Martes, 03 de mayo de 2011
Trata el rechazo de la Ley Natural y el no conogcismo ?tico y los problemas que esto trae
?
El oscurecimiento de la Ley Natural y su repercusi?n en la Bio?tica y la familia
El oscurecimiento de la Ley Natural y su repercusi?n en la Bio?tica y la familia
Introducci?n

Tal vez una de las preguntas m?s acuciantes de la filosof?a que hoy adquiere especial relevancia, es si lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, lo justo y lo injusto, pueden ser determinados de manera racional y objetiva. La respuesta que se d? a esta pregunta resulta fundamental para un c?mulo de materias e incluso para la vida misma, ya que por su propia naturaleza, el hombre se ve obligado a tomar decisiones ?ticas permanentemente, lo cual se convierte en una actividad absolutamente diferente si obedece a pautas objetivas, o si por el contrario, depende del capricho y la subjetividad m?s absoluta.

Desde hace dos mil quinientos a?os, las diferentes doctrinas sobre la Ley Natural, en particular la aristot?lico-tomista, han dado una respuesta afirmativa a esta pregunta: es posible, al menos en sus aspectos fundamentales, descubrir de manera objetiva y racional algunos valores b?sicos, pautas de moralidad, motivos para la acci?n que pueden ser justificados convincentemente, de tal suerte que seguirlos resulta l?gico y no hacerlo, arbitrario.

Adem?s, estas respuestas han buscado un fundamento no religioso, aun cuando en muchos casos sea perfectamente compatible con la fe. De hecho, para los autores cristianos esto resulta evidente, pues al ser Dios el creador y organizador del universo, lo que la raz?n humana descubra no puede contraponerse al dato revelado. Mas lo importante es que este esfuerzo ha buscado distinguir (no separar) la argumentaci?n ?tica de la religiosa, entre otras cosas, para que sus conclusiones sean asequibles tambi?n por observantes de otras religiones y por no creyentes.

Dentro del c?mulo de materias abordadas por la ley natural, dos resultan esenciales para el tema de este simposio: la vida y la familia. La valor de la vida es tenido como fundamental, porque la tendencia a su conservaci?n es propia del hombre y de todo ser vivo, siendo b?sica para la realizaci?n de las dem?s potencialidades humanas: de ah? deriva el derecho esencial a la vida, y que la vida inocente no pueda jam?s ser vulnerada leg?timamente. Por su parte, la familia es considerada una instituci?n natural, no cultural, en atenci?n a la evidente necesidad de perpetuar la especie que el hombre comparte sobre todo con los animales. Esto conlleva la necesaria uni?n entre hombre y mujer a fin de lograr descendencia, tarea que no se agota con su sola g?nesis, sino que abarca la formaci?n y educaci?n de los hijos (misi?n fundamental que consume la mitad de la vida), para lo cual el matrimonio se presenta como el medio id?neo, en raz?n de que este objetivo requiere de un compromiso estable. Con todo, debe recalcarse que el matrimonio posee un valor intr?nseco y apunta tambi?n al bien de los c?nyuges, raz?n por la cual igualmente tiene sentido en aquellos casos en que la descendencia es imposible.

Ahora bien, estos argumentos fueron mantenidos sin grandes dudas hasta hace pocas d?cadas, y su actual debilitamiento se vincula con un c?mulo de problemas interrelacionados que hoy son materia de intenso debate o que simplemente se han impuesto de manera m?s o menos totalitaria en diversos lugares de Occidente: el divorcio, el llamado ?matrimonio homosexual?, el supuesto ?derecho a los hijos?, el descenso de la natalidad, la paternidad responsable, los hijos extramatrimoniales, los hogares monoparentales, el control de la natalidad, la anticoncepci?n, la revoluci?n sexual, el valor de la vida intrauterina, los denominados ?derechos sexuales y reproductivos?, las ?pol?ticas de g?nero?, el aborto, la procreaci?n artificial, la manipulaci?n de embriones (congelamiento, experimentaci?n con sus c?lulas madre, clonaci?n, etc.), las enfermedades de transmisi?n sexual, la eutanasia, el envejecimiento de la poblaci?n entre otros.

Todo este debate se debe al menos en parte al oscurecimiento de la noci?n de ley natural en estas y otras materias en diversos sectores, a veces mayoritarios, de distintos pueblos de Occidente, fruto de las filosof?as y de las ideas que han ido ganando terreno en los ?ltimos siglos.

El presente trabajo pretende as? indagar en algunas de las causas del actual rechazo de la ley natural como fundamentaci?n racional para la ?tica, lo que ha originado una serie de consecuencias ?que s?lo se mencionar?n aqu? que perjudican gravemente a nuestra cultura en su totalidad.

El rechazo de la Ley Natural y el no Cognitivismo Etico

Si se mira con atenci?n buena parte de la filosof?a m?s influyente de los siglos XIX y XX, es imposible no percibir un esfuerzo permanente, cuando no tozudo y casi patol?gico, por despojar a la ?tica de todo estatuto racional, insistiendo hasta la saciedad en que ser?a imposible encontrar un par?metro objetivo y comunicable para demostrar fehacientemente qu? es correcto e incorrecto. Esta es la causa por la cual se ha impuesto en vastos sectores un no cognitivismo ?tico, situaci?n completamente antag?nica con la anterior creencia y defensa de una ley natural.

El origen de esta nueva actitud deriva en parte del Racionalismo moderno de los siglos XVII y XVIII, luego del verdadero cataclismo que signific? para Europa el advenimiento de la Reforma y las guerras de religi?n, que muy bien pueden considerarse una verdadera guerra civil europea. De este modo, hastiados de problemas religiosos, surgi? en varios sectores cultos de la ?poca el deseo de edificar un mundo nuevo al margen de la Revelaci?n, con lo que la religi?n fue siendo reducida cada vez con mayor fuerza al ?mbito privado o incluso abiertamente negada y atacada, tanto por una creciente animadversi?n e incluso odio hacia la misma, como por considerar que no pod?a ser explicada a cabalidad por la raz?n humana.

Descuidada as? la atenci?n de lo trascendente, estos sectores dirigieron todas sus fuerzas al mundo terreno, a lo temporal. Por eso acab? tom?ndose como verdadero s?lo aquello que pudiera ser comprobado por la raz?n humana, con los m?todos de demostraci?n que tuviera a su alcance. Fundamentalmente gracias a las obras de Ren? Descartes y Francis Bacon, se impuso la idea de que el hombre pod?a y deb?a descubrir los secretos de la naturaleza a fin de dominarla y construir un mundo mejor, puesto que como se?al? este ?ltimo ?en una frase que ser?a paradigm?tica?, ?conocer es poder?. S?lo era cuesti?n de tiempo para que gracias a esta verdadera llave maestra en que se hab?a convertido la raz?n humana, se descubriera el por qu? y el c?mo de todas las cosas. Esto resultaba l?gico, porque si s?lo se ten?a por verdadero aquello que era asimilable por la raz?n humana, a la postre se consider? que los l?mites de la raz?n coincid?an con la realidad toda, o si se prefiere, que lo que nuestra raz?n no entiende, no existe, situaci?n que llega hasta hoy.

Esta consideraci?n es esencial, porque esconde un profundo af?n de poder y dominio ?muchas veces de manera inconsciente? tras este tit?nico esfuerzo por develar el libro de la naturaleza, en atenci?n a que su fin es construir un mundo a la medida del hombre que se amolde a sus deseos, y que no sea ?ste quien deba adaptarse a una realidad previa que en cierta medida lo supera. Esta sed de dominio terminar?a abarc?ndolo todo, porque el poder es de suyo expansivo, y viene a explicar en buena medida nuestra situaci?n actual.

El racionalismo produjo un avance francamente incre?ble en las llamadas ciencias naturales, auxiliadas por las matem?ticas y la l?gica, puesto que la raz?n humana encontr? un objeto que se amoldaba a la metodolog?a planteada por estos autores: una realidad medible y cuantificable, que obedece a una legalidad ?nsita fija, manipulable infinidad de veces, que permite descubrir y controlar sus variables, y prever lo que suceder?.

Por el contrario, las ciencias sociales o humanas se fueron quedando cada vez m?s atr?s aparentemente, en raz?n de tener un objeto de estudio much?simo m?s complejo y problem?tico, imposible de amoldar al m?todo y esp?ritu racionalista: el hombre mismo, un ser libre y por ende, con una naturaleza en parte espiritual. Mas, con el correr del tiempo (y es un fen?meno que tambi?n llega hasta hoy), se produjo una especie de autocomplacencia e incluso soberbia de las ciencias naturales, encandiladas con sus innegables ?xitos, y un verdadero complejo de inferioridad de buena parte de las ciencias sociales o humanas, que incluso miraron con envidia los avances de las primeras. Y a tanto lleg? esta situaci?n, que de manera m?s o menos paralela, las ciencias naturales quisieron ?exportar? o incluso imponer su m?todo de trabajo a las ciencias sociales o humanas, y estas ?ltimas tambi?n lucharon por hacerlo suyo, a fin de subirse a este verdadero carro de la victoria de la raz?n. As?, y en particular desde el positivismo filos?fico de Comte del siglo XIX, se intent? aplicar a las ciencias humanas o sociales, los esquemas propios de las naturales.

En consecuencia, la visi?n de las ciencias naturales pretendi? hacerse hegem?nica, lo cual trajo un grave inconveniente, puesto que si bien ellas dan estupendos resultados en su campo, s?lo se limitan a descubrir el por qu? de las cosas, c?mo funcionan u operan; mas esto constituye s?lo una parte de la realidad total: un c?mulo de datos, cifras, f?rmulas, pero que nada dicen respecto de qu? hacer con ellos y c?mo valorar esta informaci?n; o si se prefiere, la ciencia es ciega al problema de los valores, precisamente porque es ciencia.

Lo anterior trajo un problema doble: en primer lugar, que como los valores no son asimilables a hechos, ni por tanto medibles y cuantificables, terminaron siendo considerados irracionales, un elemento indigerible para el m?todo de trabajo imperante; y en segundo lugar, fruto de lo anterior, se dej? de lado esta importante cuesti?n en el estudio de las ciencias sociales o humanas ?reduciendo as? su objeto?, sin darse cuenta que los valores son fundamentales para comprenderlas, en atenci?n a nuestra libertad, puesto que como se ha dicho, el hombre se ve forzado a valorar permanentemente. Este reduccionismo de la realidad humana tambi?n resulta l?gico desde estas premisas, porque la ciencia tiene una misi?n particular: explicar hechos, y no puede ir m?s all?; y puesto que nadie puede dar lo que no tiene, es ciega para el problema de los valores, lo que la obliga a liberarse de ellos si su m?todo se hace universal.

M?s a?n: se impuso el dogma de que cualquier ?rea del saber que se pretendiera cient?fica, ten?a que dejar necesariamente los valores de lado, esto es, deb?a ser neutral o avalorativa, tanto en el m?todo empleado por el estudioso, como en el objeto analizado: lo importante era descubrir los hechos y s?lo los hechos medibles, cuantificables y comprobables, a fin de prever comportamientos futuros. De aqu? derivan todos los intentos que han pretendido estudiar las ciencias sociales o humanas reduci?ndolas a simples datos. En el campo jur?dico, por ejemplo, esto lleg? a su culmen con las diferentes teor?as positivistas ?tanto normativistas como sociol?gicas?, que pretendieron analizar al Derecho como si se tratara de un simple hecho, pese a ser una herramienta esencialmente moral, puesto que requiere valorar para organizar la vida humana en sociedad.

Por tanto, existe una ?ntima relaci?n entre el no cognitivismo ?tico o la irracionalidad de los valores, por un lado, y la concepci?n de la ciencia del racionalismo y del positivismo filos?fico, por otro, al punto que podr?an ser considerados como dos realidades antag?nicas que se autoimplican.

Con semejantes premisas, no pas? mucho tiempo para que el mismo hombre y no s?lo sus creaciones, tambi?n fuera visto desde esta perspectiva: como un mero hecho, materia, datos, una parte m?s de la naturaleza, sometido a sus mismas leyes y sin un valor que lo distinguiera de ella. Esto explica por ejemplo, que hoy muchos consideren al ser humano un ente tal vez m?s complejo, pero como mera qu?mica a fin de cuentas. De ah? que como la ciencia s?lo otorga datos pero no valora ni filosofa, conceptos como los de persona o de dignidad humana le sean absolutamente extra?os, inalcanzables, casi rid?culos, pues como se ha dicho, nadie puede dar lo que no tiene.

Esto explica la creciente manipulaci?n del hombre como un objeto, la cosificaci?n de la persona, lo que no s?lo ha derivado en el trato y abuso de unos hombres sobre otros como no se ha visto nunca antes, sino incluso en la consideraci?n del mismo cuerpo de cada sujeto como una cosa o simple materia, un mero instrumento subpersonal para lograr unos fines o inducir satisfacciones deseadas por la parte consciente o volitiva del sujeto, no como parte del propio yo, rompi?ndose as? la unidad sustancial entre cuerpo y esp?ritu. Esto explica la degradaci?n que hoy sufre el cuerpo pr?cticamente a todo nivel, lo que se vincula, por ejemplo, con la revoluci?n sexual o la manipulaci?n de embriones.

Diversos problemas del no Cognitivismo Etico

Puesto que los valores son una realidad no f?ctica y extra?a para la metodolog?a racionalista, ello explica al menos en parte el tozudo empe?o de los dos ?ltimos siglos por demostrar su irracionalidad y la defensa a ultranza del no cognitivismo ?tico. Los valores quedar?an as? relegados al campo de los meros sentimientos o pareceres subjetivos y cambiantes de cada cual, con lo que la noci?n de ley natural resulta absolutamente extra?a e incompatible con estas premisas.

De este modo, tanto por el af?n de dominio y poder del racionalismo, como por ser imposible desde esta perspectiva saber qui?n tiene raz?n en materias ?ticas, acab? consider?ndose que el sujeto posee una total autonom?a moral: nadie mejor que ?l ser?a el encargado de determinar qu? es bueno o malo seg?n sus circunstancias. Esto, unido al desarrollo de diversas ideolog?as, como el liberalismo, explica que hoy tienda a criticarse duramente cualquier intento por demostrar la existencia de una regla de conducta objetiva y universal ?una ley natural?, o si se prefiere, que se considere ileg?timo que el sujeto deba obedecer a una pauta moral heter?noma.

Con todo, por mucha autonom?a moral que se defienda, un m?nimo sentido de coherencia lleva a concluir que tal como el propio sujeto puede construir una ?tica a su medida, los dem?s poseer?an la misma facultad. En consecuencia, la naturaleza social del hombre muestra muy claramente los peligros a los que podr?a llevar una total autonom?a moral. De ah? que se acuda al consenso como modo de alcanzar una convivencia pac?fica, a fin de que al menos hipot?ticamente, cada uno mantenga su propia esfera de libertad.

Sin embargo, para defender el consenso como herramienta id?nea para coexistir en paz, se est? acudiendo a una premisa oculta, inconfesada y adem?s, incompatible con esta autonom?a moral que se intenta defender. En efecto, se est? partiendo de la base de que el consenso es una situaci?n valiosa y preferible a la imposici?n por la fuerza de unos sobre otros o incluso a la eliminaci?n de quienes piensan distinto. Esto es evidente, no cabe duda, pero para justificarlo es necesario acudir a la noci?n de dignidad humana, lo cual lleva a concluir que como se est? tratando con personas, ellas merecen un m?nimo respeto, respeto que obliga a arribar a un acuerdo. Sin embargo, si lo bueno y lo malo son algo irracional, subjetivo y aut?nomo, desde un coherente no cognitivismo ?tico es imposible justificar racionalmente esta dignidad humana y por tanto, el consenso. Mas este dato se presenta al menos aqu? como algo objetivo, incluso obvio y un l?mite infranqueable a la autonom?a moral individual, que debe respetarse sin importar lo que el sujeto quiera o crea.

En el fondo, la dignidad de la persona es una herencia cristiana y de ley natural, que arranca del valor del sujeto como ser espiritual creado y de la naturaleza humana. Mas al ser una pieza prestada y no justificada, y adem?s incompatible con las premisas del no cognitivismo ?tico, se mantendr? s?lo por inercia mientras pueda o convenga hacerlo. Por eso, cuando cese este ?recuerdo? como han advertido Etienne Gilson y Martin Kriele, como ya est? ocurriendo hoy, no habr? motivos para respetarla, seg?n se ver?.

Ahora bien, pasando por alto este escollo insalvable para justificar el consenso desde una coherente autonom?a moral, la idea que se ha impuesto es que debe establecerse un procedimiento democr?tico, entendido como un conjunto de ?reglas del juego?, para determinar lo bueno y lo malo, y que para participar en ?l, no deben tenerse postulados a los cuales no se est? dispuesto a renunciar si los compromisos as? lo exigen.

Se llega as? a una ?tica d?bil, fabricada, moldeable y cambiante seg?n las circunstancias, un ?constructivismo ?tico?. Se impone un relativismo moral que a lo sumo considera posible arribar procedimentalmente a una ?tica de ocasi?n, en que la clave es la autonom?a del hombre para crearla y destruirla a su antojo; por eso se rechaza con fastidio una ?tica heter?noma, objetiva e inmodificable para el sujeto seg?n sus conveniencias, como postula la ley natural. De ah? que pueda concluirse que el no cognitivismo ?tico est? motivado por el profundo inter?s por no quedar atado por nada, por lograr la misma autonom?a y dominio sobre el hombre y su moralidad que el que se pretende obtener sobre el resto de la naturaleza. Por eso se dijo que el no cognitivismo estaba muy relacionado al concepto de ciencia que se ha impuesto desde el racionalismo. Con todo, es este af?n de poder o domino subyacente la clave para entender ambos postulados (la irracionalidad de los valores y la racionalidad de la ciencia) y por tanto, nuestra actual situaci?n: porque este deseo de autonom?a total, estimulado adem?s por los avances de las ciencias naturales, se hizo omnicomprensivo.

Esta misma idea puede analizarse a prop?sito de la libertad de conciencia, entendida hoy como sin?nimo de autonom?a moral y defensa de la libertad del sujeto. Desde estas premisas, arribar a una ?tica racional y universal, como pretende la ley natural, atentar?a contra ella, pues obligar?a a aceptar sus resultados. Por el contrario, si se mira con atenci?n, ocurre que la ciencia, que busca verdades comprobables, s? se impone al sujeto, quien debe aceptar sus resultados ?que se tienen por ciertos?, y en ning?n momento se considera que esa imposici?n vulnere su libertad de conciencia, puesto que no aceptarla ser?a lo mismo que no querer ver la realidad.

Mas hecha esta distinci?n, habr?a que preguntarse por qu? en el ?mbito cient?fico no se considera que la libertad de conciencia sea vulnerada por la imposici?n de sus resultados y s? en el ?mbito ?tico. La raz?n estar?a en aquello que se est? dispuesto a aceptar, y en consecuencia, en un problema de actitud, de posicionamiento previo ante la realidad.

En efecto, todo pareciera depender de una expectativa: dado que ?conocer es poder?, el sujeto s? estar?a dispuesto a doblegarse ante los resultados de la ciencia, no considerando que se vulnere su libertad de conciencia, en raz?n de las utilidades que espera obtener de ella, puesto que con esos conocimientos aspira a manipularla a voluntad: por ello ser?a un af?n de dominio o de poder lo que explicar?a esta situaci?n.

Nada de esto ocurre con los valores, que han sido desterrados del ?mbito cient?fico y en apariencia, sin ninguna posibilidad de entrar en el privilegiado c?rculo de las ciencias. En efecto, mientras el sujeto considera provechoso doblegarse ante los resultados de la ciencia en aras de los frutos que espera conseguir con ese conocimiento, no ocurre lo mismo en el ?mbito ?tico. A decir verdad, acontece exactamente lo contrario, pues si el sujeto reconociera un estatuto racional para la ?tica, si es coherente consigo mismo, tendr?a que adaptarse a ella o al menos intentarlo, a fin de no ir contra la realidad ni contra su raz?n. Aqu? el conocimiento no es ?poder?, sino ?desde una perspectiva kantiana? m?s bien ?deber?, obligaci?n, limitaci?n, por mucho que puedan entenderse los beneficios futuros que dicha limitaci?n conlleva, o ?en t?rminos aristot?licos? que se comprenda que ellos permiten alcanzar la felicidad.

Este y no otro pareciera ser el motivo ?ltimo de la opci?n por la cientificidad y el no cognitivismo ?tico. Se da as? la paradoja de que se considera negativa la posibilidad de llegar a una argumentaci?n racional respecto de los valores, y bueno hacerlo respecto de la realidad f?ctica. Mas pese a que en ambos casos podr?a estar y?ndose contra la ?libertad de conciencia?, contra los m?s ?ntimos deseos de cada sujeto, en el ?mbito ?tico se se?ala que cada uno es libre para tener las convicciones que estime conveniente, lo que est? absolutamente vedado en el campo cient?fico: en resumen, la ciencia obliga, los valores, no.

Ahora bien, volviendo al consenso, el problema es que si todo se reduce a reglas procedimentales y no existe una noci?n clara y racional de dignidad humana, todo acabar? dependiendo de lo que decida este consenso, aun cuando nuevamente vaya contra la m?s elemental l?gica.

En efecto, adem?s de los problemas mencionados, debe tenerse en cuenta lo siguiente: para que surja un consenso, es necesaria la previa existencia de personas, porque hasta donde sabemos, s?lo los hombres somos capaces de ponernos de acuerdo, en atenci?n a nuestra naturaleza racional. Mas como es evidente, no todos los seres humanos pueden participar del consenso, fundamentalmente por no tener un m?nimo discernimiento: es as? como los menores o los dementes est?n excluidos, no porque no sean personas o dignos, sino porque el consenso presupone una m?nima racionalidad de quienes participan en ?l, una ponderaci?n de las decisiones y aunque no se diga mucho, tambi?n una responsabilidad por lo que se decida. Por eso sin racionalidad no habr?a consenso, o si se prefiere, un consenso cuyas bases de discusi?n dependieran del azar, no ser?a propiamente consenso ni tendr?a sentido.

Dicho de otra manera: el consenso es un efecto que requiere de una causa previa: personas maduras, adultas; o si se prefiere, es un accidente que descansa o presupone una sustancia, pues sin personas no hay consensos.

Mas como la noci?n de persona es s?lo prestada y resulta injustificable desde la autonom?a moral y el no cognitivismo ?tico, de manera coherente con sus genuino esp?ritu, este consenso acaba traicionando tanto su punto de partida (el respeto de los dem?s) as? como la m?s elemental l?gica (esto es, que sin personas no hay consenso). Es por eso que las mayor?as se vuelven totalitarias, al haberse dado al consenso un valor absoluto por su sola existencia, pudiendo decidir cualquier cosa, al primar el procedimiento empleado sobre la materia decidida a trav?s suyo. Por eso, sin una fundamentaci?n clara y racional de la dignidad humana, es imposible no desembocar en un total nihilismo.

Publicado por mario.web @ 20:58
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios