Martes, 03 de mayo de 2011
Como se ha repetido hasta la saciedad ?sta es una ?poca llena de desconciertos y paradojas. Rica en medios, pobre en fines.
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Los desaf?os ?ticos del futuro
Los desaf?os ?ticos del futuro
"Como se ha repetido hasta la saciedad ?sta es una ?poca llena de desconciertos y paradojas. Rica en medios, pobre en fines. Muchas personas, aunque no carezcan de las cosas materiales necesarias, se sienten ? est?n- m?s solas, abandonadas a su suerte, sin lazos de apoyo afectivo. Predomina en el ambiente la agresividad y la violencia..."

Reduccionismos de la actualidad


No hace falta ser un l?cido observador de la realidad para detectar que la herencia cultural que nos ha donado el siglo XX a Occidente es horizontalista y reductiva. Son muy diversas las causas por lo que esto ha ocurrido. Analicemos algunas de ellas.

Desde la Ontolog?a, hay dos dimensiones de la persona que siendo contrapuestas, siempre se dan unidas y siempre la constituyen. Me refiero a su m?xima capacidad de potencia, y a su enorme posibilidad de indigencia.

Muchas de las corrientes intelectuales del siglo XX no enfocan de modo id?neo a la persona por prescindir de una o de ambas paradojas, o bien, por hacer hincapi? solamente en un aspecto. As?, el respingo de la modernidad no se detiene en la indigencia humana y en la necesidad de ampararla; el hombre queda falsamente exaltado en su prepotencia. El nihilismo mancha de superficialidad el mundo de los afectos m?s ?ntimos y quiz?s fr?giles, por desproteger la vulnerabilidad al dejar de lado la parte fuerte del ser. El pragmatismo se aboca a un consumismo que hace al hombre esclavo de las cosas y dominador de las personas; confunde lo que se es con lo que se ve. Dir? el fil?sofo Carlos Cardona que el pensar llevar a calcular. El calcular nos reduce a lo material, y as? a su cantidad. El hedonismo impera en casi todas las capas sociales dejando un regusto, por no decir, una lacra c?nica y relativista. El agnosticismo religioso se abre a la b?squeda de formas esot?ricas de espiritualidad en las que la sustituci?n del paradigma de la verdad por el de la autenticidad ha hecho que, en la pr?ctica, la vida intelectual quede relegada a un resto de personas y de personalidades que son observadas de reojo por la gran masa sometida a los criterios de lo socialmente aceptables y pol?ticamente correctos. La estolidez intr?nseca de la opini?n p?blica y de sus nada ilustrados mandarines, se yergue en maestros de la sabidur?a.

Como se ha repetido hasta la saciedad es una ?poca llena de desconciertos y paradojas. Rica en medios, pobre en fines. Muchas personas, aunque no carezcan de las cosas materiales necesarias, se sienten ? est?n- m?s solas, abandonadas a su suerte, sin lazos de apoyo afectivo. Predomina en el ambiente la agresividad y la violencia.

Necesariamente estos trazos, no son todos, pero s? suficientemente significativos para aceptar que la situaci?n actual est? marcada por graves incertidumbres en el campo cultural, antropol?gico, ?tico y espiritual.

El Cardenal Poupard, refiri?ndose a la sociedad latinoamericana, concreta el diagn?stico en cuatro fen?menos que emergen con cierta frecuencia: El fen?meno de las sectas, los crecientes agnosticismo e indiferentismo religioso, la resistencia y desconfianza de las instituciones, el agudo desequilibrio social. De ellos deduce cuatro visiones de la cultura. Cultura de la emoci?n, cultura de la tolerancia, cultura del lucro, cultura de la no creencia. A mi parecer, en este mundo global, este diagn?stico es v?lido para, al menos, el mundo occidental.

Describimos, brevemente, dichas manifestaciones culturales.

1.- Cultura de la emoci?n


Esta voz, viene empleada de modo preferencial por el sector juvenil de la sociedad; es el nuevo nombre de la ?evidencia?. Cuanto m?s intensa es la emoci?n, tanto m?s fuerte es la certeza de la ?verdad? experimentada. Culturalmente las manifestaciones afectivas han tenido un notable crecimiento en la exterioridad p?blica: generar emociones que muestren con cierta velocidad y sin dilaci?n, el estado interno de la persona. Se ve en muchos campos polarizada a dos estados casi antag?nicos: la depresi?n y el placer.

Los efectos de esta fragmentaci?n de rasgar la vida con placer o depresi?n, son la absurdidad de la existencia y la tristeza profunda de la vida; es injusto e inhumano el cansancio y desilusi?n de un placer que tarda m?s en ser conseguido que en ser disfrutado. La emoci?n se conecta con la ?tica en tanto que ?conocer el modo menos doloroso y m?s veloz de gozar un instante, se vuelve una m?xima sapiencial de nuestra era?.

Lo fugaz, lo contingente, la veleidad, deviene en principio absoluto de veracidad y bondad. Al colocar la emoci?n como criterio de veracidad, las caricias reemplazan a la fidelidad, con tal l?gica que se puede afirmar que el hombre y la mujer contempor?neos se perciben a s? mismos como realizados, cuando la intensidad de las emociones gratificantes rebasa en su duraci?n, el impacto de las sensaciones de insatisfacci?n, frustraci?n o fracaso. La eternidad, considerada como trascendencia de toda veleidad, no requiere ni siquiera ser negada, ya que no entra en el campo conceptual del lenguaje contempor?neo, no es sino un sin?nimo de aburrimiento perfecto.

2.- Cultura del lucro


Otro t?rmino en boga del actual cuadro cultural, es el de ganancia o lucro. Este concepto es referido la mayor parte de las veces al campo econ?mico, La pol?tica, la sanidad p?blica, la seguridad nacional, la educaci?n, la cultura... se valoran por la eficiencia y la eficacia econ?mica.

Es una realidad que las formas culturales tradicionales o populares ahora son vendidas como folklore, a fin de poder continuar la vertiginosa carrera del mercado mundial. La cultura no viene ya vivida como expresi?n natural de los grupos humanos, sino como un elemento de producci?n econ?mica. Se desnaturalizan las relaciones interpersonales que la generaron, pues no se puede dejar en un segundo lugar el origen genuino de la cultura: que es expresi?n del ser del hombre.

Dedicarse a vender la identidad cultural es vender el ser mismo del hombre, su memoria, su arraigo, implican tanto su dignidad metaf?sica de persona como su indisoluble condici?n hist?rica.

La gratuidad, la contemplaci?n de lo simple, la simple cotidianidad libremente asumidas y buscadas, aparecen entonces como el paradigma antag?nico, como la ?mediocridad feroz?.

Marca claramente el Cardenal Poupard c?mo parece que hemos olvidado que, el liberalismo agn?stico y el comunismo ateo, son hijos del mismo principio de autonom?a y soberan?a econ?mica que el materialismo devorador ha generado. Uno mediante la posesi?n idol?trica de la individualidad, otro mediante la adoraci?n de la colectividad. Es pernicioso confundir el movimiento inherente del ser humano de progreso integral, que requiere del desarrollo econ?mico, con la mentalidad del modelo reinante neoliberal que subordina la persona al factor econ?mico.

En el primer caso, en el progreso integral de la persona, la econom?a permite el desarrollo de la dignidad humana ?no se tiene estrictamente para sobrevivir, sino para vivir?. En el segundo caso se condiciona la dignidad humana a la econom?a, ?se sobrevive para tener, no para vivir?.

La avidez de lucro, genera situaciones de verdadera explotaci?n humana, una atm?sfera de rencor, de desconfianza, de odio, de indiferencia social, de impunidad, de venganza y de resentimiento. La cultura del lucro parad?jicamente es la cultura de la destrucci?n, una anticultura de la muerte.

3.- Cultura de la tolerancia

Se connota la tolerancia como un modelo cultural, como la manifestaci?n adecuada de una sociedad adulta, cosmopolita y globalizada.

Sin embargo, lo que realmente describe la tolerancia actual, no es el respeto dialogante o la veneraci?n profunda por la dignidad personal del otro, tampoco es la escucha, la valoraci?n, el intercambio mutuo, la asimilaci?n y contrapropuesta de un di?logo, sino m?s bien la indiferencia desenfadada del otro. El desprecio pasivo de cualquier verdad que trascienda el campo de lo subjetivo, en una palabra: la desilusi?n viviente del sue?o de la objetividad.

Lo que conlleva y busca ideol?gicamente la tolerancia posmodernista es la disoluci?n de una forma comunional de relaciones, produciendo individuos que forman una masa amorfa sin certezas y por lo tanto sin proyecto cultural trascendente e hist?rico.

Somos observadores de una tragedia suicida, el hombre contempor?neo busca la compa??a, pero se ve imposibilitado de salir al encuentro del otro, no capacitado para ver en la alteridad con el otro el signo de una complementariedad, que permanece en el campo de lo ?soportable?, de lo ?tolerable? si refleja las expectativas ideales, previstas y proyectadas de la subjetividad de mi yo.

Esta noci?n de tolerancia otorga, adem?s, un papel amenazador y aniquilante de la autoridad. Habr? que buscar los medios para recuperar la tolerancia en su genuino sentido: el di?logo verdadero, que respeta y ama la identidad de cada cual.

4.- Cultura de la indiferencia religiosa


Delante del fen?meno de la secularizaci?n que predec?a el olvido del ?mbito religioso en la sociedad moderna, se ha comprobado, que lejos de desaparecer, el horizonte religioso ha crecido con nuevo vigor, aunque si bien con una orientaci?n diversa.

La secularizaci?n del contexto moderno ha dejado una expresi?n religiosa de tipo subjetivista; despreciando cualquier clase de institucionalizaci?n de la esfera religiosa que pretenda proponer la verdad absoluta de su credo.

Estamos delante de un nuevo humanismo, un humanismo auto idol?trico, Narcisista, ?Yo?sta?, del concreto individuo, no del g?nero humano, como lo fueron el renacimiento, el racionalismo, el idealismo alem?n o el marxismo, ni siquiera del tipo reflexivo existencialista, sino de la absoluta subjetividad herm?tica de cada individuo. Cualquier pretensi?n de norma viene vista como atentado a la autonom?a moral del individuo.

El resurgimiento religioso parece orientarse en dos direcciones precisas y diversas del desarrollo previo:

1) La negaci?n de la objetividad de la realidad trascendente, que por lo tanto no puede ser administrada u ofrecida por ninguna clase de instituci?n religiosa; implicando as? el desprecio por la dimensi?n hist?rica y reveladora de la fe.

2) El rechazo o indiferencia a lo que signifique alteridad, la divinidad no puede ser ?Personal?, ello implicar?a diversidad, Autoridad y Obediencia. La vivencia colectiva s?lo tiene valor en cuanto los otros sienten lo mismo que yo.

Solamente cuando la fe es puesta como respuesta hist?rica al mensaje de Jesucristo, viene vista como objetivamente distinta a los valores de los no creyentes, pero precisamente por ser hist?rica, pero no viene valorada como opci?n de superioridad antropol?gica.

As? cualquier expresi?n radical de la fe es vista como sectaria. Hacer presente la fe en lo cotidiano se vuelve rareza. Del mismo modo la afirmaci?n sin ambages de identidad cat?lica es criticada como fundamentalismo, del mismo modo que la pertenencia a una experiencia comunitaria eclesial se denuncia como integrismo o gueto.

En definitiva, se ha abandonado la verdad del hombre, se ha oscurecido la p?rdida del sentido trascendente de la persona humana, el olvido de su dignidad. Predomina un tipo de esclavitud en parte sibilina y en parte abierta y grotesca que hace al hombre esclavo con respecto a sus propias obras y proyectos.

Desaf?os ?ticos

Ninguna de esas manifestaciones culturales es estrictamente perversa, excepto la ?ltima, tan alienante, de la que en una ocasi?n distinta, coment? Cardona "?Qui?n soy? ?De donde vengo? ?a d?nde voy? La triple inmemorial pregunta sigue en pie, turbadora, mientras el viejo catecismo yace en el desv?n y los fil?sofos se entretienen haciendo crucigramas. Porque ese Absoluto que necesitamos como ?ltima respuesta de todas las cosas se ha convertido en el verdadero abismo de la raz?n humana, produciendo un v?rtigo intolerable". El desaf?o ?tico es sin despreciarlas, complementar cada una de esas manifestaciones. La emoci?n con el raciocinio; la tolerancia con el aut?ntico compromiso con la verdad; el lucro con la austeridad, la indiferencia religiosa con la formaci?n y la apertura a un horizonte m?s profundo y m?s alto.

Todo esto no es posible sin recomenzar una vez m?s desde la ra?z que, en definitiva supone ?volver a la persona, en s? misma y en su car?cter relacional?, tal como se cantaba en una canci?n ya un tanto a?eja ??y volver, volver, volver... a tus brazos, otra vez!?.

Hay que reavivar la profunda nostalgia de Dios, quiz?s es ?sta y no la admiraci?n y el asombro, como defendiera Arist?teles, la verdadera raz?n de la filosof?a y del ser. La nostalgia de infinito, inscrita en el coraz?n humano, convierte a ?ste en sede de la vida y sede de la ?tica.

Por tanto el desaf?o al que se apunta en este ensayo, ese volver a la persona, es defender una base de filosof?a cristiana que es realmente, la metaf?sica natural del hombre en proceso de curaci?n. Nada m?s y nada menos que eso. Hay que introducir en nuestra sociedad, al menos la conciencia de la dependencia de un Ser superior que, cuando se tiene el don de la fe, resulta particularmente atractiva y exigente, pues lo es de un Dios Padre.

Con esta perspectiva, se ilumina el car?cter misterioso, sagrado, de la vida humana, para incidir en sus posibilidades de la b?squeda, el hallazgo y la realizaci?n de la felicidad. No es ut?pico, es llegar a las ra?ces. ?Todo estudio es un estudio de la eternidad? (Van Helmont).

Alg?n siquiatra (Dr. Rojas) ha se?alado que la felicidad es un puzzle al que siempre le falta una pieza. Del mismo modo se ha descrito la vida humana como una Sinfon?a inacabada, que nos puede recordar a la obra de Schumamm. Est? inacabada, pero es sinfon?a.


?C?mo lograr incidir en cada persona para que se capte seg?n es y est? llamada a ser? Siguiendo al fil?sofo Leonardo Polo, se tratar?a de incidir en el tr?pode del crecimiento humano, que la constituye: las leyes, los bienes y las virtudes y valores. Pues es propio de la ?tica la labor de forjar hombres capaces de cumplir las normas justas; de mostrar bienes a los que la persona pueda aspirar y luchar por poseerlos; de trabajar los valores y virtudes, en tanto que ecos del bien en el alma, para que el hombre sea capaz de ejercitarlos.

Y as?, es un hombre feliz. Si puede lograr los bienes sin temor a perderlos, lo cual exige que siga el camino correcto, la norma; y que el bien elegido no sea perecedero. E impregnando estas decisiones, que se d? la garant?a ?virtud, valor-, de no apartarse del bien en su posesi?n.

Las virtudes y valores se ejercitan muy particularmente en el ?mbito familiar y profesional, en donde tambi?n se muestran los bienes a los que se puede aspirar. Las normas, surgen en el entramado social, en tanto que la libertad respeta las leg?timas diversidades. Pues citando nuevamente a Cardona, la verdadera raz?n y finalidad de la convivencia humana es dar al hombre la posibilidad de difundir en otros su propio bien y de ser ayudado por los dem?s. No es tan f?cil, hace falta construir desde el humus del silencio, donde aflora la deuda contra?da con la historia y la responsabilidad con el porvenir.

Por ello, como afirma J. Mar?as, el conocimiento de la Historia y el uso de la imaginaci?n son los medios seguros y fecundos de vivir en cada ?poca; si se desatiende a cualquiera de esos factores, los resultados pueden ser lamentables. Son dos elementos absolutamente necesarios: la visi?n veraz del pasado y la consideraci?n de las diversas posibilidades, siempre abiertas, del futuro. Memoria e imaginaci?n son los dos factores que permiten una instalaci?n en el flujo, siempre problem?tico, de la Historia. Esto responde a la condici?n misma de la vida humana, que viene de un pret?rito que se ha ido acumulando y de un porvenir que presenta varios caminos posibles, entre los cuales la libertad tiene que elegir.

De este modo, el progreso est? asegurado; las nuevas potencialidades de la ciencia, han de crecer acordes con las exigencias fundamentales de la ?tica, por lo que hay que interpretar y defender los valores radicados en la naturaleza misma del ser humano. El Santo Padre afirma que la ley moral natural pertenece al gran patrimonio de la sabidur?a humana, que la Revelaci?n, con su luz, ha contribuido a purificar y desarrollar posteriormente. La ley natural, accesible de por s? a toda criatura racional, indica las normas primeras y esenciales que regulan la vida moral.

No se puede dejar de lado que la vulnerabilidad y la eternidad son condici?n de misterio del hombre. Aproximarnos a estos puntos de anclaje implicar? entonces reconocer y acoger el rostro del otro, la historia, los gozos y las esperanzas, las penas y los sufrimientos del quien est? cara a cara implicado, seg?n la expresi?n de L?vinas.

El reto de reconstituir a la persona, de volverla a descubrir b?sicamente en lo que es y siempre es, prepara la construcci?n de una ciudad digna del hombre, porque el verdadero sentido de la vida del hombre no queda encerrado en el horizonte mundano, sino que se abre a la eternidad.

Por lo tanto, tal como en diversas ocasiones ha se?alado este gran l?der de humanidad y para la Humanidad, que es Juan Pablo II, se trata de defender a la persona, de defender la estructura ?tica de la libertad, de compartir mejor los valores de cada uno, transformando la diversidad en riqueza, pero apostando decididamente por la conciencia de la unidad.

Es claro, tal como afirma el Papa, que la tensi?n escatol?gica del cristianismo nos hace conscientes del car?cter relativo de la historia, pero no exime de ning?n modo del deber de construirla. Este desaf?o, esta obligatoriedad tiene como urdimbre protectora la capacidad humana para recordar el pasado con gratitud, vivir el presente con pasi?n, con intensidad, y prever y afrontar el futuro con confianza.

Bibliograf?a


-Tertio milennio ineunte (Juan Pablo II)
-Aforismos, Carlos Cardona, Rialp, 1999
-Mundo y Persona, Romano Guardini, ed. Encuentro, 2000
-Tratado de lo mejor, Juli?n Mar?as, Alianza Editorial, 1995
-Ideas ?ticas para una vida feliz, J.Monforte, Eunsa, 1997


(*) Profesora de Bio?tica de la UCAM,
colaboradora de Arvo.
Este trabajo ha sido publicado en la revista Teleskop.

Publicado por mario.web @ 2:30
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