Martes, 03 de mayo de 2011
Declaraci?n sobre la Educaci?n Cristiana en la que se dedica un apartado importante sobre los medios de comunicaci?n social y el papel que ellos juegan. 28 de octubre de 1965
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Declaraci?n: Gravissimum Educationis, Sobre la Educaci?n Cristiana
Declaraci?n: Gravissimum Educationis, Sobre la Educaci?n Cristiana
DECLARACI?N
GRAVISSIMUM EDUCATIONIS
SOBRE LA EDUCACI?N CRISTIANA



PROEMIO


El Santo Concilio Ecum?nico considera atentamente la importancia decisiva de la educaci?n en la vida del hombre y su influjo cada vez mayor en el progreso social contempor?neo. En realidad la verdadera educaci?n de la juventud, e incluso tambi?n una constante formaci?n de los adultos, se hace m?s f?cil y m?s urgente en las circunstancias actuales. Porque los hombres, mucho mas conscientes de su propia dignidad y deber, desean participar cada vez m?s activamente en la vida social y, sobre todo, en la econ?mica y en la pol?tica; los maravillosos progresos de la t?cnica y de la investigaci?n cient?fica, y los nuevos medios de comunicaci?n social, ofrecen a los hombres, que, con frecuencia gozan de un mayor espacio de tiempo libre de otras ocupaciones, la oportunidad de acercarse con facilidad al patrimonio cultural del pensamiento y del esp?ritu, y de ayudarse mutuamente con una comunicaci?n m?s estrecha que existe entre las distintas asociaciones y entre los pueblos.

En consecuencia, por todas partes se realizan esfuerzos para promover m?s y m?s la obra de la educaci?n; se declaran y se afirman en documentos p?blicos los derechos primarios de los hombres, y sobre todo de los ni?os y de los padres con respecto a la educaci?n. Como crece r?pidamente el n?mero de los alumnos, se multiplican por doquier y se perfeccionan las escuelas y otros centros de educaci?n. Los m?todos de educaci?n y de instrucci?n se van perfeccionando con nuevas experiencias. Se hacen, por cierto, grandes esfuerzos para llevarla a todos los hombres, aunque muchos ni?os y j?venes est?n privados todav?a de la instrucci?n incluso fundamental, y de tantos otros carecen de una educaci?n conveniente, en la que se cultiva a un tiempo la verdad y la caridad.

Ahora bien, debiendo la Santa Madre Iglesia atender toda la vida del hombre, incluso la material en cuanto est? unida con la vocaci?n celeste para cumplir el mandamiento recibido de su divino Fundador, a saber, el anunciar a todos loshombres el misterio de la salvaci?n e instaurar todas las cosas en Cristo, le toca tambi?n una parte en el progreso y en la extensi?n de la educaci?n. Por eso El Sagrado Concilio expone algunos principios fundamentales sobre la educaci?n cristiana, m?xime en las escuelas, principios que, una vez terminado el Concilio, deber? desarrollar m?s ampliamente una Comisi?n especial, y habr?n de ser aplicados por las Conferencias Episcopales y las diversas condiciones de los pueblos.

Derecho universal a la educaci?n y su noci?n

1. Todos los hombres, de cualquier raza, condici?n y edad, en cuanto participantes de la dignidad de la persona, tienen el derecho inalienable de una educaci?n, que responda al propio fin, al propio car?cter; al diferente sexo, y que sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, est? abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz. Mas la verdadera educaci?n se propone la formaci?n de la persona humana en orden a su fin ?ltimo y al bien de las varias sociedades, de las que el hombre es miembro y de cuyas responsabilidades deber? tomar parte una vez llegado a la madurez.

Hay que ayudar, pues, a los ni?os y a los adolescentes, teniendo en cuenta el progreso de la psicolog?a, de la pedagog?a y de la did?ctica, para desarrollar arm?nicamente sus condiciones f?sicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido m?s perfecto de la responsabilidad en la cultura ordenada y activa de la propia vida y en la b?squeda de la verdadera libertad, superando los obst?culos con valor y constancia de alma. Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educaci?n sexual. Hay que prepararlos, adem?s, para la participaci?n en la vida social, de forma que, bien instruidos con los medios necesarios y oportunos, puedan participar activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, est?n dispuestos para el di?logo con los otros y presten su fructuosa colaboraci?n gustosamente a la consecuci?n del bien com?n.

Declara igualmente el Sagrado Concilio que los ni?os y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a aceptarlos con adhesi?n personal y tambi?n a que se les estimule a conocer y amar m?s a Dios. Ruega, pues, encarecidamente a todos los que gobiernan los pueblos o est?n al frente de la educaci?n, que procuren que la juventud nunca se vea privada de este sagrado derecho. Y exhorta a los hijos de la Iglesia a que presten con generosidad su ayuda en todo el campo de la educaci?n, sobre todo con el fin de que puedan llegar cuanto antes a todos los rincones de la tierra los oportunos beneficios de la educaci?n y de la instrucci?n.

La educaci?n cristiana


2. Todos los cristianos, en cuanto han sido regenerados por el agua y el Esp?ritu Santo han sido constituidos nuevas criaturas, y se llaman y son hijos de Dios, tienen derecho a la educaci?n cristiana. La cual no persigue solamente la madurez de la persona humana arriba descrita, sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan m?s conscientes cada d?a del don de la fe, mientras son iniciados gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvaci?n; aprendan a adorar a Dios Padre en el esp?ritu y en verdad, ante todo en la acci?n lit?rgica, adapt?ndose a vivir seg?n el hombre nuevo en justicia y en santidad de verdad, y as? lleguen al hombre perfecto, en la edad de la plenitud de Cristo y contribuyan al crecimiento del Cuerpo M?stico. Ellos, adem?s, conscientes de su vocaci?n, acost?mbrense a dar testimonio de la esperanza y a promover la elevaci?n cristiana del mundo, mediante la cual los valores naturales contenidos en la consideraci?n integral del hombre redimido por Cristo contribuyan al bien de toda la sociedad. Por lo cual, este Santo Concilio recuerda a los pastores de almas su grav?sima obligaci?n de proveer que todos los fieles disfruten de la educaci?n cristiana y, sobre todo, los j?venes, que son la esperanza de la Iglesia.

Los educadores


3. Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, est?n gravemente obligados a la educaci?n de la prole y, por tanto, ellos son los primeros y principales educadores. Este deber de la educaci?n familiar es de tanta trascendencia que, cuando falta, dif?cilmente puede suplirse. Es, pues, obligaci?n de los padres formar un ambiente familiar animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la educaci?n ?ntegra personal y social de los hijos. La familia es, por tanto, la primera escuela de las virtudes sociales, de las que todas las sociedades necesitan. Sobre todo, en la familia cristiana, enriquecida con la gracia del sacramento y los deberes del matrimonio, es necesario que los hijos aprendan desde sus primeros a?os a conocer la fe recibida en el bautismo. En ella sienten la primera experiencia de una sana sociedad humana y de la Iglesia. Por medio de la familia, por fin, se introducen f?cilmente en la sociedad civil y en el Pueblo de Dios. Consideren, pues, atentamente los padres la importancia que tiene la familia verdaderamente cristiana para la vida y el progreso del Pueblo de Dios.

El deber de la educaci?n, que compete en primer lugar a la familia, requiere la colaboraci?n de toda la sociedad. Adem?s, pues, de los derechos de los padres y de aquellos a quienes ellos les conf?an parte en la educaci?n, ciertas obligaciones y derechos corresponden tambi?n a la sociedad civil, en cuanto a ella pertenece disponer todo lo que se requiere para el bien com?n temporal. Obligaci?n suya es proveer de varias formas a la educaci?n de la juventud: tutelar los derechos y obligaciones de los padre y de todos los dem?s que intervienen en la educaci?n y colaborar con ellos; conforme al principio del deber subsidiario cuando falta la iniciativa de los padres y de otras sociedades, atendiendo los deseos de ?stos y, adem?s, creando escuelas e institutos propios, seg?n lo exija el bien com?n.

Por fin, y por una raz?n particular, el deber de la educaci?n corresponde a la Iglesia no s?lo porque debe ser reconocida como sociedad humana capaz de educar, sino, sobre todo, porque tiene el deber de anunciar a todos los hombres el camino de la salvaci?n, de comunicar a los creyentes la vida de Cristo y de ayudarles con atenci?n constante para que puedan lograr la plenitud de esta vida. La Iglesia, como Madre, est? obligada a dar a sus hijos una educaci?n que llene su vida del esp?ritu de Cristo y, al mismo tiempo, ayuda a todos los pueblos a promover la perfecci?n cabal de la persona humana, incluso para el bien de la sociedad terrestre y para configurar m?s humanamente la edificaci?n del mundo.

Varios medios para la educaci?n cristiana


4. En el cumplimiento de la funci?n de educar, la Iglesia se preocupa de todos los medios aptos, sobre todo de los que le son propios, el primero de los cuales es la instrucci?n catequ?tica, que ilumina y robustece la fe, anima la vida con el esp?ritu de Cristo, lleva a una consciente y activa participaci?n del misterio lit?rgico y alienta a una acci?n apost?lica. La Iglesia aprecia mucho y busca penetrar de su esp?ritu y dignificar tambi?n los dem?s medios, que pertenecen al com?n patrimonio de la humanidad y contribuyen grandemente al cultivar las almas y formar los hombres, como son los medios de comunicaci?n social, los m?ltiples grupos culturales y deportivos, las asociaciones de j?venes y, sobre todo, las escuelas.


Publicado por mario.web @ 16:35
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