Martes, 03 de mayo de 2011
Se pide a una buena parte de los ciudadanos que renuncien a contribuir a la vida social y pol?tica de sus propios pa?ses, seg?n la concepci?n de la persona y del bien com?n que consideran humanamente verdadera y justa, a trav?s de los medios l?ci
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Laicidad y laicismo
Laicidad y laicismo
"Se pide a una buena parte de los ciudadanos que renuncien a contribuir a la vida social y pol?tica de sus propios pa?ses, seg?n la concepci?n de la persona y del bien com?n que consideran humanamente verdadera y justa, a trav?s de los medios l?citos que el orden jur?dico democr?tico pone a disposici?n de todos los miembros de la comunidad pol?tica". Esta denuncia, en absoluto de escaso calibre, har?a saltar las alarmas en cualquier sistema democr?tico que se tomase a s? mismo en serio. Claro que ello ocurrir?a inevitablemente si la denuncia fuera entendida en sus propios t?rminos.

Si a ello se a?ade que los ciudadanos aludidos son cat?licos y que quien formula la denuncia es el mism?simo prefecto de la Congregaci?n de la Doctrina de la Fe (antes Santo Oficio, apuntar?n m?s de cuatro...) y con el visto bueno del Papa, entonces el asunto cambia...

Ya no nos encontrar?amos ante una llamada a la reflexi?n, sino ante una repudiable e interesada injerencia clerical en el neutro recinto de lo p?blico. M?s importante que el hecho de que lo que se diga sea verdad -que ciertamente lo es- ser?a qui?n y para qu? lo dice. La estampa, de peculiar raigambre latina, bordea lo surrealista; pero quiz? no venga mal reflexionar sobre las claves que la hacen posible.



D?ficit de laicidad

Podr?a pensarse que nos hallamos ante un perverso ataque laicista, que pretende expulsar de la vida p?blica a todo cat?lico del que se pueda sospechar con fundamento que ser? fiel a sus convicciones. Aparentemente no faltar?an motivos, sin salir de nuestro pa?s, para pensar as?.

Por las mismas fechas en que el documento llega a la opini?n p?blica -unos dos meses despu?s de su firma- nuestro democr?tico Consejo General del Poder Judicial se vio sacudido por un leve amago de crisis: se desvel?, con notable credibilidad, que parte del sector conservador hab?a roto su envidiable monolitismo para pactar in extremis, con sus eternos rivales progresistas, un candidato de emergencia para la Comisi?n Nacional de Reproducci?n Asistida.

Se trataba as? de evitar una cat?strofe: que el elegido fuese, como estaba previsto, un juez de prestigio indiscutible, pero nada menos que cat?lico y padre de familia numerosa, del que cabr?a esperar que actuase de acuerdo con sus convicciones, previsiblemente nada proclives a permisivismos bio?ticos.

Se supone, al parecer, que el resto de los miembros de la citada Comisi?n o no tienen convicciones o se guardan muy mucho de actuar con arreglo a ellas. Todo ello lleva a pensar en la existencia de una secreta metacomisi?n encargada de dictar qu? convicciones, aun siendo constitucionalmente impecables, no gozar?an del salvoconducto de lo pol?ticamente correcto.

Se garantizar?a de este modo un curioso pluralismo con inevitable vocaci?n de unanimidad. Pienso, sin embargo, que sean cuales sean las simpat?as que el laicismo pueda despertar en cada cual, resultar?a injusto achacarle triunfos que le son ajenos. Todo invita a pensar que los aludidos vocales del Consejo no son laicistas, o al menos no se saben tales. La obvia discriminaci?n sufrida por el cat?lico de turno puede m?s bien atribuirse, parad?jicamente, al d?ficit de laicidad que es f?cil todav?a observar dentro de la propia Iglesia.

El Vaticano II resalt? c?mo corresponde a los fieles laicos -en clara mayor?a dentro de la Iglesia- animar a conciencia el ?mbito p?blico, colaborando para encontrar la mejor soluci?n a sus problemas. A los obispos les quedar?a el nada irrelevante papel de brindarles ayuda para que esa conciencia cuente con principios en los que encontrar s?lido fundamento, dejando su aplicaci?n pr?ctica a los aut?nticos protagonistas de la cuesti?n, que no han de renunciar siquiera a su plural y sacrosanto derecho a equivocarse.

Decenios despu?s, se constata un d?ficit de laicidad que cabr?a resumir, de modo un tanto abrupto, en una notoria escasez de fieles cat?licos laicos en el ?mbito p?blico. Tal fen?meno se expresa por partida doble: muchos, siendo laicos, no parecen fieles y otros, que pretenden ser fieles, pueden acabar por no parecer laicos. Vayamos por partes.

Algunos laicos cat?licos puede que no sean fieles por la sencilla raz?n de que, pese a su buena voluntad, no saben serlo. Faltos de esa "unidad de vida" a la que reiteradamente apela la nota vaticana, no han dedicado a su formaci?n doctrinal el tiempo y empe?o que consideran obligado en su ?mbito profesional.

Quiz? incluso presumen que las actividades p?blicas se rigen por una l?gica propia, por lo que ser?a un tanto ingenuo pretender proyectar sobre ellas bienintencionadas pr?dicas, que confrontadas con la realidad cotidiana quedar?an en m?sica celestial. Si la ca?da del muro berlin?s produjo tanto estupor en muchos ambientes cristianos fue, en buena medida, por la escasa confianza que confer?an a la doctrina social de la Iglesia como fermento eficaz de cambio social. Experiencias como la de la resistencia polaca les dejaron perplejos. Pero, pese a todo, no creo que esta situaci?n sea la mayoritaria.


Sobredosis de laicismo
A mi modo de ver, la mayor parte de los laicos cat?licos no son fieles en el ?mbito p?blico porque consideran que no deben serlo. Nos encontramos, pues, ante un curioso laicismo: no impuesto, sino autoasumido. Tres elementos pueden alimentar tan curiosa actitud: la resaca del franquismo, con su t?pica condena del llamado nacional-catolicismo; la generalizaci?n en la transici?n de una idea de la democracia vinculada al hecho de que en el ?mbito p?blico nada es verdad ni mentira, lo que convertir?a en antidem?crata a quien considerase algo verdadero; la admisi?n acr?tica de una receta de imposible cumplimiento, seg?n la cual no cabe imponer convicciones a los dem?s.

El primero de los elementos vincula caprichosamente el r?gimen con una doctrina social que fue eficazmente utilizada contra ?l (pi?nsese en la bibliograf?a sociopol?tica suscitada por la enc?clica de Juan XXIII Pacem in terris ) e ignora la bien conocida presencia de militantes cristianos en los m?s activos grupos de la oposici?n democr?tica.

El segundo olvida que toda democracia constitucional reposa sobre la existencia de valores y principios, tan verdaderos como para excluirlos de todo debate pol?tico y ser capaces incluso de condicionar el juego del principio de las mayor?as. El tercer elemento suscribe un maniqueo concepto de las convicciones, que acabar?a atribuy?ndose s?lo a aquellas que podr?an encontrar respaldo confesional. Los que suscriben otras, a fuerza de no estar convencidos, no necesitan ni siquiera convencer a los dem?s, dando c?modo paso -esta vez s?- a la imposici?n de las suyas sin coste argumental alguno.

Determinadas cuestiones meramente civiles acaban, al mismo tiempo, perezosamente revestidas de ornamentos confesionales. As? ocurrir? con el aborto, la eutanasia, la dignidad del embri?n, la familia o la libertad de ense?anza. El d?ficit de laicidad intraeclesial antes aludido se ver? civilmente reforzado m?s all? de sus muros.

Como recuerda la nota vaticana de enero de 2003 sobre cuestiones pol?ticas, "la laicidad indica en primer lugar la actitud de quien respeta las verdades que emanan del conocimiento natural sobre el hombre que vive en sociedad, aunque tales verdades sean ense?adas al mismo tiempo por una religi?n espec?fica". La consecuencia de ese reforzado d?ficit ser? triple: el laicista denunciar? como intromisi?n clerical la defensa de cualquiera de esos contenidos; el laico cat?lico que considera que no debe ser fiel a sus convicciones se cuidar? puntualmente de inhibirse; como hab?amos adelantado, el cat?lico que, fiel a sus convicciones, proponga f?rmulas de soluci?n de problemas sociales acordes con ellas, argumente como argumente, no parecer? laico por m?s que se empe?e, pues acabar? siendo tratado como mera longa manus de su jerarqu?a.



Pluralismo o pensamiento ?nico

Esta ?ltima vertiente del problema revestir? particular gravedad porque llegar? a poner en cuesti?n la vigencia pr?ctica de ese aut?ntico pluralismo que constituye, seg?n las primeras l?neas del articulado constitucional de nuestro pa?s, uno de los "valores superiores de su ordenamiento jur?dico". El problema no consistir? s?lo en que "aquellos que, en nombre del respeto de la conciencia individual, pretendieran ver, en el deber moral de los cristianos de ser coherentes con la propia conciencia, un motivo para descalificarlos pol?ticamente. Neg?ndoles la legitimidad de actuar en pol?tica de acuerdo con las propias convicciones acerca del bien com?n, incurrir?an en una forma de laicismo intolerante". La cuesti?n, en efecto, va bastante m?s all?: "se quiere negar no s?lo la relevancia pol?tica y cultural de la fe cristiana, sino hasta la misma posibilidad de una ?tica natural".

Es bien sabido que la posibilidad de que contemos o no con una ?tica objetiva a la que remitirnos en nuestras perplejidades es una vieja cuesti?n civil, adem?s de filos?fica, planteada ya desde siglos antes de nacer el cristianismo y mantenida, con las m?s diversas variantes, hasta la actualidad. Marginar a quienes admitan una ?tica de esas caracter?sticas equivale a arrojar a la hoguera toda la literatura aristot?lica y convertir a los estoicos, S?neca incluido, en enemigos de la civilizaci?n. Por no respetar, no se respeta ni el relativismo, cuando se excomulga por lo civil a todo el que defienda la posibilidad de un uso pr?ctico de la raz?n o se impone por decreto como pensamiento ?nico el emotivismo ?tico.

La cuesti?n ser?a grave, de ser real; pero lo es a?n m?s, precisamente por su irrealidad. A la hora de la verdad, tan curiosa tarea inquisitorial se realizar? en nombre de unos derechos humanos que tienen "contenido esencial" (como los recogidos por nuestra Constituci?n, sin ir m?s lejos, razonadamente interpretables por v?a jur?dica, emociones al margen.

Nada impedir?, por otra parte, aplaudir como lo m?s natural del mundo las recetas morales que s? convengan a la causa. Junto al aborto o la eutanasia, la nota se refiere tambi?n a la paz y a la condena de la violencia; pero eso no las convertir? en valores confesionales. Por las mismas fechas de su aparici?n, buen n?mero de obispos secundaron fielmente al Papa condenando moralmente la anunciada intervenci?n b?lica en Irak. Nadie observ? en eso injerencia clerical alguna; se apreci? m?s bien la benem?rita actitud de la Iglesia, ilustrando la conciencia de sus fieles y de todo hombre de buena voluntad, al recordarles principios ?ticos elementales que ponen en duda que hoy pueda considerarse justa guerra alguna. Los mismos que ped?an al PP que se quitase la sotana, al debatir semanas antes la eutanasia, demostrar?an un conocimiento de las pastorales diocesanas tan exhaustivo como para provocar la envidia de la m?s fervorosa beata. Para algunos, todo vale al intentar imponer las propias convicciones con la misma firmeza de siempre.

Nos encontramos en pleno juego con cartas marcadas; pero, como en cualquier otro timo, si funciona es gracias a la entusiasta complicidad de la v?ctima. De ah? el inter?s de la nota vaticana, que no en vano se dirige en primer lugar a los obispos; y no por mera cortes?a, sino porque les incumbe convencer a sus fieles de que esa curiosa creencia, de que en el ?mbito p?blico no deber?an serlo, no deja de ser una memez que ning?n otro ciudadano en su sano juicio practica. Va tambi?n dirigida a los pol?ticos cat?licos; o sea, a quienes deben aportar a una pol?tica democr?tica sus propias convicciones, como todo el mundo; porque las de los dem?s ya las aportar?n ellos con m?s acierto. Se invoca, por ?ltimo, "a todos los fieles laicos llamados a la participaci?n en la vida p?blica y pol?tica en las sociedades democr?ticas"; porque, a la hora de la verdad, la pol?tica -por acci?n u omisi?n- la acabamos haciendo todos. Que Dios reparta suerte, porque sigo convencido de que el problema lo provoca, entre nosotros, m?s un d?ficit de laicidad que un laicismo opresor.

Publicado por mario.web @ 20:56
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