Martes, 03 de mayo de 2011
Jesucristo no niega la gracia de revelarse al coraz?n que le busca con humildad.
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El camino corto a la Santidad: conocer, amar e imitar a Jesucristo
El camino corto a la Santidad: conocer, amar e imitar a Jesucristo

Sin temer reducir el contenido de la santidad cristiana podemos afirmar que el principio pr?ctico fundamental, que puede inspirar todo nuestro esfuerzo y actuaci?n es el siguiente: conocer, amar, e imitar a Jesucristo.

Dios, en quien creemos, a quien amamos y en quien esperamos, es el que ha revelado a su Hijo Jesucristo; lo ha revelado en plenitud, haci?ndose personalmente visible y encontrable por los hombres, Hombre ?l mismo y a la vez el mismo Dios. ?l es el punto de referencia concreto, la fuente de toda b?squeda de Dios, y el t?rmino de lo que buscamos. ?l nos admite a la amistad con Dios; ?l es Dios que nos busca para salvarnos y hacernos santos como ?l es santo. En ?l somos hijos del Padre, como ?l es Hijo.

Con San Pablo el cristiano exclama: ?No ha sido dado al hombre otro nombre bajo el cielo en el cual pueda salvarse?. La predicaci?n de los primeros ap?stoles, tal como la leemos en los Hechos de los Ap?stoles y en las cartas apost?licas, resume esta certeza, que para ellos era una evidencia, una luz clar?sima: Jesucristo es el Salvador, Hijo de Dios, Dios mismo entre nosotros, el ?nico que ha sido capaz a trav?s de su cruz y resurrecci?n de levantar al hombre del pecado y de la muerte y admitirlo a la vida divina, a la amistad con Dios.

San Juan termina su Evangelio diciendo que ?estas cosas han sido escritas, para que vosotros cre?is que Jes?s es el Mes?as y para que, creyendo teng?is vida en su nombre?.

El Papa despu?s de dos mil a?os no deja de recordarnos que abramos las puertas de nuestro coraz?n a Jesucristo, porque en ?l se encuentra la salvaci?n.

Por lo tanto de una manera pr?ctica todo camino espiritual en el cristianismo se puede centrar en lo que es m?s esencial: conocer, amar e imitar a Jesucristo.


1.Conocer a Jesucristo

La primera necesidad es la de conocer cada d?a m?s a Jesucristo, hasta llegar a poseer ?ntimamente la ciencia y la sabidur?a de Jesucristo. Es un conocimiento que significa llegar a pensar, querer y sentir como Jesucristo.

No es un conocimiento de un estudioso, adquirido en libros, con el raciocinio y de tipo especulativo. Es un conocimiento de experiencia espiritual, adquirida por medio de la fe y del amor a Jesucristo. Tal conocimiento es fruto m?s de la iluminaci?n del Esp?ritu Santo que de nuestro esfuerzo personal, y se adquiere por gracia de Dios en la oraci?n, en la lectura y reflexi?n sobre el Evangelio, en la relaci?n personal del alma con Jesucristo, en las m?ltiples circunstancias de la vida.

Hay que proponerse alcanzar este conocimiento y a la vez con humildad saber esperar la gracia de Dios. No resignarse a vivir sin una experiencia personal del Se?or, sin una clara conciencia de conocerle, y sin entender su ejemplo y su mensaje. Hay que merecer esta gracia con nuestro esfuerzo y perseverancia en la oraci?n y en el sacrificio. Jesucristo no niega la gracia de revelarse al coraz?n que le busca con humildad.


2.Amar a Jesucristo

El mismo Esp?ritu Santo que nos revela el rostro de Jes?s nos abre a su amor, nos hace saborear su amor maravilloso, suscitando una profunda y amorosa relaci?n con El.

El amor a Jesucristo, cuando es verdadero, en la experiencia de los santos, tiene estas caracter?sticas:

a) es amor real

Es amor que se manifiesta no solamente en las palabras y en los deseos, sino sobre todo en las decisiones y en la conducta. La medida del amor es la vida: ?si me am?is cumpl?s mis mandamientos?, dijo el Se?or. Los ap?stoles nos recuerdan muchas veces en sus escritos que este amor es ante todo vida concreta.

b) es amor personal

Es amor que se dirige a la persona de Jesucristo, resucitado y viviente a la derecha del Padre, realmente intercesor para cada uno de nosotros, que sigue presente con su acci?n salvadora en el mundo por medio del Esp?ritu Santo. Una experiencia de encuentro con esta persona divina, que sepa reconocer y con la cual puedo dialogar, misteriosa, pero realmente. Sentir su amor personal hacia m?, y expresar mi amor personalmente a ?l.

c) es amor apasionado

Es amor que envuelve todos los sectores de mi personalidad, y penetra todas las facultades, de tal manera que sea una verdadera "pasi?n", que todo lo que haga en la vida sea con ?l y para ?l, y seg?n ?l. El amor de Cristo cuando es verdadero, es totalizante.

d) es amor fiel

Un amor que se renueva cada d?a, y que crece y madura en las circunstancias de la vida, sin venir a menos, ni caer en la rutina. Un amor que cada d?a se enamora de nuevo.


3.Imitar a Jesucristo

Cuando hablamos de las caracter?sticas del amor a Jesucristo ya mencionamos la necesidad de que no se quede en palabras y deseos, sino que baje a la vida, sea real. Es decir, cuando el amor a Cristo es verdadero induce a configurarse con ?l, a imitarle en lo que ?l es, en su manera de actuar y a aplicar los criterios de vida que son propios suyos. ?Si quieres ser perfecto -dijo el Se?or al joven que le admiraba y quer?a demostrarle su amor - ve, vende lo que tienes, luego ven y s?gueme?. As? Jes?s invita a sus disc?pulos a seguirle ("Ven y s?gueme"), y a compartir su mismo estilo de vida, y a imitarle.

Jes?s muchas veces tiene que ser paciente, porque se da cuenta que sus disc?pulos no captan sus criterios, y con bondad vuelve a explicar y corregir los errores, hasta que logren imitarle.

Es la fuerza del Esp?ritu Santo, dijo Cristo a sus disc?pulos, la que nos ayuda a configurarnos con Cristo y poderle seguir en todo, poder obrar las mismas cosas que ?l ha hecho y a?n mayores.

Esto significa en concreto esforzarse seriamente (sabiendo que es la gracia de Dios la que puede lograr el resultado) en vivir como Cristo, en pensar, en sentir, en querer y en obrar como El.

Esta imitaci?n paisa necesariamente por la cruz y la purificaci?n: ?quien quiera venir en pos de m?, ni?guese a s? mismo, tome su cruz cada d?a y s?game?.


4.El amor a Jesucristo implica el amor a los hombres

El conocimiento, amor e imitaci?n de Jesucristo, no se queda en un trabajo individual, de perfecci?n personal. Jesucristo no se reduce a nuestro peque?o yo, sino que abarca a todos los hombres, y a?n a toda la creaci?n. Quien se acerca a Cristo de verdad, se siente implicado con este amor universal. Se abre con generosidad a los hermanos, y a todos los hombres y abraza a toda la creaci?n con el amor de Dios. No lo hace de manera te?rica, sino en un compromiso pr?ctico de vivir amando y don?ndose a todos, especialmente a los que m?s podr?n extender el Reino, a quienes luchan denodadamente por conquistar, formar y lanzar al apostolado, y a los m?s necesitados. Explica y entrega el amor de Dios a todos.

5.El ejemplo de Mar?a

Mar?a se puede poner como el ejemplo m?s acabado de conocimiento, amor e imitaci?n de Jesucristo.

Especialmente podemos ver c?mo Mar?a vivi? todas las caracter?sticas esenciales del amor a Cristo, de una manera clara y excelente.

Para Mar?a el amor hacia Dios y hacia Jesucristo fue verdaderamente real: no podemos decir que Mar?a se perdi? en palabras y discursos vanos. Ella comprometi? su vida, actu? seg?n la voluntad del Padre, y entreg? todo su ser de una forma pr?ctica a la misi?n redentora del Hijo, colaborando en todo lo que Dios le pidiera. Sus ?nicas palabras han sido registradas en orden a la acci?n y a la entrega. Ante el ?ngel que le ped?a aceptar en su seno al Hijo de Dios, respondi?: ?h?gase en m? seg?n tu palabra?. A los servidores durante la cena de Can? recomend? lo mismo: ?Haced lo que ?l os diga?. Y cuando alaba a Dios, en el c?ntico del "Magnificat", se alegra por las acciones maravillosas que el brazo poderoso de Dios ha hecho en favor de la salvaci?n de los hombres. Para Ella amor real signific? obediencia y disponibilidad total a la voluntad de Dios.

Mar?a viv? m?s que nadie un amor personal hacia Dios y su Hijo Jesucristo. Un amor tan personal que le permiti? ser la persona de confianza de Dios, a la cual revel? a s? mismo en totalidad, mor? en su ser como en ninguno m?s, se hizo Hijo de ella. Una relaci?n tan especial que s?lo Ella puede conocer. Es la relaci?n personal, ?nica que tiene el alma que est? abierta a Cristo, que es de confianza de Cristo.

Esta relaci?n personal le llev? a conocerle m?s all? de las formas oficiales, de las palabras, de la misma cultura y mentalidad de su tiempo. Los Israelitas de su tiempo no conoc?an a Dios de la manera como la Virgen le conoci?, ni siquiera lo pod?an imaginar. Ha sido una relaci?n personal, y tan verdadera que ella supo aceptar, confiar, que era aut?ntica, aun siendo la ?nica que pose?a tan gran secreto de Dios y de su Hijo Jesucristo.

La presencia aut?ntica, real y personal de Dios, de Jesucristo, le hizo superar la soledad tan total en se pod?a encontrar ante esa realidad revelada solamente a Ella. Mar?a recibir?a un gran consuelo humano al ver como esa fe en Jesucristo Hijo de Dios, se iba revelando tambi?n a otros hombres, y que muchos m?s recib?an la gracia de conocer la revelaci?n que al comienzo llev? Ella sola como un secreto en su coraz?n.

Mar?a vivi? un amor apasionado hacia su Hijo Jesucristo, porque le comprometi? todas las fibras de su ser, hasta las m?s ?ntimas: su cuerpo, su mente, su coraz?n, su psicolog?a, sus sentimientos y su fuerza pasional. Cu?nto cambi? su vida la presencia de Jesucristo, cu?nto se dej? implicar totalmente con ?l, con su misi?n; cu?nto sufri? por ?l y con ?l; cu?nto se alegr? en su alma por ?l, por su presencia, por su resurrecci?n: ?se alegra mi alma en Dios mi salvador?.

Mar?a tambi?n fue fiel, siempre fiel, la m?s fiel. Dios pudo fiarse totalmente de Ella, y le confi? lo m?s importante y delicado, a su mismo Hijo. Fiel hasta los pies de la Cruz, y fiel para siempre.

Adem?s la presencia de un amor tan grande para con Dios en Mar?a, la abri? al amor infinito hacia los hombres: despu?s de la anunciaci?n se pone en seguida al servicio de su prima Isabel, a la cual anuncia la venida del Salvador, y le manifiesta su alegr?a porque Dios ha venido a salvar a los hombres; es decir su pensamiento se dirige a todos los dem?s. En Can? demuestra esta gran sensibilidad hacia las necesidades de los dem?s, y casi fuerza a su Hijo Jesucristo a demostrar la finalidad de su venida en este mundo: la salvaci?n de los hombres. Y debajo de la Cruz, recibe del mismo Jesucristo la misi?n de ser Madre de todos los hombres, tarea que no deja de desempe?ar con infinita solicitud.

Mar?a, llena de amor, no dejaba de asimilar las ense?anzas que recib?a de Jesucristo, y cada d?a le conoc?a m?s. Y no dejaba de esforzarse para imitarle, para ser una verdadera disc?pula de su Hijo, a quien conoc?a bien como Hijo de Dios.


6.La humildad, la caridad, y el cumplimiento de la misi?n

Los puntos principales en que Jesucristo nos pide que le imitemos son la humildad y el amor de caridad vividos en el cumplimiento cabal de la misi?n. Los dos son opuestos al ego?smo, porque la humildad es la muerte del propio yo ego?sta, del hombre viejo, del hombre de pecado, de la soberbia. Mientras que la caridad es la entrega a Dios y a los hombres.

Estas virtudes constituyen, en pocas palabras la senda principal de toda santidad. No podemos imaginar a un santo soberbio, ni a un santo ego?sta y cerrado a los dem?s. Donde quiera que haya algo de Dios y de Jesucristo, deben estar estas dos virtudes. Puede que haya muchos m?s defectos, pero estas dos virtudes garantizan la presencia de Dios, e incluso favorecen la superaci?n de los dem?s defectos. La santidad no es la autoperfecci?n, sino el desprendimiento de s? mismos para entregarse a Dios y al pr?jimo. Cuando Jesucristo nos dijo que le imit?ramos lo expres? con estas palabras: ?Aprended de m? que soy manso y humilde de coraz?n?.

a) La humildad y el amor en Jesucristo

Jesucristo es el modelo m?s grande de humildad:

-En la encarnaci?n hay un misterio grande de humildad y de amor. San Pablo cuando escribe a los Filipenses, para animarlos a vivir la caridad entre ellos y practicar la humildad, les pone el ejemplo de Jesucristo, que cuando se hizo hombre por amor nuestro, por nuestra salvaci?n se puso a nuestro servicio, pens? m?s en nosotros que en ?l mismo, nos consider? m?s que a ?l mismo. La humildad y el amor son dos facetas de la misma actitud. Dice as? San Pablo:

?No hag?is nada por rivalidad y vanagloria; sed, por el contrario humildes y considerad a los dem?s superiores a vosotros mismos. Que no busque cada uno sus propios intereses, sino los de los dem?s. Tened pues los sentimientos que corresponden a los que est?n unidos a Cristo Jes?s. El cual, siendo de condici?n divina, no consider? como cosa codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despoj? de su grandeza, tom? la condici?n de esclavo, y se hizo semejante a los hombres. Y en su condici?n de hombre, se humill? a s? mismo haci?ndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz?. (Fil. 2,3-8)

Esta humildad y este amor, en el acto de la encarnaci?n de Cristo, est?n dirigidos por supuesto en primer lugar a Dios Padre, en cuanto Hijo de Dios e hijo del hombre, y en este contexto de amor y sometimiento al Padre realiza el amor, sometimiento y servicio a los hombres. El que se rebela y es soberbio hacia Dios, dif?cilmente sirve y ama a los hombres, si no es por alg?n inter?s personal. El amor y respeto verdadero hacia todo hombre nacen solamente del alma desprendida y llena de Dios. Esta actitud hacia el Padre, ha sido recogida en las palabras de la carta a los Hebreos:

?Por eso al entrar en este mundo, dice Cristo: no has querido sacrificio ni ofrenda, pero me has formado un cuerpo; no has aceptado holocaustos ni sacrificios expiatorios. Entonces yo dije: Aqu? vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. As? est? escrito de m? en el cap?tulo del libro... Por haber cumplido la voluntad de Dios, y gracias a la ofrenda que Jesucristo ha hecho de su cuerpo una vez para siempre, nosotros hemos quedado consagrados a Dios? (Heb 10, 5-7.10).

Las circunstancias de su nacimiento hablan claramente de esta elecci?n de humildad, desprendimiento y servicio al hombre: ?no vine a ser servido, sino a servir?, dir? Jes?s mismo a sus disc?pulos. No quiso para s? ni honores ni comodidades. S?lo un poco de paja. Pero resplandeci? como luz de cometa en la noche de la oscuridad de este mundo.

-La humildad y la caridad brillaron de manera especial, en su pasi?n y muerte. San Juan nos dice que Jesucristo era perfectamente consciente de enfrentarse a la muerte de cruz, y lo quiso hacer por amor, sabiendo que as?, seg?n una eficacia divina que supera nuestras posibilidades de explicaci?n, liberar?a a la humanidad del pecado y de la muerte y entregar?a la vida divina a cada nombre. ?Jes?s sab?a que hab?a llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre: Y ?l, que hab?a amado a los suyos, que estaban en el mundo, llev? su amor hasta el fin? (Jn 13,1).
Su aniquilaci?n en la muerte es el signo supremo, m?s intenso, el esfuerzo de amor m?s total que tuvo Cristo hacia la humanidad.

b) Jesucristo cumpli? as? su misi?n

Leemos en los Evangelios que estando Cristo crucificado, los fariseos y la gente le gritaba que demostrara su poder bajando de la cruz. All? ?l super? toda tentaci?n de soberbia, de vanagloria, de poder para s?, y eligi? una vez m?s su rebajamiento para cumplir la misi?n que el Padre le hab?a se?alado y servir. ?l hubiera podido hacerlo, tanto que los mismos fariseos lo reconoc?an, puesto que hab?a resuelto situaciones a?n m?s dif?ciles para otros, como resucitar muertos. Y en esa misma circunstancia Jesucristo tiene palabras de perd?n hacia los que lo est?n crucificando: ?Padre perd?nales, porque no saben lo que hacen?. Y al ladr?n que estaba crucificado al lado suyo, que representaba a la humanidad pecadora, le perdona todos sus pecados y le abre las puertas de la felicidad eterna. Para eso ?l estaba muriendo, por amor, para salvar, para dar vida a los muertos.

Y m?s que nunca su sometimiento y su amor es ante todo hacia el Padre, a quien est? obedeciendo para realizar el plan de salvaci?n de los hombres, y en las manos del cual se abandona confiadamente: ?Padre no se haga mi voluntad, sino la tuya?; ?Padre en tus manos encomiendo mi esp?ritu?; ?Todo est? cumplido?.
Es este sometimiento y este amor al Padre la ra?z de todo amor a los hombres, del servicio y estima de sus hermanos los hombres hasta la entrega de su vida.

Considerando la humildad y la caridad que Jesucristo vive obedeciendo al Padre y cumpliendo as? su misi?n de Redentor, estamos ante el n?cleo de su mensaje, de lo que ?l quiso expresar con su vida y sus palabras, cuando estuvo entre nosotros. Y esto es el n?cleo de la santidad cristiana: conocimiento, amor e imitaci?n de Cristo. Imitaci?n en la caridad y en la humildad y en el cumplimiento de la misi?n.


Publicado por mario.web @ 18:39
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