Martes, 03 de mayo de 2011
Cada una ha de proponerse hacer de su comunidad un trozo de cielo por la fuerza de la caridad. La alegr?a es uno de los fundamentos de la armon?a interior, y una de las caracter?sticas que deben brillar con intensidad en las comunidades de religiosas
?
Vida de dolor
Vida de dolor
La vida de la mujer consagrada es una vida de dolor y de sacrificio por amor a Cristo. Muchas religiosas quisieran no tener que luchar cada d?a, muchas quisieran vivir en un cierto consuelo espiritual, muchas quisieran alcanzar la perfecci?n y la santidad en poco tiempo. Y por ello, cuando constatan que cada d?a trae su fatiga, su dolor, su lucha? se desesperan, se desalientan. La raz?n de esta actitud radica en el desconocimiento de lo que es la vocaci?n.


El trabajo espiritual, por tanto, debe desarrollarse siempre en un clima de serenidad y paz interiores. Es recomendable programar el propio avance espiritual; se impone el deber de trabajar con exigencia y esfuerzo; saber levantarse sin aceptar el pesimismo cuando hay ca?das; en fin hay que tener un coraz?n sincero respecto a Dios y a la propia misi?n. El no aceptar la propia miseria, es signo de orgullo y soberbia; quisi?ramos ser como Dios, y nos duele el ser limitados.


En tercer lugar, es indispensable empe?arse en construir la vida y la entrega sobre el cimiento de la alegr?a, es decir hay que ser positivas en todas las facetas del vivir diario: alegr?a en el trato a las hermanas, alegr?a en el cumplimiento de las responsabilidades, alegr?a en el apostolado: que el testimonio de la alegr?a en Cristo sea siempre se?al para los que rodean a la religiosa de que la misi?n le ha calado, de que ella se siente centrada en su vida al vivir una vida de consagraci?n total a Dios y a las almas.


Ojal? que esta alegr?a se haga concreta en la vivencia de una caridad delicada y fina: servicialidad, comprensi?n, respeto mutuo, atenciones mutuas, perd?n, aceptaci?n mutua, paciencia, ayuda desinteresada. Cada una ha de proponerse hacer de su comunidad un trozo de cielo por la fuerza de la caridad. La alegr?a es uno de los fundamentos de la armon?a interior, y una de las caracter?sticas que deben brillar con intensidad en las comunidades de religiosas.


La alegr?a es fruto fundamentalmente de tres realidades: es fruto de la ?aut?ntica presencia de Dios? pues Dios es Amor. Es fruto de la identificaci?n con la propia vocaci?n, pues nadie es feliz si no ama el marco de realizaci?n de su vida; y es fruto del amor y entusiasmo por la propia misi?n. Nadie puede ser feliz si no tiene a Dios, si no ama su vocaci?n y si no se identifica con su misi?n en la vida.


Si de verdad creemos en el Evangelio, no hay mejor forma de realizaci?n humana que la entrega desinteresada y generosa a los dem?s, pues ?hay m?s dicha en dar que en recibir?; por ello, la misi?n de la mujer consagrada tiene esta grandeza: les permite realizarse a si mismas al m?ximo, pues es una misi?n de donaci?n, de vencimiento del ego?smo. Esta misi?n les permite desarrollar inmensamente su capacidad de amor, y as? pueden dar una respuesta a ese deseo de amar que no se puede reprimir.


Perm?tanme introducir algunas preguntas que considero nos pueden ayudar en estas reflexiones. Las pongo en primera persona:


?Siento la urgencia de la misi?n? ?Vivo para la realizaci?n de la misi?n a la que Dios me ha llamado? ?Vivo la misi?n? Vivirla es sentirme llamada por Dios personalmente a una labor que nadie podr? realizar en mi lugar. Es vivir aquella experiencia de San Pablo: ??Ay de m? si no predico!?. La misi?n no deja tiempo para crisis, para problemas, para cavilaciones.

Que estas reflexiones nos ayuden a cada una para renovar nuestras actitudes de generosidad, de disponibilidad, de autenticidad, de rectitud frente a Dios y a la Congregaci?n a donde Dios me ha llamado.

Publicado por mario.web @ 10:38
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios