Martes, 03 de mayo de 2011
Cada una de las actividades propias del l?der tiene sus reglas propias, que conviene no desatender.
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El arte de expresarse de modo persuasivo
El arte de expresarse de modo persuasivo



Cada una de las actividades propias del l?der tiene sus reglas propias, que conviene no desatender. Por lo que toca a las reglas de la comunicaci?n, disponemos actualmente de libros de estilo que las exponen certeramente y ofrecen claves para aplicarlas en la pr?ctica (19) .


Me limitar?, por ello, a hacer algunas precisiones -a mi entender, muy eficaces- sobre la did?ctica de la comunicaci?n.


1. La correcci?n estil?stica y la precisi?n de conceptos. Para expresar el pensamiento de forma clara y persuasiva, es necesario redactar con precisi?n. Si a ello se une cierta elegancia de estilo, los conceptos expresados ganan un peculiar atractivo.

El l?der no debe ahorrarse esfuerzos en perfeccionar su capacidad expresiva a trav?s de la lectura penetrante de grandes autores, el estudio de buenos libros de estilo, la tenacidad en la correcci?n y mejora de los propios escritos y alocuciones.




2. La articulaci?n interna de una conferencia y de un art?culo. Una conferencia debe seguir un ritmo distinto al de un art?culo period?stico o una cr?nica.

En ?stos suele indicarse al principio lo m?s llamativo, a fin de que el apresurado lector prenda la atenci?n y prosiga la lectura. Los conferenciantes, por su parte, comienzan a hablar con la seguridad de que los oyentes seguir?n el hilo del discurso hasta el final.

Esto les permite plantear el tema serenamente y desarrollarlo de tal modo que vaya adquiriendo una creciente complejidad e inter?s, al modo como sucede en las composiciones musicales barrocas, que en los ?ltimos compases intensifican su expresividad de forma emotiva.

Cuanto m?s se domine la t?cnica propia de estas formas de comunicaci?n, mejor se trasmite el propio pensamiento y m?s se facilita al destinatario la labor de asumirlo activamente. Por eso conviene sobremanera "tener oficio", como suele decirse.

Es l?stima que a lo largo de los a?os de estudio no se prepare a los estudiantes para realizar de forma ajustada y bella este tipo de trabajos, que su vida profesional les exigir? a su tiempo imperiosamente.



3. El discurso debe ser configurado de modo sugestivo. Este efecto se logra si se cumplen las siguientes condiciones:

a) El tema escogido ha de estar vinculado en alguna medida a las preocupaciones del p?blico al que uno se dirige, de forma que cada persona se sienta apelada.

Si tengo que escribir sobre el concepto de belleza expuesto por Jorge Santayana, fil?sofo espa?ol incardinado en los Estados Unidos, no debo comenzar aduciendo datos eruditos sobre este profesor, que, al ser poco conocido por muchos lectores, apenas despierta en ellos inter?s.

Es m?s eficaz empezar destacando el atractivo de la belleza, la admiraci?n que ?sta produce al hombre de todos los tiempos y el car?cter enigm?tico que todav?a hoy presenta a quienes se ocupan de penetrar en su quintaesencia. Hag?moslo a continuaci?n, por v?a de ejercicio, a fin de mostrar c?mo, de esta forma, el lector se adentra de modo espont?neo en el coraz?n del pensamiento de Santayana (20) .



?Fig?rense que alguien me pregunta "qu? es la belleza" y yo le respondo: "La belleza es el esplendor de la realidad, de la forma, del orden". Mi respuesta es sin duda exacta y precisa; condensa siglos de investigaci?n est?tica brillante. Pero ?es adecuada a mi amable interlocutor, que desea hacerse una idea clara de uno de los fen?menos humanos m?s atractivos y enigm?ticos? He de reconocer que posiblemente mi explicaci?n le resulte inaccesible.

Hubiera sido muy distinto si, en vez de dar una definici?n te?rica, le hubiera dicho lo siguiente: Mire el Parten?n. Repare en la armon?a que surge al vincular la proporci?n y la medida o mesura. Todas las partes de la obra est?n proporcionadas entre s? y mesuradas conforme a un canon externo que es la figura humana. El encanto que produce esta peculiar forma de ordenaci?n es denominado "belleza".



La belleza es "una luz que resplandece sobre lo que est? bien configurado", seg?n formul? Santo Tom?s, en la l?nea de la Est?tica griega. Este tipo de luz es bella de por s? ("Ipsa lux pulchra est"), como sugiri? un eminente pensador de la Escuela de Chartres.

Y esta belleza, al ser percibida, se convierte en fuente de goce. Santo Tom?s troquel? esta idea en una sentencia vigorosa: "Pulcra sunt quae visa placent"; son bellas las cosas que, vistas, agradan.

Uno ve merced a la luz, y la luz para comprender una realidad surge cuando se instaura orden. El orden se lo confiere a los seres su "forma" -en el sentido escol?stico, subrayado por San Alberto Magno-.

Ahora comprendemos perfectamente que los antiguos hayan definido la belleza como "el esplendor de la realidad, la forma, el orden".


Este modo de explicar basado en la experiencia directa es adoptado por Santayana en sus investigaciones sobre el sentido de la belleza (21) .

Quiere abrirse al hechizo de los datos que el mundo entorno nos facilita a cada instante y se hallan al alcance de todos (22) .

Con frecuencia sucede que estamos mirando algo y de repente una imagen salta a la vista y nos quedamos prendados de ella debido a su valor. "...

A veces -escribe- esta emoci?n casual es tan fuerte que se sobrepone al inter?s que yo haya podido tener originalmente en los hechos exteriores; y puedo suspender mi acci?n o continuarla autom?ticamente, mientras mi pensamiento se absorbe en la imagen y se detiene en ella.

Mientras iba traqueteando hacia el mercado en mi carreta aldeana, la belleza se arroj? sobre m? y las riendas cayeron de mis manos. Me vi transportado, en cierta medida, a un estado de trance.

Vi con extraordinaria claridad y, sin embargo, lo que vi me pareci? extra?o y maravilloso porque ya no mir? para comprender, sino tan s?lo para ver. Dej? de preocuparme por el hecho, y me puse a contemplar una esencia" (23) ?.

Al leer esto, el lector se adentra cordialmente en el enigma de la belleza y queda bien dispuesto para asumir de forma creativa las intuiciones de Santayana.


b) Es decisivo ir a lo esencial desde el principio y articular bien el discurso. Antes de empezar a comunicar algo, el l?der debe analizar el tema punto por punto, sobrevolarlo para descubrir su articulaci?n interna, determinar cu?les son sus aspectos m?s importantes y esbozar un modo de exponerlos adecuado a los destinatarios y al tiempo disponible.

Si el oyente no capta desde el primer momento qu? sentido tiene cuanto empieza a o?r, se ve desconectado y necesita realizar un esfuerzo especial para seguir la marcha de la alocuci?n.

Cuando, desde el comienzo, es introducido en una cuesti?n importante, que se va desgranando ante sus ojos de forma coherente, bien articulada, de modo que una idea se conecta con otra en una sucesi?n bien trabada, se adentra en el asunto, lo piensa creativamente y no siente el peso del tiempo. Con ello supera de ra?z el aburrimiento (24) .


En cambio, una exposici?n que se limita a yuxtaponer ideas, sin dejar al descubierto su mutua vinculaci?n, resulta tediosa al oyente, porque ?ste no puede sobrevolar el conjunto, verlo de un golpe de vista, al ser instado a prestar una atenci?n independiente a multitud de ideas. Por haber de realizar muchos actos de atenci?n, desconectados entre s?, va viviendo m?ltiples instantes temporales.

Al cabo de un rato, tiene la impresi?n de que la actividad realizada ha durado mucho tiempo. Si mira el reloj, se asombra al constatar que este tiempo "subjetivo" -es decir, el tiempo que ha durado la conferencia para ?l- ha sido mucho mayor que el tiempo "objetivo" marcado por el reloj.

De ah? la importancia de ordenar bien los pensamientos, de modo que cada uno lleve al siguiente, y ?ste pida al que le sigue, y todos se complementen y clarifiquen entre s?. Merced a esta coherencia interna, el oyente puede captar en cada momento el sentido de lo que se est? diciendo y la funci?n que ejerce en la marcha del conjunto.

Cuando hayamos de preparar alg?n tipo de alocuci?n -clase, conferencia, homil?a, presentaci?n de un libro...-, hemos de pensar que no basta rellenar el tiempo con palabras, por significativas que sean y por bien que las declamemos.

Necesitamos un hilo conductor, una idea-madre que d? sentido, orden y ritmo interno al conjunto. Si, adem?s, procuramos abordar el tema desde el principio, tal vez relatando una an?cdota pertinente o citando una frase certera de alg?n personaje c?lebre, suscitamos el inter?s del oyente y prendemos su atenci?n.


Intentemos, por ejemplo, explicar a unos j?venes qu? es la libertad. Partamos de las formas m?s elementales de libertad hasta llegar a la m?s perfecta, la libertad creativa, la libertad para el bien, la justicia, la bondad, la belleza.

Veremos que los oyentes abren los ojos gozosamente al observar c?mo se despliega ante ellos el abanico de los modos diversos de libertad, en perfecto orden seg?n su rango:


1. La libertad de movimiento. Poder moverse es una forma de libertad b?sica.

El ni?o en la cuna se mueve espont?neamente y, si algo se lo impide, se siente desazonado. Estar de alguna forma impedido o trabado nos causa un dolor muy hondo pues afecta a una tendencia primaria de nuestro ser.


2. La libertad de movernos por donde queramos. Si uno tiene libertad de movimiento pero s?lo puede circular por un ?mbito acotado, no se siente libre.

No puede ejercitar ese tipo de libertad conforme a un proyecto personal. Puede caminar e, incluso, correr, pero con ciertos l?mites que le impiden trazar planes de acci?n en cada momento del d?a. Se siente penosamente trabado. Por eso los reclusos se sienten tan libres al ser excarcelados.



3. La libertad de realizar proyectos viables porque contamos con las posibilidades necesarias.

Una persona puede disfrutar de los dos tipos anteriores de libertad pero es incapaz de ir a donde quiere porque le faltan para ello posibilidades de tipo econ?mico, cultural o social.

Cuando uno dispone de amplias posibilidades, se siente plenamente libre, en las tres acepciones del t?rmino libertad que hemos visto hasta ahora. El que ejercita estos modos de libertad tiende a identificar ser libre con no tener trabas. Es una idea de libertad que se basa en una negaci?n.



4. La libertad de elegir entre diversas posibilidades en virtud de una meta que queremos y debemos alcanzar.

La forma de libertad anterior puede reducir a esclavitud espiritual a una persona cuando ?sta no cuenta con razones profundas que justifiquen la elecci?n de unas posibilidades u otras.

Si elijo solamente las posibilidades que me agradan, aunque me lancen al v?rtigo y me destruyan como persona, ejercito un modo de ?libertad cautiva?. Soy libre para moverme por donde quiera, con el ?nico fin de acumular sensaciones placenteras.

Al hacerlo, pongo en riesgo mi crecimiento personal y me expongo a tal peligro de bloquear mi crecimiento personal que llego a preguntarme, con San Bernardo: ??Qui?n me defender? de mis propias manos??

La ?nica defensa es la decisi?n de tomar distancia respecto a mis apetencias inmediatas y elegir en virtud del ideal aut?ntico de la vida.

Este tipo de distanciamiento o desprendimiento supone un modo de libertad interior o libertad creativa; nos liberamos de la fascinaci?n de las ganancias inmediatas y nos disponemos para crear una vida llena de sentido por estar consagrada a la b?squeda de la verdad y a la realizaci?n del bien y de la belleza.

Aqu? comienza la verdadera libertad, una forma de libertad positiva que no se reduce a liberarse de trabas antes se dirige a realizar el ideal de la vida. Esta forma de libertad presenta diversos grados seg?n la calidad del ideal al que tiendo y seg?n mi modo de asumirlo en la vida.


- Tomo como ideal en la vida comportarme de acuerdo a las normas aceptadas en mi sociedad y me ajusto a ellas. Soy, por tanto, verdaderamente libre porque me distancio de mis apetencias particulares y me ajusto a criterios reconocidos como ?ticamente valiosos. Cumplo mis deberes y obligaciones, pero no los asumo interiormente; los tomo como una norma que me viene impuesta de fuera. Estoy obligado desde el exterior; no me siento vinculado interiormente al valor que se me presenta. No lo veo como algo valioso que me estimula sino como un deber que me coacciona. No soy todav?a libre con libertad interior o creativa. Cuando visito a un familiar enfermo porque mi entorno social considera obligado hacerlo, soy libre frente a mis apetencias, pero todav?a no tengo libertad interior. Estoy en cierta medida sometido a instancias externas.


- Si siento verdadero amor por mi familiar, asumo el deber de visitarle como una instancia impuesta por mi propia realidad personal, supero la sumisi?n a lo exterior a m? y gano cierta libertad interior. Yo mismo me impongo el deber de visitarle porque me siento vinculado a ?l, ob-ligado a ?l y a la necesidad de atenderle en su necesidad. Cumplo el deber de hacerlo con satisfacci?n; lo hago con espontaneidad creadora pues deseo crear con ?l esa relaci?n entra?able que supone una visita afectuosa. Ya no hay imposici?n alguna sobre m? ni de fuera ni de dentro. Act?o en virtud del amor, energ?a interna que convierte el esfuerzo en una satisfacci?n. Cuando se cumple el deber por amor, se desborda toda escisi?n entre la interioridad y la exterioridad. Mi familiar no est? all? y yo aqu?; ambos formamos un mismo campo de juego, y sus problemas son mis problemas y sus gozos son mis gozos. He interiorizado el deber -como ped?a Friedrich Schiller- y mi libertad interior ha ganado una calidad muy alta.


- En el horror de un campo de concentraci?n, varios reclusos son condenados a muerte. Al entrar en el calabozo donde van a morir de extenuaci?n, uno de ellos se despide sollozando de su mujer y sus hijos. Entonces, un prisionero se ofrece a morir por ?l. ?C?mo se explica que exista una libertad interior capaz de distanciarse incluso del instinto de conservaci?n? S?lo puede ser libre en tal grado quien est? tan entusiasmado con el ideal de la unidad que todos los valores -incluso el de la propia vida- queden supeditados a su logro.
Si exponemos as? las diversas formas de libertad a los j?venes, ?stos quedan preparados para determinar en cada momento en qu? medida pueden considerarse verdaderamente libres. Tienen una clave de orientaci?n l?cida, y de ella pueden extraer pautas de conducta certeras.




c) La exposici?n de los temas ha de hacerse con vigor interno, como si uno los estuviera descubriendo por primera vez.

Es indispensable evitar que lo dicho suene a consabido, pues ello induce a los oyentes a distraerse. Si un sacerdote comienza una homil?a de boda recordando la conversi?n del agua en vino realizada por Jes?s en Can?, invita a los fieles a relajar la atenci?n, pues dicho tema se halla actualmente desgastado.

Resulta desaconsejable repetir rutinariamente frases hechas, por muy ricas de contenido y de alto abolengo que sean.

Si queremos que el oyente se vea movido a convertirlas en vida interior, introduci?ndose personalmente en el mundo espiritual que sugieren, debemos pronunciarlas "en estado naciente", como si estuvieran brotando para expresar el aspecto de la vida que deseamos promover.

Por mucho que debamos repetir una idea -en las clases, en la catequesis, en las homil?as, en los escritos...-, hemos de darles un sabor de pan reci?n hecho, al modo como los buenos actores jam?s repiten su papel; lo crean siempre de nuevo.

Ese car?cter originario de cuanto se dice apela al oyente, que lo siente como nacido para nutrir su capacidad creadora.

Esta vivacidad creativa se consigue cuando uno procura ahondar un d?a y otro en los temas que debe luego transmitir. Cuanto m?s reflexionemos -por ejemplo- sobre lo que es e implica la fidelidad, mejor y m?s persuasivamente lo expondremos.

Para comunicar un dato relativo a un objeto o conjunto de objetos -por ejemplo, la situaci?n de una plaza, nivel 1-, basta tener noticia de ?l. En el plano de los ?mbitos y de la vida creativa -nivel 2-, insistir es profundizar, y profundizar significa captar mejor el sentido de una realidad o un acontecimiento.

Qu? significa ser fiel a alguien, celebrar una fiesta, arrepentirse de algo, perdonar una ofensa, agradecer un don, interpretar una obra de arte... son temas que requieren una reflexi?n tenaz si queremos exponerlos, en sus l?neas maestras, de forma l?cida y convincente.


d) Es m?s recomendable hablar de concepto que leer, ya que el estilo del lenguaje escrito es menos llano y familiar que el del lenguaje hablado, apenas invita a la comunicaci?n cordial y da sensaci?n de lejan?a.

En la misma medida hace dif?cil conseguir que la comunicaci?n de contenidos sea ante todo una comunicaci?n entre personas, y por tanto una apelaci?n. Si me dirijo a ti para comunicarte algo que juzgo decisivo en la vida, deseo hacerte part?cipe de ello para que te decidas a participar activamente de la riqueza que te ofrece.

Esta meta puede lograrse tambi?n con la lectura cuando se escribe el mensaje con el estilo propio de la conversaci?n y se lo lee con soltura sin perder la comunicaci?n con el oyente.

El l?der debe tener el sentido del lenguaje, conocer con la mayor precisi?n posible lo que implica ser locuente, descubrir el poder del lenguaje para dar densidad a los acontecimientos de la vida, ahondar en la relaci?n de complementariedad que se da entre el lenguaje y el silencio (25).


Publicado por mario.web @ 19:57
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