Martes, 03 de mayo de 2011
La pol?tica es terrena y de suyo opinable; la fe es trascendente y confiere certezas
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?Humano o no humano?
?Humano o no humano?

?Van unidas la fe y las tendencias pol?ticas?


Si alguien dice que no es de izquierdas ni de derechas, entonces es que es de derechas.

Hace m?s de treinta a?os que escuch? por primera vez esta sentencia. Me pareci? en aquel momento que no le faltaba buena parte de raz?n. Pero despu?s la he o?do repetir una y otra vez. Y ahora pienso que los que mantienen actualmente esta tesis no saben en qu? mundo viven.

Las categor?as pol?ticas de izquierda y derecha estaban vinculadas a la alternativa de las visiones revolucionaria y contrarrevoluciaria de la Historia. Pues bien, hoy d?a tales concepciones del mundo y de la sociedad pr?cticamente han desaparecido, al menos en los pa?ses occidentales. El eje pol?tico fundamental ya no es derecha/izquierda, sino humano/no humano. De manera que hay que repensar toda la configuraci?n del espectro ideol?gico.

La izquierda se opon?a sistem?ticamente a todo lo establecido en la sociedad burguesa. Por eso estaba en contra del capitalismo, de la religi?n, de la estabilidad familiar, de la ense?anza privada y de la ?tica tradicional; al mismo tiempo que reivindicaba formas extremas de libertad, mayor peso del Estado y ruptura de los convencionalismos rancios. La derecha, en cambio, era fundamentalmente conservadora. Estaba a favor de las manifestaciones p?blicas de la fe religiosa, del capital y la empresa privada, de la libertad de ense?anza, del papel esencial de la familia y de la autonom?a de las iniciativas sociales; a su vez, se opon?a al igualitarismo econ?mico, a la creciente influencia de la Administraci?n en todos los aspectos de la vida, a la secularizaci?n de la sociedad y a la p?rdida de respeto a los valores y costumbres tradicionales.

Tales convicciones y prop?sitos ?en la medida en que perviven? est?n hoy tan entrelazados que dif?cilmente se podr?an adscribir con certeza a los presuntos progresistas o a los tomados por conservadores. Desde luego, no tiene mucho sentido decir que quienes se oponen a la fe religiosa son preferentemente de izquierdas, y quienes la favorecen m?s bien de derechas. Y la inversa tampoco es cierta. Para no continuar protestando indefinidamente contra la realidad vigente, la izquierda se hizo tecnocr?tica y acogi? buena parte de las ideas t?picas de la derecha, sin recatarse de acudir ocasionalmente a la religi?n para defender los pocos ideales humanitarios que todav?a recordaba. Los representantes de la derecha se convirtieron en valedores de la libertad, pero frecuentemente ya no sab?an a qu? objetivos encaminarla, como no fuera al af?n de lucro econ?mico y el mantenimiento de ventajas adquiridas; por ello comenzaron a sospechar de la doctrina social de la Iglesia cat?lica, que insist?a en ponerse a favor de los m?s necesitados. Hoy por hoy, derecha e izquierda vienen a coincidir en la visi?n tecnocr?tica de la esfera pol?tico-econ?mica y en el individualismo moral.


Humano o no humano

Todo esto es en buena parte cierto, se dir?, pero a?n siguen existiendo partidos de izquierda y de derecha, aunque tanto unos como otros tiendan a deslizarse hacia esa zona, m?s bien ambigua, que recibe la m?gica denominaci?n de centro. ?C?mo evaluar entonces sus respectivas posiciones respecto a una ?tica no relativista y a una fe religiosa que no se agote en el sincretismo de la new age, sino que admita francamente la realidad de los misterios cristianos con su necesaria repercusi?n en la vida personal y social? Mi respuesta qued? apuntada antes: ya no vale medir estas actitudes en t?rminos de progresismo o conservadurismo; ahora hay que juzgarlas desde la perspectiva de lo humano y lo no humano. Porque el Hijo de Dios, encarnado en Jesucristo como hombre perfecto, confirma y eleva la dignidad de toda persona humana.

Con esta clave, parece que la izquierda se queda con la peor parte. Eufemismos al margen, es patente sobre todo que la mentalidad abortista encuentra un apoyo casi generalizado a babor del arco pol?tico. Y si hay algo que merezca la calificaci?n objetiva de no humano, inhumano incluso, es el atentado masivo contra la vida de seres humanos concebidos y a?n no nacidos. Con el agravante de que las nuevas posibilidades biotecnol?gicas pueden utilizarse tambi?n contra la dignidad de la persona humana. No es casual que los partidarios de la liberalizaci?n del aborto apoyen, en buena parte, tal tipo de pr?cticas rechazadas por la bio?tica seria y por las confesiones religiosas de alcance universal. ?ste es hoy el punto cr?tico: la defensa de la vida. Lo que todav?a se llama convencionalmente izquierda tiene aqu? poco que aportar. Sus estrategias han evolucionado, en cambio, positivamente en lo que concierne a la libertad de ense?anza, e incluso en algunos aspectos de protecci?n econ?mica a la familia. A su favor hay que poner, m?s claramente, la defensa de los menesterosos, la solidaridad internacional, el apoyo a los emigrantes y la protecci?n del medio ambiente natural.

Al hacer un balance que tenga en cuenta los valores de la ?tica y de la fe religiosa, lo que coloquialmente se sigue llamando derecha tiene, aparentemente, todas las de ganar. Pero si esto fue as? en el planteamiento cl?sico de esta dicotom?a, cosa que tambi?n habr?a que matizar, el entreveramiento ideol?gico antes examinado motiva que la situaci?n es hoy d?a menos clara. Desde luego, ni el militar en un partido de derechas ni el votar a su favor en unas elecciones es garant?a de un temple netamente positivo respecto al valor de la vida y la vigencia de la fe cristiana en la sociedad actual. Y habr? que a?adir que el factor ideol?gico neoliberal y economicista, tan notorio a estribor de la nave p?blica, se presenta demasiado frecuentemente como escasamente humano, muy pobre al menos en componentes humanistas.

Es cierto que las formaciones pol?ticas de la derecha y el centro-derecha no han sido las protagonistas del lanzamiento legislativo del aborto. Entre otros motivos porque la mayor?a de sus votantes siguen estando en contra de tal aberraci?n ?tica. Pero, llevadas de una comprensible t?ctica y de un menos admisible oportunismo, su defensa de la vida no nacida ha solido adoptar un perfil minimalista. Adem?s, la generalizada debilitaci?n de criterios morales en la sociedad consumista, que inevitablemente se ha filtrado entre los l?deres y votantes de la derecha, les ha privado de la lucidez y la energ?a para adoptar posiciones claras en cuestiones de tipo biotecnol?gico que afectan negativamente a la ?tica m?dica y a la recta conciencia religiosa.

Nos acercamos as? a un aspecto clave del problema. Tanto la derecha tradicional como la modernizada no se han caracterizado precisamente por su alta valoraci?n de la cultura. La peligrosa man?a de discurrir y estar al tanto de las letras y la filosof?a del momento parec?a reservada a los intelectuales de izquierda, especie poco fiable para las gentes de orden. La pobre densidad conceptual que ha caracterizado la fe religiosa de no pocas personas en los dos ?ltimos siglos es una de las causas del retroceso social de la vida cristiana en nuestro pa?s y los de su entorno. Y lo que es m?s preocupante: la insistencia por parte del magisterio ordinario de la Iglesia en la necesidad de una s?lida y profunda formaci?n doctrinal no ha encontrado un eco suficiente entre los cat?licos. En esto, siento decirlo, no hemos avanzado gran cosa ?ltimamente, a pesar del audaz testimonio de ese profundo pensador que fue Juan Pablo II. No es justo, en consecuencia, transferir a los pol?ticos una responsabilidad que recae sobre un pueblo cristiano que padece anorexia cultural y se muestra inclinado al materialismo pr?ctico.


Fe y convivencia, inseparables

La doctrina social de la Iglesia contiene un rico acervo de orientaciones acerca de la vida ciudadana, con especial ?nfasis en los aspectos ?ticos de la actividad econ?mica y en las exigencias de la justicia social. Pero habr?a que preguntarse: ?cu?ntos cat?licos han le?do las recientes enc?clicas sociales? Si la respuesta es la que me malicio, no es extra?o que bastantes pol?ticos, tecn?cratas y empresarios encuadrables en la consabida derecha, adopten hoy d?a teor?as y pr?cticas alejadas de una concepci?n humanista de la vida econ?mica y social. Ciertamente, defienden a capa y espada la libertad. Lo cual est? muy bien, porque el estatismo y la socializaci?n centralizada de la actividad productiva y financiera han resultado nefastos all? donde se han intentado implantar. Pero una libertad que tenga su n?cleo en la transformaci?n e intercambio de bienes materiales es dif?cil que no ronde los aleda?os del materialismo y, por lo tanto, que acabe perdiendo su envergadura personal y comunitaria. No dejar?a de ser parad?jico que los presuntos defensores de la fuerza del esp?ritu tuvieran siempre en la boca modelos y c?lculos que est?n plenamente insertos en lo que Niklas Luhmann llama sistema y que considera, con toda raz?n, como lo m?s t?picamente no humano.

En clave positiva, la tarea actual de los promotores de la libertad y amigos del esp?ritu deber?a ser obtener a fondo las consecuencias del presente tr?nsito hacia la sociedad del saber. Porque, en esa nueva configuraci?n social que se vislumbra, lo decisivo ya no ser? lo cuantitativo sino lo cualitativo; las personas volver?n a situarse delante de las m?quinas; la verdadera riqueza de las naciones ya no residir? en las mercanc?as: consistir? en la capacidad de generar nuevos conocimientos. La renovada primac?a de la inteligencia y la voluntad, la amplitud de horizontes y la claridad de finalidades permitir?n la conexi?n fecunda entre lo personal y lo sist?mico, posibilitando as? evitar los extremos del economicismo craso y del moralismo ut?pico: hoy es posible ser de izquierdas en lo econ?mico y de derechas en lo cultural.

No cabe confundir tan prometedor panorama con ese precipitado suyo que es la globalizaci?n. Porque, como bien se ha dicho, lo primero que se ha globalizado es la pobreza. Y, seg?n un personaje tan poco sospechoso como Michel de Camdessus, la pobreza puede producir el colapso de todo el sistema. Entre tanto, los especialistas en la cuesti?n se?alan que el curso actual de la mundializaci?n est? agudizando las diferencias entre los pa?ses pobres y los ricos. Dentro de las propias naciones del capitalismo avanzado, tambi?n en Espa?a, la distancia entre los m?s necesitados y los m?s favorecidos, se ampl?a y se ahonda. Mientras que la sensibilidad social de los grupos m?s conservadores tiende a reducirse dr?sticamente. Todo lo cual no puede figurar, por supuesto, en la columna contable del haber de la nueva derecha.

La fe religiosa y la derecha pol?tica ?igual que la izquierda? no se mueven en el mismo plano. La pol?tica es terrena y de suyo opinable; la fe es trascendente y confiere certezas. La Iglesia no est? comprometida con ning?n sector ideol?gico determinado y los cat?licos, dentro de la ?tica ciudadana, gozan de la m?s plena libertad pol?tica. De ah? que est?n de m?s los intentos de mezclar las cosas, confundirlas, o intercambiar acusaciones. Pero la persona humana que cree y que convive es unitaria. Casi todo se le puede perdonar, pero no la incoherencia.

Publicado por mario.web @ 12:00
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