Martes, 03 de mayo de 2011
Completa revisi?n de la ?tica empresarial cristiana, se profundiza en la ?tica de las virtudes, los sentimientos, la ?tica racional y el Magisterio de la Iglesia
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?Por qu? hay que ser ?tico en los negocios?
?Por qu? hay que ser ?tico en los negocios?
La "Veritatis splendor" y el mundo de la empresa
Jornadas de Empresarios castellanos, valencianos y aragoneses
Tordesillas (Valladolid), 5 de marzo de 1994
Rafelbu?ol (Valencia), 15 de abril de 1994
El Grado (Huesca), 16 de abril de 1994


Cuando en una reuni?n de la naturaleza de la que estamos celebrando, el t?tulo de una ponencia o intervenci?n est? formulado en forma de pregunta, el orador, por lo general, pretende dar la respuesta al final de las reflexiones que sobre la materia en cuesti?n va desgranando a lo largo del discurso.

En esta ocasi?n me vais a permitir que responda de entrada a la pregunta. Hay que ser ?tico en los negocios por la sencilla raz?n de que los negocios tienen lugar entre personas y las personas tienen que ser ?ticas; deben comportarse ?ticamente, es decir, de acuerdo con la norma moral derivada de su propia y exclusiva condici?n de persona humana, racional y libre. De aqu? que la respuesta sea la misma tanto si se formula en relaci?n con la profesi?n, sea liberal sea por cuenta de terceros, o en relaci?n con la vida social, familiar e individual. El hombre debe ser siempre ?tico, en todas las situaciones y circunstancias, porque no hay m?s que una ?tica. No hay una ?tica individual -privada como le llaman algunos- una ?tica familiar, una ?tica social, una ?tica profesional, una ?tica empresarial. No hay m?s que una sola y ?nica ?tica y esta ?tica hay que vivirla en la vida individual, en la vida familiar, en la vida social, en la vida profesional y en la vida empresarial.

?Qu? es la ?tica?


Otra cosa distinta es responder a la pregunta que inmediatamente viene a la mente despu?s de la rotunda afirmaci?n que acabo de hacer. Y la pregunta es: ?qu? se entiende, o qu? hay que entender, por comportamiento ?tico? ?Qu? cosa es la ?tica? Puestos a responder lac?nica y lapidariamente dir? que ?tica se define como la ciencia que se refiere al estudio filos?fico de la acci?n y conducta humana en relaci?n con la moralidad. La ?tica es, por lo tanto, una parte de la filosof?a, la Filosof?a Moral. Etica y moral son, pues, dos vocablos sin?nimos. Lo mismo da hablar de ?tica que de moral; de valores ?ticos que de valores morales. No ignoro que, hoy en d?a, algunos pretenden distinguir entre ?tica y moral, dando a la distinci?n un contenido ideol?gico que algo tiene que ver con las creencias. Sin discutir la buena intenci?n de esta postura, sin duda motivada por el deseo de hallar un consenso que permita definir normas de comportamiento en una sociedad pluralista, a mi entender, la preocupaci?n a que esta distinci?n apunta se satisface mejor aclarando a qu? clase de ?tica o de moral quiere uno referirse.

Porque ahora se habla mucho de ?tica, pero ?qu? ?tica? La elecci?n del modelo ?tico es una cuesti?n antropol?gica. La ?tica que, como ciencia del comportamiento del hombre, nos sintamos inclinados a escoger y propagar depender? de la antropolog?a que adoptemos, es decir, de nuestra concreta idea sobre el hombre. La ?tica basada en una antropolog?a materialista no podr? ser nunca igual a la que se sustenta, al margen de cualquier opci?n confesional, sobre un concepto del hombre como ser formado de alma y cuerpo. Lo cual no obsta, si uno es liberal, para respetar, sin abdicar de las propias convicciones, la ?tica definida por otros, partiendo de una distinta antropolog?a. Como es bien sabido, las normas para conseguir que convivan libremente distintas convicciones morales deriva del principio de la tolerancia. Pero esta tolerancia no me impide decir que una ?tica subjetivista, relativista, que -en vez de anclarse en la existencia de normas objetivas, inscritas en la misma naturaleza humana, v?lidas siempre y para todos- se base en el consenso de opiniones, cambiantes con las culturas, los tiempos y las circunstancias, no es, a mi entender, una moral que pueda garantizar el fundamento ?tico de la convivencia social, tanto nacional como internacional.

La ?tica en la que yo creo, y que espero pueda ser de amplia aceptaci?n, tanto para los que somos cristianos, como para los que pertenecen a otra confesi?n o son agn?sticos, es la ?tica fundada en la tradici?n filos?fica realista y teleol?gica que arranca en Arist?teles y que considera que el hombre es un ser racional, social, libre (es decir, due?o de sus actos), capaz de organizarse para la consecuci?n de sus fines y de poner los medios para lograrlos; capaz de aprender (en lo intelectual y en lo moral), de mejorar (en el plano intelectual y moral) y de progresar hacia la consecuci?n de sus fines personales y sociales. Pienso que este hombre es un ser imperfecto pero perfectible, que puede ser ?tico y, de hecho, muchos hombres lo son.

Esta ?tica es una ?tica racional, en el sentido de que la raz?n, la inteligencia humana, puede descubrir las reglas de la moralidad. El razonamiento moral parte de la consideraci?n del hombre como es, lo enfrenta con el hombre como deber?a ser -de acuerdo con su fin-, y deduce de ah? las reglas morales para pasar del hombre como es al hombre como deber?a ser. Esta ?tica racional discrepa, por ejemplo, de la ?tica nominalista, producto de la modernidad, en la que lo que hay que hacer, lo ?tico, no se deduce por la raz?n, sino que simplemente procede del precepto.

La ?tica de las virtudes


En la ?tica racional, el fin del hombre es la felicidad que, tambi?n desde Arist?teles, no consiste en el placer sino en la perfecta realizaci?n de todas las potencialidades humanas. En esta ?tica, los medios para alcanzar el fin son las virtudes, todas las virtudes. Pero, ya se ve enseguida que la mera enumeraci?n del fin, buscar la felicidad o la autorrealizaci?n, no puede ser una gu?a pr?ctica para la acci?n. En cambio, s? lo es, con ejemplos que afectan al hombre de empresa, decir la verdad; explicar claramente lo que se hace y por qu? se hace; mantener la palabra dada; cumplir el compromiso adquirido sobre el importe y la fecha de pago; desempe?ar fiel, eficaz y puntualmente el cometido profesional; remunerar justamente el trabajo; vivir la disciplina, con obediencia, adhesi?n y subordinaci?n al leg?timo superior; exigir el cumplimiento de los subordinados y ser leal con ellos; servir la calidad anunciada, sin disimular los defectos; soportar con esp?ritu de sacrificio las dificultades y contradicciones; obrar de conformidad con el honor y la honra; guardar leal y sigilosamente el secreto de oficio y el confiado; afrontar con valor las responsabilidades; comportarse correctamente con los compa?eros, sin murmurar en su ausencia o ponerles zancadillas en su camino profesional; etc. etc. Hacerlo as? siempre, tanto cuando es f?cil como cuando es dif?cil, cuando todos lo hacen y cuando los dem?s no lo hacen, es poner en juego los medios para el fin, que es la felicidad propia y la de los dem?s.

De intento no he incluido entre la relaci?n de algunos medios, gu?as del obrar en orden al fin, ejemplos de lo que no se debe hacer, reglas negativas, como prevaricar, corromper, defraudar, etc., porque la ?tica que estoy describiendo es una ?tica de las virtudes y en esta ?tica lo que no se debe hacer es simplemente lo que va contra las virtudes. La sencillez y al mismo tiempo firmeza o solidez que caracteriza a la ?tica de las virtudes contrasta con la confusi?n y falta de concreci?n en las que, por lo general, se debaten los que postulan la ?tica de los valores. Ante la dificultad pr?ctica de decir a qu? valores se est?n refiriendo, estas ?ticas, a mi juicio, quedan muchas veces en meras declaraciones ut?picas. Por esto, entiendo que hay que sustituir la palabra valores por la palabra virtudes, sin miedo a ser tachados de confesionales ya que las virtudes humanas -sobre las que se asientan, elev?ndolas de orden, las virtudes cristianas- se hallan en el pensamiento filos?fico griego, cinco siglos antes de Cristo.

Virtudes y sentimientos

Hay que hablar de virtudes, pero sin confundirlas con los sentimientos, porque la confusi?n entre virtudes y sentimientos es una forma de suicidio moral, tanto en el plano social como en el individual. En el caso concreto, por ejemplo, de la solidaridad de la que tanto y tan sin sentido se habla hoy en d?a, es paradigm?tica la corrosi?n de los valores ?ticos que se produce al confundir el sentimiento de solidaridad con la virtud de la solidaridad.

El sentimiento de solidaridad conduce a la postulaci?n del Estado del Bienestar en el que la solidaridad se organiza burocr?ticamente con cargo al Presupuesto del Estado, con exposici?n a toda clase de abusos y corruptelas, pero sin el menor compromiso de los individuos que tienden a sentirse descargados de todo sacrificio personal en la acci?n benefactora del Estado. La virtud de la solidaridad -valoraci?n del "otro" como "otro yo", de cuyo bien soy responsable en la medida en que puedo influirlo- empuja, en cambio, a la generosa realizaci?n de actuaciones concretas de ayuda, material, moral, cultural, con sacrificio personal, de que est? llena la historia de la humanidad, sobre todo cuando la solidaridad burocratizada no enerva, en la forma dicha, la virtud de la solidaridad personal.

Las virtudes son h?bitos que desarrollan las potencias operativas del hombre en orden al bien, es decir, que le llevan a hacer y a hacer bien lo que hay que hacer. Pero los h?bitos -buenos, virtudes o malos, vicios- se adquieren por aprendizaje, por la reiteraci?n de los actos. Si siempre digo la verdad, aunque alguna vez me cueste, adquiero el h?bito de la veracidad; me hago veraz. Si digo una mentira de vez en cuando, esto no me hace mentiroso, aunque, una mentira aislada pueda tener efectos muy desastrosos. Una mentira no me hace mentiroso, pero a fuerza de decir mentiras voy aprendiendo a hacer el mal, voy adquiriendo el h?bito contrario a la veracidad; me hago mentiroso. Y poco o mucho, me he envilecido como hombre, me he deteriorado como persona. Es m?s: si miento para enriquecerme o para ascender, pronto estar? dispuesto a realizar otras acciones tanto o m?s incorrectas ?ticamente con la misma finalidad.

La ?tica racional y el Magisterio de la Iglesia

La ?tica a la que me estoy refiriendo, y que he llamado la ?tica de las virtudes, no es, ya lo dije, una ?tica espec?ficamente cristiana. Para participar de esta concepci?n ?tica, no es necesario ser cristiano, ni siquiera ser creyente, aunque en el fondo de toda pregunta ?tica late, consciente o inconscientemente, una preocupaci?n religiosa trascendente.

Puede haber no cristianos, y sin duda los hay, que, de acuerdo con su moral de base objetiva, universal y constante estar?n m?s de acuerdo conmigo que yo pueda estarlo con algunos cristianos partidarios de morales subjetivistas, relativistas y circunstanciales. En cualquier caso, la ?tica cristiana no solamente no contradice la ?tica de las virtudes sino que la potencia o sublima. Por ello, en un momento en que nuestras sociedades se hallan sacudidas por una profunda crisis de valores morales, lo que hace decir a muchos que hay que volver a las ra?ces ?ticas, pienso que nada mejor para enraizar nuestro comportamiento ?tico, tanto en el ?mbito personal como en el profesional y el empresarial, que acudir al s?lido fundamento de la aut?ntica interpretaci?n de la moral natural y universal que, no s?lo para los cat?licos, sino tambi?n para muchos otros hombres de buena voluntad, ofrece el Magisterio de la Iglesia Cat?lica al amparo de la Revelaci?n.

De hecho, despu?s de que durante m?s de dos siglos y hasta hace bien poco, las relaciones entre econom?a y moral han sido inexistentes, hoy, afortunadamente, las cosas parecen estar volviendo hacia donde siempre debieron haber estado, y los economistas, los empresarios y los moralistas declaran que la cooperaci?n entre econom?a y ?tica es necesaria para el buen funcionamiento del mercado. Los empresarios se muestran dispuestos a escuchar a los profesores de ?tica y los moralistas, por lo menos algunos de ellos, se esfuerzan por entender los fundamentos de la ciencia econ?mica. Prueba de este cambio son las innumerables conferencias, congresos, mesas redondas y reuniones de todo orden que se est?n organizando sobre esta materia, como lo es la aparici?n de diversas obras colectivas en las que prestigiosos cultivadores del saber econ?mico han vertido sus comentarios sobre las Enc?clicas Laborem Exercens (1981), Sollicitudo Rei Socialis (1987) y Centesimus Annus (1991), que son los tres importantes documentos con que, por el momento, el actual Pont?fice cierra cien a?os de Doctrina Social de la Iglesia. En la misma l?nea se inscribe el hecho de que algunos economistas, que se denominan cat?licos, afirmen, como recientemente ha hecho el Profesor Juan Velarde, que se consideran en el deber de "exponer, con claridad, sus puntos de vista sobre la situaci?n nacional en el ?mbito de su especialidad", a?adiendo que estas opiniones deben ser escuchadas con atenci?n por la Jerarqu?a. Y esto es lo importante en orden a la recuperaci?n del deseable di?logo.

Porque, ciertamente, la Iglesia -como afirma Juan Pablo II en la Enc?clica Sollicitudo Rei Socialis- no propone sistemas o programas econ?micos y pol?ticos, ni manifiesta preferencias por unos o por otros, con tal de que la dignidad del hombre sea debidamente respetada y promovida y ella goce del espacio necesario para ejercer su ministerio en el mundo 1. Pero la Iglesia -sigue diciendo Juan Pablo II- es experta en humanidad, y por esto tiene una palabra que decir y a este fin utiliza como instrumento su doctrina social 2.

La doctrina social de la Iglesia -concluye el Pont?fice- no es, pues, una tercera v?a entre el capitalismo liberal y el colectivismo marxista, y ni siquiera una posible alternativa a otras soluciones menos contrapuestas radicalmente, sino que tiene una categor?a propia. No es tampoco una ideolog?a, sino la cuidadosa formulaci?n del resultado de una atenta reflexi?n sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradici?n eclesial. Su objetivo principal es interpretar esas realidades, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio ense?a acerca del hombre y su vocaci?n terrena y, a la vez, trascendente, para orientar en consecuencia la doctrina cristiana. Por tanto, no pertenece -la doctrina social- al ?mbito de la ideolog?a, sino al de la teolog?a, y especialmente de la teolog?a moral .3

La Enc?clica Veritatis Splendor

Luego, si la Doctrina Social de la Iglesia, como dice el Papa Juan Pablo II, es una parte de la teolog?a moral, parece l?gico que busquemos nuevas luces en el an?lisis y aplicaci?n pr?ctica de la Enc?clica Veritatis Splendor que el mismo Pont?fice public? con fecha 6 de agosto de 1993. En efecto, al abordar los fundamentos de la vida moral, dando claras orientaciones ante las voces confusas y contradictorias que, en materia moral, surgen incluso en el seno de la propia Iglesia, esta Enc?clica, que puede ser calificada, en palabras del Cardenal Ratzinger, como el documento m?s trascendental del Pontificado de Juan Pablo II, es, junto con el Catecismo de la Iglesia Cat?lica, una norma segura para lo que hay que creer y practicar.

Las ?ticas consecuencialistas

Y esta norma segura nos es hoy altamente necesaria porque una gran parte de la literatura actual sobre ?tica de la empresa se centra en enfatizar la conveniencia de obrar ?ticamente dadas las consecuencias sociales que tal obrar ocasiona, con lo cual, prescindiendo del valor ?tico de las acciones medido por el efecto que producen en el interior del agente, la pretendida ?tica de la empresa, plasmada en los proliferantes c?digos de comportamiento, se convierte en una lista de normas o reglas de car?cter sociol?gico sin aut?ntico fundamento ?tico. A esta clase de discurso pertenece, por ejemplo, decir que la dureza del mercado tendr?a que ser corregida por los buenos sentimientos de los poderosos hacia los despose?dos, ya que de esta forma se lograr? la concordia y la paz social. Otras veces se pretende vender esta misma ?tica consecuencialista no ya insistiendo en las consecuencias para los dem?s sino afirmando e, incluso, intentando demostrar que ser ?tico resulta rentable para la propia empresa. Es probablemente verdad, pero ?sta no es la raz?n para ser ?tico.

El error, de car?cter antropol?gico, que se oculta bajo las aparentemente buenas intenciones de esta moral consecuencialista es denunciado por Juan Pablo II, cuando en la Veritatis Splendor recuerda que los actos humanos son actos morales, porque expresan y deciden la bondad o malicia del hombre mismo que realiza esos actos. Estos no producen s?lo un cambio en el estado de cosas externas al hombre, sino que, en cuanto decisiones deliberadas, califican moralmente a la persona misma que los realiza y determinan su profunda fisonom?a espiritual .4 Es decir, el valor m?s importante de los actos humanos no es el que produce al exterior de la persona sino el que tiene lugar en su interior. Cualquier cosa que el hombre haga, aunque esta cosa no da?e a sus semejantes, es m?s, aunque les produzca beneficios, si el acto -de acuerdo con la norma objetiva convertida por la conciencia subjetiva en regla pr?xima del obrar- ha sido un acto ?ticamente incorrecto, el hombre se ha degradado, ha envilecido, en poco o en mucho, su dignidad de persona, aunque nada de esto haya traslucido. Y esta degradaci?n de la persona es mucho m?s importante que todo lo que el acto humano haya podido provocar exteriormente.

Por tanto, dice el Papa, el obrar humano no puede ser valorado moralmente bueno s?lo porque sea funcional para alcanzar ?ste o aquel fin que persigue, o simplemente porque la intenci?n del sujeto sea buena. 5 La vida moral posee un car?cter "teleol?gico" esencial, porque consiste en la ordenaci?n deliberada de los actos humanos a Dios, sumo bien y fin (telos) ?ltimo del hombre. Pero esta ordenaci?n al fin ?ltimo no es una dimensi?n subjetivista que dependa s?lo de la intenci?n. Aqu?lla presupone que tales actos sean en s? mismos ordenables a este fin, en cuanto son conformes al aut?ntico bien moral del hombre, tutelado por los mandamientos .6


Publicado por mario.web @ 16:58
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