Martes, 03 de mayo de 2011

Fuente: Ecclesia. Revista de cultura cat?lica, editorial 2008-3
Autor: P. Antonio Izquierdo

Cincuenta a?os de historia

El 9 de octubre del 2008 se cumplen 50 a?os de la partida del papa Pacelli, Pastor angelicus, desde esta tierra hacia la eternidad de Dios. En el transcurso de estos cincuenta a?os han tenido lugar no pocos acontecimientos de gran envergadura en la historia de la Iglesia y en el desarrollo integral de los pueblos, as? como en las relaciones internacionales. La historia humana ha entrado en un proceso continuo de aceleraci?n sin igual, que hace que estos cincuenta a?os, con todas sus peripecias, con sus luces y sombras, puedan parecer muy distantes de nuestro presente y, por tanto, menos conocidos y menos influyentes en los hombres de nuestro tiempo. Sin embargo, medio siglo es, incluso hoy en d?a, un per?odo de tiempo suficientemente amplio para lanzar la mirada, con perspectiva hist?rica, a un pontificado y analizar con prudencia y perspicacia, saber y honestidad, su huella y significado en la Iglesia actual y en la humanidad de nuestro tiempo.


Persona y figura de P?o XII

La historia, desde sus comienzos, es un campo de batalla en el que act?an simult?neamente las fuerzas del bien y del mal. Como creyentes estamos convencidos de que las fuerzas del bien triunfar?n sobre las del mal (las puertas del infierno no prevalecer?n contra ella), pero el triunfo final no excluye batallas perdidas ni escaramuzas del maligno y de sus secuaces por tergiversar h?bilmente la verdad y crear abundante confusi?n en la mente de los hombres. En estos cincuenta a?os la persona y figura de P?o XII ha estado sometida a estas dos fuerzas de la historia. Ha sido exaltado y glorificado como un hombre de gran estatura moral, de fin?sima sensibilidad, de mente brillante y de notabil?sima inteligencia, de ?buen samaritano? para tantos damnificados de guerra, especialmente jud?os, de diplom?tico perspicaz y super partes, de infatigable capacidad de trabajo met?dico al servicio de la Iglesia y de la humanidad, de papa dotado de gran nobleza de alma y de elevaci?n m?stica. Ha sido a la vez maltratado casi hasta la saciedad y brutalmente denigrado como un pont?fice intransigente y autoritario, un ?vendido? a Hitler y al fascismo, un enemigo del pueblo jud?o, un obsesionado por el comunismo ateo, el ?ltimo papa ?mon?rquico y absolutista? amante de las ceremonias fastosas y de las palabras y gestos grandilocuentes. En definitiva, P?o XII, como el mismo Jesucristo, ha sido en estos cinco decenios desde su muerte, una ?bandera discutida? de la que unos y otros desean apoderarse para agitarla ventajosamente a su favor.

Se suele decir, refiri?ndose a personas que han sido incomprendidas en su vida y en su actividad, que ?la historia les har? justicia?. Es verdad y ojal? as? sea, pero hay que a?adir que la historia en ocasiones hace tambi?n injusticia. Porque, en definitiva, la historia la hacen los historiadores y ?stos como hombres, no est?n exentos de pasiones, de fobias, de malas interpretaciones, de ambici?n de poder e influencia, de ?falsas verdades? creadas por ellos. La pura objetividad hist?rica no est? ?nunca lo ha estado- al alcance completo de los hombres. Con todo, el historiador, que, con buena voluntad y simpatheia, entra en las intenciones y motivaciones de los personajes hist?ricos y de los acontecimientos de su vida a trav?s de los documentos, est? m?s capacitado que los dem?s para recrear fielmente la verdad hist?rica y para, con honestidad, plasmarla por escrito en su obra. En otras palabras, tiene el poder de hacer justicia y vencer la injusticia hist?rica que rodea a tantos hombres sobresalientes, independientemente de su rango, de su profesi?n, de su estado o de sus creencias. Aqu? radica la diferencia esencial entre el historiador y el panfletista, entre el historiador por vocaci?n y el que no lo es.

P?o XII fue un hombre de su tiempo (no pod?a ser de otra manera), un papa de un momento hist?rico particular tanto en la vida de la Iglesia como en el escenario europeo y de los dem?s continentes y naciones. No corresponde a la vocaci?n del historiador hacer la apolog?a de su biografiado, digamos de P?o XII, pero tampoco ?demonizarlo?, reducirlo a una sola dimensi?n de su personalidad o interpretar su pontificado bajo la perspectiva de un ?nico acontecimiento: su actuaci?n respecto al pueblo jud?o, durante el segundo conflicto mundial (1939-1945), que siendo importante no es el ?nico ni el m?s significativo. En la medida de lo posible, se han de tener en cuenta todas las facetas de la personalidad, todos los acontecimientos del pontificado, todas las ense?anzas de su magisterio, toda su vida: tanto la p?blica como la privada, todo el intrincado ovillo de las relaciones con los pueblos y las naciones de la ?poca. Un P?o XII, por as? decir, pluridimensional e integral, no una caricatura del mismo; el P?o XII real, no el creado por los prejuicios y la ideolog?a.

Ning?n historiador serio puede negar el amor sincero del papa Pacelli por el pueblo jud?o y su extraordinario inter?s pr?ctico y eficaz por salvar del genocidio al mayor n?mero posible de ellos. Ning?n historiador serio puede negar tampoco su particular afecto por el pueblo alem?n y, en consecuencia, sus notables esfuerzos por salvar a la Iglesia cat?lica de las garras del fascismo y de la paranoia de Hitler. ?C?mo lograr mantener estos dos intereses en la balanza hist?rica del momento, sin que uno de ellos quede perjudicado, yendo uno en detrimento del otro? Esta es la verdadera pregunta a la que los historiadores han de buscar justa respuesta, no de modo aprior?stico o ideol?gico, sino a trav?s de la documentaci?n completa hasta ahora accesible, cr?ticamente analizada. A la luz de esa pregunta se ha de iluminar, por ejemplo, la discreci?n del papa, el as? llamado ?silencio? ante la Shoah, su actuaci?n ?pol?tica? oculta e indirecta, su ayuda infatigable y permanente a los jud?os, incluso personal, pero sobre todo a trav?s de las instituciones cat?licas. No faltan historiadores que han visto en la prudente actitud del Santo Padre el modo m?s justo y eficaz de salvar a quienes, jud?os o no, estaban condenados a una muerte segura e inhumana.


Pontificado y magisterio

La huella y el significado del pontificado de P?o XII en la historia, en estos cincuenta a?os pasados desde su muerte, son en gran parte independientes del historiador y del modo c?mo ?ste interprete la persona y el quehacer diplom?tico, institucional y magisterial del papa Pacelli. Lo que no es del todo independiente del historiador es la visi?n que los hombres del futuro tengan de esa historia. De esa visi?n puede resultar que el pontificado piano tenga mayor o menor influjo futuro, deje una huella m?s o menos marcada en el devenir hist?rico. Por eso, la responsabilidad del historiador es grande de cara a la construcci?n del futuro. Por eso, el historiador no debe ceder a otras instancias -a veces sumamente atractivas y seductoras- que no sean la b?squeda sincera y honesta de la verdad. Sucede, por otra parte, que la historiograf?a posee en s? cierta capacidad de corregirse a s? misma con el paso de los lustros y decenios, con lo que la reconstrucci?n hist?rica poco a poco se va decantando m?s y m?s, hasta llegar, a largo plazo, a un cierto equilibrio entre la verdad hist?rica y la realidad de los hechos. Estas reflexiones son importantes, en nuestro entender, al cumplirse el cinquentenario de la muerte de P?o XII, porque, hay que decirlo, buen n?mero de los historiadores no han hecho gala de honestidad al reconstruir y narrar los acontecimientos de su pontificado, al perge?ar su figura y su personalidad en el tiempo y en el espacio que le toc? vivir. Es deseable que la historiograf?a del futuro revise y corrija, en lo que sea necesario, la de estos decenios pasados para que la figura y el pontificado de P?o XII aparezcan, s? con sus luces y sombras, pero por ello en toda su verdad.

Se destaca, del magisterio de P?o XII, el hecho de ser con mucho el m?s citado en las Constituciones, Decretos y Declaraciones del Concilio Vaticano II: son citadas 15 enc?clicas con 65 citaciones y se hallan 87 referencias de otros documentos. Es un indicio claro de que para los padres conciliares el magisterio piano era un magisterio vivo, sumamente rico, abarcador de todos los grandes temas tratados, discutidos y aprobados en el Concilio. Durante los 19 a?os de su pontificado, en efecto, el papa Pacelli abord? con gran competencia y profundidad todas las cuestiones doctrinales de fe y de moral, que interesaron a los hombres de su tiempo. Para todos, en sus diversas categor?as profesionales, ten?a una palabra acertada, iluminadora de la mente y orientadora del obrar. Quedarse, sin embargo, en el mero n?mero de citas me parece superficial e insuficiente. Hay que llegar a los contenidos de esas citas, a las reflexiones que llevaron a los padres del Concilio a incluir esas citas en los diversos documentos. Hay que preguntarse si hubiese sido posible el concilio Vaticano II sin ese magisterio pontificio, si Juan XXIII hubiese tenido la osad?a de convocar el Concilio si no hubiese encontrado y no hubiese sido estimulado por ese intento de concilio que P?o XII no se decidi? a convocar por las circunstancias de su vida personal y de la historia humana. Hay quienes subrayan la ruptura de los documentos del Vaticano II con el pasado. Conviene m?s bien hablar de novedad, pero una novedad que se engarza dentro de una continuidad con la tradici?n doctrinal, lit?rgica y disciplinar de la Iglesia, y sobre todo con el magisterio piano; una continuidad diacr?nica plurisecular que contribuy? de modo significativo a la sincron?a de la novedad conciliar, sincron?a altamente apreciada y celosamente buscada por el papa Pablo VI, verdadero timonel de la asamblea conciliar a partir de la segunda sesi?n del Vaticano II.

Si fijamos nuestra atenci?n en los documentos estructurales del Concilio, la Constituci?n dogm?tica Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia fue precedida por la reforma que ya en gran parte fue realizando P?o XII durante los a?os de su pontificado, particularmente mediante la enc?clica Mediator Dei y las normas lit?rgicas que de ella se derivaron, por ejemplo, para la celebraci?n eucar?stica, el rezo del breviario, etc?tera. La Constituci?n dogm?tica sobre la divina revelaci?n, Dei verbum, de cierto no hubiese sido posible sin la enc?clica Divino afflante Spiritu del a?o 1943, que fue considerada por los estudiosos como una bocanada de aire nuevo para la ex?gesis cat?lica. ?Y qu? decir de la Constituci?n sobre la Iglesia, Lumen gentium? Sin la enc?clica Mystici Corporis Christi, ?hubiese sido ?sta la misma que es sea en su estructura que en sus contenidos fundamentales? Y los diversos temas de la Constituci?n pastoral de la Iglesia en el mundo, Gaudium et spes, ?hubiesen sido abordados de la misma manera sin el magisterio de Pacelli sobre la concepci?n del hombre, sobre el ate?smo, sobre las relaciones entre las naciones, sobre el matrimonio y la familia, sobre la moral, sobre la cultura, sobre la vida econ?mica y social? Y, para no ser prolijos, digamos que algo semejante podr?a decirse de los otros doce documentos del Concilio Vaticano II, en temas de tanta valencia actual como la educaci?n, la libertad religiosa, los medios de comunicaci?n, la vida religiosa y el ministerio pastoral, etc?tera.


Espiritualidad y santidad

Pasando a un aspecto poco tenido en cuenta, como es la espiritualidad y santidad de P?o XII, los testimonios de que disponemos documentan una vida espiritualmente rica y moralmente intachable en Pacelli. El t?tulo de Pastor angelicus le encaja como anillo al dedo. Su majestuosidad lit?rgica, su profundo recogimiento en las ceremonias, sus gestos solemnes, la nobleza de su porte y su mirada casi m?stica hac?an sentir y palpar a los peregrinos la presencia cercana del Dios trascendente, la majestad divina que se hace visible en su vicario junto con su amor y misericordia. Ver a P?o XII, sobre todo en las celebraciones lit?rgicas, era para sus contempor?neos como una invitaci?n impelente a entrar en un espacio sacro, en la esfera del Dios vivo y verdadero. La disciplina y austeridad de vida, seg?n cuentan quienes le conocieron de cerca, fueron en ?l ejemplares; su esp?ritu de penitencia y sacrificio, extraordinarios; su vida de oraci?n y de intimidad con Dios, propia de un alma que vive habitualmente en el mundo sobrenatural; su devoci?n a Mar?a, de ternura filial. En el trato con los ?ntimos y conocidos, era de una encantadora sencillez; en las relaciones oficiales de papa o de jefe de estado, de una elevada nobleza. Como obispo de Roma se preocup? de las necesidades tanto espirituales como corporales de sus hijos, particularmente durante la segunda guerra mundial y los a?os inmediatamente posteriores; como Pastor de la Iglesia universal, ilumin? con su ense?anza, a trav?s de numerosos escritos, discursos y homil?as, las conciencias y dio orientaciones pr?cticas para dirigir el comportamiento y la actuaci?n de los cat?licos en el ambiente familiar y profesional, en el campo pol?tico, socio-econ?mico y cultural.


?Por qu? P?o XII no ha sido beatificado ni canonizado?

Aqu? surge espont?neamente la pregunta: ?por qu? P?o XII no ha sido beatificado ni canonizado? ?Por qu? su causa, que fue introducida en el pontificado de Pablo VI, no ha seguido adelante? ?Qu? es lo que ha impedido a la Iglesia elevar a los altares a un hombre y a un papa de vida ejemplar y de reconocida santidad, ya durante su vida? Se puede buscar una respuesta mediante una mirada retrospectiva a los cincuenta a?os pasados desde su deceso, una respuesta que requerir?a mucha dedicaci?n, mucha ciencia hist?rica y que ser?a, por tanto, una respuesta larga, intrincada y compleja, dif?cilmente satisfactoria para todos, hiriente y lacerante para no pocos. Sea bienvenida esa respuesta, que es necesaria y ser? provechosa para la Iglesia y para la sociedad civil, con todo nosotros queremos mirar hacia el horizonte temporal que tenemos por delante, queremos lanzar una mirada de proyecci?n hacia el futuro. Consideramos urgente eliminar con prudencia y con tes?n los obst?culos ?pol?ticos?, y esforzarse porque la causa de beatificaci?n se acelere y llegue pronto a feliz t?rmino. Nuestro m?s vivo deseo es que los art?culos de este n?mero de nuestra revista puedan, por una parte, elucidar algunos aspectos poco conocidos de P?o XII y su pontificado y, por otra, colaborar a hacer avanzar, aunque sea un poquito, la causa de beatificaci?n del Pastor angelicus.


Publicado por mario.web @ 2:27
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