Martes, 03 de mayo de 2011
Discurso del Papa Juan Pablo II, 20 junio de 1997 en el marco del Congreso europeo de doctrina social de la Iglesia que re?ne, por primera vez, a los profesores de esta disciplina con el prop?sito de descubrir la forma m?s adecuada de ense?arla y difundir
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Discurso a un grupo de profesores de Doctrina Social de la Iglesia
Discurso a un grupo de profesores de Doctrina Social de la Iglesia
DISCURSO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
A UN GRUPO DE PROFESORES DE DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Viernes 20 de junio de 1997



Se?or cardenal;
amables se?oras y se?ores:


1. Deseo, ante todo, expresaros mi viva complacencia por este Congreso europeo de doctrina social de la Iglesia que re?ne, por primera vez, a los profesores de esta disciplina con el prop?sito de descubrir la forma m?s adecuada de ense?arla y difundirla. Agradezco al se?or cardenal Roger Etchegaray las amables palabras con que ha presentado este significativo acontecimiento. Extiendo mi agradecimiento a monse?or Angelo Scola, rector magn?fico de la Pontificia Universidad Lateranense, y al profesor Adriano Bausola, rector magn?fico de la Universidad cat?lica del Sagrado Coraz?n, por la concreta colaboraci?n que han brindado al Consejo pontificio Justicia y paz en la preparaci?n de este fruct?fero encuentro, motivo de consuelo y esperanza.

La doctrina social de la Iglesia es una de mis mayores preocupaciones, ya que soy profundamente consciente de cu?n generosa y cualificada debe ser la solicitud de toda la Iglesia por anunciar al hombre de nuestro tiempo el evangelio de la vida, de la justicia y de la solidaridad.

Profundizando las razones de este compromiso eclesial, hab?is conmemorado oportunamente el trig?simo aniversario de la Populorum progressio de mi venerado predecesor, el siervo de Dios Pablo VI, y el d?cimo aniversario de la Sollicitudo rei socialis. Estas dos enc?clicas, con su exigente mensaje, siguen siendo una llamada actual e ineludible a no abandonar el taller donde se construye el desarrollo de todo el hombre y de cada hombre, no s?lo seg?n par?metros econ?micos, sino tambi?n morales.

2. En vuestro servicio diario como profesores de doctrina social de la Iglesia os encontr?is muchas veces frente a esta pregunta recurrente: ??C?mo debe proponerse, en la actual situaci?n hist?rica y cultural, la verdad encomendada a los cristianos??. La urgencia que hoy se percibe con mayor nitidez y fuerza es la de promover una ?nueva evangelizaci?n ?, una ?nueva implantatio evangelica ?, tambi?n con referencia al ?mbito social. En efecto, el Papa Pablo VI exhortaba a superar la fractura entre Evangelio y cultura, a trav?s de una obra de inculturaci?n de la fe, capaz de alcanzar y transformar, mediante la fuerza del Evangelio, los criterios de juicio, los valores determinantes y las l?neas de pensamiento propias de cada sociedad. La intenci?n central, particularmente actual si consideramos la situaci?n de Europa, era la de mostrar, con renovado impulso, la importancia de la fe cristiana para la historia, la cultura y la convivencia humana.

A partir de Jesucristo, ?nica salvaci?n del hombre, es posible poner de manifiesto el valor universal de la fe y de la antropolog?a cristiana y su significado para cada ?mbito de la existencia. En Cristo se ofrece al ser humano una espec?fica interpretaci?n personalista y solidaria de su realidad abierta a la trascendencia.

Precisamente a partir de esta antropolog?a, la doctrina social de la Iglesia puede proponerse no como ideolog?a, o ?tercera v?a?, a semejanza de otras propuestas pol?ticas y sociales, sino propiamente como un saber teol?gico-moral particular cuyo origen est? en Dios, que se comunica al hombre (cf. Sollicitudo rei socialis, 41). En este misterio encuentra su fuente inagotable para interpretar y orientar la historia del hombre. Por tanto, la nueva evangelizaci?n, a la que est? llamada toda la Iglesia, deber? integrar plenamente la doctrina social de la Iglesia (cf. ib.), para poder llegar mejor a los pueblos europeos e interpelarlos en sus problemas y situaciones concretas.

3. Otra perspectiva, que permite comprender la amplitud de horizontes de vuestro compromiso formativo, centrado en la doctrina social de la Iglesia, es la que se refiere a la ?tica cristiana.

En la actual cultura de la Europa contempor?nea es fuerte la tendencia a ?privatizar? la ?tica y a negar la dimensi?n p?blica al mensaje moral cristiano. La doctrina social de la Iglesia representa, de suyo, el rechazo de esta privatizaci?n, porque ilumina las aut?nticas y decisivas dimensiones sociales de la fe, ilustrando sus consecuencias ?ticas.

Tal como he reafirmado en muchas oportunidades, en la perspectiva delineada por la doctrina social de la Iglesia no se debe renunciar nunca a subrayar el nexo constitutivo de la humanidad con la verdad y el primado de la ?tica sobre la pol?tica, la econom?a y la tecnolog?a.

De ese modo, a trav?s de su doctrina social, la Iglesia plantea al continente europeo, que vive una ?poca compleja y dif?cil a nivel de integraci?n pol?tica y econ?mica y de organizaci?n social, la cuesti?n de la calidad moral de su civilizaci?n, requisito indispensable para construir un aut?ntico futuro de paz, libertad y esperanza para cada pueblo y naci?n.

4. La Iglesia, frente a los numerosos y dif?ciles desaf?os de la ?poca actual, en su acci?n evangelizadora, est? llamada a realizar una intensa y constante obra de formaci?n en el compromiso social. Estoy convencido de que dar?is vuestra cualificada contribuci?n, teniendo en cuenta que esa obra est? centrada en la doctrina social de la Iglesia. A su luz ser? posible mostrar que el sentido pleno de la vocaci?n humana y cristiana incluye tambi?n la dimensi?n social. Lo recuerda claramente el concilio Vaticano II, que en la Gaudium et spes afirma: ?Los dones del Esp?ritu son diversos: mientras a unos los llama a dar testimonio p?blicamente de anhelar la morada celeste y a conservar vivo este anhelo en la familia humana, a otros los llama a dedicarse al servicio temporal de los hombres, preparando con este ministerio suyo la materia del reino de los cielos? (n. 38).

En esta perspectiva, la formaci?n en el compromiso social se presenta como el desarrollo de una espiritualidad cristiana aut?ntica, llamada por su naturaleza a animar toda actividad humana. Su elemento esencial ser? el esfuerzo por vivir la profunda unidad entre el amor a Dios y el amor al pr?jimo, entre la oraci?n y la acci?n. Por tanto, queridos profesores de doctrina social de la Iglesia, vuestra ense?anza deber? insistir constantemente en esto. Vuestra contribuci?n debe formar parte cada vez m?s plenamente, de modo org?nico, de la acci?n pastoral de la comunidad cristiana.

5. Una formaci?n adecuada en el compromiso social plantea una exigencia doble y unitaria: por una parte, conocer a fondo la doctrina social de la Iglesia y, por otra, saber discernir concretamente la incidencia del mensaje evang?lico en la realizaci?n plena del hombre en las diversas circunstancias de su existencia terrena. Esta doble exigencia resulta particularmente urgente si se considera el tema del desarrollo, que hab?is afrontado durante los trabajos del Congreso. En efecto, el actual proceso de globalizaci?n econ?mica, aun presentando m?ltiples aspectos positivos, manifiesta tambi?n una preocupante tendencia a excluir del desarrollo a los pa?ses m?s necesitados e, incluso, a enteras regiones. Sobre todo el mundo del trabajo en relaci?n de dependencia debe afrontar las consecuencias, a menudo dram?ticas, de imponentes cambios en la producci?n y en la distribuci?n de los bienes y servicios econ?micos.

Al parecer, el sector m?s beneficiado en el proceso de globalizaci?n econ?mica es el que por su dinamismo empresarial se suele llamar ?privado?. Ciertamente, la doctrina social de la Iglesia le reconoce una funci?n significativa en la promoci?n del desarrollo, pero, al mismo tiempo, recuerda a cada uno la responsabilidad de actuar siempre con gran sensibilidad ante los valores del bien com?n y de la justicia social. La falta, a nivel internacional, de estructuras adecuadas, de reglamentaci?n y de orientaci?n en el actual proceso de globalizaci?n econ?mica no disminuye la responsabilidad social de los agentes econ?micos, comprometidos en este campo. La situaci?n de las personas y de las naciones m?s pobres exige que cada uno asuma sus propias responsabilidades, a fin de que se creen sin demora condiciones propicias para el aut?ntico desarrollo de todos.

Los pueblos tienen derecho al desarrollo. Por tanto, es necesario volver a examinar y corregir, en funci?n del derecho al trabajo que cada uno tiene en el ?mbito del bien com?n, las formas de organizaci?n de las fuerzas econ?micas, pol?ticas y sociales, e incluso los criterios de distribuci?n del trabajo experimentados hasta ahora. El Consejo pontificio Justicia y paz sigue manteniendo viva esta urgente necesidad, entablando un di?logo iluminador con cualificados representantes de los diversos sectores econ?micos y sociales, como empresarios, economistas, sindicalistas, instituciones internacionales y el mundo acad?mico.

A la vez que agradezco al presidente y a todos los colaboradores de este dicasterio su generosa entrega, deseo de coraz?n que su compromiso contribuya eficazmente a sembrar la civilizaci?n del amor en los surcos de las vicisitudes humanas. Espero, asimismo, que los profesores aqu? presentes sean expertos formadores de las nuevas generaciones, sostenidos por la fe en Cristo, Redentor de todos los hombres y de todo el hombre, por el contacto constante con los problemas de la ?poca moderna, por una madura experiencia pastoral y por el uso adecuado de los modernos medios de comunicaci?n social.

Que mi bendici?n os conforte en vuestro trabajo.

Publicado por mario.web @ 20:20
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