Martes, 03 de mayo de 2011

Fuente: www.vatican.va
Autor: S.S. Benedicto XVI

La donaci?n de ?rganos es una forma peculiar de testimonio de la caridad. En un per?odo como el nuestro, con frecuencia marcado por diferentes formas de ego?smo, es cada vez m?s urgente comprender c?mo es determinante para una correcta concepci?n de la vida entrar en la l?gica de la gratuidad.

Existe, de hecho, una responsabilidad del amor y de la caridad que compromete a hacer de la propia vida un don para los dem?s, si se quiere verdaderamente la propia realizaci?n. Como nos ense?? el Se?or Jes?s, s?lo quien da la propia vida podr? salvarla (Cf. Lucas 9, 24).

La historia de la medicina muestra con evidencia los grandes progresos que se han podido realizar para permitir una vida cada vez m?s digna a toda persona que sufre. Los trasplantes de tejidos de ?rganos representan una gran conquista de la ciencia m?dica y son ciertamente un signo de esperanza para muchas personas que atraviesan graves y a veces extremas situaciones cl?nicas.

Si nuestra mirada se ampl?a al mundo entero, es f?cil constatar los numerosos y complejos casos en los que, gracias a la t?cnica del trasplante de ?rganos, muchas personas han superado fases sumamente cr?ticas y se les ha restituido a la alegr?a de vivir. Esto nunca hubiera podido suceder si el compromiso de los m?dicos y la competencia de los investigadores no hubieran podido contar con la generosidad y el altruismo de quienes han donado sus ?rganos. El problema de la disponibilidad de ?rganos vitales, por desgracia, no es te?rico, sino dram?ticamente pr?ctico; se puede constatar en la larga lista de espera de muchos enfermos cuyas ?nicas posibilidades de supervivencia est?n ligadas a las pocas donaciones que no corresponden a las necesidades objetivas.

Es ?til, sobre todo en el contexto actual, volver a reflexionar en esta conquista de la ciencia para que la multiplicaci?n de las peticiones de trasplantes no trastoque los principios ?ticos que constituyen su fundamento. Como dije en mi primera enc?clica, el cuerpo nunca podr? ser considerado como un mero objeto (Cf. Deus caritas est, n. 5); de lo contrario se impondr?a la l?gica del mercado. El cuerpo de toda persona, junto al esp?ritu que es dado a cada quien individualmente, constituye una unidad inseparable en la que est? impresa la imagen del mismo Dios. Prescindir de esta dimensi?n lleva a caer perspectivas incapaces de comprender la totalidad del misterio presente en cada hombre. Es necesario, por tanto, que en primer lugar se ponga el respeto por la dignidad de la persona y la defensa de la tutela de su identidad personal.

Por lo que se refiere a la t?cnica del trasplante de ?rganos, esto significa que s?lo se puede hacer una donaci?n si no se pone en serio peligro la propia salud y la propia identidad y siempre por un motivo moralmente v?lido y proporcionado. Eventuales motivos de compraventa de ?rganos, as? como la adopci?n de criterios discriminadores o utilitaristas, desentonar?an hasta tal punto con el mismo significado de la donaci?n de que por s? mismos se pondr?an fuera de juego, calific?ndose como actos moralmente il?citos. Los abusos en los trasplantes y su tr?fico, que con frecuencia afectan a personas inocentes, como los ni?os, tienen que encontrar el rechazo unido de la comunidad cient?fica y m?dica por ser pr?cticas inaceptables. Por tanto, deben ser condenadas con decisi?n como abominables. El mismo principio ?tico debe ser subrayado cuando se quiere llegar a la creaci?n y destrucci?n de embriones humanos destinados a objetivos terap?uticos. La misma idea de considerar el embri?n como "material terap?utico" contradice los fundamentos culturales, civiles y ?ticos sobre los que se basa la dignidad de la persona.

Con frecuencia, el trasplante de ?rganos tiene lugar como un gesto de total gratuidad por parte de los familiares de una persona a quien se ha certificado la muerte. En estos casos, el consentimiento informado es una condici?n de la libertad para que el trasplante se caracterice por ser un don y no se interprete como un acto coercitivo o de abuso. De todos modos, es ?til recordar que los diferentes ?rganos vitales s?lo pueden extraerse ex cadavere [del cad?ver, ndt.], que posee una dignidad propia que debe ser respetada. La ciencia, en estos a?os, ha hecho progresos ulteriores para constatar la muerte del paciente. Es bueno, por tanto, que los resultados alcanzados reciban el consenso de toda la comunidad cient?fica para favorecer la b?squeda de soluciones que den certeza a todos. En un ?mbito como ?ste no se puede dar la m?nima sospecha de arbitrio y, cuando no se haya alcanzado todav?a la certeza, debe prevalecer el principio de precauci?n. Para esto es ?til incrementar la b?squeda y la reflexi?n interdisciplinar de manera que se presente a la opini?n p?blica la verdad m?s trasparente sobre las implicaciones antropol?gicas, sociales, ?ticas y jur?dicas de la pr?ctica del trasplante. En estos casos, de todos modos, debe asumirse como criterio principal el respeto por la vida del donante de manera que la extracci?n de ?rganos s?lo tenga lugar tras haber constatado su muerte real (Cf.Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat?lica, n. 476). El acto de amor, que se expresa con el don de los propios ?rganos vitales, es un testimonio genuino de caridad que sabe ver m?s all? de la muerte para que siempre venza la vida. Debe ser consciente del valor de este gesto quien lo recibe, quien es destinatario de un don que va m?s all? del beneficio terap?utico. Antes que un ?rgano recibe un testimonio de amor que debe suscitar una respuesta igualmente generosa, de manera que se incremente la cultura del don y de la gratuidad.

La senda que hay que seguir, hasta que la ciencia descubra nuevas formas posibles y m?s avanzadas de terapia, tendr? que ser la de la formaci?n y difusi?n de una cultura de la solidaridad que se abra a todos sin excluir a nadie. Una medicina de los trasplantes coherente con una ?tica de la donaci?n exige el compromiso de todos por invertir todo esfuerzo posible en la formaci?n y en la informaci?n para sensibilizar cada vez m?s a las conciencias en un problema que afecta diariamente a la vida de muchas personas. Ser? necesario, por tanto, superar prejuicios y malentendidos, disipar desconfianzas y miedos para sustituirlos con certezas y garant?as, permitiendo que crezca en todos una conciencia cada vez m?s difundida del gran don de la vida.


Publicado por mario.web @ 18:24
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