Martes, 03 de mayo de 2011
La tecnolog?a crea grandes ilusiones, algunas m?s graves que otras. Marshal McLuhan y Bruce Powers, reflexionan sobre la deshumanizaci?n y el peligro del angelismo.
?
El hombre desencarnado y el angelismo
El hombre desencarnado y el angelismo


Pese a que la comprensi?n intelectual no es el acto de ning?n ?rgano f?sico, el entendimiento del hombre debe madurar a trav?s del proceso de conocimiento sensorial. Sin una vida sensorial el hombre no tiene contacto con la realidad, y el entendimiento permanece vac?o.


Un peligro de la tecnolog?a es la ilusi?n de que podemos trascender los l?mites de nuestros cuerpos. En este sentido, Marshall McLuhan y Bruce Powers advierten del peligro del "hombre desencarnado", cuando el hombre pierde contacto con su cuerpo, lo que tambi?n se llama "angelismo" (9).

Toda tecnolog?a tiene efectos espec?ficos y predecibles en quien la usa. En tanto instrumento extender? y amplificar? alguna potencia u ?rgano humano preexistente.

Cuando una potencia humana es amplificada, esto afecta el orden y el equilibrio que existe al interior del hombre. Un hombre que pierde la vista se har? m?s consciente de sus otros sentidos.

En efecto, partes del cerebro que procesan la informaci?n visual en una persona vidente, son usadas para procesar la informaci?n de los otros sentidos en un invidente. Cuando un hombre recupera la vista, los otros sentidos retroceden.

Cada tecnolog?a necesita de la atenci?n humana en una nueva forma, pues acelera y extiende una particular facultad humana. Esta necesidad de atenci?n significa que el hombre no es tan s?lo el amo y el creador de la tecnolog?a, sino que se da asimismo un proceso inverso, por el que el hombre se hace dependiente de la tecnolog?a y es configurado por ella.

El usuario de la tecnolog?a de la informaci?n encuentra que la distancia f?sica y las limitaciones f?sicas se hacen irrelevantes. Esta tecnolog?a cambia la manera de relacionarnos con nuestra propia unidad psico-som?tica, y nuestra manera de relacionarnos con los dem?s.

El tel?grafo fue la primera tecnolog?a el?ctrica de la informaci?n, e hizo a la gente tomar conciencia de acontecimientos en otros continentes m?s r?pidamente que lo que tomaban conciencia de los acontecimientos realizados en las aldeas vecinas.

Empezando con el tel?grafo, nuestra imagen del mundo ha cambiado. La eliminaci?n de la barrera de la distancia en las comunicaciones ha creado lo que McLuhan llam? la "aldea global" (Global Village). En ingl?s, la palabra village significa una peque?a comunidad, pero tiene tambi?n una agradable resonancia emocional, de un lugar de amables vecinos.

McLuhan, sin embargo, advirti? que la aldea global no es necesariamente un lugar amigable. La eliminaci?n de las barreras de la distancia puede tambi?n agravar los conflictos.

La superaci?n de las limitaciones f?sicas, y la apariencia de que el mismo cuerpo humano es obsoleto, es un efecto de tecnolog?as tales como la realidad virtual y muchos modos de comunicaci?n por computadoras.

Parte de la vida moderna es la posibilidad de hacer amistades y asociarse con gente a trav?s de la Internet sin haberlos visto nunca, e incluso sin jam?s haber hablado con nuestro m?s cercano vecino.

La tentaci?n de la tecnolog?a ha existido siempre. El libro de la Sabidur?a describe los efectos de la idolatr?a, por la que el hombre adora los trabajos de sus propias manos (10).

La obra de las manos del hombre es algo dependiente del hombre tanto en su existencia como en su significado, y cuando el hombre pone su propia obra en el lugar de un ser superior, o como el Ser Supremo, entonces empieza a imitar a su propia obra y pierde su sentido.

Los hacedores de ?dolos ser?n como ellos, con ojos que no ven, con o?dos que no oyen. La tergiversaci?n del orden propio del hombre hacia sus productos conduce a su vez al desorden en todos los campos de la vida del hombre.

La tecnolog?a de las comunicaciones electr?nicas va m?s all? que cualquiera de los productos previos de la habilidad del hombre. Las primeras tecnolog?as extend?an el poder de los miembros del hombre, y con la invenci?n de la escritura, en un sentido, se logr? poner la memoria del hombre fuera de s? mismo.

Las actuales tecnolog?as de la comunicaci?n reemplazan los sentidos exteriores del hombre y, m?s recientemente, los sentidos interiores y el m?s importante, el sentido central o com?n, aqu?l que se encarga de reunir los diversos datos provistos por los sentidos exteriores en una cohesiva unidad.

El mundo de la informaci?n, comoquiera que sea concebido, puede dar la apariencia de existir independientemente por medio de la electr?nica, y el usuario humano se convierte en un mero participante de ese mundo. Esto implica un proceso que Marshall McLuhan llam? auto-amputaci?n (11). En un nivel biol?gico, el organismo humano busca mantener un estado de homeostasis o equilibrio.

Cualquier cosa que perturbe ese equilibrio es un trastorno para el sistema, y el sistema reaccionar? buscando restablecer el equilibrio. Esto sintetiza las observaciones cl?nicas de Hans Selye, quien formul? una teor?a general de las enfermedades basada en la tensi?n nerviosa (12).

Las observaciones de Hans Selye se refieren a la dimensi?n som?tica del hombre, pero es consciente de la unidad psico-som?tica del hombre. La percepci?n de una amenaza puede dar lugar a una reacci?n f?sica que podr?a convertirse en un verdadero da?o f?sico.

Cuando nuestra capacidad de reunir informaci?n es potenciada por la tecnolog?a, nos encontramos con un nivel mayor de tensi?n, y para mantener el equilibrio tendremos que encontrar estrategias que nos permitan lidiar con ella. Una estrategia es huir del caudal de informaci?n.

Otra estrategia es intentar absorberlo, lo que trae consigo dos efectos. Un efecto es el de entumecimiento o anestesia. Si no podemos controlar la velocidad con que la informaci?n llega a nosotros, entonces nos hacemos menos sensibles ante ella.

El efecto de entumecimiento es una auto-amputaci?n, en la que tratamos de separar de nosotros la facultad que nos perturba.

El otro efecto es el del reconocimiento por medio de patrones. A la vez que perdemos sensibilidad ante el creciente n?mero de detalles individuales, podemos empezar a ser conscientes de ciertos patrones de mayor dimensi?n.

Otra estrategia es tratar de combatir lo que amenaza al equilibrio, en este caso, el creciente flujo de informaci?n.

Para dar un ejemplo concreto, si vemos televisi?n o viajamos en autom?vil, somos capaces de ver en un per?odo corto de tiempo, incluso en menos de una hora, m?s rostros individuales que los que nuestros antepasados, que viajaban a pie, hubieran podido ver en toda su vida. Nuestra capacidad de absorber nuevos rostros es limitada.

El conductor reacciona adecuadamente concentr?ndose en dirigir el veh?culo, y alejando su atenci?n del creciente flujo de detalles tales como los rostros de los peatones. El que ve televisi?n puede reaccionar entumeci?ndose a s? mismo.

Los rostros que aparecen en la televisi?n no producen ya un efecto emocional en ?l. Puede sentirse amenazado y esto, creo yo, es la ra?z de la sensaci?n de que hay demasiada gente en el planeta. Un viajero que atraviesa la China y la India a pie no tiene la impresi?n de que hay demasiada gente.

Una persona en una gran muchedumbre ve tal vez veinte personas a su alrededor, pero una c?mara por encima de la muchedumbre revela una muchedumbre incomprensible para la imaginaci?n humana.

La difundida ansiedad entre las personas del primer mundo por ser demasiados es efecto de ver miles de rostros en la televisi?n, mientras que alguien podr?a caminar por horas a trav?s de calles y barrios sin ver a nadie.

Santo Tom?s de Aquino era consciente de los efectos de los sentidos en el entendimiento. Los sentidos son necesarios para la vida del entendimiento, pero los sentidos han de estar ordenados adecuadamente hacia el entendimiento y deber?n someterse al intelecto.

Un desorden o desequilibrio en el campo sensorial puede conducir a un desorden en el entendimiento. Dado que las nuevas tecnolog?as plantean mayores exigencias a nuestros sentidos al extender su capacidad, esta misma tecnolog?a exige asimismo nuevas formas de ascetismo.



El hombre como animale technicum
El hombre, en tanto compuesto de alma y materia, es a la vez un animal y un esp?ritu, pero no es ni un animal ni un esp?ritu en un sentido propio.

Los otros animales poseen un tipo de conocimiento, teniendo sentidos exteriores e interiores tales como el sentido com?n, discerniendo las relaciones entre los objetos en el espacio y el tiempo, y el sentido de la estimativa, que ense?an al animal a buscar algunas cosas y huir de otras.

La estimativa consiste en todo un repertorio de conductas, y es diferente en cada animal. Podemos llamar a la estimativa instinto. El instinto implica el apetito, no s?lo que el animal sepa que algo es comestible, sino que tambi?n lo desee y busque comerlo.

En un sentido propio, el hombre tambi?n conoce algunas cosas por instinto. En el nivel puramente biol?gico, hay un peque?o conocimiento pr?ctico innato al igual que en los otros animales.

Tal vez s?lo para sobrevivir durante los primeros d?as de vida, un ni?o sabe c?mo respirar y d?nde buscar alimento. Pero incluso el conocimiento innato de la respiraci?n pasa, y el ni?o debe aprender c?mo respirar en una etapa posterior.

En otro sentido, podemos afirmar que el hombre se encuentra determinado por su naturaleza. No somos libres respecto a nuestro deseo de ser felices (13). ?sta no es sin embargo una determinaci?n material, pues somos libres con respecto a los medios para alcanzar la felicidad.

El deseo de ser felices puede ser llamado un instinto natural, pero es un instinto tal que indica muy claramente la naturaleza espiritual del hombre. El deseo o el apetito requieren simplemente de un conocimiento previo, y la felicidad que el hombre busca no puede ser encontrada en ning?n bien limitado.

Dado que los sentidos s?lo pueden conocer bienes limitados, el deseo humano de felicidad es un signo del conocimiento intelectual, y por lo tanto un signo de la espiritualidad del hombre.

El hombre en tanto animal, sin embargo, debe actuar en el mundo material. Los otros animales est?n determinados por sus instintos. En tanto un animal dado se encuentra en su entorno ecol?gico natural, sus instintos funcionan infaliblemente.

Cuando un animal bruto se encuentra en su entorno natural, su conocimiento opera r?pida y consistentemente, y encuentra placentero obrar de acuerdo a sus instintos. Esto pone al hombre en desventaja, pues si un hombre tuviese que deliberar conscientemente antes de cada acci?n, morir?a.

Por ello, en lugar de instintos, el hombre adquiere h?bitos, que le permiten actuar en una determinada direcci?n r?pidamente, consistentemente y sin resistencia psicol?gica. Dar?a lugar a equ?vocos decir que un h?bito es un modo pre-consciente de conducta.

La formaci?n de los h?bitos requiere de cierta participaci?n del razonamiento consciente. En el caso de la formaci?n de los h?bitos en los ni?os, son los padres los que hacen el razonamiento.

Una vez que un hombre adquiere un h?bito, el h?bito es como una segunda naturaleza, y a veces es dif?cil e incluso imposible resistirse.

Los h?bitos morales son de naturaleza general y son esenciales a un hombre bueno, independientemente de su cultura. Las cuatro virtudes cardinales de prudencia, justicia, fortaleza y templanza son comunes a todas las culturas.

Ninguna sociedad honra a los hombres tontos por ser tontos, a los ladrones por ser ladrones, a los cobardes por serlo, o a lo glotones. Si un h?roe fuese un glot?n, o un genio fuese un cobarde, es honrado a pesar de sus vicios, no a causa de ellos.

Otros h?bitos se refieren s?lo a ambientes particulares. Los h?bitos t?cnicos particulares incluyen habilidades ling??sticas, habilidades profesionales, y habilidades t?cnicas.

No es necesario hablar de una forma particular, con un lenguaje y acento particulares para ser un buen hombre en un sentido general, ni tampoco se da que una habilidad t?cnica conduzca a la perfecci?n moral m?s que otra.

A?n as?, todo ser humano empieza como una tabula rasa y es completado por la formaci?n de h?bitos, no s?lo morales sino tambi?n t?cnicos.

Dado que un h?bito es una disposici?n fija, individualiza al hombre. Aparte del g?nero, la mayor diferencia entre los seres humanos no viene dada por las caracter?sticas biol?gicas sino por sus h?bitos adquiridos.

En los sesentas los cr?ticos culturales hablaban de una brecha generacional, una diferencia cultural que hac?a imposible que la gente menor de 30 a?os entendiese a los mayores de esa edad. La diferencia no se basaba meramente en la edad, sino en los h?bitos formados por un nuevo ambiente tecnol?gico.

Ese ambiente tecnol?gico era principalmente el formado por la televisi?n. De la misma manera, hay una gran diferencia cultural entre aquellos que han adquirido los h?bitos de usar la tecnolog?a de las computadoras y aquellos que no. El aporte de Marshall McLuhan fue mostrar c?mo pod?amos entender los efectos culturales de la nueva tecnolog?a examinando el impacto que el desarrollo de la imprenta tuvo en la cultura (14).

Es m?s f?cil examinar los efectos de la tecnolog?a en la cultura si se los mira retrospectivamente. Los efectos de una nueva tecnolog?a en quien la usa permanecen ocultos. Por ejemplo, manejar un autom?vil exige una manera habitual y espec?fica de concentrar la atenci?n, que es diferente a la de un peat?n.

El operador de un veh?culo motorizado tiene que hacerse m?s consciente de las se?ales de tr?fico, las condiciones del camino, y las intenciones de los otros conductores. Asimismo, tiene que hacerse menos consciente de otras cosas.

A menos que haga un esfuerzo consciente por contrarrestar sus h?bitos cognoscitivos, el conductor ver? el mundo de una manera distinta cuando no est? manejando.


--------------------------------------------------------------
Notas

9. Ver Bruce R. Powers y Marshall McLuhan, The Global Village: Transformations in World Life and Media in the 21st Century, Oxford University Press, Oxford - Nueva York 1989. Cap. 1: "The Resonating interval". (Trad. al castellano: La Aldea global: Transformaciones en la vida y los medios de mundiales en el siglo XXI, Gedisa, Barcelona 1990.)

10. Ver Sab 14-15; Sal 115. [

11. Ver Marshall McLuhan, Understanding Media, McGraw-Hill, 1964, cap. 4, "The Gadget Lover". (Trad. al castellano: Comprender los medios de comunicaci?n: Las extensiones del ser humano, Paid?s, Barcelona 1996.)

12. Ver Hans Selye, Stress without Distress, J.B. Lippincott Co., New York 1974. (Trad. al castellano: Tensi?n sin angustia, Guadarrama, Madrid 1975.)

13. Ver Santo Tom?s de Aquino, Summa theologiae, q. 19, a. 10, c.: Respondeo dicendum quod liberum arbitrium habemus respectu eorum quae non necessario volumus, vel naturali instinctu. Non enim ad liberum arbitrium pertinet quod volumus esse felices, sed ad naturale instinctum.

14. Ver Marshall McLuhan, The Gutenberg Galaxy, University of Toronto, 1962. (Trad. al castellano: La Galaxia Gutenberg. G?nesis del "Homo Typographicus", Aguilar, Madrid 1969.)


Publicado por mario.web @ 16:49
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios