Martes, 03 de mayo de 2011
La doctrina de la Iglesia sobre la primac?a de la maternidad es muy clara: afirma que, a menos que una madre pueda cumplir las tareas propias de la maternidad, no ser? una buena profesional, pues a medio plazo las presiones cruzadas del trabajo y
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La doctrina de la Iglesia
La doctrina de la Iglesia


La doctrina de la Iglesia sobre la primac?a de la maternidad es muy clara: afirma que, a menos que una madre pueda cumplir las tareas propias de la maternidad, no ser? una buena profesional, pues a medio plazo las presiones cruzadas del trabajo y la familia la superar?n.



La ense?anza de la Iglesia sobre la igualdad de la mujer en el trabajo est? muy por delante de la visi?n feminista atea de los a?os 70. ?sta se basaba en una antropolog?a equivocada, que consideraba al hombre y a la mujer como iguales, sin reconocer las peculiaridades de uno y otro, y que atacaba a la maternidad y a la familia concentrando todos sus esfuerzos exclusivamente en conseguir la igualdad laboral de la mujer y el hombre.

La doctrina social de la Iglesia, recogida en los numerosos documentos que la desarrollan, sobre todo a partir de Le?n XIII se fundamenta en la Verdad de Cristo sobre la maternidad y la familia. El Concilio Vaticano II expresaba muy bellamente esta verdad, en 1965:

??Vosotras, las mujeres, ten?is siempre como misi?n la guardia del hogar, el amor a las fuentes de la vida, el sentido de la cuna. Est?is presentes en el misterio de la vida que comienza. Consol?is en la partida de la muerte... velad, os lo suplicamos, por el porvenir de nuestra especie.

Mujeres, madres de familia, primeras educadoras del g?nero humano en el secreto de los hogares, transmitid a vuestros hijos e hijas las tradiciones de vuestros padres, al mismo tiempo que los prepar?is para el porvenir insondable?? (Mensaje a las mujeres, 5-6).

Y Juan Pablo II tampoco ha dejado de predicarla, a lo largo de su pontificado:

??No se puede dejar de observar c?mo en el campo m?s espec?ficamente familiar, una amplia y difundida tradici?n social y cultural ha querido reservar a la mujer solamente la tarea de esposa y madre, sin abrirla adecuadamente a las funciones reservadas en general al hombre. No hay duda de que la igual dignidad y responsabilidad del hombre y de la mujer justifican plenamente el acceso a la mujer a las funciones p?blicas. Por otra parte, la verdadera promoci?n de la mujer exige tambi?n que sea claramente reconocido el valor de su funci?n materna y familiar respecto a las dem?s funciones p?blicas y a las otras profesiones??.

??Es necesaria una renovada teolog?a del trabajo que determine el v?nculo fundamental que existe entre el trabajo y la familia, y por consiguiente, el significado original e insustituible del trabajo de la casa y la educaci?n de los hijos. Si se debe reconocer tambi?n a las mujeres, como a los hombres, el derecho de acceder a las diversas funciones p?blicas, la sociedad debe, sin embargo, estructurarse de manera que las esposas y madres no sean de hecho obligadas a trabajar fuera de casa y que sus familias puedan vivir y prosperar dignamente, aunque ellas se dediquen totalmente a la propia familia. Se debe superar adem?s la mentalidad seg?n la cual el honor de la mujer deriva m?s del trabajo exterior que de la actividad familiar?? (Familiaris Consortio, 1981, n. 23)??.

??La remuneraci?n por el trabajo debe ser suficiente para fundar y mantener dignamente a la familia, sea mediante un salario adecuado, llamado ??salario familiar??, sea mediante otras medidas sociales, como los subsidios familiares o la remuneraci?n por el trabajo en casa de uno de los padres; y debe ser tal que las madres no se vean obligadas a trabajar fuera de casa en detrimento de la vida familiar y especialmente de la educaci?n de los hijos?? ( Carta de los derechos de la familia 1983, art. 10 a)??.

En Navarra, nuestro arzobispo, Mons. Fernando Sebasti?n reitera una y otra vez la ense?anza de la Iglesia:

??Los gobiernos y los sindicatos tienen que buscar el modo de hacer compatible la maternidad y la dedicaci?n de los padres al cuidado y educaci?n de sus hijos con las obligaciones del trabajo y otras posibles actividades sociales... la maternidad y la educaci?n de los hijos tienen que ser reconocidas y protegidas como cualquier otro derecho de los ciudadanos y de los trabajadores.

El hecho de dedicarse a la crianza y educaci?n de los hijos es un hecho de inter?s social que tiene que ser reconocido y ampliamente retribuido. Durante los dos primeros a?os del hijo ?no merecen las madres el mismo tratamiento y el mismo apoyo social que un trabajador impedido?

Lo que ahora nos anuncian nuestros gobiernos no es m?s que inicio de lo que reclama el verdadero reconocimiento de la funci?n social insustituible que realizan los padres criando y educando a sus hijos. Su labor es intransferible y tiene que ser apoyada y favorecida por los gobiernos en vez de querer sustituirla o suplantarla. Con subvenciones no se compensan las ausencias de una madre?? ( La Verdad , 29 de diciembre de 2001).


Publicado por mario.web @ 19:34
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