Martes, 03 de mayo de 2011

Fuente: chiesa.espresso.repubblica.it
Autor: Sandro Magister

Las homil?as lit?rgicas son una veta del pontificado de Benedicto XVI. Es la menos conocida y a la que menos se recurre. Del Papa han hecho noticia y ruido la lecci?n de Ratisbona, el libro sobre Jes?s, la enc?clica sobre la esperanza. Mucho menos, muy poco, las pr?dicas que dirige a los fieles en las misas que celebra en p?blico.

Sin embargo, sin las homil?as, el magisterio de este Papa te?logo ser?a incomprensible. As? como sin ellas no se entender?a un san Le?n Magno, el primer pont?fice del que nos ha llegado la predica lit?rgica, un san Ambrosio, un San Agust?n, todos aquellos grandes pastores y te?logos, columnas de la Iglesia, que Joseph Ratzinger tiene por maestros.

Ante todo las homil?as son lo que de manera m?s genuina sale de la mente del Papa Benedicto. Las escribe casi completamente de su pu?o y letra, a veces las improvisa. Pero sobre todo imprime en ellas ese trazo inconfundible que distingue las homil?as de cualquier otro momento de su magisterio: su ser parte de una acci?n lit?rgica, m?s a?n, ser ellas mismas liturgia.


Liturgo de Jesucristo para las gentes

Benedicto XVI ha dicho claramente en la homil?a que pronunci? el 29 de junio del 2008 en la fiesta de San Pedro y San Pablo: su vocaci?n es la de "servir como liturgo de Jesucristo para las gentes". La expresi?n audaz es de Pablo en el cap?tulo 15 de la Carta a los Romanos. Y el Papa la ha hecho propia. Ha identificado su misi?n de sucesor de los Ap?stoles precisamente en el hacerse servidor de una "liturgia c?smica". Ya que "cuando el mundo en su conjunto sea liturgia de Dios, entonces habr? alcanzado su meta, entonces estar? sano y salvo".

Es una visi?n impresionante. Pero el Papa Ratzinger tiene esta certeza indestructible: cuando celebra la misa sabe que all? est? todo el actuar de Dios, entretejido con los destinos ?ltimos del hombre y del mundo. Para ?l la misa no es un simple rito oficiado por la Iglesia. Es la Iglesia misma, habitada por el Dios trinitario. Es imagen y realidad de la totalidad de la aventura cristiana. No se equivocaban los paganos cultos de los primeros siglos, cuando para identificar la cristiandad la describ?an en el acto de celebrar. Porque esta era tambi?n la fe de los primeros creyentes. ?Sine dominico non possumus?, sin la eucarist?a del domingo no podemos vivir, respondieron los m?rtires de Abitene al emperador Diocleciano que les prohib?a celebrar. Y por esto sacrificaron sus vidas. Benedicto XVI ha recordado este episodio en la homil?a de su primera misa celebrada fuera de Roma como Papa, en Bari, el 29 de mayo del 2005.


El tiempo de la Iglesia

En esa misma homil?a el Papa defini? el domingo como "Pascua semanal". Y con ello la identific? como el eje del tiempo cristiano. La Pascua, o sea la pasi?n, la muerte y la resurrecci?n de Jes?s, es un acto ?nico en el tiempo, cumplido una vez por todas, pero es tambi?n un acto cumplido "para siempre", como bien subraya la Ep?stola a los Hebreos. Y esta contemporaneidad se realiza en la acci?n lit?rgica, donde "la Pascua hist?rica de Jes?s entra en nuestro presente y a partir de all? quiere alcanzar y penetrar la vida de aquellos que celebran y - por tanto - la entera realidad hist?rica". Como cardenal, en el libro "Introducci?n al esp?ritu de la liturgia", Ratzinger escribi? p?ginas sugerentes sobre el "tiempo de la Iglesia", un tiempo en el cual "pasado, presente y futuro se compenetran y tocan la eternidad".

El ritmo del tiempo de la Iglesia lo marca el domingo. Es este "el primer d?a de la semana" (Mt 28,1) y por tanto el primero de los siete d?as de la creaci?n. Pero es tambi?n el octavo d?a, el tiempo nuevo que tuvo principio con la resurrecci?n de Jes?s. El domingo es pues para los cristianos, dice Ratzinger, ?la verdadera medida del tiempo, la unidad de medida de sus vidas?, porque en cada misa dominical irrumpe la nueva creaci?n. En cada misa la Palabra de Dios se hace carne. Lo muestran las pinturas de muchas iglesias del Medioevo y del Renacimiento: a un lado el ?ngel anunciante, del otro la Virgen anunciada, y al centro el altar sobre el cual en cada misa Verbum caro factum est, por obra del Esp?ritu Santo. Pero tambi?n la estructura de la misa muestra ello de manera luminosa, como el Papa Benedicto record? en un comentario suyo a la cena de Jes?s resucitado con los disc?pulos de Ema?s, en el Angelus del domingo 6 de abril del 2008. En la primera parte de la misa est? la escucha de las Sagradas Escrituras, y en la segunda est?n "la liturgia eucar?stica y la comuni?n con Cristo presente en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre". Las dos mesas, de la Palabra y del Pan, est?n indisolublemente ligadas.

La homil?a hace de puente entre las dos. El modelo es Jes?s en la sinagoga de Cafarna?m, en el cap?tulo 4 del Evangelio de Lucas. Desenrollando el rollo de las Escrituras "las miradas de todos estaban fijas en ?l. Entonces comenz? a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que hab?is escuchado". En sus homil?as, el Papa Benedicto hace la misma cosa. Comenta las Escrituras y dice "hoy" ellas se cumplen en el acto lit?rgico que se est? celebrando. Con la repercusi?n que se sigue para la vida de todos, ya que - ha escrito - "la celebraci?n no es s?lo rito, no es s?lo un juego lit?rgico, ella quiere ser logik? latreia, transformaci?n de mi existencia en direcci?n del Logos, contemporaneidad interior entre yo y Cristo".


El a?o lit?rgico

Las Escrituras ilustradas por Benedicto XVI en cada homil?a son naturalmente las de la misa del d?a, a la cual dan impronta. Y aqu? entra en escena la otra gran articulaci?n del tiempo de la Iglesia que es el ciclo del a?o lit?rgico. Sobre el ritmo b?sico, el semanal de los domingos, se ha injertado ya desde los primeros siglos del cristianismo, un segundo ritmo, el ciclo anual, que tiene su elemento esencial en la Pascua, y en la Navidad y en Pentecost?s otros dos centros de gravedad. Este segundo ritmo hace brillar el misterio cristiano en sus aspectos y momentos diferentes, a lo largo de todo el recorrido de la historia sagrada. Comienza con las primeras semanas del Adviento y prosigue con el tiempo de Navidad y de la Epifan?a, con los cuarenta d?as de la Cuaresma, con la Pascua, con los cincuenta d?as del tiempo pascual, con Pentecost?s. Los domingos fuera de estos tiempos fuertes son los del tiempo ordinario, per annum. Adem?s hay fiestas como la Ascensi?n, la Trinidad, el Corpus Christi, los santos Pedro y Pablo, la Inmaculada, la Asunci?n.

Pero el a?o lit?rgico es mucho m?s que la narraci?n por episodios de una ?nica gran historia y de sus protagonistas. El Adviento, por ejemplo, no es s?lo memoria de la espera del Mes?as, porque ?l ya vino y todav?a vendr? al fin de los tiempos. La Cuaresma es ciertamente la preparaci?n para la Pascua, pero tambi?n para el bautismo como matriz de la vida cristiana de cada uno, sacramento administrado por antigua tradici?n en la vigilia pascual. Lo humano y lo divino, lo temporal y lo eterno, Cristo y la Iglesia, los sucesos de todos y cada uno son sorprendentemente entretejidos en cada momento del a?o lit?rgico. Lo testimonia una estupenda ant?fona de la fiesta de la Epifan?a: "Hoy la Iglesia se ha unido al Esposo Celeste, porque en el Jord?n Cristo lav? los pecados de ella. Corren los Magos con los dones a las nupcias reales y los invitados se alegran por el agua convertida en vino". Los Magos, el bautismo de Jes?s en el Jord?n, las bodas de Can?, todo se vuelve "epifan?a", manifestaci?n de la uni?n nupcial entre Dios y el hombre, de la que la Iglesia es el signo y la eucarist?a el sacramento.


Nuevo libro: las homil?as del Papa Benedicto

En este libro por primera vez se recoge un ciclo de homil?as de Benedicto XVI. Son las del a?o lit?rgico que comenz? con el primer domingo de Adviento del 2007, o mejor, con las v?speras de la vigilia de este domingo. Esta primera homil?a y la del siguiente 31 de diciembre fueron pronunciadas por el Papa durante las v?speras, antes del Magnificat. Todas las otras durante la misa, despu?s del Evangelio. La mayor parte han tenido lugar en San Pedro, en la bas?lica o en la plaza; una en la Capilla Sixtina; una en San Juan de Letr?n; una en San Pablo fuera de los muros; cuatro en otras iglesias de Roma; una en Castel Gandolfo; una en Albano; las otras en otras ciudades de Italia y del mundo donde el Papa estaba de visita: Nueva York, G?nova, Brindisi, Sydney, Cagliari, Par?s.

En dos ocasiones Benedicto XVI, adem?s de celebrar la misa, administr? el bautizo a ni?os y adultos. Una vez confirm? a unos j?venes. Otra vez orden? sacerdotes. En una ocasi?n consagr? los ?leos para la administraci?n de los sacramentos. En otra m?s impuso el palio a los nuevos arzobispos metropolitanos. En una ocasi?n consagr? una nueva iglesia parroquial y en otra el nuevo altar de una catedral. En todos estos casos el Papa dedic? una parte de la homil?a a ilustrar los gestos de la liturgia.

Adem?s, tres veces la misa fue precedida o seguida de una procesi?n: el mi?rcoles de Ceniza, el domingo de Ramos y el Corpus Christi. La noche del jueves santo el Papa lav? los pies a doce personas. La noche de Pascua presidi? la liturgia de las luces, con el encendido del cirio pascual y el canto del Exultet.

El 29 de junio, fiesta de san Pedro y san Pablo, particip? con ?l en la misa - sin consagrar ni dar la comuni?n - el patriarca ecum?nico de Constantinopla Bartolom? I, el cual se uni? tambi?n a la homil?a, hablando inmediatamente antes del Papa.

En cada caso, Benedicto XVI siempre bas? sus homil?as en pasajes de la Escritura le?dos en la misa del d?a o en las v?speras, seg?n corresponda. El lector encontrar? esos pasajes reproducidos al final de cada homil?a: complemento indispensable para situarla en su contexto lit?rgico. Los pasajes casi siempre coinciden con las lecturas del misal romano proclamadas el mismo d?a en casi todas las iglesias cat?licas del mundo. Despu?s de las homil?as de las v?speras de inicio del Adviento y del 31 de diciembre el lector encontrar? tambi?n los textos del Magnificat y del Te Deum.

Al leer las homil?as de Benedicto XVI de corrido se dise?a el a?o lit?rgico, y por tanto el misterio cristiano, con una nitidez ejemplar. El dise?o tiene aqu? y all? ciertos vac?os, porque en no pocos domingos y fiestas el Papa no ha celebrado en p?blico. Pero ?l mismo muestra que quiere colmar estos vac?os dedicando a tal fin los mensajes que dirige a los fieles y al mundo todos los domingos a mediod?a antes de la oraci?n del Angelus o, en el tiempo pascual, antes del Regina Coeli.

Estos mensajes son frecuentemente peque?as homil?as. En las que Benedicto XVI comenta las lecturas de las misas del d?a. Son inconfundiblemente de su pu?o y letra, verdaderas joyas de homil?tica menor. En un ap?ndice al libro el lector encontrar? algunas seleccionadas. Y con ellas enriquecer? la visi?n de aquella obra de arte que es el a?o lit?rgico narrado por el Papa Benedicto.


Homil?as. El a?o lit?rgico narrado por Joseph Ratzinger, Papa

Con este t?tulo se recoge por primera vez en un libro la pr?dica de Benedicto XVI en las misas y en las v?speras, en el lapso de un a?o. Una lectura obligatoria para entender este pontificado.


  • ?Qui?n es Sandro Magister?

  • Publicado por mario.web @ 17:03
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