Martes, 03 de mayo de 2011
La cuesti?n de la justa relaci?n entre el hombre y la mujer hunde sus ra?ces en la esencia m?s profunda del ser humano y s?lo puede encontrar su respuesta a partir de ?sta
?
Familia y Comunidad Cristiana: fundamento antropol?gico
Familia y Comunidad Cristiana: fundamento antropol?gico
Discurso de Su Santidad Benedicto XVI sobre ?Familia y comunidad cristiana: formaci?n de la persona y transmisi?n de la fe?

Queridos hermanos y hermanas:

[?] Desde hace ya dos a?os, el compromiso misionero de la Iglesia de Roma se ha concentrado sobre todo en la familia, no s?lo porque esta realidad humana fundamental es sometida hoy a m?ltiples dificultades y amenazas, y por tanto tiene particular necesidad de ser evangelizada y apoyada concretamente, sino tambi?n porque las familias cristianas constituyen un recurso decisivo para la educaci?n en la fe, la edificaci?n de la Iglesia como comuni?n y su capacidad de presencia misionera en las situaciones m?s variadas de la vida, as? como para fermentar en sentido cristiano la cultura y las estructuras sociales. Continuaremos con estas orientaciones tambi?n en el pr?ximo a?o pastoral y por este motivo el tema de nuestro congreso es ?Familia y comunidad cristiana: formaci?n de la persona y transmisi?n de la fe?. El presupuesto por el que hay que comenzar para comprender la misi?n de la familia en la comunidad cristiana y sus tareas de formaci?n de la persona y de transmisi?n de la fe, sigue siendo siempre el significado que el matrimonio y la familia tienen en el designio de Dios, creador y salvador. ?ste ser? por tanto el meollo de mi reflexi?n de esta tarde, remont?ndome a la ense?anza de la exhortaci?n apost?lica ?Familiaris consortio? (segunda parte, n?meros 12-16).

El fundamento antropol?gico de la familia


Matrimonio y familia no son una construcci?n sociol?gica casual, fruto de situaciones particulares hist?ricas y econ?micas. Por el contrario, la cuesti?n de la justa relaci?n entre el hombre y la mujer hunde sus ra?ces en la esencia m?s profunda del ser humano y s?lo puede encontrar su respuesta a partir de ?sta. No puede separarse de la pregunta siempre antigua y siempre nueva del hombre sobre s? mismo: ?qui?n soy? Y esta pregunta, a su vez, no puede separarse del interrogante sobre Dios: ?existe Dios? Y, ?qui?n es Dios? ?C?mo es verdaderamente su rostro? La respuesta de la Biblia a estas dos preguntas es unitaria y consecuencial: el hombre es creado a imagen de Dios, y Dios mismo es amor. Por este motivo, la vocaci?n al amor es lo que hace del hombre aut?ntica imagen de Dios: se hace semejante a Dios en la medida en que se convierte en alguien que ama.

De este lazo fundamental entre Dios y el hombre se deriva otro: el lazo indisoluble entre esp?ritu y cuerpo: el hombre es, de hecho, alma que se expresa en el cuerpo y cuerpo que es vivificado por un esp?ritu inmortal. Tambi?n el cuerpo del hombre y de la mujer tiene, por tanto, por as? decir, un car?cter teol?gico, no es simplemente cuerpo, y lo que es biol?gico en el hombre no es s?lo biol?gico, sino expresi?n y cumplimiento de nuestra humanidad. Del mismo modo, la sexualidad humana no est? al lado de nuestro ser persona, sino que le pertenece. S?lo cuando la sexualidad se integra en la persona logra darse un sentido a s? misma.

De este modo, de los dos lazos, el del hombre con Dios y --en el hombre-- el del cuerpo con el esp?ritu, surge un tercer lazo: el que se da entre persona e instituci?n. La totalidad del hombre incluye la dimensi?n del tiempo, y el ?s?? del hombre es un ir m?s all? del momento presente: en su totalidad, el ?s?? significa ?siempre?, constituye el espacio de la fidelidad. S?lo en su interior puede crecer esa fe que da un futuro y permite que los hijos, fruto del amor, crean en el hombre y en su futuro en tiempos dif?ciles. La libertad del ?s?? se presenta por tanto como libertad capaz de asumir lo que es definitivo: la expresi?n m?s elevada de la libertad no es entonces la b?squeda del placer, sin llegar nunca a una aut?ntica decisi?n. Aparentemente esta apertura permanente parece ser la realizaci?n de la libertad, pero no es verdad: la verdadera expresi?n de la libertad es por el contrario la capacidad de decidirse por un don definitivo, en el que la libertad, entreg?ndose, vuelve a encontrarse plenamente a s? misma.

En concreto, el ?s?? personal y rec?proco del hombre y de la mujer abre el espacio para el futuro, para la aut?ntica humanidad de cada uno, y al mismo tiempo est? destinado al don de una nueva vida. Por este motivo, este ?s?? personal tiene que ser necesariamente un ?s?? que es tambi?n p?blicamente responsable, con el que los c?nyuges asumen la responsabilidad p?blica de la fidelidad, que garantiza tambi?n el futuro para la comunidad. Ninguno de nosotros se pertenece exclusivamente a s? mismo: por tanto, cada uno est? llamado a asumir en lo m?s ?ntimo de s? su propia responsabilidad p?blica. El matrimonio, como instituci?n, no es por tanto una injerencia indebida de la sociedad o de la autoridad, una imposici?n desde el exterior en la realidad m?s privada de la vida; es por el contrario una exigencia intr?nseca del pacto de amor conyugal y de la profundidad de la persona humana.

Las diferentes formas actuales de disoluci?n del matrimonio, como las uniones libres y el ?matrimonio a prueba?, hasta el pseudo-matrimonio entre personas del mismo sexo, son por el contrario expresiones de una libertad an?rquica que se presenta err?neamente como aut?ntica liberaci?n del hombre. Una pseudo-libertad as? se basa en una banalizaci?n del cuerpo, que inevitablemente incluye la banalizaci?n del hombre. Su presupuesto es que el hombre puede hacer de s? lo que quiere: su cuerpo se convierte de este modo en algo secundario, manipulable desde el punto de vista humano, que se puede utilizar como se quiere. El libertinaje, que se presenta como descubrimiento del cuerpo y de su valor, es en realidad un dualismo que hace despreciable el cuerpo, dej?ndolo por as? decir fuera del aut?ntico ser y dignidad de la persona.

Matrimonio y familia en la historia de la salvaci?n


La verdad del matrimonio y de la familia, que hunde sus ra?ces en la verdad del hombre, ha encontrado aplicaci?n en la historia de la salvaci?n, en cuyo centro est? la palabra: ?Dios ama a su pueblo?. La revelaci?n b?blica, de hecho, es ante todo expresi?n de una historia de amor, la historia de la alianza de Dios con los hombres: por este motivo, la historia del amor y de la uni?n de un hombre y de una mujer en la alianza del matrimonio ha podido ser asumida por Dios como s?mbolo de la historia de la salvaci?n. El hecho inefable, el misterio del amor de Dios por los hombres, toma su forma ling??stica del vocabulario del matrimonio y de la familia, en positivo y en negativo: el acercamiento de Dios a su pueblo es presentado con el lenguaje del amor conyugal, mientras que la infidelidad de Israel, su idolatr?a, es designada como adulterio y prostituci?n.

En el Nuevo Testamento, Dios radicaliza su amor hasta convertirse ?l mismo, por su Hijo, en carne de nuestra carne, aut?ntico hombre. De este modo, la uni?n de Dios con el hombre ha asumido su forma suprema, irreversible y definitiva. Y de este modo se traza tambi?n para el amor humano su forma definitiva, ese ?s?? rec?proco que no se puede revocar: no enajena al hombre, sino que lo libera de las alienaciones de la historia para volverle a colocar en la verdad de la creaci?n. El car?cter sacramental que el matrimonio asume en Cristo significa, por tanto, que el don de la creaci?n ha sido elevado a gracia de redenci?n. La gracia de Cristo no se superpone desde fuera a la naturaleza del hombre, no la violenta, sino que la libera y la restaura, al elevarla m?s all? de sus propias fronteras. Y as? como la encarnaci?n del Hijo de Dios revela su verdadero significado en la cruz, as? tambi?n el amor humano aut?ntico es entrega de s? mismo, no puede existir si evita la cruz.

Queridos hermanos y hermanas, este lazo profundo entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios y el amor humano, es confirmado tambi?n por algunas tendencias y desarrollos negativos, cuyo peso experimentamos todos.

El envilecimiento del amor humano, la supresi?n de la aut?ntica capacidad de amar se presenta en nuestro tiempo como el arma m?s eficaz para que el hombre aplaste a Dios, para alejar a Dios de la mirada y del coraz?n del hombre. Ahora bien, la voluntad de ?liberar? la naturaleza de Dios lleva a perder de vista la realidad misma de la naturaleza, incluida la naturaleza del hombre, reduci?ndola a un conjunto de funciones, de las que se puede disponer seg?n sus propios gustos para construir un presunto mundo mejor y una presunta humanidad m?s feliz; por el contrario, se destruye el designio del Creador y al mismo tiempo la verdad de nuestra naturaleza.

Los hijos

Tambi?n en la procreaci?n de los hijos el matrimonio refleja su modelo divino, el amor de Dios por el hombre. En el hombre y en la mujer, la paternidad y la maternidad, como sucede con el cuerpo y con el amor, no se circunscriben al aspecto biol?gico: la vida s?lo se da totalmente cuando con el nacimiento se ofrecen tambi?n el amor y el sentido que hacen posible decir s? a esta vida. Precisamente por esto queda claro hasta qu? punto es contrario al amor humano, a la vocaci?n profunda del hombre y de la mujer, el cerrar sistem?ticamente la propia uni?n al don de la vida y, a?n m?s, suprimir o manipular la vida que nace.

Ahora bien, ning?n hombre y ninguna mujer, por s? solos y s?lo con sus propias fuerzas, pueden dar adecuadamente a los hijos el amor y el sentido de la vida. Para poder decir a alguien: ?tu vida es buena, aunque no conozca tu futuro?, se necesitan una autoridad y una credibilidad superiores, que el individuo no puede darse por s? solo. El cristiano sabe que esta autoridad es conferida a esa familia m?s amplia que Dios, a trav?s de su Hijo, Jesucristo, y del don del Esp?ritu Santo, ha creado en la historia de los hombres, es decir, a la Iglesia. Reconoce la acci?n de ese amor eterno e indestructible que asegura a la vida de cada uno de nosotros un sentido permanente, aunque no conozcamos el futuro. Por este motivo, la edificaci?n de cada una de las familias cristianas se enmarca en el contexto de la gran familia de la Iglesia, que la apoya y la acompa?a, y garantiza que hay un sentido y que en su futuro se dar? el ?s?? del Creador. Y rec?procamente la Iglesia es edificada por las familias, ?peque?as Iglesias dom?sticas?, como las ha llamado el Concilio Vaticano II (?Lumen gentium?, 11; ?Apostolicam actuositatem?, 11), redescubriendo una antigua expresi?n patr?stica (san Juan Cris?stomo, ?In Genesim serm.? VI,2; VII,1). En este sentido, la ?Familiaris consortio? afirma que ?el matrimonio cristiano? constituye el lugar natural dentro del cual se lleva a cabo la inserci?n de la persona humana en la gran familia de la Iglesia? (n. 15).

Publicado por mario.web @ 22:06
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios