Martes, 03 de mayo de 2011
En la recepci?n del Concilio, ?qu? se ha hecho bien?, ?qu? ha sido insuficiente o equivocado?, ?qu? queda a?n por hacer?
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?C?mo percibe Benedicto XVI el Concilio Vaticano II?
?C?mo percibe Benedicto XVI el Concilio Vaticano II?
Las dificultades de afrontar un Concilio.
Toca a Benedicto XVI dirigir la barca de la Iglesia en momentos de gran dificultad, pero tambi?n de gran esperanza. Han pasado ya los tiempos de exaltaci?n, cuando a ra?z del Concilio se pensaba, quiz?s en forma irreflexiva y guiados solamente por la emotividad de la nueva situaci?n, que el trabajo de la Iglesia a partir de ese momento, ser?a s?lo el de cambiar una cierta fachada, ya obsoleta, para introducir estructuras m?s s?lidas, de acuerdo con los tiempos actuales.

A Pablo VI le toc?, de alguna manera, frenar esos ?mpetus reformistas que no ten?an ning?n fundamento teol?gico pero que, desgraciadamente se fueron infiltrando en la Iglesia. Dos son los documentos que atestiguan las direcciones y los canales que Pablo VI hab?a dado a la vida consagrada, con el fin de evitarla verla caer en una adaptaci?n demasiada apegada a los criterios del mundo: el Motu propio Ecclesia sanctae y la exhortaci?n apost?lica Evangelica testificatio. En dichos documentos se nota claramente algunas desviaciones que comenzaban a darse en la interpretaci?n de las normas conciliares para la vida consagrada. Vale la pena reportar en estos renglones la insistencia de Pablo VI por hacer que los lineamientos dados por el decreto Perfectae caritiatis pudieran llevarse a cumplimiento. ?Gli Istituti avranno cura che i principi stabiliti nel n. 2 del Decreto Perfectae caritatis guidino realmente il rinnovamento della loro vita religiosa; per cui:
1. Lo studio e la meditazione dei Vangeli e di tutta la Sacra Scrittura siano promossi pi? intensamente presso i membri, fin dal noviziato; parimenti bisogna fare in modo che partecipino con mezzi pi? adeguati al mistero e alla vita della Chiesa;
? 2. La dottrina della vita religiosa sia studiata e presentata sotto i diversi aspetti (teologico, storico, canonico,ecc.); ? 3. Per procurare il bene stesso della Chiesa, gli Istituti perseverino nello sforzo di conoscere esattamente il loro spirito d?origine, affinch?, mantenendolo fedelmente negli adattamenti che dovranno fare, la loro vita religiosa sia purificata dagli elementi estranei e da quelli caduti in disuso. Bisogna considerare caduti in disuso gli elementi che non costituiscono la natura e i fini dell?Istituto e che, avendo perduto il loro senso e la loro forza, non aiutano pi? realmente la vita religiosa; si terr? fermo tuttavia che c?? una testimonianza che lo stato religioso ha il dovere di portare? . 1

Podemos afirmar que a Juan Pablo II le toc? poner en pr?ctica todos los lineamientos y las directrices propuestas por el Concilio Vaticano II. Durante su largo y proficuo Pontificado tuvo la oportunidad de conocer los problemas que aquejaban a la vida consagrada, la insidia de la secularizaci?n en la misma vida consagrada y el camino desviado que algunas Congregaciones hab?an ya tomado. Famoso en este aspecto es su intervenci?n en el caso de la vida consagrada en Estados Unidos, al inicio de los a?os ochentas, que desembocar? en la redacci?n de una carta 2 y del documento Elementos esenciales de la vida consagrada.

Benedicto XVI recibe en herencia un panorama nada halag?e?o de la vida consagrada. El envejecimiento, la falta de vocaciones y la p?rdida, en algunas congregaciones, del sentido de la consagraci?n, se unen a la insidia de la secularizaci?n y la falta de esperanza por parte de muchas religiosas que viven su vida consagrada, m?s con resignaci?n, que con verdadera pasi?n por Cristo y por la humanidad. Pasados cuarenta a?os de la clausura del Concilio, toca a Benedicto XVI tomar el pulso a la vida consagrada y dar las directrices m?s oportunas para el momento actual. Este momento lo describe Benedicto XVI, tomando pie de la descripci?n que hace San Basilio sobre la situaci?n de la Iglesia despu?s del Concilio de Nicea: ?El grito ronco de los que por la discordia se alzan unos contra otros, las charlas incomprensibles, el ruido confuso de los gritos ininterrumpidos ha llenado ya casi toda la Iglesia, tergiversando, por exceso o por defecto, la recta doctrina de la fe?? .3

El panorama descrito por el santo se asemeja bastante a la situaci?n por la que atravesamos en nuestros d?as, y Benedicto XVI no tiene empacho en decirlo. Son momentos de una gran confusi?n en la Iglesia, en donde parece ser que cada te?logo se erige como sumo pont?fice y nadie tiene el derecho de contradecirlo. En d?nde para muchos la verdad no existe o es inalcanzable. En d?nde cada quien puede hacer lo que le parezca, cobijado con una supuesta libertad que est? terminando por ser libertinaje. En d?nde la mentalidad secularizada interpreta los votos en formas m?s parecidas a un organismo gubernamental que a una obra querida por Dios. En d?nde el sentido de la misi?n se diluye en obras de car?cter eminentemente social.

Benedicto XVI sin alarmismos no niega la realidad que debe afrontar. Como gran acad?mico, es conocedor de la historia y constata, sin sobresaltos o vanas emociones, que el momento por el que atraviesa la Iglesia no es nada f?cil. Esta situaci?n, generada no por el Concilio, sino por la recepci?n del mismo, debe ser enfrentada con calma y con trabajo. En sus reuniones con obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, no cesa de invitar al trabajo sereno. Se da cuenta que no existen recetas m?gicas para salir de esta situaci?n, sino que es el trabajo inteligente el que dar? las respuestas necesarias. Es una constante en sus numerosos discursos a la vida consagrada, del que se?alamos el dirigido a los superiores y superioras generales reunidos en Roma el 22 de mayo de 2006: ?Los consagrados y las consagradas hoy tienen la tarea de ser testigos de la transfigurante presencia de Dios en un mundo cada vez m?s desorientado y confuso, un mundo en el que colores difuminados han sustituido a los colores claros y n?tidos. Ser capaces de ver nuestro tiempo con la mirada de la fe significa poder mirar al hombre, el mundo y la historia a la luz de Cristo crucificado y resucitado, la ?nica estrella capaz de orientar al hombre que avanza entre los condicionamientos de la mentalidad inmanentista y las estrecheces de una l?gica tecnocr?tica.? 4


El papel de la ideolog?a en recepci?n del Concilio.
Benedicto XVI en su calidad de sumo pont?fice, no cesa de invitar a la vida consagrada a poner en pr?ctica las ense?anzas del Concilio Vaticano II y del Magisterio de la Iglesia. Una lectura atenta de la Perfectae caritatis, de Ecclesiam sanctae II parte, de Vita consecrata y de todos los documentos emanados por el dicasterio para la vida consagrada, nos hace pensar que las directrices para la adecuada renovaci?n de la vida consagrada se fueron dando en forma paulatina, como correspond?a a una sana pedagog?a.

Se comenz? con Religiosos y promoci?n humana en abril de 1978, para guiar los nuevos impulsos apost?licos de la vida consagrada y para dirigir aquellas congregaciones que comenzaban a desviarse principalmente por olvidarse de su carisma o por dedicarse a un trabajo demasiado horizontal, perdiendo de vista la dimensi?n sobrenatural de la misi?n .5
Tenemos tambi?n la cuesti?n de las relaciones entre los Obispos y los religiosos en el documento Mutuae relationes del 14 de mayo de 1978 y la reafirmaci?n del valor de la vida contemplativa de la vida religiosa en el documento que lleva precisamente el t?tulo de La dimensi?n contemplativa de la vida religiosa, del mes de marzo de 1980.

En este recuento de documentos se habla incluso de las caracter?sticas esenciales de la vida consagrada, en un momento de gran confusi?n, donde muchos sectores de la Iglesia contestaban los votos, la vida fraterna en comunidad y otros elementos esenciales de la vida consagrada. ?La Iglesia considera ciertos elementos como esenciales para la vida religiosa: la vocaci?n divina, la consagraci?n mediante la profesi?n de los consejos evang?licos con votos p?blicos, una forma estable de vida comunitaria, para los institutos dedicados a obras de apostolado, la participaci?n en la misi?n de Cristo por medio de un apostolado comunitario, fiel al don fundacional espec?fico y a las sanas tradiciones; la oraci?n personal y comunitaria, el ascetismo, el testimonio p?blico, la relaci?n caracter?stica con la Iglesia, la formaci?n permanente, una forma de gobierno a base de una autoridad religiosa basada en la fe. Los cambios hist?ricos y culturales traen consigo una evoluci?n en la vida real, pero el modo y el rumbo de esa evoluci?n son determinados por los elementos esenciales, sin los cuales, la vida religiosa pierde su identidad.? 6

En 1984, a los seis a?os de haber subido a la c?tedra de San Pedro, Juan Pablo II regala al mundo de la vida consagrada la enc?clica Redemptionis donum , 7que si bien es una revisi?n de la consagraci?n a la luz de la redenci?n, precisamente para celebrar el A?o jubilar de la redenci?n, se convertir? en gu?a de los siguiente documentos magisteriales.

Y en la l?nea de la formaci?n, el magisterio dio a conocer en el documento Orientaciones sobre la formaci?n en los Institutos religiosos (2.2.1990) los lineamientos para formar las personas consagradas precisamente en estos elementos esenciales. Uno de estos elementos, la vida fraterna en comunidad, por la importancia que tiene para la vida consagrada, y por ser uno de los elementos m?s golpeados despu?s del Concilio, requiri? la elaboraci?n de todo un documento dedicado a ?l: Vita fraterna en comunidad, del 2 de febrero de 1994.

Un punto y aparte merece el tratamiento del documento de Vita consecrata de Juan Pablo II, que el 25 de marzo de 1996 deja para la posteridad lo que bien podr?amos definir como un manual de teolog?a de la vida consagrada para la adecuada renovaci?n. Sin descuidar ninguno de los campos de la vida consagrada, profundiza en cada uno de ellos y no s?lo. Invita a la vivencia plena y gozosa de esos elementos, dando directrices claras y objetivas para ponerlo a cabo. Es una s?ntesis de lo que el per?odo de renovaci?n ha aportado a la vida consagrada y es un plan de trabajo para el futuro de cada congregaci?n, para cada comunidad y para cada persona consagrada.

Para la pastoral vocacional en 1997 se escribi? en documento Nuevas vocaciones para una nueva Europa ,8 que si bien dedica su atenci?n al problema de la escasez del cultivo de las vocaciones en Europa, se puede aplicar toda la parte de la pastoral a todas las zonas del mundo.

Los problemas originados por la escasez en el cultivo de las vocaciones, la falta de formadores dedicados a tiempo completo a la formaci?n de sus miembros, el aprovechamiento de los recursos escasos de la formaci?n y la puesta en marcha de iniciativas que involucraban a varios institutos de vida consagrada dieron origen al documento La colaboraci?n entre los Institutos para la formaci?n, del que se propon?a resolver algunas cuestiones concretas, como: ?la relaci?n entre la identidad de cada instituto y a la comuni?n en la diversidad, entre el prop?sito de los centros de ofrecer un servicio a todos y la leg?tima libertad de los institutos de servirse de ellos o no. Otros se refieren a la visi?n de la vida religiosa apost?lica que est? en la base del proyecto pedag?gico y, por lo mismo, de la articulaci?n de los programas y de los criterios de elecci?n del personal docente. Otros, en fin, se refieren a la participaci?n efectiva de los responsables de la formaci?n de los institutos, a la verificaci?n de la formaci?n, a las condiciones reales que permiten transformar la convivencia temporal en los centros en una experiencia de profunda comuni?n eclesial y de aut?ntica formaci?n espiritual y apost?lica, abierta a las necesidades de la evangelizaci?n? . 9

Para recoger los frutos del a?o jubilar de inicios del tercer milenio, se redact? el documento Caminar desde Cristo que con fecha del 19 de mayo del 2002, aborda el tema del renovado empe?o por vivir la santidad en la consagraci?n, como fruto del jubileo.

Por ?ltimo el tan dif?cil tema de la autoridad es tratado con maestr?a por el cardenal Franc Rod? en el documento que lleva por t?tulo El servicio de la autoridad y la obediencia del 11 de mayo de 2008.

Los temas tratados por el Magisterio de la Iglesia en estos ?ltimos m?s de cuarenta a?os abrazan una gran variedad de situaciones y circunstancias de la vida consagrada, que comprenden su esencia y su vida en el mundo actual. Benedicto XVI no cesa de pedir constantemente la actuaci?n de dichos principios, tom?ndolos como punto de referencia para sus ense?anzas a la vida consagrada: ?Deseo que las indicaciones fundamentales ofrecidas entonces por los padres conciliares para el camino de la vida consagrada sigan siendo tambi?n hoy fuente de inspiraci?n para quienes comprometen su existencia al servicio del Reino de Dios. Me refiero ante todo a esa que el decreto ?Perfectae caritatis? califica como ?vitae religiosae ultima norma?, ?la suprema norma de vida religiosa?, es decir, ?el seguimiento de Cristo?. No se puede lograr una aut?ntico relanzamiento de la vida religiosa si no es tratando de llevar una existencia plenamente evang?lica, sin anteponer nada al ?nico Amor, sino encontrando en Cristo y en su palabra la esencia m?s profunda de todo carisma del fundador y de fundadora. Otra indicaci?n de fondo que dio el Concilio es la del generoso y creativo don de s? a los hermanos, sin ceder nunca a la tentaci?n de replegarse en s? mismo, sin conformarse con lo ya hecho, sin caer en el pesimismo y el cansancio. El fuego del amor, que el Esp?ritu infunde en los corazones lleva a interrogarse constantemente sobre las necesidades de la humanidad y sobre c?mo responder a ellas, sabiendo que s?lo quien reconoce y vive la primac?a de Dios puede realmente responder a las aut?nticas necesidades del hombre, imagen de Dios.? 10

Todo este arsenal de documentos viene a representar lo que podr?a considerarse la teolog?a de la vida consagrada. Como parte de la teolog?a, es un saber sistem?tico y ordenado de la verdad revelado sobre las cuestiones de la vida consagrada. ?El objetivo fundamental al que tiende la teolog?a consiste en presentar la inteligencia de la Revelaci?n y el contenido de la fe.? Al cabo de estos cuarenta a?os, el esfuerzo del magisterio de la Iglesia y de muchos te?logos de sana doctrina, ha sido el de presentar en forma sistem?tica el pensamiento de Dios sobre la vida consagrada, formando el intellectus fidei de la vida consagrada, que no es sino ?la comprensi?n de la verdad revelada.? 12 Para llevar a cabo esta labor se necesita aceptar el hecho de que podemos conocer la verdad, y m?s a?n, la verdad revelada. Juan Pablo II lo afirmaba en la Enc?clica Veritatis splendor y pon?a en guardia contra las nuevas tendencias que negaban esta posibilidad: ?Como se puede comprender inmediatamente, no es ajena a esta evoluci?n la crisis en torno a la verdad. Abandonada la idea de una verdad universal sobre el bien, que la raz?n humana puede conocer, ha cambiado tambi?n inevitablemente la concepci?n misma de la conciencia: a ?sta ya no se la considera en su realidad originaria, o sea, como acto de la inteligencia de la persona, que debe aplicar el conocimiento universal del bien en una determinada situaci?n y expresar as? un juicio sobre la conducta recta que hay que elegir aqu? y ahora; sino que m?s bien se est? orientado a conceder a la conciencia del individuo el privilegio de fijar, de modo aut?nomo, los criterios del bien y del mal, y actuar en consecuencia. Esta visi?n coincide con una ?tica individualista, para la cual cada uno se encuentra ante su verdad, diversa de la verdad de los dem?s. El individualismo, llevado a sus extremas consecuencias, desemboca en la negaci?n de la idea misma de naturaleza humana.? 13

Pero frente a esta posibilidad se da un cierta postura, incluso en la Teolog?a de la vida consagrada, que opina lo contrario, es decir, que no es posible conocer la verdad, dando origen por tanto a verdades parciales o subjetivas. Esta postura, la de relativizar la verdad revelada y exaltar los puntos de vista personales, ha dado origen a no pocas confusiones y desviaciones en la vida consagrada. Si la verdad no se puede conocer, o es inalcanzable, como muchos suponen, entonces cada opini?n tiene un gran peso, porque forma parte de la verdad. En lugar de tener como punto seguro la verdad revelada, condensada en el Magisterio de la Iglesia, no pocas personas consagradas se lanzan a construir su propia teolog?a de la vida consagrada, bas?ndose en sus muy particulares puntos de vista.

Esta postura da origen a una ideolog?a, en donde ciertos valores se exaltan y se proclaman como los valores supremos que deben conseguirse, valores que muchas veces no tienen nada que ver con la verdad revelada. La ideolog?a, en tiempos del posconcilio se explica por distintas circunstancias que se acumulan y dan pie a su nacimiento.

En primer lugar no podemos olvidar el hecho de que nuestra sociedad y nuestra cultura cambian con una rapidez nunca antes vista en la historia de la humanidad. Las innovaciones tecnol?gicas, la rapidez con la que la informaci?n llega a todos los puntos del planeta, la proliferaci?n de una cultura de masa en d?nde la opini?n individual se opaca para dar paso a la opini?n p?blica, originan cambios en la cultura con una rapidez que hace dif?cil, sino imposible, su asimilaci?n a un c?digo de valores previamente establecidos. Estos c?digos son saltados, con el fin de asimilar lo m?s pronto posible los cambios que se dan en la cultura y as? no aparecer como desfasado, atrasado o fuera de lugar de este mundo.

Estos cambios no son ?nicamente de orden tecnol?gico, sino que afectan en lo m?s hondo el interior de las personas, su escala de valores, su concepci?n de s? mismo y del mundo. Son cambios que afectan lo m?s hondo de las personas, su aspecto moral. En la vida consagrada este aspecto moral se puede equiparar a la dimensi?n sobrenatural de la misma vida consagrada. Los cambios cuestionan profundamente el sentido del seguimiento de Jesucristo. Y como muchos de estos cambios se refieren a la secularizaci?n del mundo, la esencia de la vida consagrada, el seguimiento m?s cercano de Jesucristo, viene constantemente confrontado, cuestionado e interpelado. Para dar una respuesta a estos est?mulos, a estas provocaciones, deber?a iniciarse un proceso de investigaci?n de la verdad, basado en el Magisterio de la Iglesia sobre la vida consagrada. De esta manera, podr?a tenerse una v?lida opini?n, fundamentada en la verdad revelada. Sin embargo muchas de estas respuestas se dan en la superficie, es decir, en la parte subjetiva. Como tocan aspectos morales e ?ntimos de la persona, si no se est? preparado a afrontar con esp?ritu sobrenatural las consecuencias morales de la verdad revelada, se corre el riesgo de dar respuestas subjetivas que tienden a hacerse universales. Se defiende entonces no tanto la verdad revelada, sino la opini?n o la postura personal, m?xime cuando quien proclama dichas verdades subjetivas tiene un buen conocimiento sobre la materia en la que se est? investigando y presenta su opini?n personal como resultado de una investigaci?n cient?fica. De esta manera se ha dado paso al nacimiento de una ideolog?a. La verdad revelada queda escondida al hombre por estas posturas personales.

En tiempos inmediatamente posteriores al postconcilio se inici? una ideolog?a propia y verdadera del Concilio. Dicha operaci?n se realiz? a trav?s de distintos pasos, como son la lectura discriminatoria de ciertos textos del Concilio. Textos de los documentos conciliares previamente seleccionados para fundamentar las posturas personales. Es curioso que sean conocidos s?lo unos textos de los documentos y otros permanezcan en el m?s completo olvido.

El siguiente paso es el de desconocer la validez de los textos conciliares, argumentando que lo que se dijo ah? no fue lo que se quer?a decir, sino que se dijo lo que se pod?a decir. Lo escrito no refleja la mente de los padres conciliares, sino la opini?n de aquellos padres conciliares m?s retr?grados o menos progresistas. Habr? por tanto que interpretar los textos conciliares siempre a la luz de lo que no se dijo ah?, sino de lo que ah? se quiso decir. Esto es un verdadero monumento al relativismo.

Benedicto XVI, siendo a?n cardenal Ratzinger, se da cuenta del problema de la ideolog?a, cuando, unas pocas horas antes de entrar en el C?nclave que lo elegir?a Sumo Pont?fice, y haci?ndose eco de todos los cardenales que hab?an participado en los trabajos preparatorios de dicho c?nclave, no duda en dictaminar el estado del mundo como afligido por el relativismo. Eco de esta intervenci?n son los innumerables mensajes en los que denuncia la dictatura del relativismo. De esta forma, al cabo de un poco m?s de 40 a?os de historia post-conciliar, Benedicto XVI puede hacer un balance sobre la forma en que ha sido acogido el Concilio Vaticano II.

La hermen?utica de la ruptura y la hermen?utica de la continuidad.
El evento llamado Concilio Vaticano II ha significado para muchos un trauma al dejar en el pasado ciertos esquemas, ya obsoletos seg?n ellos, y haberse lanzado, seg?n tambi?n su propio pensamiento, a una aventura sin metas claras y por lo tanto, sin lineamientos seguros. Aparece por tanto el Vaticano II como un parte aguas en la historia de la Iglesia, en d?nde todo lo pasado no tiene nada que ver con el futuro de la Iglesia. Dicho pasado debe por fuerzas ser superado si se quiere lograr la adecuada renovaci?n,sugerida por el mismo Concilio.

En un discurso que Benedicto XVI dirigi? a la curia romana con ocasi?n de la navidad del 2005 14quedar? para la historia la percepci?n que tiene del Concilio Vaticano II. Para entender mejor dicha percepci?n, conviene partir de algunas premisas, propias de quien conoce la historia de la Iglesia.

En primer lugar debemos de ser conscientes que la Iglesia es la misma antes y despu?s del Concilio Vaticano II, que no hay una ruptura entre una y la otra, sino un normal constante desarrollo. Tal vez pueda parecer esta aseveraci?n un poco de Perogrullo, pero para muchos no lo es. Se piensa que despu?s del Concilio Vaticano II la Iglesia ten?a que dejar lo que hab?a sido para lanzarse a buscar una nueva identidad que la hiciera m?s eficaz en la transmisi?n del mensaje de salvaci?n y en su inserci?n en el mundo, como si no hubiera estado antes inserida en ?l durante poco menos de dos mil a?os. Deber? entonces hablarse siempre de un crecimiento en la Iglesia, desarrollo, crecimiento, dinamismo, caracter?sticas esenciales de cualquier ser con vida. A semejanza del hombre que mantiene su identidad a pesar de los cambios f?sicos o psicol?gicos que lo llevan a la plenitud, de la misma manera la Iglesia debe desarrollarse para lograr su eficacia en la misi?n que Cristo, su fundador y esposo le ha encomendado. Pero conviene que expliquemos detenidamente en qu? consiste y c?mo se da el desarrollo de la Iglesia.

La Iglesia est? siempre en desarrollo, fiel a Cristo, su esposo, buscando aplicar los medios m?s adecuados para cumplir con la misi?n que Cristo le ha encomendado. ?Por eso la Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador, observando fielmente sus preceptos de caridad, de humildad y de abnegaci?n, recibe la misi?n de anunciar el Reino de Cristo y de Dios, de establecerlo en medio de todas las gentes, y constituye en la tierra el germen y el principio de este Reino. Ella en tanto, mientras va creciendo poco a poco, anhela el Reino consumado, espera con todas sus fuerzas, y desea ardientemente unirse con su Rey en la gloria.? 15 No puede por tanto renunciar a su esencia, a pesar de que deba desarrollarse, ya que desarrollo significa el estudio y la reflexi?n que sobre ella misma hace la Iglesia para que, conoci?ndose m?s y mejor, pueda adaptarse a las cambiantes circunstancias de nuestro tiempo, iniciando as? un dinamismo que o la aleja de su identidad, sino que la hace ser cada vez m?s Ella misma en su esfuerzo por acercarse al hombre.

Para que este dinamismo se lleve a cabo dentro de un concierto y no caiga en manos de una ideolog?a, de posturas dispares a su esencia, es necesario que tenga una meta, una tendencia, unos medios y un tiempo suficiente. 16

La meta a la que debe llegar la Iglesia est? ya marcada por su Fundador y est? constituida por objetivos precisos, fines que son atractivos y actuales, as? como un proyecto de ser y de vida. ?No impulsa a la Iglesia ambici?n terrena alguna. S?lo desea una cosa: continuar, bajo la gu?a del Esp?ritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido.? 17Por ello tiene una meta clara marcada por Cristo y de ah? nacen sus planes, sus prop?sitos. Sabe que tiene el mandato de cooperar con Cristo en la salvaci?n de la humanidad, y que siendo su misi?n eminentemente religiosa, no puede desapegarse de ella 18, si no quiere traicionarla.
La tendencia orientada hacia la meta, es la fuerza que une y concentra las energ?as, con el fin de alcanzar las metas. Se refiere a una constante que gravita en todas las acciones de la Iglesia en una ?poca determinada. No debemos olvidar que la Iglesia realiza su misi?n salvadora dentro de un tiempo determinado. Tiempo que muchas veces viene se?alado por las circunstancias precisas por las cuales atraviesa el mundo en un momento determinado. No es lo mismo encontrarse frente a los desaf?os del modernismo a inicios del siglo XX, que frente al relativismo al inicio del siglo XXI. La Iglesia cumplir? la misma misi?n en forma distinta frente a cada una de estas circunstancias. Por ello, con el fin de no disipar las fuerzas, es necesario marcar una tendencia clara, de tal manera que todas las fuerzas que se desenvuelvan dentro de la Iglesia tengan la misma direcci?n.

Los medios para lograr la meta son las herramientas que puestas en manos de la Iglesia ayudan a alcanzar las metas. Los medios pueden darse dentro del orden de las capacidades como dentro del orden de las energ?as. Pueden ser medios externos o medios internos. Para comprender bien los medios con los que cuenta la Iglesia para llevar a cabo la meta que le ha encomendado Cristo, su Fundador, debemos analizar la forma en que est? constituida la Iglesia, pues cada una de esas partes forma una riqueza de medios, que aplicado adecuadamente, ayudan a conseguir la meta. ?Cristo, Mediador ?nico, estableci? su Iglesia santa, comunidad de fe, de esperanza y de caridad en este mundo como una trabaz?n visible, y la mantiene constantemente, por la cual comunica a todos la verdad y la gracia. Pero la sociedad dotada de ?rganos jer?rquicos, y el cuerpo m?stico de Cristo, reuni?n visible y comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia dotada de bienes celestiales, no han de considerarse como dos cosas, porque forman una realidad compleja, constituida por un elemento humano y otro divino. Por esta profunda analog?a se asimila al Misterio del Verbo encarnado. Pues como la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como ?rgano de salvaci?n a El indisolublemente unido, de forma semejante a la uni?n social de la Iglesia sirve al Esp?ritu de Cristo, que la vivifica, para el incremento del cuerpo (cf. Ef., 4,16).? 19

Los medios internos ser?n por tanto todos los elementos que forman la Iglesia, entendida como un todo: la Iglesia terrestre y la Iglesia dotada de los bienes celestiales. Estos medios, puestos en servicio de la meta, son riquezas que deben utilizarse siempre en funci?n de la meta y no dispersarse en acciones o trabajos que no llevan a tal fin.

Los medios externos de la Iglesia ser?n todas aquellas herramientas, que si bien no conforman la Iglesia, la ayudan en su misi?n. Algunos de estos elementos externos pueden ser los bienes materiales puestos a disposici?n de la Iglesia, que nunca deben ser desde?ados, sino aprovechados para obtener el m?ximo beneficio. Medios externos son tambi?n los planes pastorales que cada di?cesis pondr? en pie para alcanzar la meta. La planificaci?n dentro de la Iglesia est? siendo cada vez m?s un medio externo que resulta imprescindible, m?xime en un tiempo en d?nde se pide eficacia y en d?nde, por la pobreza y escasez de los medios humanos, resulta imprescindible asignar en forma eficiente dichos recursos hoy por hoy muy escasos. 20
Por ?ltimo, debemos considerara el tiempo,cuando estudiemos el dinamismo de la Iglesia. El tiempo convierte en dinamismo el proceso gradual e hist?rico de la Iglesia. El tiempo permite que la Iglesia pueda discernir lo que es esencial de aquello que es accesorio, en el cumplimiento de la meta que su Fundador le ha encargado. No se trata de permanecer inm?vil de frente a los grandes retos, pero tampoco se trata de correr apresuradamente con el fin de adaptarse en forma indiscriminada a los tiempos actuales. Si bien la Iglesia realiza su misi?n en el tiempo, no puede renunciar a sus elementos esenciales. Es necesario un tiempo de reflexi?n con el fin de que vengan decantados los elementos espurios y puedan as? mejor brillar los elementos esenciales. Este tiempo es necesario para un desarrollo gradual de la Iglesia, desarrollo necesario para su inserci?n en las circunstancias actuales, sin dejar de ser ella misma en su esencia.

Todos estos elementos, una meta, una tendencia, unos medios y un tiempo suficiente, hacen posible que la Iglesia cumpla con la misi?n que le dej? Jesucristo. En los tiempos actuales, a un poco m?s de cuarenta a?os del Concilio Vaticano II, seguimos a?n viviendo la influencia de este gran movimiento eclesial. Ha marcado una tendencia muy concreta, utilizando los medios de la Iglesia en una forma muy espec?fica. Sin embargo, no todos lo han acogido de esa manera, asistiendo hoy a un singular momento en d?nde tal parece ser que existen tendencias dispares dentro de la misma Iglesia.

Como mencion?bamos renglones arriba, Benedicto XVI en su discurso a la curia romana del 22 de diciembre de 2005 expone la situaci?n que se da en estos momentos al interno de la Iglesia, debido a la disparidad en la acogida del Concilio vaticano II. En primer lugar ?l llama las cosas por su nombre, se?alando los hechos, sin poner adjetivos a ninguna de esas tendencias. Constata un hecho que se est? dando y lo da a conocer, contrariamente a la tendencia que en muchos ambientes de la Iglesia se da, cuando, por una mala entendida tolerancia, o en aras de una cierta libertad de expresi?n, se permite decir cualquier cosa en teolog?a. Benedicto XVI anota. ?En la recepci?n del Concilio, ?qu? se ha hecho bien?, ?qu? ha sido insuficiente o equivocado?, ?qu? queda a?n por hacer? Nadie puede negar que, en vastas partes de la Iglesia, la recepci?n del Concilio se ha realizado de un modo m?s bien dif?cil.? 21

Esta es ya una postura innovadora y valiente. Y no es que antes no se hubiera ya constatado este hecho. Pero Benedicto XVI sorprende porque sabe poner el dedo en la llaga, con suma caridad, casi sin molestar a las posturas contrarias a la buena recepci?n del Concilio, pero no deja pasar esta desviaci?n que es causa de tantos problemas en la Iglesia.

Casi a rengl?n seguido, el Papa se cuestiona el origen de esta discrepancia en el modo de aplicar el Concilio: ??Por qu? la recepci?n del Concilio, en grandes zonas de la Iglesia, se ha realizado hasta ahora de un modo tan dif?cil?? 22 Si se quiere poner remedio a esta discrepancia, es necesario ir al origen. Descubrir el porqu? de los errores ha sido siempre la postura sapiencial de la Iglesia. Benedicto XVI no juzga a nadie, tan s?lo quiere entender emporqu? se dan estos errores, conocer sus causas. De tal forma que conociendo dichas causas, se pueda intervenir en forma adecuada. Le interesa corregir la inadecuada recepci?n del Concilio, y para ello es necesario ir a la ra?z del problema.

Y la ra?z la encuentra en la forma en que se lee el Concilio, lo que ?l llama la hermen?utica del Concilio: ?Pues bien, todo depende de la correcta interpretaci?n del Concilio o, como dir?amos hoy, de su correcta hermen?utica, de la correcta clave de lectura y aplicaci?n. Los problemas de la recepci?n han surgido del hecho de que se han confrontado dos hermen?uticas contrarias y se ha entablado una lucha entre ellas. Una ha causado confusi?n; la otra, de forma silenciosa pero cada vez m?s visible, ha dado y da frutos.? 23La ra?z del problema se encuentra por tanto en la interpretaci?n que se hacen de los textos del Concilio Vaticano II, siendo dos tendencias claras, opuestas, en la interpretaci?n de dichos textos. Una forma de interpretar el Concilio Vaticano II es aquella de ver el Concilio como un medio para cambiar la Iglesia, para re-hacerla. Esta postura ser? conocida como la hermen?utica de la ruptura o hermen?utica de la discontinuidad. La otra clave de lectura ser? conocida como la hermen?utica de la reforma o la hermen?utica de la continuidad. Para llevar a cabo un an?lisis ordenado y as? conocer mejor el pensamiento de Benedicto XVI, iniciemos con ?sta ?ltima.

La hermen?utica de la reforma, es decir leer el Concilio Vaticano II en forma tal que permite ver un desarrollo linear de la Iglesia, sin ruptura con el pasado, requiere partir del hecho del objetivo del Concilio. Dice Benedicto XVI, citando a Juan XIII que el objetivo del Concilio no era otro que el de ?transmitir la doctrina en su pureza e integridad, sin atenuaciones ni deformaciones.? 24A esta misma conclusi?n llega Pablo VI en el momento de la clausura del Concilio: ?Es necesario que esta doctrina, verdadera e inmutable, a la que se debe prestar fielmente obediencia, se profundice y exponga seg?n las exigencias de nuestro tiempo. En efecto, una cosa es el dep?sito de la fe, es decir, las verdades que contiene nuestra venerable doctrina, y otra distinta el modo como se enuncian estas verdades, conservando sin embargo el mismo sentido y significado.? 25Es necesario por tanto partir de un presupuesto que ser? de suma importancia para leer los documentos del Concilio y que har? la diferencia entre las dos posturas que menciona Benedicto XVI. El Concilio Vaticano II no quer?a cambiar nada de la doctrina de la Iglesia. No era su cometido. A diferencia de otros Concilios, en los que ven?a debatido alg?n punto de la doctrina para ser aclarado o explicado en una mejor forma, la mayor?a de las veces para rebatir alguna herej?a o alg?n punto incierto o vago, el Concilio Vaticano II daba por sentado todos los puntos doctrinales. Su objetivo primordial era el de transmitir sin atenuaciones ni deformaciones la integridad de la doctrina, verdadera e inmutable.

Los padres conciliares se hab?an reunido no para cambiar, modificar o aclarar la doctrina, sino para dar las directrices necesarias con el fin de que dicha doctrina pudiera quedar mejor explicada ante las cambiantes situaciones del mundo actual. Benedicto XVI se detiene a explicar el origen de dichos cambios y la necesidad para la Iglesia de estar al d?a, con el fin de dar siempre una respuesta actual a las distintas interrogantes del hombre. Lo que conviene subrayar sin embargo, es el hecho de que el Concilio se reuni? para meditar sobre la realidad de la Iglesia y sobe las formas en que dichas realidades pudieran ser mejor expresadas al mundo de hoy.

Frente a la hermen?utica de la discontinuidad, que como dice el Papa ?ha contado con la simpat?a de los medios de comunicaci?n y tambi?n de una parte de la teolog?a moderna? , es necesario subrayar, con el fin de que quede claro y as? contrarrestar la mala difusi?n que los medios de comunicaci?n han hecho sobre los objetivos del Concilio, que los padres conciliares no quer?an ni podr?an cambiar nada de la doctrina de la Iglesia. No hab?an recibido ning?n mandato expl?cito para hacerlo: ?Los padres no ten?an ese mandato y nadie se lo hab?a dado; por lo dem?s, nadie pod?a d?rselo, porque la Constituci?n esencial de la Iglesia viene del Se?or y nos ha sido dada para que nosotros podamos alcanzar la vida eterna y, partiendo de esta perspectiva, podamos iluminar tambi?n la vida en el tiempo y el tiempo mismo.? 27 Por ello, los trabajos conciliares ten?an como ?nico objetivo la reflexi?n sobre la verdad de la Iglesia y las formas m?s adecuadas para proponerlas al hombre de hoy.

Este es un trabajo que ha seguido hasta nuestros d?as, ya que la situaci?n del mundo, cultura, y la situaci?n del hombre siguen cambiando. Podemos por tanto afirmar con Benedicto XVI que el gran trabajo del Concilio es y seguir? siendo el de expresar de modo nuevo una determinada verdad, lo cual exige una reflexi?n y una relaci?n vital, nueva con dicha verdad. No se trata de suprimir, de aniquilar o de modificar dicha verdad, sino presentarla en forma tal que las nuevas generaciones y la nueva cultura puedan hacerla propia. Dicho esfuerzo viene expresado en un programa exigente. ?En este sentido, el programa propuesto por el Papa Juan XXIII era sumamente exigente, como es exigente la s?ntesis de fidelidad y dinamismo.? 28

Toda este razonamiento entre hermen?utica de la ruptura y hermen?utica de la discontinuidad lo podemos aplicar a la vida consagrada. Ella, como parte de la Iglesia, debe tambi?n reflexionar sobre s? misma para poder presentarse al mundo en una forma que la cultura y los hombres actuales puedan entenderla. Es un principio que Paulo VI hab?a ya se?alado en la exhortaci?n apost?lica Evangelica testificatio29 y que Juan Pablo II sintetizaba con el t?rmino de fidelidad creativa 30. Se trata por tanto de reflexionar sobe la identidad de la vida consagrada para que, descubriendo su esencia, se busquen los medios m?s adecuados con los cuales deba ser presentada al mundo.

Si un sector de la Iglesia se ha empe?ado durante cuarenta a?os en leer los textos del Concilio Vaticano II en clave de ruptura, haciendo ver que la Iglesia del postconcilio era diversa a la pre-conciliar, no es de extra?arnos que ahora muchas culturas, especialmente en Occidente, han quedado completamente al margen del evangelio. Culturas y pueblos que fueron los evangelizadores del mundo, se empe?aron durante 40 a?os en desconocer sus ra?ces y en no seguir los lineamientos del Concilio Vaticano II. Ahora se presentan como tierra de misi?n dentro de una sociedad neo-pagana. Benedicto XVI se da cuenta de los resultados de esa postura que ha alejado a tantos de la verdadera Iglesia, fundando una concepci?n de Iglesia distinta a la que ha fundado Jesucristo. La percepci?n que tiene del Concilio Vaticano II es clara, un movimiento que quer?a reformar a la Iglesia, y que deber? continuar con el fin de desarrollarla y hacerla m?s eficaz en la transmisi?n del mensaje de salvaci?n. ?Por otra parte, est? la "hermen?utica de la reforma", de la renovaci?n dentro de la continuidad del ?nico sujeto-Iglesia, que el Se?or nos ha dado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre el mismo, ?nico sujeto del pueblo de Dios en camino.? 31





Publicado por mario.web @ 10:35
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