Martes, 03 de mayo de 2011
La vida humana es sagrada , porque desde su inicio es fruto de la acci?n creadora de Dios y permanece siempre en una especial relaci?n con el Creador, su ?nico fin.
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I. El respeto de la vida humana
I. El respeto de la vida humana



TERCERA PARTE
LA VIDA EN CRISTO


SEGUNDA SECCI?N
LOS DIEZ MANDAMIENTOS


CAP?TULO SEGUNDO
?AMAR?S A TU PR?JIMO COMO A TI MISMO?



ART?CULO 5
EL QUINTO MANDAMIENTO


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No matar?s (Ex 20, 13).

Hab?is o?do que se dijo a los antepasados: ?No matar?s?; y aquel que mate ser? reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, ser? reo ante el tribunal (Mt 5, 21-22).

2258 ?La vida humana es sagrada , porque desde su inicio es fruto de la acci?n creadora de Dios y permanece siempre en una especial relaci?n con el Creador, su ?nico fin. S?lo Dios es Se?or de la vida desde su comienzo hasta su t?rmino; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente? (CDF, instr. "Donum vitae" intr. 5).



I El respeto de la vida humana

2259 La Escritura, en el relato de la muerte de Abel a manos de su hermano Ca?n (cf Gn 4, 8-12), revela, desde los comienzos de la historia humana, la presencia en el hombre de la ira y la codicia, consecuencias del pecado original. El hombre se convirti? en el enemigo de sus semejantes. Dios manifiesta la maldad de este fratricidio: ??Qu? has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a m? desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abri? su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano? (Gn 4, 10-11).

2260 La alianza de Dios y de la humanidad est? tejida de llamamientos a reconocer la vida humana como don divino y de la existencia de una violencia fratricida en el coraz?n del hombre:

Y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre... Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre ser? su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo ?l al hombre (Gn 9, 5-6).

El Antiguo Testamento consider? siempre la sangre como un signo sagrado de la vida (cf Lv 17, 14). La validez de esta ense?anza es para todos los tiempos.

2261 La Escritura precisa lo que el quinto mandamiento proh?be: ?No quites la vida del inocente y justo? (Ex 23, 7). El homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador. La ley que lo proscribe posee una validez universal: obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes.

2262 En el Serm?n de la Monta?a, el Se?or recuerda el precepto: ?No matar?s? (Mt 5, 21), y a?ade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza. M?s a?n, Cristo exige a sus disc?pulos presentar la otra mejilla (cf Mt 5, 22-39), amar a los enemigos (cf Mt 5, 44). El mismo no se defendi? y dijo a Pedro que guardase la espada en la vaina (cf Mt 26, 52).




La leg?tima defensa
2263 La leg?tima defensa de las personas y las sociedades no es una excepci?n a la prohibici?n de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. ?La acci?n de defenderse puede entra?ar un doble efecto: el uno es la conservaci?n de la propia vida; el otro, la muerte del agresor... solamente es querido el uno; el otro, no? (S. Tom?s de Aquino, s. th. 2-2, 64, 7).

2264 El amor a s? mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, leg?timo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal:

Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se tratar?a de una acci?n il?cita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acci?n ser?a l?cita... y no es necesario para la salvaci?n que se omita este acto de protecci?n mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligaci?n que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro (S. Tom?s de Aquino, s. th. 2-2, 64, 7).

2265 La leg?tima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro, del bien com?n de la familia o de la sociedad.?

2266 La preservaci?n del bien com?n de la sociedad exige colocar al agresor en estado de no poder causar perjuicio. Por este motivo la ense?anza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la leg?tima autoridad p?blica para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte. Por motivos an?logos quienes poseen la autoridad tienen el derecho de rechazar por medio de las armas a los agresores de la sociedad que tienen a su cargo.

Las penas tienen como primer efecto el de compensar el desorden introducido por la falta. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, tiene un valor de expiaci?n. La pena tiene como efecto, adem?s, preservar el orden p?blico y la seguridad de las personas. Finalmente, tiene tambi?n un valor medicinal, puesto que debe, en la medida de lo posible, contribuir a la enmienda del culpable (cf Lc 23, 40-43).

2267 Si los medios incruentos bastan para defender las vidas humanas contra el agresor y para proteger de ?l el orden p?blico y la seguridad de las personas, en tal caso la autoridad se limitar? a emplear s?lo esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien com?n y son m?s conformes con la dignidad de la persona humana.




El homicidio voluntario
2268 El quinto mandamiento condena como gravemente pecaminoso el homicidio directo y voluntario . El que mata y los que cooperan voluntariamente con ?l cometen un pecado que clama venganza al cielo (cf Gn 4, 10).

El infanticidio (cf GS 51, 3), el fratricidio, el parricidio, el homicidio del c?nyuge son cr?menes especialmente graves a causa de los v?nculos naturales que destruyen. Preocupaciones de eugenesia o de salud p?blica no pueden justificar ning?n homicidio, aunque fuera ordenado por las propias autoridades.

2269 El quinto mandamiento proh?be hacer algo con intenci?n de provocar indirectamente la muerte de una persona. La ley moral proh?be exponer a alguien sin raz?n grave a un riesgo mortal, as? como negar la asistencia a una persona en peligro.

La aceptaci?n por parte de la sociedad de hambres que provocan muertes sin esforzarse por remediarlas es una escandalosa injusticia y una falta grave. Los traficantes cuyas pr?cticas usurarias y mercantiles provocan el hambre y la muerte de sus hermanos los hombres, cometen indirectamente un homicidio. Este les es imputable (cf Am 8, 4-10).

El homicidio involuntario no es moralmente imputable. Pero no se est? libre de falta grave cuando, sin razones proporcionadas, se ha obrado de manera que se ha seguido la muerte, incluso sin intenci?n de causarla.




El aborto
2270 La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepci?n. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales est? el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf CDF, instr. "Donum vitae" 1, 1).

Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conoc?a, y antes que nacieses te ten?a consagrado (Jr 1, 5; Jb 10, 8-12; Sal 22, 10-11 ).

Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra (Sal 139, 15).

2271 Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta ense?anza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

No matar?s el embri?n mediante el aborto, no dar?s muerte al reci?n nacido. (Didaj?, 2, 2; Bernab?, ep. 19, 5; Ep?stola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9).

Dios, Se?or de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misi?n de conservar la vida, misi?n que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el m?ximo cuidado desde la concepci?n; tanto el aborto como el infanticidio son cr?menes abominables (GS 51, 3).

2272 La cooperaci?n formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena can?nica de excomuni?n este delito contra la vida humana. ?Quien procura el aborto, si ?ste se produce, incurre en excomuni?n latae sententiae? (CIC can. 1398), es decir, ?de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito? (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ?mbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el da?o irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

2273 El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislaci?n :

?Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad pol?tica. Estos derechos del hombre no est?n subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesi?n de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este prop?sito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad f?sica desde la concepci?n hasta la muerte? (CDF, instr. "Donum vitae" 3).

?Cuando una ley positiva priva a una categor?a de seres humanos de la protecci?n que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es m?s d?bil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho... El respeto y la protecci?n que se han de garantizar, desde su misma concepci?n, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violaci?n de sus derechos?. (CDF, instr. "Donum vitae" 3).

2274 Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepci?n, el embri?n deber? ser defendido en su integridad, cuidado y atendido m?dicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.

El diagn?stico prenatal es moralmente l?cito, ?si respeta la vida e integridad del embri?n y del feto humano, y si se orienta hacia su protecci?n o hacia su curaci?n... Pero se opondr? gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto: un diagn?stico que atestigua la existencia de una malformaci?n o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte? (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 2).

2275 Se deben considerar ?l?citas las intervenciones sobre el embri?n humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embri?n, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curaci?n, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual? (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 3).

?Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como ?material biol?gico? disponible? (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 5).

?Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromos?mico y gen?tico no son terap?uticos, sino que miran a la producci?n de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad? (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 6).



La eutanasia
2276 Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible.

2277 Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.

Por tanto, una acci?n o una omisi?n que, de suyo o en la intenci?n, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber ca?do de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre.

2278 La interrupci?n de tratamientos m?dicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser leg?tima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el ?encarnizamiento terap?utico?. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses leg?timos del paciente.

2279 Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser leg?timamente interrumpidos. El uso de analg?sicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus d?as, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta raz?n deben ser alentados.




El suicidio
2280 Cada cual es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. El sigue siendo su soberano Due?o. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la salvaci?n de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella.

2281 El suicidio contradice la inclinaci?n natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de s? mismo. Ofende tambi?n al amor del pr?jimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo.

2282 Si se comete con intenci?n de servir de ejemplo, especialmente a los j?venes, el suicidio adquiere adem?s la gravedad del esc?ndalo. La cooperaci?n voluntaria al suicidio es contraria a la ley moral.

Trastornos ps?quicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.

2283 No se debe desesperar de la salvaci?n eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que El solo conoce la ocasi?n de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.


Publicado por mario.web @ 22:13
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