Martes, 03 de mayo de 2011
Yo siempre he sido considerado en mi ambiente profesional ?me dec?a no hace mucho un viejo amigo? como una persona muy exigente. Me he exigido siempre mucho a m? mismo y he exigido tambi?n siempre mucho a los dem?s.
?
La prueba del dolor
La prueba del dolor

?Yo siempre he sido considerado en mi ambiente profesional ?me dec?a no hace mucho un viejo amigo? como una persona muy exigente. Me he exigido siempre mucho a m? mismo y he exigido tambi?n siempre mucho a los dem?s.

?Me costaba mucho comprender que hab?a gente a la que no le era posible seguir mi ritmo, y a veces, tengo que reconocerlo, los maltrataba. Y en casa me pasaba un poco igual. Echaba en cara las cosas a mi mujer y a mis hijos con muy poca consideraci?n.

?Y tuvo que venir la enfermedad, y luego aquellos problemas serios en el trabajo, para que empezara a entender que la vida no era tan simple como yo me la hab?a planteado.

?La verdad es que he funcionado siempre como un triunfador, rebosante de salud y de ?xito profesional, y sin darme casi cuenta menospreciaba a los dem?s. Pensaba que si ellos no lograban lo que lograba yo, era simplemente porque a ellos no les daba la gana esforzarse como yo lo hac?a.

?Pensaba as? hasta que empec? a sentir en mis carnes todo ese sufrimiento, a notar en mi vida el peso de esa carga: fue entonces cuando comenc? a reparar en que los dem?s tambi?n sufr?an, que en la vida hay mucho sufrimiento de muchas personas. Y comprend? que pasar sin consideraci?n por delante de ese dolor es algo realmente indigno.

?He empezado a dormir mal, y ahora tengo mucho tiempo para pensar. Al principio me enfadaba, pero pronto me di cuenta de que con pataleos no arreglas nada: ni te duermes, ni resuelves lo que te preocupa. Es curioso, pero antes yo era muy irascible, y ahora en cambio me he vuelto bastante sereno y comprensivo. Creo que esto que me ha pasado ha marcado como una nueva etapa en mi vida.

?A m?, el dolor me ha curtido el alma, me ha hecho entender un poco mejor a los dem?s. Antes, yo apenas hab?a tenido problemas serios, y juzgaba a los dem?s con dureza y frialdad. Ahora, todo lo veo de modo distinto. Ya no grito a mi secretaria ni me peleo con mi mujer o mis hijos.?

Recordando el relato de aquel joven y brillante ejecutivo, pensaba en el distinto modo en que reciben las personas el dolor. En c?mo a unos les mejora, y a otros, en cambio, les desespera. Y pensaba en la ense?anza que esta persona obtuvo: que hay que comprender mejor a la gente, pues quienes nos rodean son personas que tambi?n sufren, y eso siempre es duro; y que hay gente que lo pasa mal ?y quiz? en parte por culpa nuestra?, y que todo hombre debiera detenerse siempre junto al sufrimiento de otro hombre, y hacer lo posible por remediarlo.

El dolor es una escuela en donde se forman en la misericordia los corazones de los hombres. Una escuela que nos brinda la oportunidad de curarnos un poco de nuestro ego?smo e inclinarnos un poco m?s hacia los dem?s. Nos hace ver la vida de una manera especial, nos muestra un perfil m?s profundo de las cosas.

El dolor nos lleva a reflexionar, a preguntarnos por el sentido que tiene todo lo que sucede a nuestro alrededor. El hombre, al recibir la visita del dolor, vive una prueba dentro de s?: es como un pellizco que detiene el curso normal de su vida, como un par?n que le invita a reflexionar. Por eso se ha dicho que toda filosof?a y toda reflexi?n profunda adquiere una especial lucidez en la cercan?a del dolor y de la muerte.

El dolor, si se sabe asumir, advierte al hombre del error de las formas de vida superficiales, ayuda al hombre a no alejarse de los dem?s, a no arrellanarse en su ego?smo. El dolor nos vuelve m?s comprensivos, m?s tolerantes, nos va curando de nuestra intransigencia, nos perfecciona. Es, adem?s, una realidad que llega a todo hombre y que por tanto, en cierto sentido ?como ha se?alado Enrique Rojas?, conduce a una suerte de fraternizaci?n universal, ya que iguala a todos por el mismo rasero.

Lo que hace feliz la vida del hombre no es la ausencia del dolor, entre otras cosas porque se trata de algo imposible. La vida no puede dise?arse desde una filosof?a infantil que quisiera permanecer ajena al misterio de la presencia del dolor o del mal en el mundo. Y enfadarse o escandalizarse ante esa realidad no conduce a ninguna parte. Aprender a convivir con el dolor, aprender a tolerar lo malo inevitable, es una sabidur?a fundamental para vivir con acierto.


Publicado por mario.web @ 19:31
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios