Martes, 03 de mayo de 2011

Fuente: catholic.net
Autor: Germ?n S?nchez Griese

?Un t?tulo pretencioso?
Hablar de la situaci?n de la vida consagrada, y m?s a nivel mundial, no deja de ser pretencioso. Abarcar todas las vicisitudes, la problem?tica, las particularidades de este tipo de vida, pudiera parecer una encomiable empresa, pero riesgosa. Dejar a un lado componentes principales, o recalcar aquellas que no lo son, pudiera llevar a conclusiones falsas o desviadas de la realidad. Sin embargo no debemos olvidar que un an?lisis, un diagn?stico, si bien se apoya en la realidad, nunca puede reflejarla completamente. Los tentativos de presentar una realidad tienen como finalidad ?ltima el llegar a conclusiones que ayuden a mejorar dicha realidad. Quedarse simplemente en el an?lisis de la realidad sin dar una interpretaci?n a la misma para sugerir algunas soluciones, ser?a un mero ejerci? acad?mico. Conocer la realidad, al menos en sus variables m?s importantes, es el veh?culo que nos debe llevar a encontrar medios adecuados para mejorar la realidad.

Un buen an?lisis de la realidad debe comenzar con una premisa: la sinceridad. Aceptar la realidad tal como es, sin menospreciarla ni sobrestimarla. La realidad de la vida consagrada es una y no se puede negar. De lo contrario no seremos capaces de hacer algo por mejorarla. Si la realidad de la vida consagrada no se considera con toda objetividad, se puede caer en el error de pensar que es un organismo sano, cuando en verdad puede que adolezca de muchas enfermedades. O por el contrario, puede pensarse que no tiene soluci?n y se caer? entonces en la desesperaci?n, la desilusi?n o la depresi?n, actitudes muy comunes estas ?ltimas en el continente europeo.

Debemos tambi?n considerar la persona que hace el an?lisis de la situaci?n. Desde un punto de vista meramente humano, quien posee informaciones de primera mano, de diferentes fuentes, a nivel internacional, est? en mejor posici?n para dictaminar sobre la realidad de la vida consagrada, que quien posee una visi?n parcial de la vida consagrada, porque la considera desde su propio punto de vista, desde su ideolog?a o porque toma en consideraci?n s?lo un sector geogr?fico en donde se desarrolla la vida consagrada. Y si hablamos desde el punto de vista espiritual, no podemos pasar inadvertida el hecho de que quien ejerce el ministerio cetrino goza de una especial asistencia del Esp?ritu santo . 1

En base a estas consideraciones podemos pensar que la visi?n de Benedicto XVI sobre la situaci?n de la vida consagrada goza de ciertos privilegios, humanos y espirituales, que le permiten expresar sobre ella un juicio certero. Adem?s es muy conveniente tomar en cuenta que su formaci?n acad?mica, como profesor e investigador, ha formado en ?l una mente anal?tica que le permite analizar situaciones complejas, expres?ndolas en palabras claras, simples y llanas. Por ?ltimo, otro factor que juega a favor de Benedicto XVI en esta labor de an?lisis de la situaci?n de la vida consagrada, ha sido los juicios que sobre ella da ha expresado en diversos momentos importantes de la historia de la Iglesia. En primer lugar, como Cardenal Joseph Ratzinger y en calidad de Prefecto de la Congregaci?n de la fe cat?lica, en la Propositio n.39 del S?nodo de los obispos sobre la vida consagrada. Siempre como Prefecto de la Congregaci?n de la fe cat?lica, y en segundo lugar en las intervenciones que ha tenido sobre la oraci?n cristiana 2 y en ocasi?n de la condena sobre el profetismo en la Iglesia.

Pensamos por tanto que la visi?n de Benedicto XVI sobre la situaci?n de la vida consagrada es desde los puntos de vista antes enunciados, digna de ser tomada en consideraci?n como un punto de referencia para el an?lisis y la soluci?n de los problemas que aquejan a la vida consagrada y que por tanto el t?tulo de este art?culo no tiene nada de pretencioso, siempre en la visi?n de Benedicto XVI.


?De qu? punto comenzar?
Si el t?tulo no es ya pretencioso en la visi?n de Benedicto XVI, puede serlo nuestro trabajo. Querer abarcar en pocas l?neas un estudio sobre la situaci?n de la vida consagrada en los inicios del tercer milenio es siempre una empresa de grandes dimensiones. Describir una situaci?n en la que no quede ninguna realidad excluida, m?xime cuando la vida consagrada contiene dimensiones mundiales, puede ser una quimera.

Por otro lado, describir la realidad sin conocer las causas que la han originado puede generar un estudio solamente acad?mico, pero que no tenga ninguna incidencia en la vida. Si Benedicto XVI habla tanto sobre las causas que han dado origen a la situaci?n actual de la vida consagrada es con el s?lo fin de que, conociendo dichas causas, se pueda actuar en ellas y as? mejorar la situaci?n de la vida consagrada. A lo largo de los a?os que he pasado en la investigaci?n de la vida consagrada femenina, me he dado cuenta que mientras m?s pasan los a?os, las congregaciones religiosas y los institutos religiosos tienen un conocimiento casi perfecto de la situaci?n por la que atraviesan. Basta lanzar una mirada a los trabajos que se realizan en los cap?tulos generales, las consultas previas que se lanzan a nivel de toda la congregaci?n, las asambleas inter-capitulares, etc., la literatura hoy en boga sobre el tema de la situaci?n de la vida consagrada, para aseverar que, gracias a Dios las religiosas hoy m?s que nunca son conscientes de la situaci?n por la que atraviesa la vida consagrada femenina en general y la vida consagrada en su instituto.

Sobre dicho conocimiento se lanzan invitaciones a la reflexi?n, al cambio. Se proponen planes de acci?n, l?neas gu?a que deben seguirse durante los pr?ximos seis a?os. En fin, se ponen en marcha verdaderos esfuerzos por corregir el rumbo de la vida consagrada. Sin embargo son pocos institutos y congregaciones que antes de lanzarse a la acci?n se dan a la tarea de una verdadera reflexi?n para analizar cu?les han sido las causas que han generado la panor?mica sobre la que ahora deben trabajar. No faltan, repito, los esfuerzos, las iniciativas, la generosidad para hacer que vuelva a brillar el carisma originario en los institutos. Lo que sucede es que muchas veces dichos esfuerzos no est?n sustentados en un verdadero conocimiento de las causas que han provocado la situaci?n por la que pasan las congregaciones e institutos religiosos. Por lo tanto se corre el riesgo de planificar acciones que no inciden en la realidad de la situaci?n, porque no atacan de ra?z las causas que han provocado la situaci?n que se quiere cambiar.

Sin pretender simplificar el an?lisis, podemos usar el parang?n con la labor que realizan los m?dicos de frente a una persona enferma. Una vez que los m?dicos han escuchado al enfermo, se permiten hacer un diagn?stico, describiendo la enfermedad. Pero en el momento de dar la terapia, toman primordialmente en cuenta las causas que han originado la enfermedad. De lo contario se corre el riesgo que la terapia sea infructuosa. As?, quien padece artrosis cervical, originada por una mala postura al leer o estudiar, adem?s de una fisioterapia adecuada, deber? corregir sus posturas de trabajo en el escritorio. De lo contrario la terapia podr? reportar un cierto alivio a las personas, pero no ser? del todo eficiente, mientras no venga atacada la ra?z del problema, es decir las malas posturas.

Algo semejante puede suceder a la vida consagrada cuando desconoce las causas que han originado los problemas por los que est? atravesando. Si, por ejemplo, la congregaci?n se da cuenta que un problema fundamental es la escasez de vocaciones, pero no analiza con suficiente detenimiento la causa de la falta de vocaciones, puede lanzarse a buenas acciones de pastoral vocacional que pueden correr el riesgo de ser insuficientes, porque cuando lleguen las j?venes a hacer una experiencia de vida consagrada en dicho instituto, pueden encontrarse con mujeres consagradas marchitas y ajadas en su consagraci?n, sin el gusto por ser religiosas consagradas al Se?or, bajo un carisma espec?fico. Si ?sta es la causa de la falta de vocaciones, se debe trabajar s?, enana pastoral vocacional, pero al mismo tiempo en lograr que las religiosas de la congregaci?n recuperen el gusto y la frescura de la consagraci?n.

Benedicto XVI conoce la situaci?n de la vida consagrada. En su carta a Mons. Franc Rod? del 27 de septiembre de 2005 con ocasi?n de la Plenaria de la Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost?lica, se refiere a dichos problemas, aunque no los enuncia expl?citamente. ?Ciertamente, no faltan pruebas y dificultades en la vida consagrada de hoy, as? como en los otros sectores de la vida de la Iglesia. "El gran tesoro del don de Dios -hab?is recordado al final de la precedente plenaria- se halla en fr?giles vasijas de barro (cf. 2 Co 4, 7) y el misterio del mal acecha tambi?n a quienes dedican a Dios toda su vida" (Caminar desde Cristo, 11). M?s bien que enumerar las dificultades que encuentra hoy la vida consagrada, quisiera confirmar a todos los consagrados y consagradas la cercan?a, la solicitud y el amor de toda la Iglesia. La vida consagrada, al inicio del nuevo milenio, tiene ante s? desaf?os formidables, que s?lo puede afrontar en comuni?n con todo el pueblo de Dios, con sus pastores y con el pueblo de los fieles.? 3

En otra ocasi?n, en su discurso a los Superiores y las superioras generales reunidos en Roma, enuncia expl?citamente la situaci?n de la vida consagrada. ?En los ?ltimos a?os se ha comprendido la vida consagrada con un esp?ritu m?s evang?lico, m?s eclesial y m?s apost?lico; pero no podemos ignorar que algunas opciones concretas no han presentado al mundo el rostro aut?ntico y vivificante de Cristo. De hecho, la cultura secularizada ha penetrado en la mente y en el coraz?n de no pocos consagrados, que la entienden como una forma de acceso a la modernidad y una modalidad de acercamiento al mundo contempor?neo. La consecuencia es que, juntamente con un indudable impulso generoso, capaz de testimonio y de entrega total, la vida consagrada experimenta hoy la insidia de la mediocridad, del aburguesamiento y de la mentalidad consumista.? 4Junto con las luces, siempre hay sombras. Y Benedicto XVI no deja de apuntar la sombra del secularismo en la vida consagrada, cuando toma el rostro de la mediocridad, el aburguesamiento y la mentalidad consumista.

Nos encontramos por tanto con la estrategia acad?mica profunda de Benedicto XVI. M?s que gustoso en dar un elenco exhaustivo de los problemas que afronta la vida consagrada, se complace m?s bien en buscar las causas, que en este caso ser? la causa, es decir la cultura secularizada que ha penetrado la mente y el coraz?n de no pocos consagrados.

La mente y el coraz?n de estos consagrados que se ha dejado conquistar por la cultura secularizada en los ?ltimos a?os, debe tener tambi?n un origen. No es l?gico pensar que esta inclinaci?n se haya dado como una moda o como una postura ideol?gica. Responde m?s bien a unas causas espec?ficas. Insertados en el per?odo de la renovaci?n postconciliar, las personas consagradas han tenido que trabajar arduamente en la renovaci?n de sus propias congregaciones. Muchas veces dicha renovaci?n no ha sido del todo apegada al Magisterio de la Iglesia y de ah? han comenzado las desviaciones que han originado ciertos problemas a no pocas congregaciones e institutos religiosos. Muchos, como dec?a Paulo VI, se dieron a la tarea de la renovaci?n sin el adecuado discernimiento . 5Siguieron a?os por tanto de experimentaci?n, de descontrol, tambi?n de descontento.

No cabe como respuesta a lo sucedido apelar a los signos de los tiempos.Es necesario afrontar las consecuencias, desastrosas para muchas congregaciones, e ir a las causas .6 En este caso, Benedicto XVI, en su discurso del 22 de diciembre de 2005 a la curia romana, expone con detalle lo sucedido en la recepci?n del Concilio Vaticano II. Es su ya famoso discurso sobre la hermen?utica de la ruptura y la hermen?utica de la continuidad en donde sin ambages da a conocer su visi?n de la forma en que varios sectores de la Iglesia han recibido el Concilio Vaticano II y las consecuencias de cada una de esas posturas.

Sin embargo, no basta a?n este discurso para saber qu? es lo que ha pasado a la vida consagrada en el per?odo del post-concilio, de la renovaci?n. Es decir, este discurso a la curia romana explica la forma en que se recibi? el Concilio y se lo puso en pr?ctica. Pero no explica el porque la mentalidad secularizada se infiltr? en no pocos ambientes de la vida consagrada. Mentalidad secularizada que a su vez explica en parte las dificultades que se dieron en la recepci?n del Concilio.

El discurso del 22 de diciembre de 2005 al que hemos aludido, es uno de los primeros discursos en que Benedicto XVI toca el tema de la recepci?n del Concilio. Siendo Prefecto de la Congregaci?n de la doctrina cat?lica, conoc?a perfectamente los problemas doctrinales de este periodo de la historia de la Iglesia. Pod?a por tanto emitir un juicio sereno y acertado sobre el origen de esta disparidad en la recepci?n del Concilio. Y as?, en el encuentro con el clero de las di?cesis de Belluno ? Feltre y Treviso del 24 de julio de 2007, expondr? en forma magistral su pensamiento al respecto de este punto.


El inicio del problema
Benedicto XVI no se espanta de los acontecimientos por los que ahora est? atravesando la Iglesia, Como estudioso e hist?rico sabe que es una situaci?n relativamente normal que despu?s de un Concilio se den momentos de dificultad y de tensi?n, a?n mismo dentro de los ambientes de la iglesia. Lo explica de la siguiente forma. ?En primer lugar, quisiera hacer una anotaci?n hist?rica. Los tiempos de un posconcilio casi siempre son muy dif?ciles. Despu?s del gran concilio de Nicea, que para nosotros es realmente el fundamento de nuestra fe, pues de hecho profesamos la fe formulada en Nicea, no se produjo una situaci?n de reconciliaci?n y de unidad, como esperaba Constantino, promotor de ese gran concilio, sino una situaci?n realmente ca?tica, en la que todos luchaban contra todos.? 7 Y para corroborar dicho hecho, reporta lo que sucedi? en otro Concilio: ?Cincuenta a?os m?s tarde, el emperador invit? a san Gregorio Nacianceno a participar en el primer concilio de Constantinopla. El santo respondi?: "No voy, porque conozco muy bien estas cosas; s? que los concilios s?lo generan confusi?n y enfrentamientos; por eso no voy". Y no fue.? 8

La situaci?n que nace despu?s de un Concilio no es para nada agradable y podr?a considerarse incluso como una batalla naval nocturna, en d?nde reconoce a ninguno, y todos luchan contra todos. Esta plasticidad, propia de un gran pedagogo para ilustrar sus ense?anzas, no es de Benedicto XVI, sino de san Basilio, precisamente al describir la situaci?n que campeaba despu?s del Concilio de Nicea. Es significativo el hecho de que Benedicto XVI lo ponga como ejemplo para describir pr?cticamente la situaci?n que tambi?n se vive en nuestros d?as.

A casi 45 a?os de distancia de la clausura del Concilio Vaticano II vivimos a?n esta situaci?n que muchas veces podr?a definirse de ca?tica. Benedicto XVI no tiene temor a afrontar dicha realidad, pero la ve no s?lo como una constante hist?rica que se da al final de cada Concilio, sino como una forma necesaria para poner en pr?ctica las ense?anzas del Concilio. ?Por tanto, con una visi?n retrospectiva, ahora para todos nosotros no constituye una gran sorpresa, como lo fue en un primer momento, digerir el Concilio y su gran mensaje. Introducirlo y recibirlo para que se convierta en vida de la Iglesia, asimilarlo en las diversas realidades de la Iglesia, es un sufrimiento, y el crecimiento s?lo se realiza con sufrimiento. Crecer siempre implica sufrir, porque es salir de un estado y pasar a otro.? 9En este pasaje Benedicto XVI se revela no s?lo como un conocedor de la historia, como hemos ya acentuado, sino como un maestro del esp?ritu. Se da cuenta que las ense?anzas del Concilio, para ser puestas en pr?ctica, no basta que sean conocidas, sino que es necesario que sean asimiladas en el coraz?n de cada bautizado, de cada persona que forma la Iglesia. Pero esta acci?n de asimilaci?n no se realiza sin el sufrimiento. Toda puesta en pr?ctica de las directrices del Concilio implican un cambio. Y el cambio muchas veces comporta sufrimiento, porque se tienen que abandonar conceptos o h?bitos que ya han sido superados. En el caso de la vida de la Iglesia, muchas de sus pr?cticas hab?an quedado opacadas por una cultura que desde hace mucho tiempo hab?a quedado superada. Y si como la finalidad ?ltima del Concilio no era cambiar la doctrina, sino cambiar los medios para hacer llegar la doctrina a todos los hombres, dichos cambios en muchas personas no pod?an que comportar m?s que sufrimiento.

El genio espiritual de Benedicto XVI se revela cuando nos dice que este sufrimiento es algo normal, es ley natural para el crecimiento. Si el crecimiento s?lo se realiza con sufrimiento,< quiere decir que el sufrimiento que est?n experimentando muchas congregaciones religiosas femeninas que se esfuerzan por poner en pr?ctica las directrices del Concilio, es parte del proceso normal por el que se debe pasar.

Sin embargo observamos que este sufrimiento, esta tensi?n se debe en muchos casos no porque se quiere aplicar las ense?anzas del Vaticano II, sino porque se ha interpretado de forma desviada las ense?anzas del Vaticano II y las tensiones, los problemas que surgen se dan precisamente en oposici?n al Magisterio de la Iglesia, a los pastores, a las ense?anzas del mismo Sumo Pont?fice. Se trata entonces de un sufrimiento gratuito que no aporta ning?n beneficio a la Iglesia ni a la misma congregaci?n o instituto religioso. La diferencia entre ambos tipos de sufrimiento la podemos constatar con los frutos. Cuando los frutos que se observan son frutos espirituales y frutos que hacen crecer a la Iglesia por el rumbo que Jesucristo le ha marcado y que ha sido acogido e impulsado por los padres sinodales, entonces el sufrimiento es abono necesario para recoger en un futuro una buena cosecha. Cuando el sufrimiento s?lo aporta un distanciamiento con el Magisterio de la Iglesia, es un sufrimiento humano que s?lo genera tensi?n, dificultad y desasosiego.

Si todo Concilio genera dificultades y tensiones inherentes al cambio, el contexto hist?rico en el que fue acogido el Concilio Vaticano II a?adi? un elemento de mayor dificultad. De nuevo el Papa describe este momento hist?rico y nos da en pocas pinceladas el ambiente del post-concilio. ?Hab?a desaparecido la generaci?n del per?odo posterior a la guerra, una generaci?n que despu?s de todas las destrucciones y viendo el horror de la guerra, del combatirse unos a otros, y constatando el drama de las grandes ideolog?as que realmente hab?an llevado a la gente al abismo de la guerra, hab?an redescubierto las ra?ces cristianas de Europa y hab?an comenzado a reconstruirla con estas grandes inspiraciones. Al desaparecer esa generaci?n, se ve?an tambi?n todos los fracasos, las lagunas de esa reconstrucci?n, la gran miseria que hab?a en el mundo. As? comienza, explota la crisis de la cultura occidental: una revoluci?n cultural que quiere cambiar todo radicalmente. Afirma: en dos mil a?os de cristianismo no hemos creado el mundo mejor. Por tanto, debemos volver a comenzar de cero, de un modo totalmente nuevo. El marxismo parece la receta cient?fica para crear por fin el mundo nuevo.? 10

Es un momento hist?rico cr?tico, el de la generaci?n del ?68. Todas las revoluciones culturales de alguna manera han propuesto un ideal y unos medios concretos para alcanzar dichos ideales. La revoluci?n cultural de Occidente no propon?a ning?n modelo, ning?n ideal claro que alcanzar. Se deb?a comenzar de nuevo y no se sab?a con claridad el punto al que se quer?a llegar. Esta falta de consistencia en las metas origin? una mentalidad vaga. Para quien no sabe el puerto al que se quiere arribar, cualquier viento es favorable. Lo importante era estar en movimiento, en b?squeda. Romper con el pasado fue una regla que deb?a seguirse a toda costa, porque del pasado s?lo pod?a esperarse una proyecci?n de los errores ya cometidos.

Este movimiento coincide con la recepci?n del Concilio. Si el Concilio fue clausurado por Pablo VI el 8 de diciembre de 1965 con el Breve Pontificio In Spiritu Sancto, los trabajos de renovaci?n en los distintos ?mbitos de la Iglesia, comienzan a darse precisamente en el momento en que el mundo quiere cambiar de fachada. Se da por tanto una coincidencia, no del todo feliz. Si por un lado la Iglesia propugnaba un cambio de m?todos para llevar el mensaje de la salvaci?n al hombre, manteniendo salvo el dep?sito de la fe, por otro lado se daba este movimiento cultural que propugnaba precisamente por un cambio de la sociedad. Sin una adecuada distinci?n, podr?a darse una identificaci?n y hasta una igualaci?n entre estos dos movimientos. Pero identificar el cambio que propon?a la Iglesia con los cambios que propon?a el mundo cultural del ?68 significaba no haber entendido ni uno ni el otro. El Concilio Vaticano II no propugnaba un nuevo estado de las cosas, como lo pretend?a el movimiento del ?68. Los padres conciliares no se hab?an reunido para romper con la Iglesia pre-conciliar, como era la visi?n de la revoluci?n cultural de Occidente que quer?a a toda costa romper con el pasado. Las reformas sugeridas por el Concilio Vaticano II eran reformas que tend?an a hacer brillar con nuevo resplandor las verdades eternas, las verdades fundamentales de nuestra fe, mientras que el movimiento del ?68 se empe?aba por formular nuevas verdades. El Concilio Vaticano II quer?a aprovechar todo lo bueno que el mundo moderno ofrec?a con el fin de hacer llegar el mensaje de salvaci?n a todos los hombres, en contraste con la revoluci?n cultural de Occidente que de las tecnolog?a y los avances del mundo moderno, muchas veces no quer?a saber nada.

Pero esta dicotom?a quedaba ocultada para muchos. Haciendo una lectura superficial de los objetivos del Concilio Vaticano II, incluso lleg?ndolos a desfigurar, identifican los objetivos del Concilio Vaticano II con los objetivos de la revoluci?n cultural del ?68, estableciendo el inicio de una mentalidad secularizada dentro de la Iglesia. Las metas de unos y de otros viene a ser parangonadas. Y si ya de por s? era dif?cil entender y comenzar a aplicar las directrices del Concilio vaticano II, dificultades inherentes a toda ?poca de postconocilio como hemos analizado previamente, result? ser m?s ca?tica la situaci?n cuando se identificaban las metas y los m?todos de la revoluci?n cultural de Occidente con las metas y los m?todos del Concilio Vaticano II. Todo ello lo atestigua Benedicto XVI cuando dice: ?En este grave y gran enfrentamiento entre la nueva -sana- modernidad querida por el Concilio y la crisis de la modernidad, todo resulta tan dif?cil como despu?s del primer concilio de Nicea. Una parte opinaba que esta revoluci?n cultural era lo que hab?a querido el Concilio; identificaba esta nueva revoluci?n cultural marxista con la voluntad del Concilio. Dec?a: "Esto es el Concilio. Seg?n la letra, los textos son a?n un poco anticuados, pero tras las palabras escritas est? este esp?ritu; esta es la voluntad del Concilio. As? debemos actuar".? 11

Y de esta manera nace una gran confusi?n, propia de todo Concilio. Si de por s?, como recordaba Benedicto XVI, todo cambio es doloroso, se debe unir a este cambio la circunstancia hist?rica que acoge dicho cambio. Se trata de un contexto cultural en el que no hay bases firmes, en el que, a semejanza de la ca?da del Imperio romano de Occidente, todas las bases culturales parecen desaparecer e irse por la borda. Es un momento de vac?o cultural en la que todo cambio significa y se identifica con progreso y ruptura del pasado. Por ello, el Vaticano II que propugnaba por un cambio de m?todo, no de fondo , 12fue identificado a su vez con el cambio cultural propuesto por la revoluci?n del ?68. Y a partir de ese malentendido comenzaron los problemas de interpretaci?n y aplicaci?n del Concilio.

Aproximadamente 20 a?os despu?s surge una segunda ruptura hist?rica, de grandes consecuencias tambi?n para la adecuada recepci?n del Concilio Vaticano II. Nos referimos a la ca?da de los reg?menes comunistas, con su evento m?s importante representado en la ca?da del muro de Berl?n en 1989. Esta ca?da, en la visi?n de Benedicto XVI represent? ?un escepticismo total, la llamada "posmodernidad". Seg?n esta, nada es verdad, cada uno debe buscarse la forma de vivir; se afirma un materialismo, un escepticismo pseudo-racionalista ciego que desemboca en la droga, en todos los problemas que conocemos, y de nuevo cierra los caminos a la fe, porque es muy sencilla, muy evidente. No, no existe nada verdadero. La verdad es intolerante; no podemos seguir ese camino.? 13

Este movimiento desemboca en una negaci?n de la verdad y hace ley de vida aquel simp?tico refr?n, aunque de consecuencias funestas para la vida moral y espiritual: nada es verdad, nada es mentira, todo depende del cristal con el que se mira. La verdad no existe, no se puede alcanzar, es una quimera. Despu?s de la ca?da de una ideolog?a que por casi setenta a?os hab?a prometido crear el para?so en la tierra, las personas en la post-modernidad deben construir cada una su para?so. El bien o el mal objetivos, seg?n ellos, no existe. Existe en la mente de las personas y lo ?nico atendible son los resultados. Lo que es bueno para una persona puede ser que no sea bueno para otra.

En este contexto cultural el Concilio Vaticano II vuelve a sufrir las interpretaciones subjetivas de quienes propagan este escepticismo total. Conceptos como autoridad, bien moral, posibilidad de conocer la verdad y de actuar seg?n dicha verdad, son constantemente cuestionados ,14 hasta llegar incluso a ser negados totalmente, llegando a caer en un relativismo exagerado. Ante este nuevo contexto, las interpretaciones del Concilio, ya de por si mal interpretadas por el movimiento cultural del ?68 vuelven a sufrir una nueva manipulaci?n, esta vez cuestion?ndose la verdad de sus principios e indicaciones. Como cada mente y cada punto de vista es, para muchos, la ?ltima norma de la conducta moral, el Vaticano II pierde su peso espec?fico de gu?a y rector, dejando el paso a la opini?n que cada persona quiera formarse de lo dictaminado por el Concilio. Quien se oponga a este planteamiento viene tachado de fundamentalista: ?Quanti venti di dottrina abbiamo conosciuto in questi ultimi decenni, quante correnti ideologiche, quante mode del pensiero... La piccola barca del pensiero di molti cristiani ? stata non di rado agitata da queste onde - gettata da un estremo all?altro: dal marxismo al liberalismo, fino al libertinismo; dal collettivismo all?individualismo radicale; dall?ateismo ad un vago misticismo religioso; dall?agnosticismo al sincretismo e cos? via. Ogni giorno nascono nuove sette e si realizza quanto dice San Paolo sull?inganno degli uomini, sull?astuzia che tende a trarre nell?errore (cf Ef 4, 14). Avere una fede chiara, secondo il Credo della Chiesa, viene spesso etichettato come fondamentalismo. Mentre il relativismo, cio? il lasciarsi portare ?qua e l? da qualsiasi vento di dottrina?, appare come l?unico atteggiamento all?altezza dei tempi odierni. Si va costituendo una dittatura del relativismo che non riconosce nulla come definitivo e che lascia come ultima misura solo il proprio io e le sue voglie.? 15

Y hablando en forma por dem?s clara de lo que es el relativismo, Benedicto XVI dice. ??Han notado ustedes que, con frecuencia, se reivindica la libertad sin hacer jam?s referencia a la verdad de la persona humana? Hay quien afirma hoy que el respeto a la libertad del individuo hace que sea err?neo buscar la verdad, incluida la verdad sobre lo que es el bien. En algunos ambientes, hablar de la verdad se considera como una fuente de discusiones o de divisiones y, por tanto, es mejor relegar este tema al ?mbito privado. En lugar de la verdad ?o mejor, de su ausencia ? se ha difundido la idea de que, dando un valor indiscriminado a todo, se asegura la libertad y se libera la conciencia. A esto llamamos relativismo. Pero, ?qu? objeto tiene una ?libertad? que, ignorando la verdad, persigue lo que es falso o injusto? ?A cu?ntos j?venes se les ha tendido una mano que, en nombre de la libertad o de una experiencia, los ha llevado al consumo habitual de estupefacientes, a la confusi?n moral o intelectual, a la violencia, a la p?rdida del respeto por s? mismos, a la desesperaci?n incluso y, de este modo, tr?gicamente, al suicidio? Queridos amigos, la verdad no es una imposici?n. Tampoco es un mero conjunto de reglas. Es el descubrimiento de Alguien que jam?s nos traiciona; de Alguien del que siempre podemos fiarnos. Buscando la verdad llegamos a vivir basados en la fe porque, en definitiva, la verdad es una persona: Jesucristo. ?sta es la raz?n por la que la aut?ntica libertad no es optar por ?desentenderse de?. Es decidir ?comprometerse con?; nada menos que salir de s? mismos y ser incorporados en el ?ser para los otros? de Cristo (cf. Spe salvi, 28).? 16

Son muchas las consecuencias que estos dos movimientos culturales han tenido en la recepci?n del Concilio Vaticano II. Podemos se?alar entre las m?s importantes la ignorancia de muchos de los documentos del Concilio y su correspondiente falta de aplicaci?n. Debido a la influencia de estos dos movimientos, se piensa que todo lo que viene del pasado es obsoleto y todo lo que viene mandado por una autoridad cualquiera que esta sea, es una coerci?n a la libertad. Para muchos sectores de la Iglesia, el Vaticano II entre en la categor?a de autoridad y de un pasado obsoleto. Las consecuencias las vemos, en algunas congregaciones religiosas cuando rechazan ipso facto cualquier indicaci?n emanada por el Concilio Vaticano II o por el Magisterio de la Iglesia. Olvidan que las ense?anzas del Vaticano II no han perdido su validez, como dice Benedicto XVI: ?Por eso, tambi?n yo, al disponerme para el servicio del Sucesor de Pedro, quiero reafirmar con fuerza mi decidida voluntad de proseguir en el compromiso de aplicaci?n del concilio Vaticano II, a ejemplo de mis predecesores y en continuidad fiel con la tradici?n de dos mil a?os de la Iglesia. Este a?o se celebrar? el cuadrag?simo aniversario de la clausura de la asamblea conciliar (8 de diciembre de 1965). Los documentos conciliares no han perdido su actualidad con el paso de los a?os; al contrario, sus ense?anzas se revelan particularmente pertinentes ante las nuevas instancias de la Iglesia y de la actual sociedad globalizada.? 17

Otra de las consecuencias de estas dos tendencias culturales en confronto con el Concilio Vaticano II es de un alejamiento pr?ctico del Magisterio de la Iglesia que lleva a seguir cualquier pensamiento o doctrina, m?s que las ense?anzas y las aplicaciones del Concilio Vaticano. Resulta triste, pero significativo, observar como en ciertas comunidades religiosas femeninas se conocen m?s los libros de ciertos autores de dudosa rectitud doctrinal, que los mismos textos conciliares o los documentos emanados por la Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost?lica.


La influencia de estas corrientes en la vida consagrada.
El culto al cambio, y la negaci?n de poder conocer la verdad son las consecuencias m?s evidentes de los dos movimientos culturales mencionados en el p?rrafo anterior. La revoluci?n cultural de 1968 y la ca?da del muro de Berl?n han influenciado de manera decisiva la cultura de la segunda mitad del siglo XX y los inicios del tercer milenio. Y si bien las personas consagradas no son del mundo, pero est?n en el mundo, son hijas tambi?n de la cultura. Las formas de pensar, las modas, los modos de ser, van impregnando la forma de vida en la que se mueve la vida consagrada. No se trata de ir contracorriente o de dar una nueva interpretaci?n a la fuga mundi de siglos pasados. Se trata de abrir los ojos para darse cuenta que el ideal de la vida consagrada, el seguimiento m?s cercano de Cristo , 18puede quedar empa?ado o deformado por la cultura de nuestro tiempo.

Y a este respecto podemos observamos un fen?meno bastante curioso en la vida consagrada del post-concilio. Uno de los objetivos del Concilio Vaticano II para la vida consagrada y que leemos en el decreto Perfecate caritatis19 era el de volver a los or?genes, quitando aquellos elementos meramente culturales que al pasar de los a?os o de los siglos se pudieran haber incrustado en las intenciones y las finalidades del Fundador. Muchas congregaciones e institutos religiosos se dieron a esta tarea, pero parece ser que en el proceso perdieron el norte y no llegaron a concretar el objetivo. En la din?mica propia de quitar lo que de meramente cultural se hubiera podido adherir al carisma del Instituto, para que brillara a?n m?s por s? s?lo, han a?adido elementos de la cultura de nuestros tiempos, pensando que de esa forma se desembarazar?an de las ataduras culturales del pasado. Han quitado los elementos culturales del pasado, pero han a?adido elementos culturales del presente, que en muchos casos se han identificado con los elementos esenciales de la vida consagrada.
La adquisici?n e inserci?n de una mentalidad del mundo en la vida consagrada es un fen?meno que puede darse en forma subrepticia, aparentemente en forma inocente, pero que al final de cuentas acaba por ofuscar el esplendor de la vida consagrada, dejando como consecuencia una vida religiosa que se conforma a las modas del mundo, a su forma de pensar, de sentir y de actuar.

La forma de pensar, de sentir y de actuar que es propia de nuestra cultura est? muy lejos de ser una cultura a favor del evangelio. M?s bien, es una cultura que piensa, siente y act?a en forma contraria a dichos valores. Es una cultura que, como producto de la negaci?n del conocimiento de la verdad, se concentra en el individuo como fuente de la verdad, propagando de esta forma los valores del individualismo y del relativismo. La cultura de Europa, y por ende de Occidente, se fundamenta en la posibilidad que el hombre tiene de conocer la verdad y hacer la verdad en sus vidas. Este conocimiento de la verdad objetiva y su b?squeda se traduce en un ethos, es decir, de un estilo de vida muy determinado. Si es posible conocer la verdad entonces es tambi?n posible trabajar por encontrar dicha verdad. El trabajo se convierte por tanto en parte integrante de esta b?squeda de la verdad. Toda esta forma de pensamiento y de actuaci?n tiene su origen en el monaquismo, que Benedicto XVI lo sintetiza de la siguiente forma: ?Est? ligado a la cultura mon?stica, porque aqu? vivieron monjes j?venes, para aprender a comprender m?s profundamente su llamada y vivir mejor su misi?n. (?)Primeramente y como cosa importante hay que decir con gran realismo que no estaba en su intenci?n crear una cultura y ni siquiera conservar una cultura del pasado. Su motivaci?n era mucho m?s elemental. Su objetivo era: quaerere Deum, buscar a Dios. En la confusi?n de un tiempo en que nada parec?a quedar en pie, los monjes quer?an dedicarse a lo esencial: trabajar con tes?n por dar con lo que vale y permanece siempre, encontrar la misma Vida. Buscaban a Dios. Quer?an pasar de lo secundario a lo esencial, a lo que es s?lo y verdaderamente importante y fiable. Se dice que su orientaci?n era ?escatol?gica?. Que no hay que entenderlo en el sentido cronol?gico del t?rmino, como si mirasen al fin del mundo o a la propia muerte, sino existencialmente: detr?s de lo provisional buscaban lo definitivo. Quaerere Deum: como eran cristianos, no se trataba de una expedici?n por un desierto sin caminos, una b?squeda hacia el vac?o absoluto. Dios mismo hab?a puesto se?ales de pista, incluso hab?a allanado un camino, y de lo que se trataba era de encontrarlo y seguirlo.? 20

Esta b?squeda de Dios es la que da origen a una forma de pensar, de sentir y de actuar que tiene caracter?sticas muy precisas. Pone su mirada en lo trascendente, porque sabe que ah? se encuentra la meta ?ltima de la vida. De esta forma, todo el pensar, el sentir y el actuar tiene como objetivo la b?squeda y la adquisici?n de la trascendencia.

Esta misma cultura es la que permea la vida consagrada. Podemos incluso afirmar que fue la vida consagrada la que cubri? a la cultura de Occidente de los valores que ella misma hab?a puesto en pie. Sin embargo, con los movimiento culturales del ?68 y de la ca?da del muro de Berl?n, aunado a otros movimientos que ya se ven?an dando en el pasado, desde el iluminismo hasta el modernismo, tal parece que la capacidad del hombre por conocer y hacer la verdad, queda ofuscada o negada por los movimientos culturales que hemos mencionado. Dios, que es el trascendente al cual tiende toda persona humana, y por ende todo su pensar, sentir y actuar, queda negado, o como ahora se da en el as? llamado post-modernismo, queda reducido a una idea, siempre dentro de la esfera personal. Una idea que no tiene ya nada que ver con la sociedad de los hombres que se han erigido como fautores del mundo, expulsando a Dios de sus pensamientos, sus sentimientos y sus acciones. ?Del monaquismo forma parte, junto con la cultura de la palabra, una cultura del trabajo, sin la cual el desarrollo de Europa, suethos y su formaci?n del mundo son impensables. Ese ethos, sin embargo, tendr?a que comportar la voluntad de obrar de tal manera que el trabajo y la determinaci?n de la historia por parte del hombre sean un colaborar con el Creador, tom?ndolo como modelo. Donde ese modelo falta y el hombre se convierte a s? mismo en creador deiforme, la formaci?n del mundo puede f?cilmente transformarse en su destrucci?n.? 21

Y el drama profundo para la vida consagrada es que esta mentalidad secularizada que piensa, siente y act?a como si Dios no existiese ha penetrado los muros de los conventos, utilizando expresiones y comentarios del Card. Franc. Rod? . 22El proceso ha sido hasta cierto punto sencillo y dram?tico. Al inicio de la ?poca del post-concilio, cuando las congregaciones religiosas se daban a la tarea de buscar los medios m?s adecuados para poner en pie las reformas que ped?a el Concilio Vaticano II, casi en forma simult?nea se daban las grandes transformaciones culturales en Occidente, de las que hemos profusamente hablado.

Muchas de estas congregaciones religiosas, leyeron en forma equivocada los signos de los tiempos y vieron en la cultura que comenzaba a fraguarse, una cultura secularizada que se alejaba de Dios ha pasos agigantado, las nuevas formas en las que deb?a de instalarse la vida consagrada. Es decir, tomaron los valores de la nueva cultura por v?lidos, como queridos incluso por el Vaticano II, y los fueron adaptando a la vida consagrada. Fue un proceso de injertar en la vida consagrada los valores del secularismo, dando por consecuencia una vida consagrada relajada, en la cual Dios hab?a perdido la primac?a. Si bien la intenci?n era buena, los medios no lo fueron. As? lo atestigua Benedicto XVI cuando afirma: ?En los ?ltimos a?os se ha comprendido la vida consagrada con un esp?ritu m?s evang?lico, m?s eclesial y m?s apost?lico; pero no podemos ignorar que algunas opciones concretas no han presentado al mundo el rostro aut?ntico y vivificante de Cristo. De hecho, la cultura secularizada ha penetrado en la mente y en el coraz?n de no pocos consagrados, que la entienden como una forma de acceso a la modernidad y una modalidad de acercamiento al mundo contempor?neo.? 23Y ?ltimamente Benedicto XVI ha corroborado este peligro, hablando con gran paternidad a los salesianos: ?El proceso de secularizaci?n, que avanza en la cultura contempor?nea, lamentablemente afecta tambi?n a las comunidades de vida consagrada. Por eso, es preciso velar sobre formas y estilos de vida que corren el peligro de debilitar el testimonio evang?lico, haciendo ineficaz la acci?n pastoral y fr?gil la respuesta vocacional.? 24

La influencia de la mentalidad secularizada en la vida consagrada no es ya una utop?a. Es un hecho real. El proceso de penetraci?n de dicha mentalidad en las congregaciones religiosas, en los institutos y en cada una de las comunidades en particular depende en gran medida de la concepci?n que se tenga de la vida consagrada. Quien tiene una idea clara de lo que es la vida consagrada, su finalidad, sus medios, su oportunidad y su mensaje para el mundo de hoy, sabr? discernir entre lo que es la vida consagrada y lo que es la mentalidad del mundo, es decir, la cultura de la secularizaci?n. No es f?cil muchas veces hacer esta distinci?n. Pero hay que pensar que el valor de la vida consagra, esto es, el buscar s?lo a Dios, puede expresarse de muy distintas formas, esto es, a trav?s de diversos modelos. El modelo puede cambiar, puede adaptarse a la nueve cultura, pero no puede ceder a la nueva cultura. Cambia el modelo, pero no el valor. Convendr?a por tanto que los religiosos aprendieran a discernir entre valor y modelo.


Cambiar el modelo por el valor, o una breve radiograf?a de la vida consagrada.
La influencia m?s importante de las corrientes antes enunciada no se refleja tan s?lo en algunos aspectos particulares, sino en una mentalidad que permea la vida consagrada, seg?n el pensamiento de Benedicto XVI: ?En los ?ltimos a?os se ha comprendido la vida consagrada con un esp?ritu m?s evang?lico, m?s eclesial y m?s apost?lico; pero no podemos ignorar que algunas opciones concretas no han presentado al mundo el rostro aut?ntico y vivificante de Cristo. De hecho, la cultura secularizada ha penetrado en la mente y en el coraz?n de no pocos consagrados, que la entienden como una forma de acceso a la modernidad y una modalidad de acercamiento al mundo contempor?neo.? 25

Lo que tendr?a que ser una orientaci?n fundamental en todo consagrado, dar a Dios el primer lugar en la vida, por medio del cumplimiento de su voluntad 26?dejando de lado todo otro inter?s, apetencia o deseo personal-, queda de alguna forma viciado cuando la mentalidad secularizada penetra el pensamiento, el sentir y el querer de la persona consagrada. No es que se destierre a Dios de la propia vida, pero Dios deja de ser la norma sobre la cual se basa el pensamiento, el sentimiento y el actuar. Tal parece que Dios queda relegado a la esfera personal, sin que tenga una influencia en la vida pr?ctica de las personas y de las comunidades.

Se llega a esta mentalidad no de una forma repentina. Si esto fuese as?, la misma persona consagrada, la congregaci?n o la comunidad hubiera reaccionado. Quien se ve violentada en su esencia, no puede dejar de experimentar cierto escozor, que la pone en alerta y la previene contra las amenazas de su consagraci?n, de su obrar s?lo de cara a Dios. Pero cuando la amenaza se presenta en forma sutil o disfrazada de un bien mayor, es muy dif?cil captar este sutil enga?o y se comienzan a dar concesiones a lo que no es sino una separaci?n del concepto verdadero de vida consagrada.

Como hemos explicado anteriormente, las circunstancias hist?ricas del movimiento cultural del ?68 y el de la ca?da del muro de Berl?n se presentaron como terreno fecundo para abonar esas amenazas contra la vida consagrada, pero present?ndose siempre bajo los velos de una vida consagrada m?s de acuerdo con los tiempos actuales y con el querer de los padres conciliares. Los elementos esenciales de la vida consagrada en algunos ambientes fueron concebidos como elementos fundamentalistas, anacr?nicos y totalmente desfasados de lo que deber?an ser los tiempos modernos. Se dejaron de ver como piedras fundamentales de la vida consagrada y se fueron interpretando de acuerdo a la mentalidad del mundo. Los votos, la vida fraterna en comunidad, la autoridad, la misi?n, las relaciones con los hombres y con la autoridad eclesi?stica, una cierta distancia del mundo, el ascetismo, todos estos elementos que son los elementos esenciales de la consagraci?n comenzaron a ser interpretados y vividos con la mentalidad del mundo. Lo que deber?a de haber sido un valor inamovible, expresado bajo distintas formas o modelos, cay? en manos del relativismo y se interpret? con una mentalidad secularizada. Las consecuencias fueron la penetraci?n del modo de pensar del mundo, as? como su sentir y su actuar, en todos estos aspectos esenciales de la consagraci?n. La obediencia fue juzgada en muchos casos como una privaci?n de la libertad y la dignidad humanas. La castidad se vio como una imposici?n de una sexualidad man?aca, carente de expresividad y espontaneidad. La pobreza era s?lo una reducci?n de las posibilidades que ten?a la persona para ejercer su propio albedr?o, viviendo siempre en un cierto infantilismo.

La psicolog?a en muchos casos vino a sustituir la espiritualidad propia, dejando muchas veces en manos de estos profesionales el recorrido formativo de la congregaci?n e incluso la decisi?n de admisi?n a la congregaci?n o a los votos perpetuos.

Los ejemplos pod?an seguirse hasta el infinito, trayendo a la memoria lo que en la pr?ctica se dio en diversas congelaciones o comunidades. Pero haciendo un esfuerzo por ser sint?ticos podemos decir que los valores de la vida consagrada fueron intercambiados por los modelos. Si bien es cierto que los votos, la autoridad, la ascesis y todos los elementos esenciales de la vida consagrada deb?an buscar las formas m?s adecuadas para expresarse de acuerdo al os tiempos nuevos, es decir, deb?an buscar los modelos con los cu?les pudieran vivir y actuarse sus valores que representaba, en condiciones m?s adecuadas con los tiempos, sucedi? todo lo contrario. Dichos elementos esenciales dejaron de ser valores para convertirse en modelos. Se cambio el valor por el modelo. Los valores de la mentalidad secularizada se hab?an apoderado de los valores de la vida consagrada. De esta forma, dejando la puerta abierta a la mentalidad secularizada, la vida consagrada comenz? a adecuarse m?s a lo que ped?a el mundo que lo que ped?a Dios. Buscar s?lo la voluntad de Dios qued? opacada por los valores del mundo.

Dicha influencia la registrar Benedicto XVI cuando afirma: ?La consecuencia es que, juntamente con un indudable impulso generoso, capaz de testimonio y de entrega total, la vida consagrada experimenta hoy la insidia de la mediocridad, del aburguesamiento y de la mentalidad consumista.? 27



Publicado por mario.web @ 17:05
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