Martes, 03 de mayo de 2011
F. Javier Garisoain Otero reflexiona sobre la doctrina moral del Mal Menor, su origen, su t?ctica pol?tica, su evoluci?n e ineficacia.
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Doctrina y t?ctica del Mal Menor
Doctrina y t?ctica del Mal Menor
Quisiera decir algo cat?licamente correcto sobre el concepto de ?mal menor?. Y explicar que una cosa es la l?cita doctrina moral del mal menor y otra m?s discutible la t?ctica pol?tica del mal menor. La t?ctica pol?tica malminorista es, desde hace doscientos a?os, se?a de identidad del llamado catolicismo liberal, una ideolog?a que ha pretendido conciliar la Verdad que predica la Iglesia con el relativismo y el naturalismo. Soy consciente de que muchos cat?licos sinceros siguen confiando en las t?cticas maquiav?licas del mal menor y del voto ?til tal vez porque no acaban de descubrir otra que les convenza.

Despu?s de pensarlo un poco les dir? mi opini?n: que hacer propuestas malas sabiendo que son malas y esperando con ello evitar el triunfo de propuestas peores suena, cuando menos, bastante inmoral. Y adem?s es ineficaz.


La doctrina moral del Mal Menor

Los buenos fil?sofos explican que el mal no tiene entidad propia porque s?lo es ausencia de bien. El mal menor pues no es m?s que carencia de bien. Y en este sentido mal menor es exactamente lo mismo que bien mayor. Como en el ejemplo de la botella ?medio llena?o ?medio vac?a?sabemos que el nivel puede cambiar a m?s o a menos. Sabemos que diversas limitaciones internas o externas nos alejan siempre de la perfecci?n individual y social. Por eso la doctrina del mal menor, que exige procurar siempre el mayor bien posible y evitar el mal en lo posible, es v?lida siempre. Ante una elecci?n -suponiendo que nuestra ?nica responsabilidad sea elegir- no existe otra posibilidad de rectitud ?tica que elegir lo mejor. Y si todo es malo hay que elegir el mal menor. Y no estar? de mas convenir que en ciertos casos el negarse a elegir, es decir, la abstenci?n, a?n siendo un mal, puede ser el verdadero mal menor que estamos buscando. Todo ello suponiendo -insisto- que nuestra ?nica responsabilidad sea elegir. La cosa cambia, como veremos, si nuestra responsabilidad no es elegir, sino hacer, o proponer. Al fin y al cabo vivimos en una sociedad plural en la que tenemos el deber de participar. ?Se satisfar? ese deber con la mera elecci?n pasiva del mal menor? Si el llamamiento es a participar, a hacer, a construir, habr? que HACER el bien.

La t?ctica pol?tica del Mal Menor
La t?ctica pol?tica del mal menor ya no se limita al momento electoral, pues consiste en proponer unos males (menores) para evitar que triunfen otros males (mayores). Es la tentaci?n pol?tica que nos acosa cuando tenemos la responsabilidad de hacer propuestas. Y llegados a este punto he llegado a una conclusi?n: desde el punto de vista ?tico nunca puede ser l?cito proponer un mal, aunque ?ste sea menor.

He aqu? algunos argumentos de por qu? no es bueno el malminorismo:

- Porque la doctrina cat?lica es clara al respecto cuando afirma que la conciencia ordena ?practicar el bien y evitar el mal?(Cat. 1706 y 1777), que no se puede ?hacer el mal?si se busca la salvaci?n (Cat. 998) y que ?nunca est? permitido hacer el mal para obtener un bien?. (Cat.1789)

- Porque la responsabilidad de los laicos cat?licos no puede limitarse a elegir pasivamente entre los males que los enemigos de la Iglesia quieran ofrecer, sino que debe ser una participaci?n activa y directa, ?abriendo las puertas a Cristo?.

- Porque el mal menor pretende asignar a los cat?licos un papel mediocre y pasivo dentro del nuevo sistema ?confesionalmente aconfesional?.

- Porque el mal menor convierte en cotidiana una situaci?n excepcional.

- Porque una situaci?n de mal menor prolongada hace que el mal menor cada vez sea mayor mal. Los males ?menores?de nuestros d?as pesan demasiado como para no evidenciar un enfrentamiento radical con el Evangelio: el individualismo, la relativizaci?n de la autoridad, el primado de la opini?n, la visi?n cient?fico-racionalista del mundo... principios que se manifiestan en la p?rdida de fe, la crisis de la familia, la corrupci?n, la injusticia y los desequilibrios a escala mundial, etc.

- Porque la t?ctica del mal menor se ha demostrado ineficaz en el tiempo para alcanzar el poder o reducir los males.

- Porque es preciso exponer en su integridad el mensaje del Evangelio ya que ?donde el pecado pervierte la vida social es preciso apelar a la conversi?n de los corazones y a la gracia de Dios?(...) y ?no hay soluci?n a la cuesti?n social fuera del Evangelio?(Cat. 1896)

- Porque la propuesta de un mal por parte de quien debiera proponer un bien da lugar al pecado grav?simo de esc?ndalo que es la ?actitud o comportamiento que induce a otro a hacer el mal?).

(Cat. 2284). A este respecto es muy clara la ense?anza de P?o XII: ?Se hacen culpables de esc?ndalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradaci?n de las costumbres y a la corrupci?n de la vida religiosa, o a condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente hacen ardua y pr?cticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos (...) Lo mismo ha de decirse (...) de los que, manipulando la opini?n p?blica la desv?an de los valores morales?. (Discurso de 1/6/1941. Recogido en: Cat. 2286).

- Porque un mal siempre es un mal y ?es err?neo juzgar la moralidad de los actos considerando s?lo la intenci?n o las circunstancias?(Cat. 1756).

C?mo nace el Mal Menor
Hist?ricamente, la t?ctica pol?tica del mal menor nace en la Europa cristiana postrevolucionaria de la mano de dos movimientos pol?ticos cat?licos: el catolicismo liberal y la democracia cristiana. Es complicado desentra?ar los motivos que llevan a sus promotores a adoptarla en la teor?a. Y son contradictorios los hechos y las decisiones adoptadas en la pr?ctica. No entrar? a juzgar la intenci?n. En muchas ocasiones los malminoristas han sido hombres de iglesia, cat?licos inquietos por los avances de la revoluci?n y deseosos de hacer algo en un contexto de debilidad de la respuesta cat?lica a la revoluci?n liberal.

Se puede llegar al malminorismo por diversos motivos que se superponen y entremezclan:

- Por ?contaminaci?n?del pensamiento revolucionario y el deslumbramiento ante la aparente perfecci?n de las nuevas ideolog?as. Buscando, por ejemplo, el compromiso de la Iglesia con una forma pol?tica concreta (nacionalismo, parlamentarismo, democracia de partidos, etc.)

- Por exageraci?n de los males del Antiguo R?gimen y su identificaci?n con la misma Doctrina Cat?lica.

- Por cansancio en la lucha contrarrevolucionaria, por el acomodo conservador de quienes est?n llamados a la valent?a.

- Por una derrota b?lica de las pol?ticas cat?licas, o tras un per?odo intenso de persecuci?n religiosa.

- Por una aparente urgencia de transacci?n con los enemigos de la Iglesia a fin de que, al menos, sea tolerada por unas autoridades hostiles una m?nima labor apost?lica.

- Por maniobras de partidos revolucionarios que intencionadamente procuran sembrar dudas y divisi?n entre los cat?licos.

- Por la carencia de verdaderos pol?ticos cat?licos lo cual anima la intromisi?n del clero en la pol?tica concreta.

- Por la misma intromisi?n clerical en el juego pol?tico lo que a su vez retrae de la participaci?n a unos y desautoriza la labor independiente -y tal vez discrepante en lo contingente- de otros laicos.

- Por ingenuidad de los cat?licos que conf?an sin garant?as en las reglas del juego establecidas por los enemigos de la fe.

- Por una sobrevaloraci?n del ?xito pol?tico inmediato olvidando que, como dice el catecismo: ?el Reino no se realizar? (...) mediante un triunfo hist?rico de la Iglesia en forma de un progreso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el ?ltimo desencadenamiento del mal?. (Cat. 677)

- Por una creciente desorientaci?n y falta de formaci?n del pueblo cat?lico que genera pesimismo o falta de fe en la eficacia salvadora de los principios del Derecho P?blico Cristiano.

- Por un enfriamiento en la fe y la religiosidad. Porque sin ayuda de la gracia es muy dif?cil ?acertar con el sendero a veces estrecho entre la mezquindad que cede al mal y la violencia que, creyendo ilusoriamente combatirlo, lo agrava?. (Centesimus Annus, 25. En Cat. 1889)

C?mo ha evolucionado la t?ctica del Mal Menor
La t?ctica del mal menor no se ha introducido de golpe en ning?n momento. Lo ha hecho de forma progresiva (a peor) a lo largo de los dos ?ltimos siglos. En la historia pol?tica de los pa?ses europeos se podr?an identificar las siguientes situaciones:

- En un primer momento, tras el choque violento de la revoluci?n, y argumentando el accidentalismo de la Iglesia (que corresponde a la instituci?n pero no a los laicos), los malminoristas toleran, consienten y hasta promueven la disoluci?n de estructuras pol?ticas y sociales tradicionales (monarqu?a, gremios, instituciones religiosas, bienes comunales, etc.) que eran de hecho un freno a la revoluci?n.

- Paralelamente a la secularizaci?n de la pol?tica y por un cierto maquiavelismo, empiezan a omitir los argumentos religiosos a la hora de hacer propuestas con la ilusi?n de captar as? el apoyo de los no cat?licos. Algunos llegan a afirmar como justificaci?n para no hablar de la Redenci?n que ?la doctrina cristiana es m?s importante que Cristo?lo cual no deja de ser puro pelagianismo.

- El paso siguiente en la t?ctica malminorista es el intento de uni?n de los cat?licos en torno a un programa m?nimo pero no para presentar una alternativa al nuevo r?gimen sino para integrarse mejor en ?l con la idea de ?cambiarlo desde dentro?. Para ello se procura el desprestigio de otros pol?ticos y t?cticas cat?licas marginales.

- Un recurso frecuente en los malminoristas es tratar de ganar la simpat?a de la jerarqu?a mediante promesas de ?paz y reconciliaci?n?que permitan la reconstrucci?n material de las Iglesias y el mantenimiento regular del culto. Se trata de un intento desesperado de salvar ?lo que se pueda?, de tentar a la jerarqu?a de la Iglesia con una direcci?n pol?tica que no le es propia. Que podr?a ser algo excepcional, pero no la t?nica habitual de participaci?n pol?tica cat?lica.

- En ocasiones son los propios obispos o miembros del clero quienes promueven grupos pol?ticos en esa l?nea con una mentalidad puramente defensiva de la Iglesia. Esta intromisi?n empobrece la acci?n pol?tica de los cat?licos, la hace ?ir a remolque?de las propuestas revolucionarias, y compromete a la Iglesia con soluciones pol?ticas leg?timas pero opinables.

Cuando alguien propone hacer acci?n social, como lo hizo en Espa?a un influyente obispo, ?para que no se nos vayan los obreros de la Iglesia?est? falseando la finalidad de la verdadera acci?n social, que no puede ser un mero instrumento de catequesis, sino un deber de justicia y responsabilidad de los laicos.

- El caso del Ralliement propuesto por Le?n XIII, que envalenton? a?n m?s a los enemigos de la Iglesia en Francia, o la verdadera traici?n de ciertos obispos mexicanos a los cat?licos cristeros, milagrosamente perdonada por el pueblo fiel, son dos ejemplos de las nefastas consecuencias a las que puede llevar el malminorismo. En este sentido la claridad del Concilio Vaticano II al exigir la abstenci?n del clero de toda actividad pol?tica representa una rectificaci?n importante. Es preciso reconocer que el empe?o cobarde de algunos cristianos por buscar la mera supervivencia material de la Iglesia, la ?a?adidura?, ha sido un anti-testimonio escandaloso. Es un esc?ndalo que quienes dicen con el Evangelio ?Buscad el Reino de Dios y su justicia...?olviden que el mal moral es ?infinitamente m?s grave?que el mal f?sico. (Cat. 311)

- M?s recientemente y coincidiendo con la euforia previa al Concilio Vaticano II se procur? la disgregaci?n de partidos, asociaciones, instituciones y estados cat?licos con la idea de potenciar una especie de ?guerra de guerrillas?que pudiera conquistar as? la opini?n p?blica y llegar a todos los rincones del entramado social. Los resultados est?n a la vista: no s?lo se han debilitado o extinguido las antiguas herramientas sino que adem?s no ha surgido esa nueva?guerrilla?y no se ha conquistado nada nuevo -o poco- que no fuera ya cat?lico.

- El ?ltimo paso del malminorismo y la demostraci?n palpable de su maquiavelismo es la justificaci?n del voto ?til lo que, parad?jicamente, contradice el mal menor porque propugna que se vote no ya al menos malo, sino a la opci?n que tenga mayores posibilidades de triunfo, aunque sea peor que otras opciones con menos posibilidades.

La ineficacia del Mal Menor

Al analizar la g?nesis y desarrollo de las t?cticas malminoristas, en ning?n caso condeno aqu? la intenci?n de quienes las han apoyado o apoyan. Simplemente quiero constatar algunas razones que expliquen por qu? el malminorismo nunca consigue lo que se propone. No consigue reducir el mal mayor:
- Porque las energ?as que deb?an gastarse en proponer bienes plenos se gastan en proponer males menores.

- Porque es una opci?n de retirada, pesimista, en la que el pol?tico cat?lico esconde sus talentos por temor, o por falsa precauci?n.

- Porque la t?ctica del mal menor predica la resignaci?n; y no precisamente la resignaci?n cristiana, sino la sumisi?n y la tolerancia al tirano, a la injusticia y al atropello. Con t?cticas malminoristas nunca se habr?a decidido el alzamiento espa?ol de 1936, ni habr?a ca?do el muro de Berl?n. No habr?a habido Guerra de la Independencia Espa?ola, ni insurgencia cat?lica en la Vend?e, ni Carlistas en Espa?a, ni Cristeros en M?xico. Y tal vez ninguna oposici?n habr?a encontrado el avance isl?mico por Europa. No habr?an existido ni Lepanto, ni Cruzadas, ni Reconquista.

- Porque el mal menor se presenta como una forma inteligente de favorecer econ?mica y f?sicamente a la Iglesia olvidando que la mayor riqueza de la Iglesia -su ?nica riqueza- es el testimonio de la Verdad, testimonio que si sigue hoy vivo es gracias a la sangre de los m?rtires.

- Porque hay ejemplos sobrados en los que el triunfo del malminorismo ha dado el poder a partidos que reclamando el voto cat?lico han amparado, y eso ha pasado en media Europa, una legislaci?n anticristiana (divorcio, aborto, etc.).

En definitiva, el malminorismo no ha sido derrotado nunca porque en s? mismo es una derrota anticipada, una especie de c?modo suicidio colectivo. Es el retroceso, la postura vergonzante y defensiva, el complejo de inferioridad.

Defendiendo una t?ctica de mal menor, los cristianos renuncian al protagonismo hist?rico, como si Cristo no fuese Se?or de la historia. Se creen maquiavelos y s?lo son una sombra en retirada. Niegan en la pr?ctica la posibilidad de una doctrina social cristiana, y niegan la evidencia de una sociedad que, con todas sus imperfecciones, ha sido cristiana. El malminorismo, contrapeso necesario de una revoluci?n que en el fondo es anticristiana, ha fracasado siempre, desde su mismo nacimiento.

En cambio, la historia de la Iglesia y de los pueblos cristianos est? llena de hermosos ejemplos en los que el optimismo -o mejor, la esperanza cristiana-, nos ense?a que es posible, con la ayuda de Dios, construir verdaderas sociedades cristianas. La pol?tica cristiana no ha fracasado en la medida en que todav?a hoy seguimos viviendo de las rentas de la vieja cristiandad occidental.

Conclusiones
Es alentador comprobar que, gracias a Dios, los errores filos?ficos o teol?gicos, cuando se concretan en movimientos y personas, siguen adelante en medio de felices incongruencias, acuciados por la realidad de las cosas. Raras veces llegan a desarrollar las ?ltimas consecuencias de sus principios. Por eso el resultado de una acci?n pol?tica, aunque parta de unos principios err?neos, es incierto y sorprendente. ?Dios cre? un mundo imperfecto, en estado de v?a?. (Cat. 310) y ni siquiera el acceso al gobierno pol?tico de personas santas podr?a eliminar todas las imperfecciones de este mundo.

Una vez reconocida esta tremenda limitaci?n de la realidad pol?tica, nuestra responsabilidad de laicos cat?licos no puede ser la resignaci?n ante un mundo imperfecto, sino la lucha y la aventura por procurar el acercamiento a ese ideal de perfecci?n que propone tambi?n a un nivel social el Evangelio. Aqu? radica el verdadero y sano pluralismo que debe existir entre los cat?licos, porque sin reconocer cierto ?derecho a la equivocaci?n?ser? imposible rectificar y mejorar.

La Doctrina de la Iglesia est? pidiendo a los laicos cat?licos una participaci?n activa en la vida pol?tica, solos o acompa?ados. Todo llamamiento a la unidad entre los cat?licos no puede exigir mas que una uni?n en los principios pre-pol?ticos, es decir, en torno a una misma idea de bien com?n. Y esa acci?n pol?tica cat?lica es responsabilidad exclusiva de los laicos, no de la Instituci?n jer?rquica. Laicos solos, o laicos agrupados. Pero laicos.

En cuanto a los conceptos de mal menor y voto ?til, estas son mis conclusiones:

- El mal menor como doctrina moral es siempre v?lido si nuestra responsabilidad es exclusivamente la elecci?n.

- El mal menor como t?ctica pol?tica nace en la Europa postrevolucionaria en un contexto de debilidad de las opciones pol?ticas cristianas.

- La t?ctica del mal menor es pesimista e ineficaz.

- La t?ctica pol?tica del voto ?til es puro maquiavelismo pol?tico y aunque aparentemente contradice la t?ctica del mal menor es en realidad una vuelta de tuerca en una misma concepci?n que esteriliza la acci?n pol?tica de los laicos cat?licos.
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F. Javier Garisoain Otero

Publicado por mario.web @ 20:22
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