Martes, 03 de mayo de 2011
?Qu? dice la Iglesia sobre la paz y la guerra?
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?Qu? dice la Iglesia sobre... la paz y la guerra?
?Qu? dice la Iglesia sobre... la paz y la guerra?


330. La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemon?a desp?tica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7). Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una m?s perfecta justicia, han de llevar a cabo. El bien com?n del g?nero humano se rige primariamente por la ley eterna, pero en sus exigencias concretas, durante el transcurso del tiempo, est? cometido a continuos cambios; por eso la paz jam?s es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Dada la fragilidad de la voluntad humana, herida por el pecado, el cuidado por la paz reclama de cada uno constante dominio de s? mismo y vigilancia por parte de la autoridad leg?tima.

Esto, sin embargo, no basta. Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicaci?n espont?nea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Es absolutamente necesario el firme prop?sito de respetar a los dem?s hombres y pueblos, as? como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz. As?, la paz es tambi?n fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar. La paz sobre la tierra, nacida del amor al pr?jimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre. En efecto, el propio Hijo encarnado, Pr?ncipe de la paz, ha reconciliado con Dios a todos los hombres por medio de su cruz, y, reconstituyendo en un solo pueblo y en un solo cuerpo la unidad del g?nero humano, ha dado muerte al odio en su propia carne y, despu?s del triunfo de su resurrecci?n, ha infundido el Esp?ritu de amor en el coraz?n de los hombres.

Por lo cual, se llama insistentemente la atenci?n de todos los cristianos para que, viviendo con sinceridad en la caridad (Efe 4, 15), se unan con los hombres realmente pac?ficos para implorar y establecer la paz. Movidos por el mismo Esp?ritu, no podemos dejar de alabar a aquellos que, renunciando a la violencia en la exigencia de sus derechos, recurren a los medios de defensa, que, por otra parte, est?n al alcance incluso de los m?s d?biles, con tal que esto sea posible sin lesi?n de los derechos y obligaciones de otros o de la sociedad.
(Gaudium et Spes, n. 78)

331. El respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz. La paz no es s?lo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el
equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicaci?n entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la pr?ctica asidua de la fraternidad. Es la "tranquilidad del orden" (San August?n, De Civ. Dei, IX.13.1). Es obra de la justicia y efecto de la caridad.
(CIC, n. 2304)

332. Las injusticias, las desigualdades excesivas de orden econ?mico o social, la envidia, la desconfianza y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones, amenazan sin cesar la paz y causan las guerras. Todo lo que se hace para superar estos des?rdenes contribuye a edificar la paz y evitar la guerra: En la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza y les amenazar? hasta la venida de Cristo, el peligro de guerra; en la medida en que, unidos por la caridad, superan el pecado, se superan tambi?n las violencias hasta que se cumpla la palabra: "De sus espadas forjar?n arados y de sus lanzas podaderas. Ninguna naci?n levantar? ya m?s la espada contra otra y no se adiestrar?n m?s para el combate" (GS, n. 78; cf. Is 2, 4).
(CIC, n. 2317)


333. Es preciso respetar y tratar con humanidad a los no combatientes, a los soldados heridos y a los prisioneros. Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales, como asimismo las disposiciones que las ordenan, son cr?menes. Una obediencia ciega no basta para excusar a los que se someten a ella. As?, el exterminio de un pueblo, de una naci?n o de una minor?a ?tnica debe ser condenado como un pecado mortal. Existe la obligaci?n moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan genocidios.
(CIC, n. 2313)


Publicado por mario.web @ 11:17
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