Martes, 03 de mayo de 2011

Fuente: ZENIT.org
Autor: Monse?or Jos? Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia

El 30 de noviembre, celebramos el primer aniversario de la publicaci?n de la segunda enc?clica de Benedicto XVI: "Spe Salvi" (Salvados en Esperanza). En este tiempo de
Adviento, en el que la Iglesia renueva una vez m?s, la invitaci?n a vivir la virtud teologal de la esperanza.

Tenemos que reconocer que, con frecuencia, en nuestra cultura se ha forjado una imagen un tanto "melanc?lica" de la esperanza. Parece como si identific?semos la esperanza con un suspiro que a?ora la realizaci?n de unos ideales, al mismo tiempo que los percibe como una utop?a inalcanzable. Alguien dijo que la esperanza sin Dios (?"esperanza laica"?), por mucho que se exprese en tonos po?ticos, acaba por reducirse al lamento triste y nost?lgico.

?No es cierto, acaso, que en nuestras conversaciones hay una gran inflaci?n de lamentos y de reivindicaciones est?riles? Todo el mundo parece quejarse de todo. El "victimismo" se ha convertido en una actitud de vida, consistente en creernos destinatarios de todos los males, al mismo tiempo que nos hacemos ciegos para reconocer el bien e incapaces de agradecerlo. As? lo describ?a Mart?n Descalzo: "Anta?o la hipocres?a era fingirse bueno. Hoy en d?a, la hipocres?a es inventarse dolores, teniendo motivos para estallar de alegr?a".

Pues bien, en este tiempo de Adviento que iniciamos, tiempo de espera gozosa en el Mes?as, tenemos una ocasi?n de oro para crecer en la virtud de la alegr?a. Pero... ?c?mo es eso de considerar la alegr?a como una "virtud"? ?No se trata acaso, de un estado emotivo, fruto de unas circunstancias cuyo control no est? en nuestras manos? ?Acaso no ser?a algo ficticio, el intento de procurar ser alegres "artificialmente"?

Los cristianos tenemos muchas razones para la alegr?a. La liturgia del Adviento nos las recuerda una y otra vez, ante el peligro de que los agobios de nuestra vida nos impidan disfrutar de ellas: "(...) cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo" (Oraci?n colecta, Domingo II de Adviento), "(...) conc?denos llegar a la Navidad -fiesta de gozo y salvaci?n- y poder celebrarla con alegr?a desbordante" (Oraci?n colecta, Domingo III de Adviento).

Ciertamente, la alegr?a es fruto de una Buena Noticia, pero no puede ser alcanzada sin librar antes una importante batalla interior. La alegr?a no es un estado an?mico que nos sobreviene y nos abandona caprichosamente, sino que es un h?bito que se adquiere con voluntad y perseverancia. Es el fruto del ejercicio de la penitencia interior, que nos lleva a mortificar tantas tristezas inconsistentes que pretenden imponerse a las razones para el gozo interior. Aunque nos puedan parecer incompatibles estos dos conceptos, no dudemos de que la "alegr?a" es la mejor "penitencia". M?s a?n, hemos de desconfiar de las penitencias que no nos lleven a superar nuestras tristezas y amarguras. La penitencia m?s perfecta es aquella por la que le ofrecemos a Dios y a nuestro pr?jimo una sonrisa transparente y perseverante, que solamente puede brotar de un coraz?n enamorado y agradecido.

Para resolver esta aparente paradoja, tal vez debamos redescubrir el aut?ntico sentido de la "penitencia", es decir, su sentido teol?gico. Dec?a Santo Tom?s de Aquino en la Suma Teol?gica, que "la penitencia realiza la destrucci?n del pecado pasado". No olvidemos que la tristeza se introdujo en nosotros como fruto del pecado; y que ?ste no ser? plenamente vencido hasta que no rescatemos la alegr?a. Rescatamos la alegr?a, s?lo cuando hemos vencido el pecado.

La alegr?a cristiana que nace de la virtud teologal de la esperanza, nos permite relativizar las preocupaciones y hasta nuestras propias debilidades. La sonrisa humilde y el buen humor, resultan ser un arma espiritual de gran eficacia para vencer las tentaciones del Maligno. Al mismo tiempo, el "apostolado de la sonrisa" es uno de los testimonios m?s necesarios y convincentes en el momento presente.

Iniciamos en este domingo un nuevo a?o lit?rgico. He aqu? la primera s?plica que la liturgia de la Iglesia dirige a Dios: "Aviva en tus fieles el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene, acompa?ados por las buenas obras" (Oraci?n colecta, Domingo I de Adviento). Lo sorprendente quiz?s sea descubrir que la primera "buena obra" que Dios nos pide, pueda ser... una sonrisa.

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Publicado por mario.web @ 20:11
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