Martes, 03 de mayo de 2011

Fuente: Catholic net
Autor: P. Fernando Pascual L.C.

Otra vez suena el port?til. ?Qui?n ser?? Veo el n?mero, el nombre. Una sonrisa aparece en mis labios: ?un amigo!

Muchas veces quisi?ramos tener un buen amigo: alguien que piense en nosotros, que est? a nuestro lado, que comparta los propios sue?os y aventuras, al que podamos ayudar y que sea el primero en darnos una mano.

La amistad implica siempre, como m?nimo, a dos personas: no hay amigos si solamente es uno el que ama a otro. La amistad exige, por lo tanto, correspondencia: dos para los buenos y malos momentos, dos que caminan juntos, dos dispuestos a dar y recibir, dos que saben ayudar y acoger la mano que viene a levantar al ca?do.

La amistad empieza precisamente all? donde el trato descubre que el otro vale, que es un ?tesoro?, que merece todo mi amor, mi tiempo, mis cansancios, mis consejos. Porque su vida es maravillosa, porque ?estoy hecho? para amar, porque no puedo vivir solo, porque ?l tambi?n necesita de mis manos y de mis sue?os.

La Biblia canta la belleza del amigo. Especialmente en el libro del Sir?cide, donde podemos leer estos versos:

?Si te echas un amigo, ?chatelo probado,
y no tengas prisa en confiarte a ?l.
Porque hay amigo que lo es de ocasi?n,
y no persevera en el d?a de tu angustia.
Hay amigo que se vuelve enemigo,
y descubrir? la disputa que te ocasiona oprobio.
Hay amigo que comparte tu mesa,
y no persevera en el d?a de tu angustia.
Cuando te vaya bien, ser? como otro t?,
y con tus servidores hablar? francamente;
mas si est?s humillado, estar? contra ti,
y se hurtar? de tu presencia.
De tus enemigos ap?rtate,
y de tus amigos no te f?es.
El amigo fiel es seguro refugio,
el que lo encuentra, ha encontrado un tesoro.
El amigo fiel no tiene precio,
no hay peso que mida su valor.
El amigo fiel es remedio de vida,
los que temen al Se?or lo encontrar?n.
El que teme al Se?or endereza su amistad,
pues como ?l es, ser? su compa?ero? (Sir?cide 6,7-17).

Es especialmente conmovedor el relato de la amistad entre Jonat?n y David. El primero, hijo de Sa?l, vence la rabia de su padre, est? dispuesto a perder el trono con tal de darse al amigo. El segundo, un hombre de campo, abre su coraz?n al amigo, con la certeza de que no ser? traicionado (cf. 1Sam 18,1-20,42).

El modelo m?s perfecto del verdadero amigo es Cristo. Para ?l, el Se?or, no somos siervos, sino amigos: por eso nos ense?a todo lo que ha escuchado del Padre. No busca s?lo caminar entre los hombres, sino que muestra su amor hasta dar la vida por nosotros, para salvarnos, para el perd?n de los pecados. Por eso puede pedirnos que le amemos, que vivamos seg?n su doctrina y sus mandatos (cf. Jn 15,9-17). Jes?s nos permite descubrir que, realmente, Dios es amigo de los hombres (cf. Sab 7,23 y Catecismo de la Iglesia cat?lica nn. 1371 y 2665), que busca nuestro bien y desea nuestra correspondencia, nuestra entrega de amor.

Tener amigos es un modo profundo y rico para desarrollar y vivir la virtud de la castidad. As? lo explica el Catecismo de la Iglesia cat?lica (n. 2347):

?La virtud de la castidad se desarrolla en la amistad. Indica al disc?pulo c?mo seguir e imitar al que nos eligi? como sus amigos (cf. Jn 15,15), a quien se dio totalmente a nosotros y nos hace participar de su condici?n divina. La castidad es promesa de inmortalidad. La castidad se expresa especialmente en la amistad con el pr?jimo. Desarrollada entre personas del mismo sexo o de sexos distintos, la amistad representa un gran bien para todos. Conduce a la comuni?n espiritual?.

Tener amigos. Hoy puede ser un momento para recordar tantos rostros, tantas sonrisas, tanto afecto recibido. Hoy, sobre todo, puede ser un d?a dedicado a no pensar en si soy querido, en si me han llamado m?s o menos amigos al m?vil.

Esta vez me toca a m? buscar, llamar, ofrecer, esperar. Tomar? el tel?fono, coger? las llaves de casa, saldr? a ver a ese amigo, tal vez pobre o enfermo, deseoso de mi mirada, de mi sonrisa, de mi esperanza, de mi amor (que es caridad cristiana) sincero y pleno. A ese amigo que lo merece todo, porque tambi?n Cristo lo ha amado, y porque el mismo Cristo desea que mi amor, peque?o y pobre, se una al Suyo, capaz de redimir y de otorgar el gran don de la paz y la alegr?a.


Publicado por mario.web @ 12:04
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