Martes, 03 de mayo de 2011
La profundidad intelectual del cardenal Martini es de todos muy conocida. Con motivo de sensibilizar a su inmensa di?cesis - la m?s grande del mundo - sobre los medios de comunicaci?n social, ha escrito varias cartas pastorales.
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Di?logos con el televisor
Di?logos con el televisor


La profundidad intelectual del cardenal Martini es de todos muy conocida. Con motivo de sensibilizar a su inmensa di?cesis - la m?s grande del mundo - sobre los medios de comunicaci?n social, ha escrito varias cartas pastorales. En una de ellas hay unos di?logos ante el televisor que no me resisto a que los conozcas y tengas presente en tu vida personal y familiar.

T? hablas demasiado

De vez en cuando, querido televisor, te vas a ver obligado a escucharme. Eres t? quien habla, logras que te miremos, que estemos callados en nuestra misa casa.

Cuando estoy sentado en la butaca de la sala de estar, me siento frente a ti un poco atemorizado, mando callar a mis hijos porque me impiden que te oiga bien.

Pero esta vez quiero tomar yo la iniciativa; te enciendo y t? me escuchas. Hac?a tiempo que quer?a decirte algo y entenderme contigo. Porque t? has llegado a ser tan importante que te has convertido en parte de mi vida.

No quiero ni confesarlo, pero sin ti falta algo. Incluso el obispo debe haber hablado mucho de ti.

Dices que puedes parangonarte con el borde del manto de Jes?s. Hay en ti casi una fuerza divina. No eres uno m?s de tantos electrodom?sticos que hay en casa, un utensilio del que me sirvo o, peor a?n, un peligroso medio deseducativo. Intento dialogar contigo y t? debes escucharme.

Sabes, todo el mundo dice que hablas mucho. Un documento la UNESCO afirma que el tiempo medio que una persona adulta pasa ante ti diariamente en los Estados Unidos es de 5 horas, y lo ni?os 7. En nuestro pa?s los ni?os pasan 4 horas al d?a, y los adultos de 2 a 4. Alrededor de 1/4 de ni?os entre 6 y 13 a?os afirman que siguen los programas de la tarde hasta las 22 horas.

Quisiera tener contigo una relaci?n justa. No quisiera ni cerrar la llave en un armario y mucho menos ser de teledependiente; no quisiera tener contigo una relaci?n satisfactoria como ocurre con el juego, el alcohol. Tampoco quiero ignorarlos.

Quisiera evitar estos dos extremos. Hay familias entre mis amigos que poseen dos o tres televisores: uno en la cocina, otro en el sal?n, otro en el dormitorio y algunas en cada habitaci?n... Hay casas en donde el televisor est? funcionando desde la ma?ana hasta la noche con alguna peque?a interrupci?n. Es curioso y un poco triste que algunos p?rrocos, en el caso de la visita a las familias por Navidad o Pascua, se recomienda que se apague el televisor cuando llega el sacerdote.

Hasta tal punto te has convertido en parte de la casa que siempre est?s encendido y con presencia activa. Alguien dice que eres un miembro m?s de la familia y tu p?rdida puede acarrear luchas en las relaciones personales. Una encuesta llevada a cabo en Estados Unidos describe as? los efectos "traumatizantes" de la abstinencia televisiva obligatoria: s?lo el 1,80% de las familias ha acusado una desorientaci?n leve, mientras que todas las otras han experimentado sensaciones m?s o menos graves. Y un 25% ha acusado desorientaci?n y frustraci?n semejante al luto por una persona querida.

Querido televisor, no quiero verte como un diablo. Quisiera asumir frente a ti un estilo evang?lico. Esto exige saber ver en el mundo y en los medios el germen del grano bueno junto con la ciza?a. Pero, ? por qu? no me halas t? un poco?


Publicado por mario.web @ 11:51
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