueron condenados a muerte, sin que se les dejase ning?n margen de defensa. Al d?a siguiente, 12 de mayo de 1310, los 54 condenados entonaron el ?Te Deum? (himno de acci?n de gracias), antes de que el fuego los consumiese vivos.

Poco tiempo despu?s, otros 15 templarios, en diversos lugares, fueron asesinados en la hoguera. En las c?rceles, sea por las torturas, sea por la misma insalubridad de las prisiones, la muerte hab?a causado ya no pocas v?ctimas entre los templarios que mendigaban un poco de justicia humana. A muchos de los que mor?an en las c?rceles les fueron negados los sacramentos y la sepultura en un cementerio cristiano.


25. El rey impon?a, de este modo, el sistema del terror. Muchos templarios dispuestos antes a retractarse dejaron ahora de hablar en favor de su Orden. Otros, como el mismo Pedro de Bolonia, escaparon, pues se dieron cuenta de que la maquinaci?n contra la Orden era m?s poderosa que las m?s elementales normas de justicia, y que no hab?a ning?n margen de defensa equa. No faltaron algunos que continuaron en su empe?o por defender al Temple. Como aquel templario que, el d?a 13 de mayo de 1310 (un d?a despu?s de la muerte de sus 54 compa?eros), se atrevi? a declarar ante la comisi?n pontificia:
?Yo he confesado algunos art?culos a causa de las torturas que me infligieron Guillermo de Marcilli y Hugo de la Celle, caballeros del rey, pero todos los errores atribuidos a la Orden son falsos. Al mirar ayer c?mo eran conducidos a la hoguera 54 freyres por no reconocer sus supuestos cr?menes, he pensado que yo no podr? resistir al espanto del fuego. Lo confesar? todo si quieren, incluso que he matado a Cristo?.


26. ?Qu? ocurr?a, mientras, en otras naciones? No nos detenemos ahora para hablar de lo que ocurri? en tantos lugares entre 1307 y 1312. Podemos decir, en modo de resumen, que hubo reyes, como Jaime II de Arag?n y Eduardo II de Inglaterra, que inicialmente defendieron a los templarios por su fama y los nobles servicios prestados a los reinos cristianos. Pero cuando se hizo p?blica la orden papal de arrestar a los templarios y ?poner a salvo? sus bienes, la cat?strofe fue inevitable.

En algunos lugares, los templarios fueron sometidos a tormentos, pero ello no les llev? a declararse culpables, mientras que en otros, algunos de los torturados confesaron aquellos delitos que no hab?an cometido. Hubo tambi?n varios procesos diocesanos en los que se declar? la inocencia de los caballeros del Temple. No faltaron monarcas que aprovecharon la situaci?n para expropiar a los templarios de sus bienes, a pesar del disgusto de Clemente V.

El caso de Arag?n fue especialmente interesante, pues los templarios fueron declarados inocentes en el proceso inquisitorial. El rey, sin embargo, decidi? apoderarse de sus bienes, y los templarios se alzaron en armas. Fue el ?nico lugar donde ofrecieron una resistencia militar en toda regla. Jaime II tuvo que conquistar, uno por uno, los castillos de la Orden presentes en su reino.

En Portugal, en cambio, los templarios gozaron del favor del monarca reinante, don Diniz. ?ste los tom? bajo su custodia y dej? que el proceso diocesano siguiese su curso normal. Terminadas las averiguaciones, los templarios fueron declarados inocentes, y el rey quiso ?fundar? de nuevo a la Orden (ya suprimida por el Papa) con el nombre de Caballeros de Cristo. En Alemania los procesos can?nicos mostraron tambi?n la inocencia de los templarios.

Es oportuno notar que en Chipre, la sede central de los templarios, fue organizado un proceso contra los miembros de la Orden (unos 180 en la isla). De entre ellos, muchos eran franceses y de otros lugares de Europa, y ninguno admiti? conocer delito alguno de aquellos caballeros que hab?an sido antes compa?eros en el Temple y que ahora confesaban culpas absurdas en las prisiones de Francia.


D. La disoluci?n de la Orden del Temple

27. El golpe final contra los templarios s?lo pod?a darlo el Papa, y Clemente V pens? hacerlo con el apoyo de un concilio. As?, se convoc? el concilio de Vienne (1311-1312), que ten?a ante s? tres asuntos centrales: el ?problema? de los templarios, la organizaci?n de una cruzada en Tierra Santa, y la reforma de la Iglesia. Mientras se organizaba el concilio siguieron los interrogatorios individuales de templarios por parte del obispo de Par?s, en los que los miembros de la Orden mostraron su debilidad con retractaciones y autoacusaciones que se suced?an continuamente.

Las presiones del rey, para proceder al concilio, eran muy fuertes, y supo combinarlas con una carta escondida que mostraba en los momentos dif?ciles: cuando intu?a que el Papa pod?a tomar una actitud m?s favorable a los templarios, ?resucitaba? el tema del proceso contra Bonifacio VIII (que hab?a quedado un poco entre par?ntesis) para dar a entender que si el Papa no acced?a a los deseos del rey podr?a volver a encontrarse con nuevas presiones para juzgar la memoria del Papa Caetani, esta vez en un concilio universal.

Adem?s, el tema de la cruzada influ?a no poco en Clemente V. En efecto, el Papa ve?a que al contentar a Felipe el Hermoso con la supresi?n de los templarios, podr?a facilitar luego el apoyo franc?s para encabezar un poderoso ej?rcito al que se unieran los dem?s reyes cristianos.


28. El concilio inici? el 16 de octubre de 1311. La curia papal hab?a reunido un enorme material con las actas y procesos preparados en las comisiones pontificia y diocesanas. En una consulta secreta que se tuvo en diciembre de ese mismo a?o 1311, Clemente V pregunt? si era conveniente dar opci?n de defensa a los templarios, y la mayor parte de los obispos respondi? afirmativamente. Pero, como veremos, tal defensa no tuvo lugar, pues el concilio dej? de lado el proceso para ?cerrar? el tema con una decisi?n m?s de oportunidad pol?tica que de respeto a la justicia.

En una comisi?n interna que se dedic? a analizar las actas, muchos hicieron notar que no cab?a, en justicia, una condena contra la Orden del Temple. No faltaron voces prestigiosas, sin embargo, que se alzaron a favor de la supresi?n de los templarios.

Por su parte, el rey franc?s volvi? a jugar la baza de la presi?n pol?tica: convoc? unos nuevos estados generales en Lyon, en febrero de 1312, y volvi? a hacer presentes los muchos cr?menes cometidos por los templarios. Adem?s, envi? a Nogaret y a otros embajadores a la sede del concilio, Vienne, para ejercer una mayor presi?n sobre el Papa. Hizo llegar un poco m?s tarde una carta, fechada el 2 de marzo de 1312, donde ped?a insistentemente a Clemente V que suprimiese a los templarios y diese sus bienes a otra orden. El 20 de marzo, el rey llegaba a la ciudad del concilio acompa?ado de un nutrido s?quito.


29. Dos d?as despu?s de la llegada de Felipe V, el Papa reuni? un consistorio particular para dirimir la cuesti?n. La mayor?a de los participantes votaron a favor de la supresi?n de los templarios, no por v?a judicial (lo cual evitaba el hacer un juicio p?blico en el que ser?a posible que los templarios se defendiesen) sino por v?a ?de provisi?n apost?lica? (por una decisi?n administrativa).

El Papa qued? tranquilo. Prepar? la bula ?Vox in excelso? (que lleva la fecha de 22 de marzo de 1312), y la present? al concilio el 3 de abril de 1312. El concilio no puso objeciones a la decisi?n papal. En la sesi?n solemne, junto al Papa, estaba sentado el rey franc?s: hab?a triunfado, al menos a los ojos de quien ve la historia s?lo como un conjunto de intrigas y maniobras humanas.

Los templarios fueron suprimidos, explic? el Papa, no como consecuencia de un juicio condenatorio, sino como provisi?n apost?lica en virtud de los poderes papales. ?Qu? motivos se adujeron para tal decisi?n? El Papa reconoci? que no hab?a sido probada la culpabilidad de la Orden; pero, como la Orden se encontraba tan fuertemente difamada, y algunos de sus dirigentes hab?an dado confesi?n espont?nea (as? dijo Clemente V) de sus cr?menes y delitos, ya no pod?a cumplir su fin propio (servir y defender la Tierra Santa), y era algo casi seguro que ya nadie querr?a ingresar en la misma.

Podemos decir, por tanto, que los templarios no fueron suprimidos en cuanto culpables: los delitos no hab?an sido suficientemente probados, ni eran v?lidas las declaraciones firmadas bajo las torturas, ni se hab?a dado espacio a una defensa digna de tal nombre, ni se hab?an respetado numerosos aspectos necesarios para un m?nimo respeto a la justicia. Fueron suprimidos simplemente porque as? lo decidi? un Papa sometido a la presi?n injusta de un rey ambicioso.


30. Quedaban dos asuntos pendientes en todo este largo proceso. El primero se refer?a a los bienes de los templarios. ?Qu? hacer con ellos? Felipe IV el Hermoso, a trav?s de sus ministros, ya hab?a echado mano a buena parte del tesoro de la Orden del Temple en Par?s, pues desde 1307 mejor? notablemente su econom?a. Pero hab?a que tomar una decisi?n que fuese aceptada por el Papa. Aunque el rey manifestaba su deseo de que los bienes fuesen entregados a una nueva Orden militar, el Papa determin?, con la bula ?Ad providam Christi Vicarii? (2 de mayo de 1312) que los bienes confiscados (los que quedaban...) fuesen destinados a la Orden de San Juan de Jerusal?n, menos aquellos bienes que se encontraban en los reinos hisp?nicos, sobre cuyo reparto hubo que esperar diversos a?os.

Seg?n parece, el rey franc?s ten?a planeado, con su fiel Nogaret, iniciar tambi?n un proceso contra los Hospitalarios, pero la muerte les detuvo en sus ambiciones. De todos modos, el rey se vio libre de sus no peque?as deudas con los templarios, y recibi? importantes sumas de dinero por diversos conceptos relacionados con el largo proceso, con lo que en parte su ambici?n qued? satisfecha.


31. El segundo asunto era m?s delicado. ?Qu? hacer con las personas de los templarios? Clemente V determin?, el 6 de mayo de 1312, que continuasen los procesos diocesanos, mientras que el juicio sobre el gran maestre y otros dirigentes de la Orden quedar?a reservado al Papa (cosa que, en realidad, deleg? a una comisi?n de eclesi?sticos). Estableci? asimismo que se asegurase la devoluci?n de sus bienes a los templarios inocentes, y que fuesen tratados benignamente aquellos que confesasen sus culpas.

Los dirigentes de los templarios fueron juzgados por dos cardenales y el arzobispo de Sens, Felipe de Marigny (que ya conocemos por sus arbitrariedades), seg?n una decisi?n del Papa en diciembre de 1313. El 18 de marzo de 1314, sin haber dejado espacio a la defensa de los acusados, se emiti? la sentencia en una sesi?n p?blica que se tuvo en la misma Par?s: cadena perpetua a los culpables. Jacobo de Molay y Godofredo (Geoffroy) de Charney (que era preceptor de Normand?a), sin que nadie les preguntase, tomaron la palabra y declararon ante los presentes su inocencia.

?Nosotros no somos culpables de los cr?menes que nos imputan; nuestro gran crimen consiste en haber traicionado, por miedo de la muerte, a nuestra Orden, que es inocente y santa; todas las acusaciones son absurdas, y falsas todas las confesiones?.

Este gesto de valor impresion? profundamente a los presentes. Los jueces decidieron tener al d?a siguiente una nueva sesi?n para decidir qu? hacer despu?s de lo ocurrido. Pero la noticia lleg? con rapidez al rey, que no quiso esperar m?s tiempo. Orden? por su cuenta que los dos templarios fuesen quemados vivos ese mismo d?a. Jacobo de Molay y Godofredo de Charney mor?an bajos las llamas, pocas horas despu?s, en una isla del r?o Sena. Algunos dice que Jacobo, antes de morir, pidi? que le aflojasen las cadenas para poder unir sus manos como gesto de un caballero que quiere rezar a Dios. No se dio sepultura a los cuerpos de las v?ctimas: sus cenizas fueron arrojadas a las aguas del r?o, testigo mudo de una injusticia absurda.

La muerte nos iguala a todos. Pocos meses antes de la muerte de Jacobo de Molay, en 1313, Guillermo de Nogaret dej? este mundo para presentarse al juicio verdadero, el que se produce ante Dios. El Papa Clemente V, con el agravarse de sus enfermedades, quiso salir de Avi??n para dirigirse a su tierra natal, pero falleci? antes de llegar a su meta, el 20 de abril de 1314. Felipe IV pudo saborear pocas meses su ?victoria?, pues mor?a en el oto?o de ese mismo a?o.


E. Algunas reflexiones conclusivas

32. Los hechos presentados hasta ahora suscitan, en nosotros, reacciones vivas de dolor ante tal c?mulo de injusticias. Nos faltan, desde luego, elementos de contextualizaci?n de una ?poca en la que las injerencias pol?ticas en asuntos religiosos eran tristemente frecuentes, si es que no eran defendidas incluso a trav?s de pseudorazonamientos teol?gicos o de escritores panfletarios. El mundo europeo viv?a, adem?s, unos momentos de convulsi?n, en el que las luchas internas entre los nobles de los reinos, entre las naciones y los pueblos, entre el papado y algunos monarcas, se combinaban con las presiones que, de diverso modo, ejerc?an algunos pueblos dominados principalmente por grupos musulmanes que quer?an conquistar nuevas tierras ?cristianas?.

Los sistemas jur?dicos permit?an, adem?s, un complicado juego de interacciones entre tribunales eclesi?sticos y tribunales civiles. El uso de la tortura, algo normal en los reinos medievales, era tambi?n admitido como ?m?todo? para obtener la confesi?n de culpables que no ?ser?an capaces? de confesar sus delitos y herej?as sin una presi?n ?proporcionada? al grado de su nivel de perversiones.

Tenemos que reconocer, sin embargo, que la tortura era suficiente para amedrentar incluso a caballeros y soldados que se distingu?an por su valor en la guerra, como lo hab?an sido los templarios. Pero un momento de miedo o de abatimiento no puede ser motivo suficiente para descalificar completamente a una persona. Jacobo de Molay y otros templarios firmaron, bajo tortura, confesiones de delitos falsos, y ello puede ser interpretado ciertamente como un gesto de debilidad. Pero la historia de cualquier caballero (de cualquier ser humano) no queda circunscrita s?lo a una parte de su vida, por muy oscura y triste que pueda aparecer, sino que abarca la totalidad de sus gestos y el nivel de su adhesi?n sincera y perseverante a la fe y al amor.

Podemos recordar aqu? lo que fue afirmado en un concilio provincial que tuvo lugar en Ravena, en junio de 1311 (es decir, en medio de la tempestad contra los templarios): deb?an ser considerados inocentes quienes, despu?s de haber declarado su culpabilidad bajo torturas, luego se retractaban. Es, por tanto, leg?timo decir que las autoacusaciones firmadas por los templarios tras las torturas no valen nada. Como hemos podido constatar, tristemente, en numerosos procesos organizados por los sistemas totalitarios del siglo XX, procesos en los que miles de inocentes se declaraban culpables de cr?menes que nunca hab?an cometido.

Por lo mismo, Jacobo de Molay merece, como tantos otros templarios, un homenaje. Su ?ltimo gesto de hero?smo le convierte en un aut?ntico testigo de la verdad y la justicia. La historia debe reconocer que se enfrent? a fuerzas poderosas y a intrigas profundas, capaces de destrozar, ayer como hoy, incluso a los temperamentos m?s robustos. Jacobo sucumbi? al inicio de la prueba. Pero supo alzarse desde sus cenizas para defender, hasta el ?ltimo gesto de su vida, la inocencia de la Orden del Temple.


33. Muy distinto, en cambio, deber?a ser nuestro juicio sobre el rey Felipe IV el Hermoso, un triste esclavo de su propio poder, un hombre capaz de ampararse hip?critamente en su ?amor a la Iglesia? para destruir y aniquilar a inocentes a trav?s del uso de todo tipo de argucias y de fechor?as, con la mirada puesta solamente en sus ambiciones de grandeza y dinero; un tirano capaz de todo con tal de dar rienda suelta a odios profundos o a envidias despreciables.


34. Quedar?a, ciertamente, ofrecer alguna reflexi?n sobre las numerosas y a veces absurdas leyendas que giran en torno a los templarios. Intentar una respuesta acerca de las mismas llevar?a un trabajo arduo para ver c?mo y por qu? han sido inventadas, aceptadas y difundidas narraciones llenas de fantas?a y errores que muestran muy poco sentido hist?rico y, en no pocas situaciones, mala fe y deseo de enga?ar al gran p?blico.

Ser?a, sin embargo, una p?rdida de tiempo luchar contra una nube de mentiras y calumnias. El camino m?s correcto a seguir, en el estudio de cualquier asunto del pasado, es confrontarse con los documentos y dejar de lado suposiciones que se difunden con facilidad pero que carecen de apoyos s?lidos. Es lo que hemos pretendido con estas reflexiones que, desde luego, habr? que corregir si nuevos documentos aut?nticos (la misma historia nos ha mostrado que existen documentos falsos y que a veces tienen una acogida enorme) ofrezcan elementos de juicio que lleven a modificar lo que los estudiosos actuales nos dicen sobre el tema en cuesti?n.

En este sentido podemos se?alar que, a inicios del a?o 2006, fue dado a la luz un documento reencontrado en los archivos vaticanos en el que se recoge la absoluci?n del Papa Clemente V a Jacobo de Molay y a los dirigentes de los templarios, documento que lleva la fecha de 17-20 de agosto de 1308 y que est? firmado por varios cardenales. El documento, conocido como "folio de Chinon", puede ser visualizado en la p?gina del Vaticano (cf. http://asv.vatican.va/es/doc/1308.htm). Posteriormente, cuando se cumpl?an los 700 a?os del inicio del drama de los templarios (octubre de 2007) vio la luz el volumen hist?rico ?Processus contra Templarios?, que recoge los originales de las actas del proceso oficial contra los templarios (desde junio de 1308 hasta el a?o 1311).

35. La historia de los templarios nos pone, como cada historia humana, ante el misterio del ser humano. Grande por ser amado por Dios, por haber recibido un alma inmortal, por haber sido redimido por Cristo. Peque?o por las heridas que el pecado original deja en todos. Tambi?n en caballeros como los templarios, humillados ante la fuerza de un rey, sometidos ante un Papa que se vio aprisionado en un absurdo juego de intereses humanos, v?ctimas de la codicia de un rey asesino.

Los templarios fueron derrotados: dejaron de existir como instituci?n al servicio de la Iglesia en su marcha temporal. Cuentan, sin embargo, con un lugar en el coraz?n de Dios seg?n la medida de su amor y de su confianza en Cristo, Salvador del mundo y Se?or de la historia, Juez que conoce los corazones y que descubre verdades que escapan a los ojos del m?s atento investigador, pero no de quien nos ha creado por amor y para el amor.





Publicado por mario.web @ 2:27
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