Martes, 03 de mayo de 2011

Importancia de la escuela

5. Entre todos los medios de educaci?n, el de mayor importancia es la escuela, que, en virtud de su misi?n, a la vez que cultiva con asiduo cuidado las facultades intelectuales, desarrolla la capacidad del recto juicio, introduce en el patrimonio de la cultura conquistado por lasgeneraciones pasadas, promueve el sentido de los valores, prepara a la vida profesional, fomenta el trato amistoso entre los alumnos de diversa ?ndole y condici?n, contribuyendo a la mutua comprensi?n; adem?s, constituye como un centro de cuya laboriosidad y de cuyos beneficios deben participar a un tiempo las familias, los maestros, las diversas asociaciones que promueven la vida cultural, c?vica y religiosa, la sociedad civil y toda la comunidad humana.

Hermosa es, por tanto, y de suma importancia la vocaci?n de todos los que, ayudando a los padres en el cumplimiento de su deber y en nombre de la comunidad humana, desempe?an la funci?n de educar en las escuelas. Esta vocaci?n requiere dotes especiales de alma y de coraz?n, una preparaci?n diligent?sima y una facilidad constante para renovarse y adaptarse.

Obligaciones y derechos de los padres


6. Es preciso que los padres, cuya primera e intransferible obligaci?n y derecho es el de educar a los hijos, tengan absoluta libertad en la elecci?n de las escuelas. El poder p?blico, a quien pertenece proteger y defender la libertad de los ciudadanos, atendiendo a la justicia distributiva, debe procurar distribuir las ayudas p?blicas de forme que los padres puedan escoger con libertad absoluta, seg?n su propia conciencia, las escuelas para sus hijos.

Por los dem?s, el Estado debe procurar que a todos los ciudadanos sea accesible la conveniente participaci?n en la cultura y que se preparen debidamente para el cumplimiento de sus obligaciones y derechos civiles. Por consiguiente, el mismo Estado debe proteger el derecho de los ni?os a una educaci?n escolar conveniente, vigilar la capacidad de los maestros y la eficacia de los estudios, mirar por la salud de los alumnos y promover, en general, toda la obra escolar, teniendo en cuenta el principio de que su funci?n es subsidiario y excluyendo, por tanto, cualquier monopolio de las escuelas, que se opone a os derechos nativos de la persona humana, al progreso y a la divulgaci?n de la misma cultura, a la convivencia pac?fica de los ciudadanos y al pluralismo que hoy predomina en muchas sociedades.

El Sagrado Concilio exhorta a los cristianos que ayuden de buen grado a encontrar los m?todos aptos de educaci?n y de ordenaci?n de los estudios y a formar a los maestros que puedan educar convenientemente a los j?venes y que atiendan con sus ayudas, sobre todo por medio de asociaciones de los padres de familia, toda la labor de la escuela m?xime la educaci?n moral que en ella debe darse.

La educaci?n moral y religiosa en todas las escuelas


7. Consciente, adem?s, la Iglesia del grav?simo deber de procurar cuidadosamente la educaci?n moral y religiosa de todos sus hijos, es necesario que atienda con afecto particular y con su ayuda a los much?simos que se educan en escuelas no cat?licas, ya por medio del testimonio de la vida de los maestros y formadores, ya por la acci?n apost?lica de los condisc?pulos, ya, sobre todo, por el ministerio de los sacerdotes y de los seglares, que les ense?an la doctrina de la salvaci?n, de una forma acomodada a la edad y a las circunstancias y les prestan ayuda espiritual con medios oportunos y seg?n la condici?n de las cosas y de los tiempos.

Recuerda a los padres la grave obligaci?n que les ata?e de disponer, a aun de exigir, todo lo necesario para que sus hijos puedan disfrutar de tales ayudas y progresen en la formaci?n cristiana a la par que en la profana. Adem?s, la Iglesia aplaude cordialmente a las autoridades y sociedades civiles que, teniendo en cuenta el pluralismo de la sociedad moderna y favoreciendo la debida libertad religiosa, ayudan a las familias para que pueda darse a sus hijos en todas las escuelas una educaci?n conforme a los principios morales y religiosos de las familias.

Las escuelas cat?licas


8. La presencia de la Iglesia en la tarea de la ense?anza se manifiesta, sobre todo, por la escuela cat?lica. Ella busca, no es menor grado que las dem?s escuelas, los fines culturales y la formaci?n humana de la juventud. Su nota distintiva es crear un ambiente comunitario escol?stico, animado por el esp?ritu evang?lico de libertad y de caridad, ayudar a los adolescentes para que en el desarrollo de la propia persona crezcan a un tiempo seg?n la nueva criatura que han sido hechos por el bautismo, y ordenar ?ltimamente toda la cultura humana seg?n el mensaje de salvaci?n, de suerte que quede iluminado por la fe el conocimiento que los alumnos van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre. As?, pues, la escuela cat?lica, a la par que se abre como conviene a las condiciones del progreso actual, educa a sus alumnos para conseguir eficazmente el bien de la ciudad terrestre y los prepara para servir a la difusi?n del Reino de Dios, a fin de que con el ejercicio de una vida ejemplar y apost?lica sean como el fermento salvador de la comunidad humana.

Siendo, pues, la escuela cat?lica tan ?til para cumplir la misi?n del pueblo de Dios y para promover el di?logo entre la Iglesia y la sociedad humana en beneficio de ambas, conserva su importancia trascendental tambi?n en los momentos actuales. Por lo cual, este Sagrado Concilio proclama de nuevo el derecho de la Iglesia a establecer y dirigir libremente escuelas de cualquier orden y grado, declarado ya en much?simos documentos del Magisterio, recordando al propio tiempo que el ejercicio de este derecho contribuye grandemente a la libertad de conciencia, a la protecci?n de los derechos de los padres y al progreso de la misma cultura.

Recuerden los maestros que de ellos depende, sobre todo, el que la escuela cat?lica pueda llevar a efecto sus prop?sitos y sus principios. Esfu?rcense con exquisita diligencia en conseguir la ciencia profana y religiosa avalada por los t?tulos convenientes y procuren prepararse debidamente en el arte de educar conforme a los descubrimientos del tiempo que va evolucionando. Unidos entre s? y con los alumnos por la caridad, y llenos del esp?ritu apost?lico, den testimonio, tanto con su vida como con su doctrina, del ?nico Maestro Cristo.

Colaboren, sobre todo, con los padres; juntamente con ellos tengan en cuenta durante el ciclo educativo la diferencia de sexos y del fin propia fijado por Dios y cada sexo en la familia y en la sociedad; procuren estimular la actividad personal de los alumnos, y terminados los estudios, sigan atendi?ndolos con sus consejos, con su amistad e incluso con la instituci?n de asociaciones especiales, llenas de esp?ritu eclesial. El Sagrado Concilio declara que la funci?n de estos maestros es verdadero apostolado, muy conveniente y necesario tambi?n en nuestros tiempos, constituyendo a la vez un verdadero servicio prestado a la sociedad. Recuerda a los padres cristianos la obligaci?n de confiar sus hijos, seg?n las circunstancias de tiempo y lugar, a las escuelas cat?licas, de sostenerlas con todas sus fuerzas y de colaborar con ellas por el bien de sus propios hijos.

Diversas clases de escuelas cat?licas


9. Aunque la escuela cat?lica pueda adoptar diversas formas seg?n las circunstancias locales, todas las escuelas que dependen en alguna forma de la Iglesia han de conformarse al ejemplar de ?sta. La Iglesia aprecia tambi?n en mucho las escuelas cat?licas, a las que, sobre todo, en los territorios de las nuevas Iglesias asisten tambi?n alumnos no cat?licos.

Por lo dem?s, en la fundaci?n y ordenaci?n de las escuelas cat?licas, hay que atender a las necesidades de los progresos de nuestro tiempo. Por ello, mientras hay que favorecer las escuelas de ense?anza primaria y media, que constituyen el fundamento de la educaci?n, tambi?n hay que tener muy en cuenta las requeridas por las condiciones actuales, como las escuelas profesionales, las t?cnicas, los institutos para la formaci?n de adultos, para asistencia social, para subnormales y la escuela en que se preparan los maestros para la educaci?n religiosa y para otras formas de educaci?n.

El Santo Concilio exhorta encarecidamente a los pastores de la Iglesia y a todos los fieles a que ayuden, sin escatimar sacrificios, a las escuelas cat?licas en el mejor y progresivo cumplimiento de su cometido y, ante todo, en atender a las necesidades de los pobres, a los que se ven privados de la ayuda y del afecto de la familia o que no participan del don de la fe.

Facultades y universidades cat?licas


10. La Iglesia tiene tambi?n sumo cuidado de las escuelas superiores, sobre todo de las universidades y facultades. E incluso en las que dependen de ella pretende sistem?ticamente que cada disciplina se cultive seg?n sus principios, sus m?todos y la libertad propia de la investigaci?n cient?fica, de manera que cada d?a sea m?s profunda la comprensi?n de las mismas disciplinas, y considerando con toda atenci?n los problemas y los hallazgos de los ?ltimos tiempos se vea con m?s exactitud c?mo la fe y la raz?n van arm?nicamente encaminadas a la verdad, que es una, siguiendo las ense?anzas de los doctores de la Iglesia, sobre todo de Santo Tom?s de Aquino. De esta forma, ha de hacerse como p?blica, estable y universal la presencia del pensamiento cristiano en el empe?o de promover la cultura superior y que los alumnos de estos institutos se formen hombres prestigiosos por su doctrina, preparados para el desempe?o de las funciones m?s importantes en la sociedad y testigos de la fe en el mundo.

En las universidades cat?licas en que no exista ninguna Facultad de Sagrada Teolog?a, haya un instituto o c?tedra de la misma en que se explique convenientemente, incluso a los alumnos seglares. Puesto que las ciencias avanzan, sobre todo, por las investigaciones especializadas de m?s alto nivel cient?fico, ha de fomentarse ?sta en las universidades y facultades cat?licas por los institutos que se dediquen principalmente a la investigaci?n cient?fica.

El Santo Concilio recomienda con inter?s que se promuevan universidades y facultades cat?licas convenientemente distribuidas en todas las partes de la tierra, de suerte, sin embargo, que no sobresalgan por su n?mero, sino por el prestigio de la ciencia, y que su acceso est? abierto a los alumnos que ofrezcan mayores esperanzas, aunque de escasa fortuna, sobre todo a los que vienen de naciones reci?n formadas.

Puesto que la suerte de la sociedad y de la misma Iglesia est? ?ntimamente unida con el progreso de los j?venes dedicados a estudios superiores, los pastores de la Iglesia no s?lo han de tener sumo cuidado de la vida espiritual de los alumnos que frecuentan las universidades cat?licas, sino que, sol?citos de la formaci?n espiritual de todos sus hijos, consultando oportunamente con otros obispos, procuren que tambi?n en las universidades no cat?licas existan residencias y centros universitarios cat?licos, en que sacerdotes, religiosos y seglares, bien preparados y convenientemente elegidos, presten una ayuda permanente espiritual e intelectual a la juventud universitaria. A los j?venes de mayor ingenio, tanto de las universidades cat?licas como de las otras, que ofrezcan aptitudes para la ense?anza y para la investigaci?n, hay que prepararlos cuidadosamente e incorporarlos al ejercicio de la ense?anza.

Facultades de Ciencias Sagradas


11. La Iglesia espera mucho de la laboriosidad de las Facultades de ciencias sagradas. Ya que a ellas les conf?a el grav?simo cometido de formar a sus propios alumnos, no s?lo para el ministerio sacerdotal, sino, sobre todo, para ense?ar en los centros eclesi?sticos de estudios superiores; para la investigaci?n cient?fica o para desarrollar las m?s arduas funciones del apostolado intelectual. A estas facultades pertenece tambi?n el investigar profundamente en los diversos campos de las disciplinas sagradas de forma que se logre una inteligencia cada d?a m?s profunda de la Sagrada Revelaci?n, se descubra m?s ampliamente el patrimonio de la sabidur?a cristiana transmitida por nuestros mayores, se promueva el di?logo con los hermanos separados y con los no-cristianos y se responda a los problemas suscitados por el progreso de las ciencias.

Por lo cual, las Facultades eclesi?sticas, una vez reconocidas oportunamente sus leyes, promuevan con mucha diligencia las ciencias sagradas y las que con ellas se relacionan y sirvi?ndose incluso de los m?todos y medios m?s modernos, formen a los alumnos para las investigaciones m?s profundas.

La coordinaci?n escolar


12. La cooperaci?n que en el orden diocesano, nacional o internacional se aprecia y se impone cada d?a m?s, es tambi?n sumamente necesaria en el campo escolar; hay que procurar, con todo empe?o, que se fomente entre las escuelas cat?licas una conveniente coordinaci?n y se provea entre ?stas y las dem?s escuelas la colaboraci?n que exige el bien de todo el g?nero humano.

De esta mayor coordinaci?n y trabajo com?n se recibir?n frutos espl?ndidos, sobre todo en el ?mbito de los institutos acad?micos. Por consiguiente, las diversas facultades de cada universidad han de ayudarse mutuamente en cuanto la materia lo permita. Incluso las mismas universidades han de unir sus aspiraciones y trabajos, promoviendo de mutuo acuerdoreuniones internacionales, distribuy?ndose las investigaciones cient?ficas, comunic?ndose mutuamente lo hallazgos, intercambiando temporalmente los profesores y proveyendo todo lo que pueda contribuir a una mayor ayuda mutua.

CONCLUSI?N


El Santo Concilio exhorta encarecidamente a los mismos j?venes a que, conscientes del valor de la funci?n educadora, est?n preparados para abrazarla con generosidad, sobre todo en las regiones en que la educaci?n de la juventud est? en peligro por falta de maestros.

El mismo Santo Concilio, agradeciendo a los sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares, que con su entrega evang?lica se dedican a la educaci?n y a las escuelas de cualquier g?nero y grado, los exhorta a que perseveren generosamente en su empe?o y a que se distingan en la formaci?n de los alumnos en el esp?ritu de Cristo, en el arte pedag?gico y en el estudio de la ciencia, de forma que no s?lo promuevan la renovaci?n interna de la Iglesia, sino que sirvan y acrecienten su ben?fica presencia en el mundo de hoy, sobre todo en el intelectual.

Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Declaraci?n han obtenido el benepl?cito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apost?lica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padre, las aprobamos, decretamos y establecemos con el Esp?ritu Santo y mandamos que lo as? decidido conciliarmente sea promulgado para la gloria de Dios.

Roma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965.


Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia Cat?lica.


Publicado por mario.web @ 16:36
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