Martes, 03 de mayo de 2011
El Presidente de la Asociaci?n por una Econom?a de Comuni?n en Espa?a esboza brevemente sus propuestas
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Otro modo de hacer empresa es necesario: la Econom?a de Comuni?n
Otro modo de hacer empresa es necesario: la Econom?a de Comuni?n
El hombre ha tratado siempre de alcanzar su felicidad y bienestar. En esta b?squeda, el trabajo ha sido considerado, por lo general, un medio con el que ganar el dinero necesario para lograr esa meta. Sin embargo, el resultado casi nunca es el esperado. El hombre no acaba de encontrar la felicidad por este camino, a pesar de haberlo intentado, tozudamente, a lo largo de toda su historia. Creo que el fracaso de esta manera de entender las cosas se fundamenta en dos errores. Uno de ellos, el pensar que la felicidad se va a encontrar en aquello que se puede adquirir con dinero; el otro, el no pretender la felicidad tambi?n en el propio trabajo. Esta ?ltima raz?n es la m?s importante, porque el trabajo forma parte de la esencia misma de la persona, es su contribuci?n a la Creaci?n; a trav?s de ?l el hombre se manifiesta a los dem?s, se realiza a s? mismo. Si en este ?mbito se no intenta ser feliz, dif?cilmente podr? serlo en el resto de aspectos de la vida, teniendo en cuenta, adem?s, que al trabajo dedicamos la mayor parte de nuestra existencia consciente.

Si centramos nuestro an?lisis en el mundo de la empresa, este prop?sito de bienestar en nuestra profesi?n se revela particularmente dif?cil, dado que el modelo que hoy impera en la sociedad se basa en las premisas de la econom?a neoliberal, para la cual el mercado es el regulador principal de la econom?a y la obtenci?n del m?ximo beneficio, su regla de oro. Dentro de esta concepci?n econ?mica y, por tanto, empresarial, la persona es un ?recurso? m?s y es considerada como tal a la hora de tomar decisiones. Esto es cosa que, por otra parte, no habr?a de extra?arnos, visto que el ?progreso? se basa, precisamente, en considerar a la persona como un objeto de usar y tirar, que a menudo comienza a molestar ya desde su concepci?n. En este contexto cultural y antropol?gico, es dif?cil que el hombre encuentre su felicidad.

En mis m?s de treinta a?os de dedicaci?n al mundo de la empresa he encontrado muy pocas personas que se manifestaran satisfechas en su trabajo, que se consideraran respetadas y reconocidas. Lo habitual, en cualquier nivel jer?rquico de la estructura empresarial, es sentirse presionado por los objetivos, verse como una pieza de un complejo organizativo que en muchos casos no se sabe muy bien en funci?n de qu? intereses se mueve y qui?n toma realmente las decisiones importantes. Si se forma parte de los estratos inferiores de la organizaci?n, el trabajador ha de limitarse a realizar aquello para lo que ha sido contratado, a recibir las ?rdenes que emanen de ?arriba?, las comprenda o no, y, por supuesto, a cumplirlas. Normalmente su opini?n no cuenta. Si, por el contrario, se trata de un ?ejecutivo? el precio a pagar es mucho m?s alto ya que se supone que ?su vida? es la empresa y a ella se debe en cuerpo y alma. En cualquier caso resulta muy dif?cil que la persona pueda realizarse, crecer y, por tanto, ser feliz con su trabajo.

Parad?jicamente, en estas condiciones la empresa topa con un grave problema porque, para sobrevivir, ha de obtener resultados, ganar cuotas de mercado y dar beneficios a sus accionistas y para ello necesita que el personal se implique, est? motivado y trabaje bien. Esto no es cosa f?cil si, como ocurre normalmente, el trabajador es considerado un recurso m?s cuya producci?n tiene un precio y punto. En la cuadratura de este c?rculo est?n inmersos la mayor parte de los empresarios; a resolverlo dedican enormes esfuerzos y grandes cantidades de dinero. Hasta ahora no s? de ninguna empresa que lo haya conseguido.

Los que creemos que los hombres no son un ?recurso?, sino la parte esencial de la empresa y que deben ser considerados y respetados como personas, pensamos que hace falta apuntar hacia una nueva perspectiva. La Econom?a de Comuni?n propone un modelo empresarial inspirado en la enc?clica Centesimus annus del Papa Juan Pablo II que responde perfectamente a esa necesidad de cambio.

La Econom?a de Comuni?n nace en el a?o 1991, apenas unas semanas despu?s de publicarse la mencionada enc?clica. Fue propuesta por Chiara Lubich ? fundadora del Movimiento de los Focolores ? en Brasil, como respuesta a las desigualdades sociales que encontr? en ese pa?s. A la vista aquella realidad, propuso la creaci?n de empresas dirigidas por personas competentes, que fueran eficientes y que tuviesen beneficios. Una parte de ?stos, un tercio, deber?a destinarse a cubrir las necesidades b?sicas de la gente del lugar y a crear puestos de trabajo que les permitiesen salir de la situaci?n de pobreza ; otra tercera parte se destinar?a a la formaci?n de las personas en esta nueva cultura econ?mica; el tercio restante a la supervivencia de la propia empresa.

Al estar iluminado por la Doctrina Social de la Iglesia, es un modo de hacer econom?a que contiene aspectos peculiares muy interesantes, de los que subrayaremos algunos:
Las personas son lo m?s importante
En el binomio empresarial Trabajo-Capital, lo importante es el trabajo, es decir, las personas.

? El beneficio no es lo prioritario.
El beneficio es necesario porque sin beneficio la empresa no puede subsistir, pero no es lo m?s importante y, por tanto, no su puede aplicar la m?xima de ?cuanto m?s beneficio mejor?.
Esto supone un cambio de paradigma revolucionario en la gesti?n de las empresas.

Gestionar una empresa con esta orientaci?n exige sustentarla en unos valores muy s?lidos:

? El respeto a la dignidad de las personas
Salarios justos, no discriminar en raz?n del sexo, conciliaci?n con la vida familiar, vacaciones, horarios

? La fraternidad
Como categor?a dentro de la empresa. Como dice el profesor Zamagni, ?descubrir en el otro un t??

? La gratuidad
No poner precio a nuestros actos

? La solidaridad
Ponerte en el lugar del otro, ya sea un compa?ero, un cliente, un proveedor

? La reciprocidad
Como respuesta a lo que recibes de los dem?s

? La transparencia

Necesaria para generar confianza mutua
Los que conocemos el mundo empresarial sabemos que si estas condiciones se dan, muchos de los problemas que hoy se nos plantean estar?an resueltos. Si estos valores fueran compartidos por las personas que forman una empresa, la productividad, la competitividad, la calidad, etc., se conseguir?an con muchos menos esfuerzos.

Ahora bien, llevar adelante este tipo de empresa implica, obviamente , la asunci?n de ciertos compromisos por parte de las personas que la forman. Resulta necesario cambiar de paradigma: la ?cultura del tener?, que invade las prioridades del mundo consumista actual, debe ceder el paso a la ?cultura del dar?, que nace del amor. El hombre ha de esforzarse por escapar de esta corriente que le intenta arrastrar y transformarse en un ?hombre nuevo? con la voluntad de luchar para cambiar aquello que no le gusta de la sociedad.

Es evidente que cambios tan profundos, ni son f?ciles, ni son r?pidos y exigen mucha constancia para que sean duraderos. Por ello la formaci?n ha de ser uno de los pilares de cualquier proyecto empresarial de estas caracter?sticas. Formaci?n en valores, formaci?n para aprender a trabajar en equipo y formaci?n t?cnica adecuada para ser eficientes, porque en ning?n momento se puede olvidar que, como empresa, debe obtener beneficios y por tanto, tiene que ser competitiva. Por ello las estructuras adheridas a la Econom?a de Comuni?n han de destinar ese tercio de sus resultados econ?micos a la formaci?n.

Otro aspecto importante para el desarrollo de este tipo de empresas es el liderazgo. Lo es para cualquier organizaci?n, del tipo que sea, con independencia de sus motivaciones; pero en el caso de las empresas de Econom?a de Comuni?n, el equipo directivo ha de reunir una serie de cualidades que le permitan, no s?lo asumir los valores y principios que acabamos de describir, sino tambi?n vivirlos en primera persona, con rotundidad. Ha de ser el primero en ponerlos en juego a la hora de tomar decisiones; si admitimos que las personas est?n por encima de los beneficios, esto ha de reflejarse en la pol?tica de personal, en la pol?tica salarial, en la organizaci?n del trabajo para que todos puedan conciliar su vida laboral con la familiar; si pedimos transparencia, nosotros hemos de ser los primeros en serlo; si pensamos que la gratuidad es un valor, demos gratis, nosotros los primeros?

Apenas han transcurrido quince a?os desde que Chiara Lubich lanz? la idea de crear empresas que facilitaran a los pobres salir de su situaci?n. El camino recorrido desde entonces ha sido notable, sobre todo si tenemos en cuenta que un movimiento econ?mico de estas caracter?sticas necesita muchos a?os para que sea perceptible en la sociedad. No obstante, en este tiempo han nacido m?s de setecientas empresas en todo el mundo, con presencia en los cinco continentes. Tambi?n el mundo universitario ha mostrado inter?s por este modelo: se investiga en centros acad?micos de pa?ses como Italia, Brasil, Alemania o Argentina; se han escrito m?s de un centenar de tesis sobre el tema. Por otro lado, est?n funcionando en el mundo nueve polos industriales inspirados en estas ideas, el ?ltimo inaugurado en Italia hace unas semanas. En Espa?a acabamos de crear la ?Asociaci?n por una Econom?a de Comuni?n? que cuenta ya con unos cuarenta asociados. La puesta en marcha empresas acordes con esta filosof?a es ya una realidad y otras muchas han mostrado su inter?s por este modo de enfocar su gesti?n.
Los empresarios que creemos que el hombre es mucho m?s que un mero objeto que produce y consume, debemos verificar si nuestro modo de hacer empresa facilita su desarrollo, su reconocimiento como persona, su felicidad, en definitiva. Si no fuera as?, estar?amos colaborando a que nuestro mundo siga siendo cada d?a m?s injusto. Tenemos ante nosotros un reto, particularmente los cat?licos, un reto que no podemos eludir: el reto de hacer que la econom?a, que la empresa, este al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la econom?a.o

Publicado por mario.web @ 19:32
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