Martes, 03 de mayo de 2011
Es necesario que cada Reino o Estado tenga moneda propia; ventajas que se consiguen por la moneda propia, e inconvenientes que surgir?an de no tenerla propia.
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Moneda propia
Moneda propia

Es necesario que cada Reino o Estado tenga moneda propia; ventajas que se consiguen por la moneda propia, e inconvenientes que surgir?an de no tenerla propia.

Santo Tom?s de Aquino

SOBRE EL REINO (GOBIERNO O DOMINIO PUBLICO)
DIRIGIDO AL REY DE CHIPRE

Extra?do de OP?SCULOS FILOSOFICOS GENUINOS, EDITORIAL POBLET, Buenos Aires, 1947. LIBRO II Cap?tulo XIII (*), por Lic. Eduardo Rafael Carrasco

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Nos toca ahora hablar de la moneda, pues as? como por uso se regula la vida de los hombres en general, tambi?n se regula la vida de cualquier dominio p?blico y sobre todo la vida de una Monarqu?a, por las muchas ventajas que por la moneda se consiguen.

Por eso cuando el Se?or fue interrogado por los fariseos que fingidamente le tentaban, pregunt?ndole si ten?an que pagar los tributos al C?sar, les dijo: ?De qui?n es la imagen y la inscripci?n de la moneda que le ofrecieron? Y como respondiesen los fariseos que era del C?sar, Jesucristo contest? a la pregunta, con la conocida sentencia: ?Dad al C?sar lo que es del C?sar, y dad a Dios lo que es de Dios?. Como si diera a entender que la moneda contribuye en gran parte a pagar los tributos.

Ya hemos tratado antes de los materiales o metales con que se fabrica la moneda y de las razones que exigen que el Rey la posea copiosamente. Vamos ahora a hablar de la moneda en cuanto es la medida por la cual las sobras y las deficiencias o faltas se reducen al t?rmino medio en la compra-venta, seg?n frase del Fil?sofo en el libro IV de su ?tica; pues la moneda fue inventada para ajustar las diferencias en el comercio, convirti?ndose en medida de las cosas que se truecan; pues aunque haya muchas maneras de trueque, este es el m?s f?cil de todos seg?n lo declara el Fil?sofo en el libro I de su Pol?tica, al paso que el mismo Fil?sofo reprende a Licurgo, primer legislador de los Partos y Lidos, porque les prohib?a el uso de la moneda, permiti?ndoles solamente trocar unas cosas por otras, seg?n consta por el citado libro.

As? concluye el Fil?sofo en el mencionado libro que la moneda surgi? de la necesidad de trocar unas cosas por otras, porque no solamente la moneda facilita el comercio, sino que tambi?n equilibra las diferencias de valor en el trueque de las cosas. El uso de la moneda ya estaba en boga en los tiempos de Abraham que vivi? mucho antes que Licurgo y que todos los fil?sofos conocidos. Pues el G?nesis refiere que para sepultura de los suyos, compr? un campo por el precio de cuatrocientos siclos de moneda p?blica y admitida, o aprobada.

Y aunque el tener moneda propia es necesario para cualquier r?gimen de gobierno, es principalmente necesario en el r?gimen mon?rquico por dos razones.

La primera se funda en la consideraci?n del mismo Rey, mientras que la segunda raz?n se funda en el pueblo que es gobernado por el Rey.

En cuanto a la primera raz?n es sabido que la moneda propia es ornato del Rey y de su reino, pues en ?l est? esculpida la efigie del C?sar. La moneda es el mejor medio de darse a conocer el Rey a sus s?bditos, pues no hay nada que los hombres traigan entre manos y tan a menudo como la moneda.

Adem?s en la moneda se revela la excelencia del Rey, pues estando su imagen unida a la moneda que es regla y medida de las cosas que se venden, pareciera como si su imagen esculpida en el dinero presidiera los mismos contratos de compraventa, como norma de la justicia comercial.

Por eso se llama moneda, porque amonesta a la mente para que no haya fraudes ni enga?os entre los s?bditos, pues la medida o valor fijo que representa la moneda, hace que la imagen del C?sar que la acompa?a refleje la imagen de la justicia divina, seg?n expone S. Agust?n al tratar sobre esta materia. La moneda se llama Numisma porque est? se?alada con la imagen y nombre de los supremos gobernantes, seg?n declara S. Isidoro.

Es pues manifiesto que en la moneda resplandece la majestad y excelencia de los se?ores; por eso tanto las ciudades con los pr?ncipes y se?ores han tratado siempre de recabar del Emperador el singular privilegio de acu?ar moneda.

Finalmente el tener mucha moneda redunda en beneficio del Pr?ncipe porque la moneda es la medida de los tributos que se imponen al pueblo, del mismo modo que la Ley divina los exig?a para las ofrendas que se tributaban en lugar de sacrificios.

Adem?s el derecho de acu?ar moneda fortalece la autoridad del pr?ncipe, pues a ninguno que no sea pr?ncipe le est? permitido por el derecho de gentes el acu?ar moneda con la propia efigie o inscripci?n.

Pero aunque el acu?ar moneda redunde en beneficio del Pr?ncipe o Rey, sin embargo debe ser moderado, teniendo en cuenta que la moneda es la medida de las cosas y que por lo tanto le est? prohibido cambiar el metal o disminuir su peso, porque constituir?a una extorsi?n en perjuicio del pueblo; pues la adulteraci?n de la moneda equivaldr?a al fraude de pesos y medidas que est? expresamente prohibido por Dios, con las siguientes palabras (Prov.XX, 10): ?Un peso y medida para dar, y otro peso y medida para recibir, son dos cosas que Dios abomina?. Por eso fue gravemente reprendido por el Papa Inocencio el Rey de Arag?n, por haber cambiado la moneda disminuy?ndola en detrimento del pueblo; y por eso el mismo Papa absolvi? al hijo del Rey del juramento por el cual se hab?a obligado a usar aquella moneda, mand?ndole que la restituyese a su antiguo estado.

El mismo derecho sostiene el valor fijo de la moneda, pues obliga a pagar los empr?stitos y a guardar la fidelidad exigida en los contratos de acuerdo al tipo de moneda (en cantidad y calidad) que estaba en boga al firmarse el contrato de pr?stamo o compra-venta a largo plazo.

Concluimos pues diciendo que el tener moneda propia es no solamente necesario para el Rey sino que lo es tambi?n para los s?bditos. En primer lugar porque es una medida estable en los trueques de las cosas, y en segundo lugar porque sin ella se abrir?a la puerta a muchos enga?os y fraudes, pues son contados los s?bditos que est?n versados sobre el valor de las monedas extranjeras.

Los principales romanos evitaron estos fraudes estableciendo, en se?al de sujeci?n de los pueblos sometidos, una sola moneda usada en todo el mundo, seg?n nos narran las historias del tiempo de N. Se?or Jesucristo. Esta moneda, que era la de los Romanos, llevaba esculpida la imagen del C?sar, y como no pod?an ignorarla los Fariseos, por eso Nuestro Se?or Jesucristo les formul?, sobre la misma moneda, aquella pregunta que puso de manifiesto la falsedad de sus corazones. Aquella moneda val?a diez denarios ordinarios, y cada uno pagaba una moneda de las mismas a los cobradores de impuestos o a los que ocupaban su lugar en las provincias, ciudades o castillos.

Finalmente la moneda propia es la mas ?til, pues cuando en el comercio intervienen las monedas extranjeras, es preciso conocer la ley de cambios, pues las monedas no valen tanto en los pa?ses extranjeros como en el propio pa?s, lo cual redunda en incomodidad y desventaja de los s?bditos. Esto ocurre de un modo especial en las regiones de Alemania, de manera que los que se trasladan de una regi?n a otra se ven obligados a viajar llevando consigo una cantidad de oro y plata en lingotes para venderlos a medida que tienen necesidad de las cosas usuales.

El Fil?sofo, en el libro IV de su Pol?tica, distingue la moneda en diversas especies, a saber: el arte pecuniario (por propia acu?aci?n), la Numism?tica, la Campsoria, Obol?stica y Cathos; y dice que s?lo es natural la primera especie, porque ella sola est? ordenada a los trueques de las cosas naturales, lo cual se obtiene ?nicamente mediante la moneda propia. Por lo mismo recomienda la moneda propia, y desprecia el uso de las dem?s seg?n veremos m?s adelante.

Por consiguiente hay que admitir que todo gobierno, especialmente el Real, precisa de moneda propia para la conservaci?n del mismo dominio p?blico, no solamente por las ventajas que la moneda propia ofrece al Rey, sino tambi?n por la utilidad que brinda a los s?bditos.
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(*) Escrito entre 1265-67
En la Aclaraci?n y Resumen se consigna : ?Parece que el libro II a partir del cap. V fue terminado por Tolomeo de Luca, bi?grafo y alumno del Santo?)


Publicado por mario.web @ 16:29
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