Martes, 03 de mayo de 2011
El Di?cono Jorge Novoa reflexiona sobre lo que implica ser hombre de oraci?n u hombre de televisi?n.
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La televisi?n ?enemiga de la oraci?n?
La televisi?n ?enemiga de la oraci?n?
Resulta dif?cil, que un creyente, luego de sentarse durante varias horas frente al televisor, se encuentre frente a Dios en la oraci?n. A primera vista, parece ser que la oraci?n no tiene marketing. No aparece en los spots publicitarios, no est? integrada en las pel?culas (salvo en las de terror, o en la bendici?n que hacen de la mesa, una familia de g?nsters), ni tampoco los famosos de la "pantalla chica"(tal vez ser?a mejor llamarla chata, cosa que ocurrir? con los nuevos modelos flat, que han logrado hacer mayor justicia entre el continente y lo contenido) pueden hablar de oraci?n, pues, han sufrido uno de los males que genera la cultura contempor?nea: para ser parte de ella hay que renunciar a rezar. Uno de sus trascendentales es la practicidad, todo se puede desechar: los vasos, los pobres, los platos, los ancianos y los embriones humanos. Todo es reemplazable y desechable.

Este nuevo "dios", en un mundo que se pavonea de sus adelantos, va sobre una mesa con ruedas y dentro de una caja, para ponernos al tanto de lo ?ltimo, de lo que est? de moda y de lo que vendr?. No prestarle atenci?n es un grav?simo mal, ser?a como quedarse al borde del camino, para expresarlo m?s exactamente, ser?a estar "desinformado" (es decir, sin forma). En su bondad, nos anticipa con un desfile lo que se llevar? en la pr?xima estaci?n, para que podamos estar atentos y no suframos un aislamiento, llevando "trapos" que ya nadie tiene.

Lo que importa hoy

En su lista de novedades no figura la oraci?n. Ella pertenece a las cosas del pasado, compa?era de una civilizaci?n lejana, o a lo sumo, patrimonio de una tribu de solitarios hombres en v?as de extinci?n, a los que se llama "creyentes". Aunque, no todos los que pertenecen a esta tribu practican ese rito. Algunos han cedido ante las formas orientales de evasi?n.

Otros creen m?s adaptado al momento presente tener un analista. De all? naci? la rama de los "creyentes analizados", aunque algunos prefieren llamarse maduros, para evitar el t?tulo de creyentes (en una cultura pluralista no hay que molestar a los que no creen).

Para cualquier espectador, ser?a f?cil llegar a las siguientes conclusiones: se puede prescindir de la oraci?n, pero nunca de las nuevas vitaminas, la gimnasia y la ecolog?a; es, para el mundo y su destino, m?s trascendente lo que va a anunciar un peluquero que un hombre de oraci?n es imperdonable que alguien no sepa la pasta de dientes que utiliza la conductora del programa, y que recuerde, sin embargo, el nombre de los doce ap?stoles de Jes?s.

A partes iguales
Un mundo sin oraci?n tiende a quedarse sin aire, est? sustentado sobre los hombros de la vanidad y la prepotencia. Sus propuestas se vuelven confusas e inconsistentes. Cualquiera opina de todo con la pretensi?n de ser profesor. Un mundo sin oraci?n se vuelve fr?gil y vulnerable a la televisi?n. No a esa televisi?n hipot?tica que muchos defienden, en donde hay hombres con buenas intenciones, que cuando hablan de la violencia y sus consecuencias, se comprometen en una lucha que puede afectar sus capitales. Es a la televisi?n real, a esa que se r?e del bien y lo ridiculiza, subordin?ndolo al rating.

"Ser o no ser", tal vez hoy, como para Hamlet, sea tambi?n esa la cuesti?n, ser hombre de oraci?n o ser hombre de televisi?n. Si solamente le dedic?ramos a la oraci?n el tiempo que le dedicamos a la televisi?n, el mundo ser?a mejor. A?n es posible, ojal? nos animemos a intentarlo.

Publicado por mario.web @ 20:41
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