Martes, 03 de mayo de 2011
Miguel Acosta reflexiona sobre la naturaleza ?tica del hombre y lo que persiguen los l?deres morales.
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Hombres ?buenos? y hombres ?malos?, triste reducci?n
Hombres ?buenos? y hombres ?malos?, triste reducci?n
Lo que muchas veces buscan los l?deres para mover a la acci?n es simplificar la realidad y mostrarla como un objeto bueno, ya que nuestra voluntad tiende y se inclina hacia lo bueno. Pero, al mismo tiempo presentar la oposici?n como ?absolutamente? malo. Si uno se forma un juicio concreto y simple, bueno o malo, es m?s f?cil aceptarlo o rechazarlo. De esta manera, es f?cil conducir a la gente. Por eso tienen tanto ?xito los t?picos, esas explicaciones simples de realidades complejas, que por supuesto no explican sino que toman la parte por el todo y reducen dicha realidad. Es un tipo de sofisma.


Estos d?as, cuando repasaba la enc?clica del Papa Benedicto XVI, Deus caritas est, me vino a la cabeza un art?culo que hab?a le?do en un n?mero del National Geographic hace un a?o atr?s. Dicho art?culo comenzaba as?: ?M?s de 50 millones de personas fueron asesinadas sistem?ticamente en los ?ltimos cien a?os, el siglo de los exterminios masivos. Entre 1915 y 1923, lo turcos otomanos mataron hasta 1,5 millones de armenios. A mediados de siglo, los nazis exterminaron a seis millones de jud?os, tres millones de prisioneros de guerra sovi?ticos, dos millones de polacos y otros 400.000 ?indeseables?. Mao Zedong dio muerte a 30 millones de chinos, y el gobierno sovi?tico mat? a 20 millones de sus propios ciudadanos. En los a?os setenta, los jemeres rojos eliminaron a cerca de 1,7 millones de compatriotas camboyanos. El Partido Baas de Saddam Hussein masacr? a 100.000 kurdos en los a?os ochenta y principios de los noventa. Tambi?n en la d?cada de 1990 los militares de Ruanda, liderados por los hutu, barrieron del mapa a 800.000 miembros de la minor?a tutsi. Ahora mismo se est? perpetrando un genocidio en la regi?n sudanesa de Darfur? (Enero, 2006, p.48). Esto es escalofriante. ?Qu? nos pasa a los hombres?

Llevamos miles de a?os de existencia sobre la tierra y parece que no aprendemos a vivir en sociedad. Uno de los tesoros m?s preciados en gran parte del mundo es la paz, no solamente en los pa?ses en desarrollo, sino tambi?n en los desarrollados; ?pero es tan fr?gil! A veces da ganas de estar de acuerdo con Hobbes cuando dec?a que somos malos por naturaleza; pero eso no es cierto. Nuestra fe nos dice que somos buenos porque salimos de las manos de Dios, pero estamos ?inclinados al pecado?, es decir, al mal. Nos da esperanza saber que tenemos algo de bondad, y temor el saber que podemos hacer mucho da?o. No resulta f?cil explicar los motivos que desencadenan acontecimientos tan tr?gicos, siempre comienzan poco a poco hasta que ?se rompe el dique? y se precipita todo el caudal acumulado. Los hombres podemos ser muy malvados, podemos llegar a odiar hasta la muerte, hasta la locura, pero ?somos por eso hombres malos?

No cabe duda que para matar o destruir hace falta tener cierta aversi?n. La verdad es que mucha gente se ve arrastrada hacia ese comportamiento sin saber exactamente por qu? lo hace, a veces s?lo por un sentimiento del deber o por temor a las represalias. ?A qui?n no le gusta la paz? Me detendr? a analizar un solo punto que contribuye a tener este tipo de comportamientos, sin ?nimo de agotar el tema.

Algo que muchas veces acelera el proceso de ?decantamiento? hacia una postura radical de enfrentamiento es una idea milenaria que se ha puesto de manifiesto en distintas culturas a lo largo de la historia. Con mucha fuerza en Oriente, pero tambi?n en Occidente. Se trata del dualismo cosmog?nico.

Es una dicotom?a que separa y confronta la realidad y como tal juzga tambi?n a las personas porque piensa que hay dos principios primigenios contrapuestos: el bien y el mal. Es cierto que tenemos cierta tendencia al dualismo por nuestra espont?nea percepci?n dual de las cosas. All? no est? el problema. El problema surge cuando vemos las cosas como contradictorias, es decir, sin posibilidad de t?rminos medios, cuando la realidad es que no lo son. En l?gica estudiamos que en las relaciones de oposici?n, lo contradictorio no admite t?rmino medio, pero en cambio, los contrarios s?. Por ejemplo, la diferencia entre vida y muerte es neta. No hay una persona media viva; o est? viva, o no lo est?; y cuando no lo est? la llamamos muerta. Estos son conceptos contradictorios. En cambio, entre el d?a y la noche puede haber una gradaci?n como el amanecer o el atardecer.

Entre el negro y el blanco puede admitirse el gris. Estos son conceptos contrarios. La contradicci?n es el tipo de oposici?n m?s perfecto, porque no admite equ?vocos. La contradicci?n es la clave del discurso, del pensamiento correcto, de la l?gica, y se basa en un antiguo principio ontol?gico donde al ser se le opone el no-ser. En el pensamiento y bajo las reglas de la l?gica, la contradicci?n evita muchos errores y absurdos; pero el plano de la realidad no es tan neto como podr?a llegar a serlo la formulaci?n que se enuncia en un juicio l?gico. La vida muchas veces no admite unos extremos tan claros, porque tiene matices y t?rminos medios.

En la filosof?a este dualismo cosmog?nico ha adquirido rango ontol?gico en distintos momentos, como en el manique?smo ?refutado suficientemente por Tom?s de Aquino?, o en la filosof?a oriental, por ejemplo con los conceptos del ?ying? y del ?yang?. Se admite la existencia de dos principios ontol?gicos constitutivos de la realidad que generan la din?mica de la existencia. Un enfrentamiento que acaece en forma de lucha donde a veces gana el ?ying? y otras el ?yang?. Estos principios tambi?n se pueden entender de manera ?tica, hay dos formas de comportarse: bien o mal. Los manique?stas explicaban el tema del mal apelando al principio maligno, entonces pod?an justificar el modo de obrar de los hombres y de la naturaleza misma. El dualismo plantea un juego de opuestos: bien-mal, fr?o-caliente, seco-h?medo, vida-muerte... que se presenta como algo intr?nseco de la misma naturaleza, de tal forma que es in?til enfrentarse a ella. Lo ?nico que se puede hacer es esperar que uno de esos principios nos sea favorable.

Es m?s, dicho enfrentamiento es necesario porque de lo contrario no habr?a equilibrio din?mico en el mundo. Y sin equilibrio din?mico no habr?a movimiento, ni vida, ni eterno retorno. Hegel pensaba que esta confrontaci?n permit?a el desarrollo de la historia y en ella justific? su dial?ctica.

Sin embargo, esa necesidad de oposici?n conduce necesariamente a una visi?n fatalista de la vida. As? lo vivieron los antiguos griegos, y al llevarlo a la pr?ctica cometieron aut?nticas atrocidades que para ellos no lo eran. Cayeron en una concepci?n determinista de la dik? (la justicia). Las tragedias sol?an mostrar en sus tramas el inexorable destino, como esas dos obras tan famosas de S?focles, ?Ifigenia? y ?Edipo Rey?.

Cuando alguien comete algo malo debe haber una compensaci?n para que vuelva el equilibrio al cosmos. El concepto de perd?n es incomprensible, no hay marcha atr?s, las buenas acciones no pueden borrar la culpa. Los dioses deben mantener a raya al g?nero humano, la justicia consiste en compensar lo malo. Este tipo de moral es rigorista y fomenta el temor; se evita el mal por temor al castigo.

La clave dualista de la vida lleva a establecer categor?as absolutamente opuestas, y por ende, extremistas. Si el extremismo se traslada al plano moral, sobre todo en cuestiones que admiten matices, es f?cil cometer m?s errores que aciertos. Utilizar categor?as dualistas ha sido una de las formas de facilitar el enfrentamiento y simplificar el juicio moral. Lo han utilizado no solamente las grandes tiran?as de la historia, sino tambi?n muchos de los actuales pa?ses democr?ticos. La estrategia consiste en catalogar como ?malo? al adversario, y ver en el oponente todo lo que es malo, perverso, abominable, execrable. Por tanto, nuestra naturaleza inmediatamente busca evitarlo, eliminarlo y destruirlo. Apartarlo del camino, y si eso significa matar, se mata. As?, los afganos con malos, los talibanes son malos, los musulmanes son malos...

Los ?malos? y los ?buenos? son conceptos que desde ni?os nos han inculcado nuestros padres, y ha sido un referente moral para cuidar nuestro adecuado comportamiento. Como ni?os nos ha hecho bien porque comenz?bamos a educarnos en el juicio de la realidad: los ladrones son malos porque roban y se les castiga, robar es malo, si lo hago me convertir? en ladr?n y me castigar?n; luego, no quiero ser ladr?n. El caso es que algunos adultos todav?a juzgan como ni?os. Esa tendencia a juzgar las cosas como buenas o malas la tenemos de manera innata en un primer principio que nos mueve a buscar lo que m?s nos conviene para nuestro desarrollo y perfeccionamiento. Ese principio se suele denominar ?primer principio del obrar moral? y dice: haz el bien y evita el mal. En ?tica, la captaci?n de este principio se debe a una capacidad que se llama ?sind?resis? y que nos presenta los mandatos de la Ley natural; y se aplica en la pr?ctica con ayuda de la prudencia. Esa captaci?n del ?bien? y del ?mal? es algo ?nsito en nosotros. Estamos hechos as?. Los animales tambi?n tienen un principio de percepci?n de la realidad, pero sin deliberaci?n, meramente instintivo y experiencial. Es una percepci?n de lo nocivo y de lo ?til. Por esa raz?n, la oveja huye del lobo, o una gallina defiende a sus polluelos. Sin este tipo de juicio sucumbir?amos sin duda y acabar?amos nuestra existencia.

El problema no est? en admitir que haya cosas buenas y cosas malas, sino en encasillar a las personas y dividirlas en absolutamente ?buenas? o absolutamente ?malas?. Tratar a las personas como cosas es un reduccionismo equivocado que ha tra?do consigo muchas injusticias en la historia de la humanidad. No hay personas totalmente ?buenas? y otras totalmente ?malas?, en esto hay grados, aspectos, matices. La realidad humana no es neta ni taxativa, lo es la manera de discurrir que tenemos, que necesita ?paralizar? la realidad, definirla, catalogarla, ficharla, distinguirla. Al hacerlo establecemos categor?as donde metemos a todos los que cumplen con un aspecto como en un saco. Pero la realidad es rica y sumamente compleja. Los seres humanos somos uno de esos tipos complejos de la realidad. En los hombres siempre hay algo bueno y algo malo, el punto es en qu? proporciones. De acuerdo a nuestro comportamiento, a nuestra educaci?n, cultura o idiosincrasia, tenemos la libertad de inclinarnos m?s o menos hacia un tipo de bien o mal, pero en nosotros hay muchos aspectos que se pueden observar. Uno puede ser un buen padre, pero ?qu? significa buen padre?, ?ser un padre perfecto?, ?y c?mo se llega a eso? Uno tiene buenos y malos comportamientos como padre; pero tambi?n tiene buenos y malos comportamientos como trabajador, o como amigo. Y puede ser m?s buen padre que malo, pero m?s mal trabajador que bueno, etc. Esto se puede complicar infinitamente.

Lo que muchas veces buscan los l?deres para mover a la acci?n es simplificar la realidad y mostrarla como un objeto bueno, ya que nuestra voluntad tiende y se inclina hacia lo bueno. Pero, al mismo tiempo presentar la oposici?n como ?absolutamente? malo. Si uno se forma un juicio concreto y simple, bueno o malo, es m?s f?cil aceptarlo o rechazarlo. De esta manera, es f?cil conducir a la gente. Por eso tienen tanto ?xito los t?picos, esas explicaciones simples de realidades complejas, que por supuesto no explican sino que toman la parte por el todo y reducen dicha realidad. Es un tipo de sofisma. ?Qui?n se niega a eliminar algo malo?, si es malo, es que no tiene que estar all? en nuestra presencia.

Si juzgamos a una persona como mala, inmediatamente tomamos una postura con respecto a ella. Lo malo no nos atrae, ni nos gusta, ni nos conviene. Hay que evitarla, apartarse de ella. Es el ?enemigo?, es ?el ladr?n?. Pero, ?es del todo mala una persona? A veces nos negamos a o?r lo que pueda decir porque ya le hemos encasillado como ?malo?.

El cristianismo nos ha mostrado una faceta profunda del hombre y de la realidad en general, que muchas veces pasa desapercibida. Nos ha mostrado la riqueza y la belleza radical que existe en la vida de los seres, y en la existencia toda. Gracias a que nos ha ense?ado el valor infinito del esp?ritu, su procedencia y su destino, nos ha desvelado la dignidad esencial del ser humano. No s?lo eso, tambi?n nos ha mostrado su falibilidad, su flaqueza. Esto incluso nos lo ha mostrado el mismo Jesucristo, que es Dios, y entonces, la figura del hombre cobra mayor luz todav?a. La dignidad humana no solamente es advertida por los cristianos, sino tambi?n por los no cristianos, incluso no creyentes, por eso hay fil?ntropos, por eso hay unos Derechos Humanos universales, porque tenemos capacidad de percibir lo bello, lo bueno y lo verdadero en los dem?s y advertir el valor que tienen.

Volviendo a nuestro tema, ?qu? pasa si no advertimos el valor de una persona? Cuando cerramos los ojos a la consideraci?n metaf?sica, espiritual, corremos el riesgo de juzgar a las personas de manera superficial y detenernos s?lo en un aspecto que puede ser negativo, y al juzgar un aspecto negativo, ya lo hacemos extensible a todo su ser, de modo absoluto, as? surge la ?persona mala?. Este impulso es una reacci?n frecuente, sobre todo afectiva, que puede corregirse con argumentos; pero tambi?n puede radicalizarse fomentando un odio visceral hacia esa persona. Es el mecanismo de los distintos fanatismos.

Cuando no tenemos la mirada m?s completa hacia los dem?s, tratando de descubrir el valor de cada uno por lo que es esencialmente, y lo reducimos a algo plano, simple, objetuable, deformado y anodino; cuando lo juzgamos como algo ?malo?, es entonces cuando despierta el sentimiento de aversi?n y de odio ?lo opuesto al amor?, y somos capaces de pasar por alto cualquier aspecto de bondad para sacarlo de nuestra vista o de nuestra vida.

Los mayores genocidios de la historia se llevaron a cabo por la simplificaci?n acerca del juicio del hombre, por su clasificaci?n en una categor?a que significaba ?malo?, ?p?simo?, ?aborrecible?, ?indeseable?. El motivo pudo haber sido no participar de una idea, de alguna creencia, por tener un color de piel o rasgos determinados, o por pertenecer a una cultura diferente, o peor todav?a, por pertenecer a un ?partido pol?tico?. Basta eso para dividir la sociedad en ?buenos? y ?malos?. La etiqueta nos ciega ante la realidad de una vida humana.

Al realizar esa reducci?n, el hombre se tiene que violentar porque va contra su naturaleza, que le lleva a descubrir el valor del ?otro?; y en esa transformaci?n se autodestruye moralmente. Puede buscar justificaciones para su acci?n, que m?s bien son excusas: he eliminado algo malo. Pero ?en realidad lo era?, m?s bien he pensado que lo era. Lo he percibido como una amenaza, como un da?o p?blico, como el mal encarnado. As? los hombres nos degeneramos moralmente. Muchas veces instigados por las mentiras de los poderosos, muchas veces forzados para sobrevivir, para que no sufran da?o nuestros seres queridos... hay muchas maneras, pero siempre se reduce a la triste dicotom?a: hombre bueno - hombre malo.

La verdad es que no hay hombres ?buenos? y hombres ?malos?; todos somos ?buenos y malos? en alg?n sentido, y nuestra lucha consiste en conquistar interiormente cada vez m?s cosas buenas, en todos los aspectos y facetas de nuestra vida; y dejar poca tregua a las cosas malas. M?s que ?hombres buenos? hay ?buenos hombres?, cuando en esa lucha interior ganan las virtudes y los valores que lo perfeccionan como ser humano; y hay ?malos hombres? cuando tienen muchas batallas perdidas y dejan de luchar por crecer en el bien. El buen hombre es el que pelea por evitar cometer actos malos y mantenerse en la b?squeda y consecuci?n de lo bueno; aunque tambi?n tenga cosas malas, que seguro las tiene.

Como cristianos tambi?n sabemos que hay un instigador del mal, que posee en s? el modo de obrar malvado, el demonio. Este es un misterio que dejo a los te?logos y m?sticos, as? como su influencia en hombres que ostentaron mucho poder y han causado las atrocidades que comentaba al principio. Lo que s? es bueno recordar es la lecci?n que nos ha dado Jesucristo y que nos recuerda Benedicto XVI, la esencia del cristianismo es amar a Dios y al pr?jimo; ?nicamente de esta manera alcanzaremos nuestra plenitud y nuestra felicidad. Es el amor el que purifica y profundiza nuestra mirada para ver en los dem?s sus muchos aspectos de bien. Es el amor el que ayuda a comprender y perdonar: la caridad, el agap?. Lo contrario nos hunde, nos destruye y con nosotros a los dem?s seres.

Esto no significa olvidarnos de la justicia, o pasar por alto las cosas malas. Esto no significa debilidad, nada m?s lejos. Lo malo se tiene que evitar y si hay culpa, tiene que haber un castigo que permita mantener el orden social. Lo que no podemos es jugar con la justicia a nuestro antojo y decidir arbitrariamente lo que es bueno o malo seg?n nuestros intereses, conveniencias o deseos. Qu? cosa sea lo bueno y lo malo es motivo de otra reflexi?n, porque ya alguno estar? pensando en la cr?tica de Moore y su falacia naturalista.

Esta cruzada de caridad que trae el cristianismo, este ejemplo que nos han dejado tantos santos a imitaci?n de Cristo, nos reclama mayor comprensi?n hacia los dem?s, especialmente hacia los que no han tenido la oportunidad de encontrarse con la luz divina de la revelaci?n. Esa comprensi?n har? que no nos precipitemos en juzgar y tachar a ?los otros? de ?malos?. S? hay que atacar las ideas, y defender la justicia, insisto, no estoy hablando de debilidad y mucho menos de estupidez, pero dejemos siempre un margen para admitir en los dem?s su aspecto de bondad. Si de entrada calificamos a alguien de ?hombre malo?, nos cerraremos a todo lo que ?l pueda mostrarnos, y nos podr?amos oponer a ideas v?lidas y leg?timas por nuestra cerraz?n.

Tal vez ?ste sea el momento de comenzar a practicarlo, ahora que se palpa un ambiente de crispaci?n en la sociedad espa?ola, cuando muchos intentan enfrentar a esa sociedad hablando de ?dos Espa?as? y mostrando los puntos de ruptura m?s que de uni?n. ?Realmente hay dos Espa?as? ?No ser? ?sta una divisi?n simplista que nuevamente intenta enfrentar a ?hombres buenos? y ?hombres malos??

Publicado por mario.web @ 2:31
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