Martes, 03 de mayo de 2011
Ponencia presentada en el 1er. Congreso Continental sobre Iglesia e Inform?tica, organizado por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, la Red Inform?tica de la Iglesia en Am?rica Latina (RIIAL), el TEC de Monterrery, el CELAM, la CEM...
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La cultura digital y la ?tica de la comunicaci?n
La cultura digital y la ?tica de la comunicaci?n


Manuel G?mez Granados. Director General del IMDOSOC, Secretario Ejecutivo de la Comisi?n Episcopal para los Laicos.


Ponencia presentada en el 1er. Congreso Continental sobre Iglesia e Inform?tica, organizado por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, la Red Inform?tica de la Iglesia en Am?rica Latina (RIIAL), el TEC de Monterrery, el CELAM, la CEM y la Arquidi?cesis de Monterrey, Monterrey, M?xico, 2?5.IV.03.

La Red Inform?tica de la Iglesia en Am?rica Latina (RIIAL) ?es la red propia de la Iglesia nacida para ser un nuevo medio para la comuni?n y la evangelizaci?n? Mons. John P. Foley.

La RIIAL inici? sus primeras pruebas t?cnicas en 1993 cuando todav?a Internet no estaba presente como fen?meno social. Fue creada por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales; IMDOSOC es miembro de la RIIAL.

?Creo que estamos ?condenados? a ser modernos. No podemos prescindir de la ciencia y de la t?cnica. El problema consiste en adecuar la tecnolog?a a las necesidades humanas y no a la inversa como ha ocurrido hasta ahora (...) Si queremos preservar la diversidad hay que defender a las sociedades tradicionales. La extinci?n de cada diferencia ?tnica y cultural significa la extinci?n de una posibilidad de supervivencia de la especie entera?.1

1. A manera de introducci?n

El d?a que comenz? el bombardeo sobre Irak, mi hijo de 13 a?os me dijo:

? Pap?, ?por qu? Irak no hace como en age of empires?
? ?C?mo hacen en tu juego?, pregunt?
? En el juego, cada jugador crea un ej?rcito a su gusto, y a la hora del ataque, si vas ganando, el ej?rcito contrario se rinde. Y t? dejas de atacarlos. As? se evitar?an tantos muertos.

No supe qu? contestarle. ?l pertenece a la generaci?n del videojuego y yo a la del libro. ?l est? acostumbrado a las im?genes, al movimiento continuo, a la realidad virtual, a aprender de cada juego con sus aciertos y errores. Por mi parte leo en silencio, palabra por palabra, y si es necesario vuelvo a leer el p?rrafo. Suelo preguntar, por deformaci?n profesional, no s?lo los c?mos concretos, sino para qu?, y mi hijo y su generaci?n se contentan con saber c?mo funcionan las cosas, no para qu? ni por qu?.

No se trata s?lo de dos educaciones distintas ni de la llamada ?brecha generacional?, sino de dos maneras de hablar, de ser, de ver el mundo, de estar en el mundo, precisamente como consecuencia del uso y consumo de las nuevas tecnolog?as. Situaci?n que refleja una creciente brecha entre consumidores y no consumidores de nuevas tecnolog?as; entre personas habituadas a la realidad virtual y personas acostumbradas s?lo al mundo real. Esa situaci?n produce un nuevo tipo de analfabetismo: el analfabetismo tecnol?gico con todas sus consecuencias, como puede ser una nueva forma de idolatr?a.

Dicho lo anterior, ofrezco a ustedes una justificaci?n de mi presencia aqu?:

En t?rminos generales, se trata de una especie de irrupci?n en el mundo de la comunicaci?n de un agente ocupado del desarrollo social. Tal vez, para atender el llamado de atenci?n de John B. Thompson,2 quien nuevamente se?ala el notable descuido de las teor?as sociales en el estudio de los medios de comunicaci?n.

Descuido que en cierto modo se percibe no s?lo en los cient?ficos sociales, sino tambi?n en te?logos, moralistas, promotores sociales y hasta en la doctrina social de la Iglesia. Creo que no hemos ca?do todav?a en la cuenta de su importancia e impacto. Por ello, en los an?lisis de la realidad solemos olvidar o soslayar el papel de los medios de comunicaci?n en el desarrollo hist?rico de las comunidades.

El mismo Thompson se?ala posibles razones de ese olvido:

? Cierta suspicacia hacia los medios por su fugacidad y superficialidad.
? Influencia del legado hist?rico del pensamiento cl?sico, que centraba su atenci?n en la racionalizaci?n y secularizaci?n como formas de superar el pasado.
? Urgencia de las transformaciones y de los cambios sociales desde una mentalidad premedi?tica.

Thompson advierte que si queremos comprender el impacto social del desarrollo de las nuevas tecnolog?as de comunicaci?n y de flujo de informaci?n, necesitamos olvidar la vieja idea de que los medios de comunicaci?n sirven para trasmitir informaci?n y contenido simb?lico a individuos cuyas relaciones con los otros se mantienen fundamentalmente inm?viles o estables, pues con el uso de los medios de comunicaci?n surgen nuevos tipos de relaciones sociales, nueva formas de relacionarse con los dem?s y con uno mismo, y se transforma la organizaci?n espacial y temporal de la vida social, creando nuevas formas de acci?n e interacci?n, y nuevos modos de ejercer el poder, disociados del hecho de compartir un lugar com?n.

Esta idea de Thompson, sin embargo, ya fue atendida por Manuel Castells en su oportuna obra de tres vol?menes: La Era de la Informaci?n (1996?1999),3 por muchos otros autores y por muchas universidades y academias, como el programa Europa?Mundi, que hoy se ocupan del estudio de los medios y su impacto social en el desarrollo hist?rico de las comunidades.

El soci?logo espa?ol Castells expresa que la informaci?n ha sido determinante en las sociedades del pasado y que hoy, gracias a las nuevas condiciones tecnol?gicas, la elaboraci?n y la trasmisi?n de las informaciones se vuelven fuentes basilares de productividad y poder. Es decir, hemos vivido una verdadera revoluci?n: El nacimiento de un modo de desarrollo, nunca antes visto, la informacionalizaci?n?. Castells hace ver que el desarrollo de los medios de comunicaci?n no es independiente de los procesos sociales e hist?ricos de largo alcance.

Por otra parte, creo que la nueva realidad tecnol?gica, y en creciente desarrollo, no es optativa para nadie, mucho menos para un cristiano que procura estar atento a los signos de los tiempos. Por eso, Castells tiene raz?n cuando expresa: ?Me imagino que alguien podr?a decir: ??Por qu? no me deja usted en paz? ?Yo no quiero saber nada de su Internet, de su civilizaci?n tecnol?gica, de su sociedad red! ?Lo ?nico que quiero es vivir mi vida!?. Muy bien, pues si ese fuera su caso tengo malas noticias para usted: si usted no se relaciona con las redes, las redes s? se relacionan con usted. Mientras quiera seguir viviendo en sociedad, en este tiempo y en este lugar, tendr? usted que tratar con la sociedad red. Porque vivimos en la Galaxia Internet?.4

2. Algunas constataciones


Dimensiones del fen?meno
Seg?n el Fondo de Naciones Unidas para la Poblaci?n (UNFPA), actualmente habitamos el planeta 6,721.1 millones de personas.

De esa poblaci?n, seg?n Estad?sticas Delta (http//delta.hypermart.net), en el 2002 hab?a 673 millones de usuarios de la red y se espera que para fines de 2003 sean 825.4 millones de usuarios.

El servicio de telecomunicaciones del gobierno mexicano dice que en M?xico, actualmente existen 4?683 mil usuarios de la red, y seg?n el informe de 2002 sobre desarrollo humano de la ONU, existen cerca de 600 mil p?ginas web en el mundo.

Estos datos ser?an incompletos si no se?alamos, al menos, que seg?n el PNUD 20% de la poblaci?n mundial realiza 84.2% del comercio mundial, acumula 85.5% del ahorro y controla 85% de la inversi?n global, mientras el 20% m?s pobre percibe 1.4% de la renta mundial y realiza 0.9% del comercio.

?De qu? hablamos, cuando hablamos del desarrollo tecnol?gico?

Sin pretender ser exhaustivo y mucho menos t?cnico, expreso algunos ejemplos de lo que todos ustedes saben: el campo de la comunicaci?n/informaci?n es uno de los que m?s se han desarrollado en los ?ltimos a?os, y es, adem?s, el que m?s potencial de crecimiento ofrece. De hecho un tercio del PIB mundial se invierte cada a?o en este campo. A la computadora personal cada vez m?s veloz y con mayor capacidad hay que a?adir la eclosi?n de la telefon?a m?vil, el vide?fono, la televisi?n anal?gica y la manipulaci?n virtual en tercera dimensi?n, con el manejo ?t?ctil? de esa realidad, como pueden ser ?rganos humanos, edificios, m?quinas, etc.

? Habr? que a?adir muy pronto el ?aparato informativo?, o ?telecomputadora?, especie de televisi?n y computadora que seg?n George Gilder5 ser?, antes de que termine esta d?cada, un aparato com?n e indispensable.

? Est? en proceso tambi?n la red neuronal, que simula el proceso del cerebro humano y que en lugar de enviar n?meros de c?digo y compilarlos uno por uno, organiza patrones de conexiones ponderados, aprende mediante errores y ejemplos, y elige sus interconexiones entre neuronodos.6

? La cyborg ya est? presente. Hoy es posible que las computadoras-robot realicen trabajos sencillos mediante el pensamiento. En desarrollo se encuentran las interfaces accionadas ocularmente y con la voz.

? No podemos olvidar los chips anal?gicos que son incre?blemente veloces y la nueva red de comunicaciones, que pretende que todos puedan utilizar tecnolog?a digitalizada, y que el Congreso de Estados Unidos aprob? en 1994 con el prop?sito de coordinar a todos los emisores, canales y receptores.

Un cambio cognoscitivo

M?s all? de los ejemplos, que pueden ser much?simos, lo que quisiera destacar es el cambio radical que este fen?meno representa para los seres humanos. Cambio que seg?n los especialistas s?lo puede compararse con el descubrimiento del alfabeto, de la imprenta y de la electricidad.7 M?s concretamente, el cambio impacta al conocimiento: ?Una de estas ideas, quiz?s la m?s aparente, es la tecnicidad del conocimiento, que no vale tanto por el saber mismo como por su uso eficaz: el saber es cada vez m?s manipulativo y, literalmente digital [...] intensificaci?n del conocimiento [...] constante segmentaci?n [...] priorizaci?n concedida al valor mismo del conocimiento, por delante de otros valores de la cultura [...] mediatizaci?n y globalizaci?n?.8

Con el cambio del y en el conocimiento adquieren mayor fuerza las palabras de Juan Pablo II: ?En nuestro tiempo es cada vez m?s importante el papel del trabajo humano en cuanto factor productivo de las riquezas inmateriales y materiales? (Centesimus Annus 31). Y enseguida a?ade el Santo Padre: ?Existe otra forma de propiedad, concretamente en nuestro tiempo, que tiene una importancia no inferior a la de la tierra: es la propiedad del conocimiento, de la t?cnica y del saber. En este tipo de propiedad, mucho m?s que en los recursos naturales, se funda la riqueza de las naciones industrializadas? (CA 32).

Esa constataci?n del nuevo rol del trabajo humano, que es m?s de pensamiento, inteligencia, creatividad, interacci?n con la tecnolog?a, etc., nos hace ver que se est? construyendo un ser humano distinto al que conoc?amos. Hay un cambio antropol?gico y por ende cultural. Me explico: no es que hablemos de una persona nueva en su esencia o en su naturaleza, sino nueva en su manera de ser, de vivir, de mirar, de pensar, de consumir, de relacionarse con los dem?s, de trabajar, de producir, y nuevo es tambi?n su entorno, como es la econom?a, la pol?tica, la cultura y su ethos vital. Por eso, autores como Guzm?n Carriquiry sostienen que vivimos un cambio de ?poca y no una ?poca de cambios.9

Ese cambio radical se da en el amplio y complejo proceso de la globalizaci?n que, mientras favorece a unos cuantos, deja excluidos y hasta con car?cter de prescindibles a la mayor?a. Se trata de un fen?meno de incre?ble injusticia y de desigualdad enorme: En 1960, el informe del PNUD se?alaba que 20% de la poblaci?n mundial recib?a 30 veces el ingreso del 20% m?s pobre. En 1995, el mismo informe se?ala que el 20% m?s rico recibe 82 veces el ingreso del 20% m?s pobre.

Ese mismo informe se?ala que las 225 personas m?s ricas del mundo poseen una riqueza equivalente al 47% de la poblaci?n m?s pobre del mundo. Como sabemos, la globalizaci?n ha dado prioridad a las finanzas, al grado de que hoy, seg?n Joseph N. Pelton, se mueven 100 billones de d?lares al a?o a trav?s de la red. Cifra muy superior a la producci?n mundial y a la econom?a real. Por tanto, las nuevas tecnolog?as son el veh?culo principal de la globalizaci?n.

Estrictamente hablando el fen?meno de la desigualdad no es nuevo, pero s? m?s agudo, m?s profundo y m?s injusto. Hoy se habla de ?brecha digital? y antes se hablaba de brecha entre alfabetas y analfabetas. De modo que parece necesario analizar m?s a fondo esa brecha, que evidentemente es injusta pero en el fondo no nueva, sino la consecuencia de decisiones y pol?ticas concretas. Lo nuevo es que la brecha la conocemos mejor gracias a la informaci?n inmediata o en tiempo real, que hoy somos m?s conscientes precisamente por la cantidad de informaci?n disponible, y que los cambios ?que siempre han existido? hoy son mucho m?s r?pidos y m?s patentes. Por eso, quiz?s habr? que globalizar las palabras del Santo Padre: ?para los pobres, a la falta de bienes materiales se ha a?adido la del saber y de conocimientos, que les impide salir del estado de humillante dependencia? (CA 33).

Curiosamente, 24 a?os antes de Centesimus Annus, Pablo VI se hab?a expresado en t?rminos muy parecidos: ?Verse libres de la miseria, hallar con m?s seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupaci?n estable; participar todav?a m?s en las responsabilidades, fuera de toda opresi?n y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser m?s instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener m?s para ser m?s: tal es la aspiraci?n de los hombres de hoy, mientras que un gran n?mero de ellos se ven condenados a vivir en condiciones que hacen ilusorio este leg?timo deseo? (Populorum Progressio 6).

Otros efectos

Quiz?s un punto importante sea destacar las resistencias que se observan un poco por todas partes ante las nuevas tecnolog?as. Resistencias que tampoco son nuevas, pues los seres humanos por regla general se resisten al cambio, a lo nuevo, a lo distinto, y prefieren quedarse en ?lo malo por conocido que en lo bueno por conocer?. Resistencias que, por otra parte, defienden y con toda raz?n su identidad, su historia, su conciencia, es decir, su cultura.

En donde se percibe pues, un cambio radical, que es consecuencia de la globalizaci?n y la concentraci?n de los medios, es en la cultura, que se va uniformando, igualando y perdiendo su densidad y especificidad individual, esto es, su identidad.

Para nadie es una novedad decir que los medios de comunicaci?n se concentran cada vez m?s en pocas manos y que en conjunto ofrecen pro-gramas y servicios iguales o muy parecidos. Todo esto trae como consecuencia una igualdad descendente, plana, acr?tica y quiz?s hasta hegem?nica. Asimismo, se constata un vac?o de leyes y normas en pr?cticamente todo el amplio campo de los medios. Parece reinar la ley de la selva, la competencia desenfrenada, la utilidad como ?nico motor y la mercantilizaci?n de las comunicaciones?informaciones, que se han convertido en simple mercanc?a de compra?venta, ajenas o independientes de la verdad. Es m?s, crece la idea de que toda informaci?n es conocimiento, aunque no se tenga la estructura mental para procesarla y mucho menos para utilizarla, por eso mismo se vuelve fugaz, vol?til, intrascendente. Tal parece que la informaci?n es fin en s? misma, que la informaci?n es cultura.

Antes se dec?a: ?nada pueden las leyes sin las costumbres?. Hoy lo que percibimos es que las costumbres cambian a una velocidad incre?ble, y las leyes, las normas y las instituciones o no cambian o cambian con mucha lentitud, de manera que van a la zaga, con mucho retraso.

Un fen?meno muy extendido y en crecimiento constante es la industria de la pornograf?a, de la violencia y de las redes de compraventa de armas, drogas y trato de blancas. Problemas, todos ellos, que merecen un severo juicio ?tico y legal, pero sin confundir el medio con el contenido y el uso que se les da. En el mismo caso, aunque de distinta ?ndole, est? el caso de violaci?n a la privacidad de las personas, los silencios adrede o la manipulaci?n de la informaci?n, y por supuesto la mentira y la corrupci?n.

No podr?a dejar de mencionar, adem?s, el fen?meno de los llamados medios alternativos, esto es, los medios peque?os, locales, caseros, ?siempre con escasez de recursos?, casi siempre artesanales, con tecnolog?a de ayer, que ofrecen en general un buen testimonio pero algunas veces poca calidad, poco profesionalismo y poca creatividad.

?Podemos recapitular?

Creo que estamos ante un cambio de ?poca verdaderamente revolucionario: vivimos una hipervaloraci?n de la cultura informativa mientras olvidamos la cultura valorativa, el discernimiento, la reflexi?n y el silencio; hoy podemos crear, aunque sea de manera virtual, cualquier cosa, objeto, pensamiento, de modo que los hechos anteceden a las ideas; la realidad se vuelve cada vez m?s virtual de modo que corre el riesgo de olvidarse el mundo real, la realidad real; los ni?os aprenden primero a jugar de manera solitaria y luego, si hay tiempo u oportunidades, a relacionarse e interactuar en el mundo real y con personas concretas.

Los ni?os hoy est?n saturados de informaci?n, de distractores, de Internet, de chat, de navegaci?n, de videojuegos y juguetes electr?nicos ?casi todos para uso individual?, mientras los pap?s est?n ausentes, ocupados. Quiz?s tambi?n en una computadora o en Internet. El trabajo y el sentido del trabajo han cambiado; la tecnolog?a crea adicci?n y angustia; de tanto ver sin estar f?sicamente presentes, podemos acabar viendo sin sentir, con lo cual se adormece la conciencia. El ser humano se vuelve insensible, se torna acr?tico, individualista, insolidario. Existen pues, fracturas en lo m?s profundo del esp?ritu humano que empobrecen el ser de la persona.

El antiguo conflicto entre trabajo capital se ha desplazado al conflicto Estados desarrollados vs Estados en desarrollo.

La soberan?a nacional pr?cticamente ya no existe. Hoy los grandes consorcios financieros son los soberanos y son ellos los que imponen las reglas y las condiciones.

El trabajo humano ya casi no es motivo de realizaci?n personal, est? perdiendo su dimensi?n subjetiva para convertirse en simple ocupaci?n. Adem?s, crece el teletrabajo y la desocupaci?n o desempleo, en parte por la eficacia de las nuevas tecnolog?as.

Se hab?a dicho que al liberar tiempo del trabajo habr?a m?s oportunidades de ocio creativo, de convivencia familiar, de trabajo social o voluntario. Sin embargo, las cosas no han sido as?. M?s bien, ha crecido el estr?s, la angustia, el sentido de inestabilidad y las horas dedicadas al consumo de medios, muchas veces como escape de la realidad.

La educaci?n ha olvidado, en buena medida, a la persona. La formaci?n humanista, el sentido comunitario, c?vico y pol?tico brillan por su ausencia. Ahora casi todo se reduce a ense?ar computaci?n e ingl?s, y si es en otro pa?s mucho mejor. Algunas personas, pocas realmente, han optado por las organizaciones de la sociedad civil, mal llamadas ONG?s, pero con riesgo de olvidar la participaci?n pol?tica y el cambio de leyes y estructuras injustas. Se trata de una especie de ?fuga pol?tica? para refugiarse en un voluntariado social no siempre radical, sino blandengue, comodino e instalado.

Parece que estamos formando seres aut?rquicos, individualistas y pragm?ticos, chatos en creatividad, imaginaci?n y respeto a la naturaleza; incapaces de valorar lo no cuantificable; ambiciosos, materialistas, sin l?mites, y empobrecidos en su existencia humana al reducir las relaciones yo?t? a yo?m?quina. Con esas personas, la sociedad que se construye es una sociedad autista, por decir lo menos.

Un panorama as? no resulta halag?e?o ni ofrece condiciones ni esperanzas para crear un mundo mejor.

La t?cnica y la tecnolog?a parecen volverse contra la persona humana en lugar de estar a su servicio. Como hab?a advertido Juan Pablo II: ?El hombre actual parece estar siempre amenazado por lo que produce, es decir, por el resultado del trabajo de sus manos y m?s a?n por el trabajo de su entendimiento, de las tendencias de su voluntad. Los frutos de esta m?ltiple actividad del hombre se traducen muy pronto y de manera a veces imprevisible en objeto de ?alienaci?n?, es decir, son pura y simplemente arrebatados a quien los ha producido; pero, al menos parcialmente, en la l?nea indirecta de sus efectos, esos frutos se vuelven contra el mismo hombre; ellos est?n dirigidos o pueden ser dirigidos contra ?l. En esto parece consistir el cap?tulo principal del drama de la existencia humana contempor?nea en su dimensi?n m?s amplia y universal. El hombre por tanto vive cada vez m?s en el miedo? (Redemptor Hominis 15).

3. Algunos elementos de juicio

Los medios, ?dones o monstruos?

No comparto el pesimismo y la cr?tica ideologizada ante los medios, las tecnolog?as infovirtuales y el gigantesco desarrollo que estamos experimentando. Percibo riesgos, y muchos, percibo omisiones, percibo intereses de todo tipo pero veo m?s retos y oportunidades. Veo, sinceramente, el porvenir con esperanza.

Pienso que tienen parte de raz?n pensadores como Karl Popper, Paul Virilio y hasta Giovanni Sartori cuando hacen una valoraci?n negativa de los medios, particularmente de la televisi?n. Sin embargo, creo que el fondo de la cuesti?n es otro: Por un lado la ambici?n desmedida del capitalismo, el af?n de ganancia, la competencia desenfrenada; y por otro, la escasa evangelizaci?n y la casi total ausencia de formaci?n de la conciencia de los diferentes agentes. Hoy es com?n reconocer que falta evangelizaci?n en todos los niveles y en todos los sectores, que falta catequesis y un empe?o m?s decidido por asumir que el mundo se encuentra en estado de misi?n. Creo que esa constataci?n la hizo el Santo Padre, al convocarnos a una nueva evangelizaci?n, para volver a encontrarnos personalmente con Cristo. Paul Ricoeur lo expresa bellamente: ?Como oyente de la predicaci?n cristiana, creo que la palabra es capaz de cambiar el ?coraz?n?, esto es, el centro manantial de nuestras preferencias y de nuestras actitudes?.10

El problema pues, no es el ingenio humano ni lo que produce, sino el mal uso de la libertad, de manera que no basta la denuncia si no buscamos y tratamos de construir soluciones entre todos, a trav?s del di?logo, del conocimiento mutuo, de la aceptaci?n de las leg?timas diferencias... Me parece, en este contexto, que podemos repetir las palabras de Pablo VI: ?Que cada cual se examine para ver lo que ha hecho hasta aqu? y lo que debe hacer todav?a. No basta recordar principios generales, manifestar prop?sitos, condenar las injusticias graves, proferir denuncias con cierta audacia prof?tica; todo ello no tendr? peso real si no va acompa?ado en cada hombre por una toma de conciencia m?s viva de su propia responsabilidad y de una acci?n efectiva. Resulta demasiado f?cil echar sobre los dem?s la responsabilidad de las presentes injusticias, si al mismo tiempo no nos damos cuenta de que todos somos tambi?n responsables, y que por tanto, la conversi?n personal es la primera exigencia? (Octogesima Adveniens 48).

Estoy convencido de que a trav?s de las nuevas tecnolog?as estamos en condiciones de construir la gran familia humana y una vida buena para todos, en la que al respeto por la dignidad humana se una la solidaridad, la integraci?n y las posibilidades reales de desarrollo. La humanidad no est? fatalmente determinada. Cristo es el Se?or de la historia y de la activa par-ticipaci?n de todos dependen ?los cielos nuevos y la tierra nueva? (Ap 21, 1). Pienso que es el Se?or quien hoy nuevamente nos dice: ?En el mundo encontrar?is dificultades y tendr?is que sufrir, pero ??nimo!, Yo he vencido al mundo? (Jn 16, 33).

Por ello, y a pesar de los riesgos, felicito al Santo Padre y al Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales porque siguen defendiendo el derecho a la libertad de informaci?n, que en su acepci?n moderna incluye libertad de pensamiento, de expresi?n, de prensa, etc., y siguen considerando a los medios como dones de Dios para el servicio de la persona humana.

a) ??tica para qu??

Existen actos y conductas que todos calificamos como buenos o malos, a la reflexi?n sobre esos actos, en t?rminos generales, le llamamos ?tica.

El t?rmino ?tica proviene del griego ethos que significa ?lugar donde uno habita?, ?morada?, ?modo de ser?. Por eso, todo pueblo, toda generaci?n y toda persona posee siempre su ethos. La ?tica es el car?cter que cada quien se va forjando a lo largo de su vida, de los h?bitos que a fuerza de repetici?n de actos se construyen. No se trata, por tanto, del temperamento con el que cada uno nace, sino de un aprendizaje.

Moral proviene del lat?n mor, mores y significa lo mismo que la ?tica, de ah? que sean sin?nimos. Sin embargo, los fil?sofos como J. L. Aranguren distinguen dos niveles en este campo: a la moral pensada, reflexionada, analizada, le llaman ?tica, y a la moral vivida le llaman simplemente moral.

La ?tica, entendida como moral pensada y concebida de manera din?mica, tiene tres grandes tareas:

a) Tratar de definir en qu? consiste la moral.
b) Fundamentar la moral en la raz?n.
c) Ofrecer directrices para su aplicaci?n a la vida concreta.

De este modo, la ?tica reflexiona sobre la moralidad en su conjunto pero no decide por nosotros ni ofrece recetas de cocina. Las decisiones morales son siempre personales e intransferibles.

Cuando se trata de un grupo, una profesi?n, una actividad concreta, las personas buscan crear sus c?digos ?ticos o deontol?gicos.

En los ?ltimos cinco lustros ha habido una verdadera invasi?n de textos que tienen que ver con la ?tica en las comunicaciones sociales. La bibliograf?a es muy abundante, muy plural y en algunos casos verdaderamente especializada. Sin embargo, en muchos casos los textos tratan de un momento segundo: hablan de moral concreta sin que exista un momento primero en el que se definan los puntos de partida, los principios, la fundamentaci?n general. En realidad, la ?tica no puede tener otra fundamentaci?n que la persona humana, y el reconocimiento de su inevitable dimensi?n moral. Si la persona humana es libre debe responder por sus actos y no existe actividad humana que no sea objeto de la ?tica.

En el caso de los medios de comunicaci?n y habida cuenta del mundo plural ?aldea global? en el que vivimos, se impone la necesidad de una ?tica pero no cualquier ?tica, ni mucho menos refritos de ?ticas de otros tiempos. Tambi?n aqu? tenemos un desaf?o. Por ahora me refiero a una ?tica abierta, amplia, de consideraciones b?sicas que cada uno debe concretar en la deliberaci?n de su conciencia, una ?tica quiz?s de m?nimos pero, al fin y al cabo, una ?tica capaz de ser escuchada por cat?licos y no cat?licos, una ?tica capaz de sumar, de ganarse un espacio en el supermercado global de propuestas ?ticas, una ?tica dial?gica, centrada en la persona humana.

Esa ?tica abierta que sugiero no es una ?tica relativista ni mucho menos una propuesta ?tica de ?pensamiento d?bil?, sino una ?tica de pensamiento fuerte pero abierta, interpelada e interpelante, ?tica autocr?tica y propositiva. Evidentemente no estoy hablando con un discurso para ?convencer a los convencidos?. La verdad sobre la persona humana la propone la Iglesia como un servicio a la humanidad, y la ?tica que se deriva de ello es la que deber?a ser aceptada por su propio peso, a condici?n de que la propongamos con argumentos de raz?n y no tratemos de imponerla con argumentos de autoridad.

En la ?tica es com?n distinguir un nivel personal o ?tica de la persona, y otro nivel comunitario o social. Son como las dos caras de una moneda. Para los cristianos la ?tica social se encuentra en la doctrina social de la Iglesia. Dicho de otro modo, la doctrina social de la Iglesia es la ?tica social que expresa las exigencias del Evangelio y se encuentra con las ciencias y los quehaceres humanos en fecundo di?logo (cfr. Ideario del IMDOSOC ,1.1).

En el caso de las comunicaciones/informaciones sociales en las que participa la Iglesia, me parece que la ?tica m?s adecuada es precisamente la doctrina social de la Iglesia, que persigue dos objetivos:11

1) Ayudar a formar la conciencia social de los cat?licos.
2) Hacer una contribuci?n al debate p?blico sobre la moderna cuesti?n social.

Aqu? est?n dos tareas de enormes proporciones y consecuencias concretas para todos nosotros.

b) ?Qu? ofrece la ?tica social cristiana?

1) Visi?n global del hombre y de la humanidad (PP 13)

La Iglesia precisamente nos ofrece lo que ella posee gracias al Evangelio: la verdad sobre el hombre. Esta se encuentra en una antropolog?a que la Iglesia no cesa de profundizar y comunicar (cfr. Juan Pablo II, discurso inaugural de Puebla, I.9).

De esa verdad sobre el hombre se desprende la convicci?n de que todo hombre y mujer son personas, que son una unidad de cuerpo y alma, que poseen inteligencia, voluntad libre y afectividad; que el ser humano es de naturaleza social, de modo que no puede vivir ni realizarse si no es en sociedad, de donde se desprende la solidaridad y la subsidiaridad; que para vivir ordenada, justa y pac?ficamente en sociedad es necesario que exista una autoridad leg?tima, y que la raz?n de ser de toda autoridad es el bien com?n.

2) Vocaci?n al desarrollo

La doctrina social de la Iglesia sostiene que ?en los designios de Dios, cada hombre est? llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocaci?n dada por Dios para una misi?n concreta. Desde su nacimiento, ha sido dado a todos, como en germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar; su floraci?n, fruto de la educaci?n recibida en el propio ambiente y del esfuerzo personal, permitir? a cada uno orientarse hacia el destino que le ha sido propuesto por el Creador. Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvaci?n. Ayudado, y a veces estorbado, por los que lo educan y lo rodean, cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre ?l se ejercen, el art?fice principal de su ?xito o de su fracaso: por s?lo el esfuerzo de su inteligencia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en humanidad, valer m?s, ser m?s? (Populorum Progressio 15).

Esa vocaci?n al desarrollo es un deber personal y comunitario, y se consigue ordinariamente mediante el estudio, el esfuerzo y el trabajo (cfr. PP 16?17).

3) ?Sabidur?a o t?cnica?

La Iglesia nos advierte: ?El porvenir del mundo corre peligro si no se forman hombres m?s instruidos en esta sabidur?a (la del esp?ritu)... Muchas naciones econ?micamente m?s pobres, pero m?s ricas en sabidur?a, pueden prestar a los dem?s una extraordinaria utilidad? (PP 40). Necesitamos m?s sabidur?a para que la tecnolog?a sirva al bien del hombre.

4) Derechos y deberes humanos

Todo ser humano, por ser persona, posee derechos y deberes que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su propia naturaleza (cfr. Pacem in Terris 9). Entre esos derechos existe por naturaleza el derecho a pensar, a expresarse, a asociarse, a participar. Por ello, corresponde a la naturaleza humana el derecho a la libertad de expresi?n ?incluso si est? equivocado o propaga errores?, sin m?s l?mite que el respeto a las dem?s personas y al bien p?blico. As? que, necesitamos defender, promover y garantizar siempre y para todos el derecho a la libertad de expresi?n, a?n si existen personas que usen dicho derecho para fines contrarios al bien. Sin embargo, como a todo derecho corresponde un deber, cada persona debe responder por el uso que haga de su libertad de expresi?n. Y las leyes deben contemplar los casos concretos para salvaguardar la dignidad humana.

5) La empresa

Toda persona tiene derecho a la iniciativa econ?mica (cfr. Sollicitudo Rei Socialis 15) sea individual o asociadamente. El manejo organizado de los medios de comunicaci?n se constituye ordinariamente en una empresa.

Es l?gico que la iniciativa econ?mica busque beneficios econ?micos, sin embargo, esa no puede ni debe ser la ?nica raz?n de la empresa.


Publicado por mario.web @ 10:00
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