Martes, 03 de mayo de 2011
La tolerancia, as? como su contraria, que es la intolerancia, no pueden ser consideradas intr?nsecamente buenas, ni intr?nsecamente malas.
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La Tolerancia: virtud peligrosa
La Tolerancia: virtud peligrosa

La tolerancia, as? como su contraria, que es la intolerancia, no pueden ser consideradas intr?nsecamente buenas, ni intr?nsecamente malas. En otros t?rminos, hay casos en que tolerar es un deber, y no tolerar es un mal. Y otros casos, en que, por el contrario, tolerar es un mal y no tolerar es un deber.

Riesgos de la Tolerancia


Antes de todo, recordemos que toda tolerancia- por m?s necesaria y leg?tima que sea- tiene riesgos que le son inherentes. En efecto, la tolerancia consiste en dejar subsistir un mal para evitar otro mayor. Ahora, la subsistencia impune del mal crea siempre un peligro, pues el mal tiende necesariamente a producir efectos malos y, adem?s, tiene una seducci?n innegable. As?, existe el riesgo de que la tolerancia traiga por s? misma males a?n mayores que aquellos que se desea evitar.

Es necesario que estemos atentos con relaci?n a este aspecto de la cuesti?n, pues es en torno de ?l que se har? todo nuestro estudio.

Para evitar la aridez de una exposici?n exclusivamente doctrinaria, imaginemos la situaci?n de un oficial que nota en su tropa graves s?ntomas de agitaci?n.

Se le presenta un problema:

a) ?Es el caso de castigar con todo el rigor de justicia a los responsables?

b) ?O debe tratarlos con tolerancia?

Esta segunda soluci?n abrir?a campo a otras cuestiones. ?En qu? medida y de qu? manera se debe practicar la tolerancia? ?Aplicando penas suaves? ?No aplic?ndolas, llamando a los culpables y aconsej?ndoles afectuosamente a cambiar de actitud? ?Fingir que se ignora la situaci?n? ?Comenzar, tal vez, por la m?s benigna de estas soluciones e ir aplicando sucesivamente las dem?s, a medida que los procesos m?s blandos se fueren revelando insuficientes? ?Cu?l es el momento exacto en que se debe renunciar a un proceso para adoptar otro m?s severo?

Estas son cuestiones que forzosamente asaltar?n el esp?ritu de muchos oficiales, pero tambi?n el de cualquier persona investida de mando o responsabilidad en la vida civil, si tiene exacta conciencia de sus obligaciones.

?Qu? padre de familia, o jefe de secci?n, o director de empresa, o profesor, o l?der, no ha tropezado mil veces con todas estas cuestiones? ?Cu?ntos males evit? por haberlas resuelto con perspicacia y vigor de alma? ?Y con cu?ntos tuvo que cargar por no haber dado soluci?n acertada a las situaciones en que se encontraba?

Examen de conciencia
En realidad, la primera medida que debe tomar quien se ve en tal contingencia, consiste en hacer un examen de conciencia para prevenirse contra las trampas que su modo de ser personal le pueda crear.

Debo confesar que a lo largo de mi vida, he visto en esta materia los mayores disparates. Y casi todos ellos conduciendo al exceso de tolerancia.

Los males de nuestra ?poca tomaron el car?cter alarmante que actualmente presentan porque hay con relaci?n a ellos una simpat?a generalizada, de la cual participan frecuentemente aquellos mismos que los combaten.

Existen, por ejemplo, muchos anti divorcistas. Pero entre ?stos, numerosos son los que, oponi?ndose incluso al divorcio, tienen un modo de ser exageradamente sentimental.

En consecuencia consideran rom?nticamente los problemas nacidos del ?amor?. Colocados ante la situaci?n dif?cil del matrimonio de un amigo, esos anti-divorcistas juzgar?n sobrehumano -por no decir inhumano- exigir del c?nyuge inocente e infeliz que recuse la posibilidad de "rehacer su vida" (Es decir, de dar muerte a su alma por el pecado).

Continuar?n ?lamentando el gesto? de este ?ltimo, etc., pero cuando se pusiere para ellos el problema de la tolerancia, tendr?n interiormente todos los elementos para justificar las condescendencias m?s extremas y aberrantes. As?, comentar?n con dejadez lo ocurrido, recibir?n a los reci?n ?casados?, los visitar?n, etc. Es decir, con el ejemplo trabajar?n en favor de divorcio, al mismo tiempo que con la palabra lo condenar?n. Claro est? que el divorcio gana mucho m?s que lo que pueda perder con tal conducta de miles o millones de anti-divorcistas.

?De d?nde vino la deliberaci?n de tolerar de manera tan mala el c?ncer roedor de la familia? En el fondo ellos ten?an una mentalidad divorcista.

Sin embargo, no paremos aqu?. Tengamos el coraje de decir la verdad entera.

El hombre moderno tiene horror al sacrificio. Le es antip?tico todo cuanto exige de la voluntad el esfuerzo de decir ?no? a los sentidos. El freno de un principio moral le parece odioso. La lucha diaria contra las pasiones le parece una tortura china.

Y por esto, no es s?lo con relaci?n a los divorciados que el hombre moderno, incluso aquel dotado de buenos principios, es exageradamente complaciente.

Hay legiones de padres y profesores que por esto mismo son indulgentes en exceso con sus hijos y alumnos. Y el estribillo es siempre el mismo: ?pobrecito?? pobrecito por que tiene pereza; recibe mal las advertencias de los mayores; come dulces a escondidas; frecuenta malas compa??as; va a malos cines, etc. Y porque es ?pobrecito?, raras veces recibe el beneficio de un castigo severo. A donde conduce tal educaci?n, no es necesario decirlo. Los frutos ah? est?n. Son millares, millones los desastres morales ocasionados por una tolerancia excesiva. ?Quien escatima la vara, odia a su hijo, quien le tiene amor, le castiga?, ense?a la Escritura (Prov.13, 24). ?Pero hoy d?a qui?n quiere hacer caso a esto?

Lo mismo ocurre frecuentemente, mutatis mutandis , en las relaciones entre los patrones y obreros de cierto tipo, ya que aquellos, tan paganizados cuanto ?stos, sienten que si fuesen obreros, tambi?n ser?an rebeldes.

Y en todos los campos los ejemplos podr?an multiplicarse.

Esta tolerancia se apoya, es claro, en toda especie de pretextos. Se exagera el riesgo de una acci?n en?rgica. Se acent?a demasiado la posibilidad de que las cosas se arreglen por s? mismas. Se cierran los ojos para los peligros de la impunidad.

En realidad, todo esto se evitar?a si la persona que est? en la alternativa tolerar - no tolerar fuese capaz de desconfiar humildemente de s?.

?Tengo simpat?as ocultas con relaci?n a este mal? ?Tengo miedo a la lucha que la intolerancia traer?a? ?Tengo pereza de los esfuerzos que una actitud intolerante me impondr?a? ?Tengo ventajas personales de cualquier naturaleza en una actitud conformista?

S?lo despu?s de un tal examen de conciencia, una persona podr? enfrentar la dura alternativa tolerar o no tolerar. Pues sin ese examen nadie podr? estar seguro de tomar con relaci?n a s? mismo los cuidados necesarios a fin de no pecar por exceso de tolerancia.

Un consejo apropiado
De modo general, hay un consejo muy propio para los que se encuentran en esta alternativa. Todo hombre tiene tendencias malas que son particularmente enraizadas. Uno es ap?tico, otro violento, otro ambicioso, otro esc?ptico, etc. Siempre que la tolerancia nos exija la victoria sobre la mala tendencia que fuere m?s profunda en nosotros, no debemos tener mucho temor a pecar por exceso de tolerancia. Pero siempre que ?sta lisonjee nuestras malas inclinaciones, pongamos atenci?n pues el riesgo es grave.

As?, si somos ap?ticos, no es probable que pequemos por demasiada tolerancia hacia un amigo que nos incita a la acci?n: nada m?s viscoso, escurridizo o col?rico que el perezoso contrariado en su modorra.

Si somos irascibles, no corremos mucho riesgo de exagerar la tolerancia hacia los que nos injurian. Si somos sensuales, es improbable que nos mostremos excesivamente rigurosos en materia de modas. Y si tenemos esp?ritu servil con relaci?n a la opini?n p?blica, dif?cilmente nos excederemos en invectivas contra los errores de nuestro siglo.

Otro excelente consejo para no pecar por exceso de tolerancia consiste en temer mucho m?s una debilidad nuestra en este punto, cuando est?n en juego derechos de terceros, que cuando se trata de los nuestros.

Habitualmente, somos mucho m?s ?comprensivos? cuando los otros est?n en causa. Perdonamos m?s f?cilmente al ladr?n que rob? al vecino, que al que asalt? nuestra propia casa. Y somos m?s propensos a recomendar el olvido de las injurias que a practicar este acto de fortaleza.

Y en este punto no perdamos de vista el hecho doloroso que, siguiendo los primeros impulsos de nuestro ego?smo, Dios ser?a muchas veces para nosotros un tercero.

As?, estamos mucho m?s inclinados a aceptar una ofensa hecha a la Iglesia que una injuria a nosotros; a soportar la lesi?n de un derecho de Dios, que un inter?s nuestro.

En general este es el estado de esp?ritu de los cat?licos hiper tolerantes.

Su lenguaje es imaginativo, blando, sentimental. Solo saben argumentar -si es que a esto se puede llamar argumento- con el coraz?n. Con relaci?n a los enemigos de la Iglesia, son llenos de ilusiones, atenciones, obsequios y caricias.

Pero se ofenden terriblemente si un cat?lico celoso les hace ver que est?n sacrificando los derechos de Dios. Y en lugar de argumentar en t?rminos de doctrina, trasponen el asunto para el terreno personal. ?Est?n juzgando que soy tibio? ?Que no s? perfectamente lo que tengo que hacer? ?Est?n dudando de mi sabidur?a? ?De mi coraje? ?Oh no, esto no puedo soportarlo! Y su pecho se infla, su rostro se llena de rubor, sus ojos se llenan de l?grimas, su voz toma una inflexi?n particular.

Cuidado.
Este hipertolerante est? en el auge de una crisis de intolerancia. Todas las violencias, todas las injusticias, todas las unilateralidades pueden ser temidas de su parte. Es que su tolerancia de fachada solo exist?a cuando estaban en juego valores ins?pidos y secundarios como la ortodoxia, la pureza de la fe, los derechos de la Santa Iglesia. Pero cuando su persona entra en escena, todo cambia y helo aqu? dispuesto a precipitar en el infierno a quien lo hiera aunque sea levemente, con indignaci?n an?loga a la que San Miguel tuvo contra el demonio: ??Qui?n como yo? ?.

Veremos en un pr?ximo art?culo como debe ser practicada la tolerancia en los casos en que es justa. ( Catolicismo N? 78, Junio de 1957). n

Recomendamos leer el libro: "La Revoluci?n Cultural: un smog que envena a la Familia chilena - Tolerancia, no discriminaci?n, derechos humanos" Puede bajarlo gratuitamente a su computador


Publicado por mario.web @ 12:23
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