Martes, 03 de mayo de 2011
Eduardo Rafael Carrasco nos ofrece un interesante an?lisis sobre el Discurso a los Dirigentes y Miembros de la Fundaci?n Centesimus Annus del Papa Juan Pablo II
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Discurso a los Dirigentes y Miembros de la Fundaci?n Centesimus Annus: An?lisis y comentarios
Discurso a los Dirigentes y Miembros de la Fundaci?n Centesimus Annus: An?lisis y comentarios
DISCURSO DEL SANTO PADRE A LOS DIRIGENTES Y MIEMBROS DE LA FUNDACI?N
"CENTESIMUS ANNUS, PRO PONTIFICE"
S?bado 11 de septiembre 1999


Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
ilustres se?oras y se?ores:

1. Me alegra encontrarme nuevamente con vosotros, distinguidos miembros de la fundaci?n "Centesimus annus, pro Pontifice", que hab?is venido aqu? con vuestros familiares. Saludo a monse?or Agostino Cacciavillan, presidente de la Administraci?n del patrimonio de la Sede apost?lica, a quien agradezco las amables palabras que me ha dirigido. Saludo, asimismo, a monse?or Claudio Maria Celli, secretario de esa misma Administraci?n, a monse?or Daniele Rota y a don Massimo Magagnin, asistentes nacionales, y a los dem?s eclesi?sticos presentes. Os doy una cordial bienvenida a todos vosotros, que no hab?is querido faltar a esta cita.

Os reunisteis por ?ltima vez el pasado mes de febrero, pero hab?is sentido la exigencia de hacerlo una vez m?s en v?speras del A?o santo 2000. En efecto, el jubileo constituye una gran cita eclesial, en la que vuestra fundaci?n est? llamada a colaborar, en el marco del Jubileo del mundo del trabajo, para preparar el sector de los agentes financieros. Al tiempo que os agradezco vuestra disponibilidad, os felicito porque, precisamente con vistas a ese acontecimiento, hab?is decidido oportunamente profundizar para el pr?ximo a?o el tema: "?tica y finanzas". Conozco vuestro prop?sito de organizar un congreso internacional sobre ese tema en v?speras de la jornada jubilar. Veo con agrado esa importante iniciativa, y espero que d? abundantes frutos.

Adem?s, hoy hab?is querido escuchar a monse?or Miroslav Marusyn, secretario de la Congregaci?n para las Iglesias orientales, que os ha hablado ampliamente de mi reciente viaje apost?lico a Ruman?a y de las numerosas necesidades espirituales y materiales que afectan a la vida de las comunidades cat?licas orientales.

2. Ilustres se?oras y se?ores, por vuestra experiencia diaria hab?is podido comprobar que, dentro del amplio fen?meno de la globalizaci?n, que caracteriza el actual momento hist?rico, la llamada "financierizaci?n" de la econom?a es un aspecto esencial y cargado de consecuencias. En las relaciones econ?micas, las transacciones financieras ya han superado en gran medida a las reales, hasta el punto de que el ?mbito de las finanzas ha adquirido ya una autonom?a propia.

Este fen?meno plantea nuevas y arduas cuestiones tambi?n desde el punto de vista ?tico. Una de ?stas ata?e al problema de la relaci?n entre riqueza producida y trabajo, por el hecho de que hoy es posible crear r?pidamente grandes riquezas sin ninguna conexi?n con una cantidad definida de trabajo realizado. Es f?cil comprender que se trata de una situaci?n bastante delicada, que exige una atenta consideraci?n por parte de todos.

En la enc?clica Centesimus annus, tratando la cuesti?n de la "creciente internacionalizaci?n de la econom?a", record? la necesidad de promover "?rganos internacionales de control y de gu?a v?lidos, que orienten la econom?a misma hacia el bien com?n" (n. 58), teniendo en cuenta tambi?n que la libertad econ?mica es s?lo uno de los elementos de la libertad humana. La actividad financiera, seg?n caracter?sticas propias, debe estar ordenada a servir al bien com?n de la familia humana.

Sin embargo, hay que preguntarse cu?les son los criterios de valor que deben orientar las opciones de los agentes, incluso m?s all? de las exigencias de funcionamiento de los mercados, en una situaci?n como la actual, en la que a?n falta un marco normativo y jur?dico internacional adecuado. Tambi?n es preciso preguntarse cu?les son las autoridades id?neas para elaborar y proporcionar esas indicaciones, as? como para velar por su aplicaci?n.

Un primer paso corresponde a los mismos agentes, que podr?an dedicarse a elaborar c?digos ?ticos o de comportamiento, vinculantes para este sector. Los responsables de la comunidad internacional est?n llamados, asimismo, a adoptar instrumentos jur?dicos id?neos para afrontar las situaciones cruciales que, si no se controlan, podr?an tener consecuencias desastrosas no s?lo en el ?mbito econ?mico, sino tambi?n en el social y pol?tico.

Y, ciertamente, los m?s d?biles ser?an los primeros en pagar las consecuencias, y los que m?s pagar?an.

3. La Iglesia, que es maestra de unidad y por su vocaci?n camina con los hombres, se siente llamada a tutelar sus derechos, con constante solicitud especialmente por los m?s pobres. Con su doctrina social presta su ayuda para la soluci?n de esos problemas que, en varios sectores, influyen en la vida de los hombres, consciente de que "aun cuando la econom?a y la disciplina moral, cada cual en su ?mbito, tienen principios propios, a pesar de ello es err?neo que el orden econ?mico y el moral est?n tan distanciados y ajenos entre s?, que bajo ning?n aspecto dependa aqu?l de ?ste" (P?o XI, Quadragesimo anno, 42). El desaf?o se presenta arduo, por la complejidad de los fen?menos y la rapidez con que surgen y se desarrollan.

Los cristianos que trabajan en el sector econ?mico y, particularmente en el financiero, est?n llamados a descubrir caminos adecuados para cumplir este deber de justicia, que para ellos es evidente por su enfoque cultural, pero que pueden compartir todos los que quieran poner a la persona humana y el bien com?n en el centro de cualquier proyecto social. S?, todas vuestras operaciones en el campo financiero y administrativo deben tener siempre como objetivo no violar jam?s la dignidad del hombre, construyendo con este fin estructuras y sistemas que favorezcan la justicia y la solidaridad para el bien de todos.

4. Por otra parte, hay que a?adir que los procesos de globalizaci?n de los mercados y de las comunicaciones no poseen por s? mismos una connotaci?n ?ticamente negativa, y, por tanto, no se puede tomar frente a ellos una actitud de condena sumaria y a priori. Sin embargo, los que aparecen en principio como factores de progreso pueden producir, y de hecho ya lo hacen, consecuencias ambivalentes o decididamente negativas, especialmente en perjuicio de los m?s pobres.

Por consiguiente, se trata de constatar el cambio y hacer que contribuya al bien com?n. La globalizaci?n tendr? efectos muy positivos si se apoya en un fuerte sentido del valor absoluto de la dignidad de todas las personas humanas y del principio seg?n el cual los bienes de la tierra est?n destinados a todos. Hay espacio, en esta direcci?n, para trabajar de modo leal y constructivo, tambi?n dentro de un sector muy expuesto a la especulaci?n. A este prop?sito, no basta respetar leyes locales o reglamentos nacionales; es necesario un sentido de justicia global, que corresponda a las responsabilidades que est?n en juego, constatando la interdependencia estructural de las relaciones entre los hombres m?s all? de las fronteras nacionales.

Mientras tanto, es muy oportuno apoyar y fomentar los proyectos de "finanzas ?ticas", de microcr?dito y de "comercio equitativo y solidario", que est?n al alcance de todos y poseen tambi?n un valor pedag?gico positivo, orientado a la corresponsabilidad global.

5. Nos hallamos en el ocaso de un siglo que ha experimentado, tambi?n en este campo, cambios r?pidos y fundamentales. La inminente celebraci?n del gran jubileo del a?o 2000 representa una ocasi?n privilegiada para una reflexi?n de amplio alcance sobre esta problem?tica. Por eso, doy las gracias a vuestra fundaci?n "Centesimus annus", que ha querido orientar sus trabajos a la luz del gran acontecimiento jubilar, teniendo en cuenta la perspectiva que indiqu? en la carta apost?lica Tertio millennio adveniente. En efecto, escrib? que "el compromiso por la justicia y por la paz en un mundo como el nuestro, marcado por tantos conflictos y por intolerables desigualdades sociales y econ?micas, es un aspecto sobresaliente de la preparaci?n y de la celebraci?n del jubileo" (n. 51).

Queridos hermanos, hab?is comprendido que el a?o jubilar os invita a dar vuestra contribuci?n espec?fica y cualificada para que la palabra de Cristo, que vino a evangelizar a los pobres (cf. Lc 4, 18), encuentre acogida. Os apoyo cordialmente en esta iniciativa, con el deseo de que, gracias al jubileo, madure "una nueva cultura de solidaridad y cooperaci?n internacionales, en la que todos, especialmente los pa?ses ricos y el sector privado, asuman su responsabilidad en un modelo de econom?a al servicio de cada persona" (Incarnationis mysterium, 12).

Con estos sentimientos, mientras os deseo de todo coraz?n que la fundaci?n crezca, para que brinde una colaboraci?n cada vez m?s eficaz a la Santa Sede y a la Iglesia en la obra de la nueva evangelizaci?n y en la instauraci?n de la civilizaci?n del amor, encomiendo todos vuestros proyectos e iniciativas a Mar?a, Madre de la esperanza.

Os acompa?e y sostenga tambi?n mi bendici?n, que, complacido, os imparto a vosotros y a todos vuestros seres queridos.

An?lisis de caso:
La expansi?n financiera de la econom?a
S?ntesis de su exposici?n

1.- En un discurso referido a la financierizaci?n de la econom?a, Juan Pablo II destaca que las transacciones financieras presentan varios interrogantes, pues superan en gran medida a las transacciones reales. Llama la atenci?n que desde el punto de vista ?tico (sin incursionar en razones t?cnicas) se presenta la cuesti?n de c?mo es posible crear riquezas desconectadas del trabajo realizado, y que configuran una escenario bastante delicado.

2.- Alerta tambi?n respecto de la ausencia de controles, marcos normativos adecuados y autoridades id?neas para actuar, y recuerda que ya en 1991 -con motivo de publicar su enc?clica Centesimus Annus- reclamaba la necesidad de promover ?rganos internacionales de control y de gu?a v?lidos, que orienten la econom?a misma hacia el bien com?n" (n. 58).

3.- Previene respecto de posibles situaciones cruciales que, si no se controlan, podr?an tener consecuencias desastrosas no s?lo en el ?mbito econ?mico, sino tambi?n en el social y pol?tico. Y, ciertamente, los m?s d?biles ser?an los primeros en pagar las consecuencias, y los que m?s pagar?an.

4.- Advierte que si bien los mercados no poseen por s? mismos una connotaci?n ?ticamente negativa, se aprecian como un sector muy expuesto a la especulaci?n.

5.- Finalmente expone fundamentos, criterios y algunas gu?as orientadoras y pr?cticas de aplicaci?n para afrontar el problema, y para orientar la econom?a y las finanzas al servicio del hombre. ?-- Juan Pablo II ubica el fen?meno de la llamada ?financierizaci?n? de la econom?a, dentro del contexto de la globalizaci?n. En realidad este tema ya lo estaba reflexionando desde el a?o 1991, con motivo de la promulgaci?n de la enc?clica Centesimus Annus, y donde expresamente se?alaba el fen?meno moderno de la econom?a planetaria en la que crec?a la internacionalizaci?n de las actividades econ?micas, y las consecuentes oportunidades que se abr?an para la humanidad en procura de un mayor bienestar.

Pero tambi?n all? mismo, ya alertaba tambi?n sobre la falta de correspondencia entre ese crecimiento, y los adecuados ?rganos internacionales de control y de gu?a v?lidos para orientar a la econom?a hacia el bienestar com?n. Estos ?rganos ser?an tanto m?s necesarios debido a que un Estado solo no podr?a emprender ese cometido, incluso aunque fuese el m?s poderoso de la tierra .

Fiel a sus propuestas para generar una gran concertaci?n entre los pa?ses m?s grandes y los organismos internacionales, propon?a tambi?n contar con la presencia y participaci?n de todos los componentes de la gran familia humana, de modo de promover acciones solidarias en atenci?n a los m?s necesitados y con mayores dificultades.
La situaci?n existente al filo del fin del siglo XX, lo llev? a observar la aventajada expansi?n de los mercados financieros, y a advertir en primer t?rmino, que las transacciones financieras hab?an superado ya en gran medida a las reales, hasta el punto de que el ?mbito de las finanzas ha adquirido entonces una autonom?a propia.

Su an?lisis se enfoca desde un planteo ?tico, que surge naturalmente de la observaci?n de la realidad: si las finanzas han adquirido una autonom?a propia, entonces: ?que relaci?n guardan ellas con las riquezas producidas?

Ya hab?a manifestado especialmente desde la Enc?clica Laborem Exercens, que el verdadero fundamento de las riquezas estriba en el trabajo humano.

Entonces expone una pregunta crucial, que la plantea como una cuesti?n ?tica: cu?l es la relaci?n entre la riqueza producida y el trabajo realizado, dado el hecho de que es posible crear r?pidamente grandes riquezas sin ninguna conexi?n con una cantidad determinada de trabajo. En definitiva su prop?sito fue alertar sobre un fen?meno que por habitual, pasa desapercibido para el hombre com?n: el valor del dinero.

Si las finanzas no guardan relaci?n con las riquezas producidas, y la riqueza producida no guarda relaci?n con el trabajo, entonces las finanzas no guardan relaci?n con el trabajo. La conclusi?n subsiguiente a este razonamiento es que las finanzas han adquirido una autonom?a propia.

Ahora bien, ?tiene sentido decir que el dinero vale por si mismo? ?Un papel dice que vale $ 100, con independencia de que se haya ?creado? una riqueza real equivalente? Y si el producto es equivalente al ingreso, ?puede haber $100 que no hayan sido generados por nadie? ?Y qui?n se los ha apropiado?

Sin embargo, estaremos frente a un problema si ?como ocurre actualmente- es posible crear r?pidamente grandes riquezas sin ninguna conexi?n con una cantidad definida de trabajo realizado. En realidad, ha invitado a descubrir una situaci?n absurda e il?gica, pero que con sencillo criterio expuso suavemente: es f?cil comprender que se trata de una situaci?n bastante delicada, que exige una atenta consideraci?n por parte de todos.

Dado que las finanzas no est?n guardando relaci?n con las actividades productivas, y por ende tampoco con los ingresos generados en las mismas, y que son percibidos por el trabajo del hombre, esta situaci?n bastante delicada amerita la presencia de controles adecuados. Pero JPII se encarga de aclarar que ya desde 1991 (unos 8 a?os antes) ?l mismo ven?a alertando sobre la necesidad de promover ?rganos internacionales de control y de gu?a validos, que orienten la econom?a misma hacia el bien com?n. Obviamente esos ?rganos est?n ausentes, y por eso la situaci?n es bastante delicada y exige una atenta consideraci?n, por parte de todos.

An?lisis del caso

Presentada as? la cuesti?n, le es necesario juzgarla en el marco correspondiente.
La actividad financiera no puede estar desconectada del resto de las actividades econ?micas. Y otra vez esgrime un silogismo impl?cito: si las actividades humanas son libres, y la actividad econ?mica es s?lo uno de los elementos de esa libertad humana, que debe orientarse al bien com?n; la actividad financiera ?que forma parte de la actividad econ?mica- debe ordenarse por consiguiente al mismo fin, el bien com?n.

M?s a?n, esa orientaci?n hacia ?se bien com?n, requiere la presencia de ?rganos de control y gu?a validos, que encaucen a la econom?a. Constata entonces que ellos est?n ausentes, pues falta un marco normativo y jur?dico internacional adecuado.

Impl?citamente ya ha descartado que sea el propio mercado el que pueda autorregularse en este caso. En su enc?clica Centesimus Annus hab?a precisado los criterios para evaluar a una econom?a de mercado: un sistema en el cual la libertad, en el ?mbito econ?mico, no est? encuadrada en un s?lido contexto jur?dico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensi?n de la misma, cuyo centro es ?tico y religioso no puede merecer una calificaci?n positiva.

Precisamente la ausencia de un marco normativo y jur?dico internacional, y sin determinar qui?nes ser?an las autoridades id?neas para elaborar y proporcionar esas indicaciones, as? como para velar por su aplicaci?n, le lleva a preguntarse respecto de los criterios de valor que deben orientar las opciones de los agentes, incluso m?s all? de las exigencias de funcionamiento de los mercados.

Su visi?n humanista del funcionamiento de la actividad econ?mica y en este caso particular la actividad financiera -si bien reconoce las exigencias que implica la actividad de los mercados- le conduce a enfatizar la importancia de las acciones humanas en ?l.

Propuestas

Por eso su propuesta traza como criterios de pol?tica que un primer paso corresponde a los mismos agentes (financieros), que podr?an dedicarse a elaborar c?digos ?ticos o de comportamiento, vinculantes para este sector.
Seguidamente los responsables de la comunidad internacional est?n llamados, asimismo, a adoptar instrumentos jur?dicos id?neos para afrontar las situaciones cruciales.

El Papa no comparte la visi?n mecanicista del funcionamiento de la econom?a, sino que reconoce que tras ella se ocultan personas e intereses, que accionan a favor de algunos y en detrimento de otros. Adem?s aprecia las dificultades para un sector muy expuesto a la especulaci?n.
Esta situaci?n merece particular cuidado, en el proceso de globalizaci?n de los mercados, pues los que aparecen al principio como factores de progreso pueden producir?consecuencias ambivalentes o decididamente negativas en perjuicio de los m?s pobres.

Nuevamente, la constataci?n de la interdependencia de las personas, sociedades y actividades, siendo una oportunidad de progreso, requiere tambi?n de normas de comportamiento y de una justicia global, que se corresponda con las responsabilidades en juego. El control de las actividades no puede entonces quedar librado al dictamen de mecanismos que escapen del control humano.

Sus razones

Fundamentan la intervenci?n papal en los temas econ?mico-financieros, razones tienen un prop?sito general: la tutela de los hombres, y particularmente por los m?s pobres.
Desde su perspectiva se percibe que estas actividades no son un ?juego de suma cero?, sino que generan beneficios y perjuicios, o como ha expresado en otra ocasi?n, un acaparamiento excesivo amasa unas riquezas generadoras de pobrezas .

En un segundo lugar, dado que resulta imposible separar lo econ?mico de lo humano , la econom?a conlleva una valoraci?n moral. Por eso se remiti? directamente a las expresiones de Le?n XIII cuando afirmaba que "aun cuando la econom?a y la disciplina moral, cada cual en su ?mbito, tienen principios propios, a pesar de ello es err?neo que el orden econ?mico y el moral est?n tan distanciados y ajenos entre s?, que bajo ning?n aspecto dependa aqu?l de ?ste" (P?o XI, Quadragesimo anno, 42), y por ello tambi?n a?adi? que todas las operaciones en el campo financiero y administrativo deben tener siempre como objetivo no violar jam?s la dignidad del hombre, construyendo con este fin estructuras y sistemas que favorezcan la justicia y la solidaridad para el bien de todos.

Una moral operativa y alcance pr?ctico

En realidad, uno de sus aportes concretos en los aspectos econ?micos proviene y se apoya en su concepci?n de la ?tica, que no es entendida como un conjunto de normas a cumplir, ni una secuencia de mandatos y prohibiciones.

En JPII la ?tica tiene una dimensi?n activa. No se trata simplemente de ?evitar el mal?, sino adem?s, de ?hacer el bien?. Distinguiendo entre los aspectos t?cnicos en las actividades productivas de bienes y servicios, no repara exclusivamente en el hacer t?cnico. Enfatiza a?n m?s el obrar humano, honesto y virtuoso, con respecto del mal obrar.

A?n m?s, el obrar influye decisivamente sobre el hacer t?cnico.

De all? que cuando menciona que la Iglesia no tiene propuestas t?cnicas que ofrecer, inmediatamente se?ala que s? tiene la misi?n de iluminar las acciones de los hombres, orientarlos en el sentido de sus actividades y sus fines, y darles impulso a sus tareas.

En muchas de sus exposiciones ante empresarios, se referir? a las virtudes necesarias para el correcto cometido de sus negocios, y por el contrario, alertar? sobre los peligros que los acechan, especialmente en sus ansias inmoderadas de riquezas y afanes de lucro.

Este enfoque de la ?tica, le permite avanzar sobre las actividades financieras con paso firme, y sin dejarse enga?ar por los juegos de los mercados y los espejismos de prometedoras ganancias extraordinarias.

Anticipando la crisis financiera

Desde esta perspectiva, puede interpretarse la reciente crisis financiera mundial que acontece precisamente al escribir esta investigaci?n .
Como se expres? mas arriba, ya desde 1991 se alertaba sobre la necesidad de controles adecuados en el sector. Y en mayo de 1998 anticipaba que: es necesario trabajar por una cultura de las reglas, que no s?lo tenga presentes los aspectos comerciales, sino que tambi?n se ocupe de la defensa de los derechos humanos en todo el mundo. En efecto, para que la globalizaci?n de la econom?a no tenga las consecuencias nefastas de la explosi?n salvaje de los ego?smos privados y de grupo, es preciso que a la progresiva globalizaci?n de la econom?a corresponda cada vez m?s la cultura ?global? de la solidaridad, atenta a las necesidades de los m?s d?biles.

Por consiguiente, desde el punto de vista ?tico, ?l demuestra la importancia de este enfoque a?n en clave operativa por cuanto:

?Alerta sobre el contrasentido de la expansi?n financiera respecto de las actividades productivas.

?Alerta asimismo sobre la falta de relaci?n entre esas riquezas y el trabajo.

?Alerta sobre la ausencia de ?rganos internacionales de control para ordenar la actividad.

?Alerta sobre la ausencia de un marco normativo y jur?dico internacional adecuado.

?Alerta sobre el perjuicio que tendr?an los m?s d?biles, pues ser?an los primeros en pagar las consecuencias de una crisis eventual.

?Alerta tambi?n sobre un sector como el financiero muy expuesto a la especulaci?n.

?Alerta sobre la necesidad de un sistema de justicia global que aplique las normas convenidas por todos los actores.

Llegado este punto, es cierto afirmar que un enfoque ?tico no puede precisar cu?ndo puede precipitarse una crisis.

Pero tambi?n es cierto que a?n los prestigiosos institutos y organismos internacionales t?cnicamente competentes para ello, fueron incapaces de precisar la gravedad de las circunstancias. Y eso ocurre precisamente no tanto por una dificultad en los mecanismos de control, sino m?s bien en los hombres concretos que manejan esos mecanismos, y por las causas que el propio Pont?fice advirti?.

Al respecto, resulta notable la concordancia, cuando desencadenada la crisis, desde diversas partes del mundo se alzaron voces criticando la codicia y falta de responsabilidad y previsi?n de las instituciones y personas intervinientes.

Un aspecto derivado y tambi?n de importancia de este enfoque de JPII se encuentra en que permite proponer v?as de soluci?n orientativas y simult?neamente, evaluar las propuestas t?cnicas referidas al problema.

As?, siendo el fundamento de la perspectiva ?tica la dignidad de la persona humana y sus consiguientes deberes y derechos, aparece claro que las soluciones no pueden pasar exclusivamente por un rescate de las entidades financieras involucradas, y el desconocimiento insolidario del da?o consecuente sobre los ahorristas, los deudores, y posteriormente sobre el sector productivo de la econom?a.

En segundo lugar, habiendo sido criticada tras la crisis, la b?squeda excesiva de las riquezas, resulta clarificador entender que los sistemas actuales de premios y bonus atados a las rentabilidades terminan por dificultar la transparencia de los mercados, e induciendo a actividades arriesgadas que desembocan en crisis financieras y econ?micas.

Otras propuestas.

Esta misma perspectiva fundamentada en la dignidad de la persona humana le permite a JPII sugerir algunas propuestas.

Indica entonces como muy oportuno apoyar y fomentar los proyectos de finanzas ?ticas, de microcr?dito y de comercio equitativo y solidario, que est?n al alcance de todos y poseen tambi?n un valor pedag?gico positivo, a? orientarse a la corresponsabilidad global.

Todas esas propuestas, aparentemente de relevancia menor respecto de la dimensi?n que ostentan los mercados financieros actuales, contienen una ense?anza impl?cita: la de privilegiar ? seg?n el principio de subsidiariedad ? las actividades de las micro, peque?as y medianas empresas, y darles oportunidades de abrirse a mercados mayores mediante la cooperaci?n.

Por otro lado, dada la preponderancia de la econom?a en el contexto de mercados globalizados, y teniendo siempre presente la interdependencia de los hombres e instituciones, promueve un impulso a los prop?sitos de cooperaci?n internacional contando con la participaci?n y especial atenci?n de los sectores y pa?ses mas d?biles.

En definitiva, un enfoque diametralmente opuesto al que se ha venido predicando hasta el presente.

Publicado por mario.web @ 16:56
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