Martes, 03 de mayo de 2011
Alejandro Lara nos habla del capital y su gran influencia en la familia, en los conocimientos, habilidades valores, actitudes y h?bitos de los hijos.
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El capital humano y la familia
El capital humano y la familia
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Cuando uno habla de capital se piensa instintivamente en bienes de capital, como maquinaria, equipo, acciones, etc. Sin embargo hay otro tipo de capital. Los estudios escolares, un curso de computaci?n, gastos en servicios m?dicos, y la formaci?n de virtudes, como la puntualidad y la honestidad, tambi?n pueden ser considerados como capital. Son capital en el sentido que estos elementos pueden mejorar la salud, aumentar los ingresos, o dar a la persona un mejor entendimiento de la literatura para toda la vida. Por lo tanto, es perfectamente acorde con el concepto tradicional de capital el decir que los gastos en educaci?n, capacitaci?n, servicios m?dicos, etc., son inversiones en capital. Sin embargo esto produce capital humano, y no f?sico o financiero. Es capital pues no es posible separar a la persona de sus conocimientos, habilidades, estado de salud, o valores, como ser?a posible mover valores f?sicos o financieros sin afectar a su due?o.

Las inversiones en educaci?n y capacitaci?n son las formas m?s importantes de invertir en capital humano. En los estudios del doctor Becker, as? como en otros similares, se muestra como en los Estados Unidos la educaci?n preparatoria, as? como la educaci?n universitaria, hacen que se aumenten de manera sustancial los ingresos de las personas. Esto incluso descontando los costos directos e indirectos propios de los estudios escolares y despu?s de hacer los ajustes necesarios por variables como antecedentes familiares y habilidades propias de la gente mejor educada. Estudios recientes muestran esta misma tendencia en otros pa?ses del mundo. As? mismo, se ha observado que ya sea por problemas escolares, inestabilidad familiar u otras razones, las personas sin una educaci?n superior no est?n debidamente capacitadas para trabajar en las econom?as modernas.

El hecho de que las inversiones en capital humano tienden a ser positivas desde una preceptiva de costo-beneficio lo demuestran claramente los cambios en el nivel de educaci?n de las mujeres. Antes de los a?os 1960?s, en los Estados Unidos, era m?s com?n que las mujeres se graduaran de preparatoria que los hombres, pero menos com?n que continuaran con una educaci?n universitaria. Las mujeres evitaban ?reas como matem?ticas, ciencias, econom?a y derecho, y prefer?an m?s bien educaci?n, econom?a familiar, lenguas y literatura. Dado que pocas mujeres trabajaban por un salario, escog?an el tipo de educaci?n que les ayudara en su labor en el hogar y a conseguir un buen matrimonio.

Todo esto ha cambiado radicalmente. A partir de los 1970?s, y a?n m?s recientemente, se ha dado un incremento enorme en la participaci?n de mujeres casadas en el mercado de trabajo. Muchas mujeres se toman muy poco tiempo libre de sus trabajos incluso para tener hijos. Como resultado, el valor en el mercado de las habilidades de las mujeres se ha incrementado enormemente, y est?n dejando labores que tradicionalmente eran propias de las mujeres para dedicarse a contabilidad, leyes, medicina, ingenier?a y otros campos que pagan mejor. A ra?z de esta mayor participaci?n de las mujeres casadas en la fuerza laboral, las ventajas de tener ganancias por un trabajo remunerado han tenido un efecto mayor en su comportamiento que las ideas tradicionales acerca del papel que deben desempe?ar las mujeres.

El an?lisis en el capital humano asume que el nivel de escolaridad aumenta los ingresos y la productividad principalmente proveyendo conocimientos, habilidades y una manera de analizar los problemas. Analizando los n?meros vemos que hay una gran correlaci?n entre ingresos y escolaridad. Sin embargo, otro punto de vista niega que el nivel de escolaridad aumente la productividad. Seg?n este enfoque, los egresados de universidad ganan m?s que los que s?lo hicieron preparatoria no porque la educaci?n universitaria aumente la productividad, sino porque los estudiantes m?s productivos pueden hacer sus estudios universitarios. Aunque no niego el gran valor que tiene la educaci?n por s? misma, me parece que es necesario poner atenci?n a este segundo enfoque.

El capital humano y la familia

Toda discusi?n sobre el capital humano no puede omitir la gran influencia que tiene la familia en los conocimientos, habilidades, valores, actitudes y h?bitos de sus hijos. Las peque?as diferencias en la educaci?n de los ni?os tienden a crecer a trav?s del tiempo, con la edad y la escolaridad, debido a que los ni?os aprenden m?s f?cilmente cuando est?n mejor preparados. Por esto, incluso peque?as diferencias en la educaci?n y formaci?n dadas por la familia, cuando son ni?os, son normalmente multiplicadas a trav?s del tiempo en grandes diferencias cuando ya son adolecentes. Es por esto que el mercado laboral no puede hacer mucho por ayudar a las personas que no han desarrollado h?bitos de trabajo o poseen otras carencias en su formaci?n; y por qu? es tan dif?cil dise?ar pol?ticas que ayuden a estos grupos. Los padres tienen una gran influencia en la educaci?n, en la estabilidad matrimonial, y en muchas otras ?reas de la vida de sus hijos.

En el seno de las familias es donde se forman los h?bitos y las actitudes b?sicas que permiten a los ni?os y j?venes aprovechar adecuadamente las oportunidades educativas escolares que se les ofrecen. Aunque poco medibles desde el punto de vista econ?mico, algo como el sistema de m?ritos dentro del hogar aumenta mucho m?s el capital humano que el acudir a una excelente instituci?n educativa. Cuando lo que aprenden en el hogar y lo que reciben en la escuela van por la misma l?nea, entonces el capital humano se multiplica. Sin embargo cuando hay contraposici?n entre la escuela y el hogar el efecto es el contrario.

Algo caracter?stico de los hogares realmente cristianos es el sano deseo por la perfecci?n cristiana y el de corresponder al m?ximo por los talentos que Dios nos ha dado, ambas invitaciones plasmadas en el Evangelio (Cf. Mt. 5, 46-48 y Mt. 25, 14-30). Esto crea dos actitudes b?sicas que son muy valiosas desde el punto de vista del capital humano: por un lado un esfuerzo constante por hacer todo lo mejor posible, especialmente cuando se trata de ayudar a los dem?s y, por otro lado, la conciencia de que daremos cuenta a Dios por los talentos que nos ha dado y, por tanto, el esfuerzo por hacerlos rendir al m?ximo en favor de uno mismo y de los dem?s.

Las familias dividen sus ingresos en relaci?n al n?mero de hijos que tienen y la cantidad que pueden gastar en cada hijo. La cantidad de hijos y la cantidad gastada por hijo tienden a estar relacionadas de manera inversa. La raz?n es obvia. Un mayor n?mero de hijos aumenta el costo efectivo de gastar un peso m?s en cada hijo. Esta relaci?n negativa, a nivel de las familias, implica tambi?n una relaci?n negativa entre el incremento de la poblaci?n de un pa?s y las inversiones en capital humano. Este indicador puede ser enga?oso, pues lo cuantificable en la inversi?n de capital humano es la educaci?n escolar y poco m?s, pero no la educaci?n dentro del seno del hogar.

El capital humano y el desarrollo econ?mico

Los pa?ses que han logrado un incremento sostenido en los ingresos de las personas han logrado tambi?n un incremento significativo en el campo de la educaci?n y capacitaci?n de su fuerza laboral. Un estudio de 1985 encontr? que el incremento en el promedio de escolaridad entre 1929 y 1982 explica una cuarta parte del incremento del ingreso per c?pita de la poblaci?n. Pero es incapaz de explicar el resto de este crecimiento. Esto puede ser debido a que no es posible medir el efecto en los ingresos que tienen las mejoras, a trav?s del tiempo, en campos como la salud, la capacitaci?n en el trabajo, y otras formas de capital humano.

Publicado por mario.web @ 20:24
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