Martes, 03 de mayo de 2011
Art?culo de Arturo Z?rate Ruiz en el que profundiza en el la virtud de la templanza, la prudencia y la justicia..
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La templanza, ?una maestra rega?ona?
La templanza, ?una maestra rega?ona?
La templanza es una de las cuatro virtudes maestras. Sin embargo, es la ?nica que parece no entonar con el mundo contempor?neo. Se le desprecia por asoci?rsele con las prohibiciones y el puritanismo. Se le ve como maestra rega?ona por imperar en la cultura actual el hedonismo, el consumismo, la permisividad y el relativismo. Aun as?, la templanza no deja de ser una virtud maestra. No es ni rega?ona, ni ego?sta, ni fea, ni avinagrada. Es la maestra hermosa del autodominio, del buen gusto y de la buena vida. Es una virtud que pueden y deben inculcar los padres a sus hijos.


Desde la antig?edad cl?sica?podr?amos decir desde siempre?, se distinguieron cuatro virtudes maestras: la prudencia, la justicia, la fortaleza (valent?a para los griegos) y la templanza.

La prudencia y la justicia se refieren a la toma de decisiones sobre los bienes concretos que nuestra voluntad debe abrazar.

La prudencia nos permite decidir sobre c?mo mejor conseguirlos. La justicia nos permite asignar las responsabilidades y los beneficios que corresponden a cada uno a la hora de procurar y de gozar esos bienes.

La fortaleza y la templanza se refieren a la fuerza de voluntad que necesitamos ejercer para conseguir esos bienes. La fortaleza nos da el vigor para caminar hacia los grandes bienes elegidos. La templanza nos da el vigor para no quedarnos a medio camino con bienes menores a los elegidos. La primera conquista lo dif?cil. La segunda no se conforma con lo f?cil.

A estas cuatro virtudes se les dice maestras porque sostienen y hacen posibles todas las dem?s. De la prudencia sigue, por ejemplo, el ser avisado; de la justicia, el respeto a los dem?s; de la fortaleza, la perseverancia, y de la templanza, la castidad.

La templanza, ?una maestra rega?ona?

Nadie duda sobre la importancia de la prudencia, ?a quien le gustar?a que lo consideren tonto?; nadie, sobre la excelencia de la justicia, ?a quien le agradar?a que lo llamen ladr?n?; nadie, sobre el esplendor de la valent?a, ?qui?n no se avergonzar?a de haber sido alguna vez cobarde, de no haberse atrevido al ?xito?
De lo que hay dudas es sobre la templanza. Muchos se preguntar?an, ?qu? es eso? Es m?s, de ser varones, una gran mayor?a se burlar?an del joven que a los 20 a?os conserve todav?a su virginidad.

??Quintito, eh? ?No sufrir?s de un problema f?sico o psicol?gico??, le preguntar?an.

Tal vez se lo pregunten as? porque, entre las grandes maestras, la templanza parece la rega?ona. Si la fortaleza nos anima con el ?t? puedes, t? puedes?, la templanza nos desinfla, desde que somos peque?os, con su interminable lista de ?noes?:

?No te hagas pip? en la cama.
?No te atragantes de dulces.
?No juegues con la comida.
?No golpees a tu hermanito.
?No te metas los dedos en la nariz y menos los metas en el enchufe el?ctrico.
?No salgas encuerado a la calle, es m?s, no salgas a la calle.
?No veas tanta televisi?n.
?No grites, no llores, no te r?as, no hables, no respires...
?No te juntes con esos ni?os malcriados.
?No tortures al gatito con alfileres.
?No llegues tarde a cenar.
?No dejes tirada tu ropa.
?No se anden besando ni tocando.

En fin, adem?s de sonarnos rega?ona, la templanza se nos presenta con cara de avinagrada, intolerante y envidiosa. No quiere que hagamos justo lo que se nos antoja, nos gusta y podemos en el momento hacer.

??Ah!?pensamos?, ah? viene de aguafiestas porque, tal vez se?orita todav?a, no puede o no ha probado las mieles.

A todo esto hemos de agregar que la templanza tiene unas hermanastras m?s celosas que ella misma en eso de impedirnos darnos gusto: las prohibiciones. Si la primera nos persuade y nos da fuerza para no ceder ante los antojos, las segundas simplemente nos ponen barreras externas para no alcanzarlos:

?Prohibido que compres y bebas alcohol
?Prohibido circular sin cintur?n de seguridad.
?Prohibido tirar la basura.
?Prohibida la prostituci?n.
?Prohibido besarse en p?blico.

Como algunas prohibiciones absolutas?por ejemplo, la del alcohol?no han funcionado, es m?s, como han hecho m?s peligroso el vicio al fomentar la venta de alcohol adulterado, no pocas personas concluyen que ninguna prohibici?n sirve, y de paso niegan que ?la maestra rega?ona? sirva despu?s de todo para alguna cosa buena.

Esta mala reputaci?n de la templanza se agrava en el contexto de la cultura contempor?nea. Nuestro estilo de vida es hedonista, consumista, permisivo y relativista. Nos dice:
?T? goza el d?a, quien sabe c?mo pinte el ma?ana?. Y se corrige:

?T? goza el d?a, que como quiera pintar? bien ma?ana, pues ya hay edulcorantes y grasa artificiales que no engordan, ya hay anticonceptivos, es m?s, el l?tex que reduce el riesgo del sida, ya hay, en fin, en caso de que falle todo, camaradas de avanzada que te aplaudir?n si abortas, perd?n, si ejerces tu ?derecho a decidir?, y hay quienes, moribunda t? de sida en el hospital, te recordar?n all? en la calle en su propaganda pol?tica, no como promiscua, que lo fuiste, sino como una persona que te atreviste a desafiar ?prejuicios?, que te atreviste a vivir a tu manera.
Finalmente, el desprestigio de la templanza toca fondo cuando sus impostores, es decir el puritanismo y el ?todo es malo?, se presentan como sus representantes leg?timos y pregonan:

?El sexo es sucio; el vino, fatal; los bailes, fr?volos; re?r, de necios; cantar, de imp?os; un tuetanito con sal, antesala de la tumba; comer carne, de asesinos de animales; admirar la belleza de una mujer, de cerdos; fumar un cigarrillo, de suicidas; gozar, en fin, de la vida, cosa del demonio.

La verdad sobre la templanza

La templanza parece tener un rostro muy desagradable, pero, aun cuando as? lo fuese, seguir?a siendo una de las cuatro virtudes maestras: es la que evita que el hombre malbarate su vida en poquedades.

De hecho, no tiene nada de avinagrada ni de amargada. Santo Tom?s de Aquino [i] pide que no confundamos la templanza con ser o volverse insensibles y apocados. El templado no es insensible a la sabrosura de los placeres que pone a un lado, ni es un apocado que tema o se averg?ence de simplemente haberlos deseado. El templado reconoce esos placeres, puede incluso desearlos, pero no se distrae con ellos para no perder los bienes que mejor le convienen.

El templado, en vez de insensible, se caracteriza por el buen gusto. Pone a un lado lo bueno por preferir lo mejor. El templado no es tampoco un hombre d?bil que no se aproxima al placer porque no pueda, sino un hombre fort?simo que, aunque puede gozar de ese placer ordinario, renuncia a ?l por perseguir un bien aun mayor y m?s dif?cil. Renuncia, por ejemplo, a una gran cena de langosta con la alta sociedad. Lo hace no por que no pueda comerla o no pueda codearse con la cr?m? de la cr?m?, sino porque puede mucho m?s: reservar su apetito a una cita de tostadas con frijoles que le prepar? para esa noche su amada. As? una ni?a, desde peque?a, renuncia a los muchos dulces y a los muchos pasteles porque sabe que as? la mirar?n a ella y no al vestido durante la fiesta de los quince a?os. Un hombre se olvida de las muchas mujeres no porque no pueda revolcarse con todas ellas, sino porque puede algo mejor y m?s dif?cil: amar de lleno a la m?s bella que es su esposa. Y un sacerdote no ha renunciado a casarse por ser un castrado. Al rev?s, porque tiene muchos pantalones es que se atrevi? a dedicarse de lleno a Dios. De alguna manera, as? son o deben ser las renuncias de todos nosotros. Nos lo prescribe el mandamiento: ?Amar?s a Dios sobre todas las cosas?.

Si la templanza vence al mal gusto, debe, pues, tener un rostro amable. Y s? que lo tiene, pues vence adem?s a la inmadurez, a la puerilidad y a la incontinencia, vicios, seg?n santo Tom?s, que s?lo se toleran a los ni?os por no aprender ellos todav?a a controlar sus esf?nteres y sus impulsos.

La madurez es fruto de la templanza, y se manifiesta con el autodominio, con no ser veleta que se mueve seg?n el primer viento que sople. El desenfreno, en cambio, es de bestias que, por carecer de raz?n, nunca pueden tomar la rienda de sus apetitos.

As?, la belleza, dice santo Tom?s, es otro de los frutos de la templanza. Y digo yo: ?sta reviste al hombre y a la mujer, aun desnudos, de una gracia y hermosura fundados en el dominio de s? mismos y en el goce de la buena vida y las buenas costumbres. Con el desenfreno el hombre y la mujer se bestializan. Aunque se cubran con un abrigo de esquimales, no pueden ser sino feos. Miran, se encorvan y se mueven seg?n sus impulsos m?s primitivos. Lucen vulgares por no comportarse mejor que los animales.

Es m?s, el desenfreno, contrario a la templanza, es peor que la cobard?a. Seg?n Arist?teles y santo Tom?s de Aquino, la cobard?a es al menos un impulso natural que sigue al miedo a la muerte. El desenfreno es un impulso antinatural que busca la muerte, pues despilfarra tu hacienda, enloda tu reputaci?n, te gana enemigos, destruye tu familia, arruina tu cuerpo, extingue tu salud, cava tu tumba y condena tu alma. No otra cosa le siguen a esos abusos, manifestaciones del desenfreno, llamados glotoner?a, drogadicci?n, borrachera y lujuria, los cuales la templanza combate con las virtudes de la moderaci?n, abstinencia, sobriedad y castidad.

Si el desenfreno te hace perder tu dinero, la templanza te permite conservarlo. Tanto la fortaleza como la templanza se combinan para mejorar tu econom?a, la una con la inversi?n y la otra con el ahorro.

Pero volvamos al desenfreno. No s?lo calienta tu vientre, sino peor aun la cabeza. He all? esos brutos que ante la m?s peque?a contrariedad no pueden detenerse y estallan en la ira. As? desatan odios, atizan pleitos, alimentan rencores, violentan cuerpos y almas, derraman sangre, libran guerras y siembran muerte por donde pasan. ?Peor aun!, recrudecen la venganza dej?ndose llevar por un impulso ponzo?oso que ni los animales se permiten: la crueldad. No es sino la templanza que puede venir al rescate. Lo hace a trav?s de tres disc?pulas: la calma, la mansedumbre y la clemencia.

No es sino la templanza la que permite que las manos no cojan, los ojos no vean, los o?dos no escuchen y aun la mente no piense lo que no les corresponde. Es, adem?s, la templanza la que amarra a esa fiera temible, me refiero a la lengua, la cual suelta tiene m?s filo y hace m?s da?o que una espada. Es, en fin, la templanza el salvavidas que rescata al coraz?n cuando el torbellino de la tristeza y el aturdimiento del dolor quieren hundirlo en la desesperaci?n. De alg?n modo, la templanza es as? fuente de alegr?a.

Pero dec?a que el desenfreno calienta la cabeza. Agrego ahora: tambi?n la llena de humo. De abandonarse el hombre al amor desmedido hacia s? mismo, acaba perdi?ndose entre las vanidades y la soberbia.

De nuevo es la templanza la que viene al rescate, ahora con la humildad. Si la soberbia es el primero de los pecados y con ella Ad?n y Eva perdieron el Para?so, la humildad es la primera de las virtudes, el escal?n inicial que nos pone en marcha al Cielo. La templanza solidifica tambi?n esa humildad con la sencillez, es m?s, con la modestia en el vivir, en el actuar, en el hablar, en los gestos y en el vestir.

Sin la templanza, fij?mosnos bien, las dem?s virtudes desfallecen. La prudencia se ciega con las pasiones desbordadas. No puede ya ver lo que es verdaderamente bueno. La valent?a se olvida de pelear porque, como Aquiles, se entretiene con los rencores y los bajos apetitos. La justicia ya no da a cada quien lo suyo porque, avarienta, quiere todo para s?.
Es interesante precisar el remedio de santo Tom?s de Aquino contra la curiosidad indebida y desaforada. ?sta se templa no con la ignorancia sino procurando el conocimiento de manera ordenada, con la disciplina del estudio. La templanza es madre as? de la cultura, de las artes, de la civilizaci?n.

Por tanto, no consideremos m?s a la templanza como una maestra rega?ona, ego?sta, fea y avinagrada. Es la maestra hermosa del autodominio, del buen gusto y de la buena vida.

La dificultad de la templanza

Tanto la fortaleza como la templanza dependen de voluntades poderosas. Para ello, la voluntad debe adquirir el debido vigor con ejercicios que la pongan a prueba y as? acrecienten.
Desgraciadamente, dice Jos? Ortega y Gasset, [ii] vivimos en tiempos en que ya no hay retos para ejercitarse, para fortalecerse. Vivimos en una ?poca comodona en que para conseguir algo ya no se tiene que trabajar a fondo. Si queremos iluminar una rec?mara, ya no hay que prender un fuego, basta mover un switch. Si queremos cubrir nuestros cuerpos, ya no hay que hilar ni tejer, basta ir a la tienda y comprar un vestido.

?Vamos!, si queremos descubrir el cuerpo de una mujer, ya no hay que casarse con ella, ya no hay tampoco que seducirla enga?osamente, ya no hay ni siquiera que pagarle su cuota a una prostituta, basta conectarse a la internet y perderse en sus millones de p?ginas pornogr?ficas gratuitas. Somos, en t?rminos de fortaleza, una sociedad blandengue porque no nos cuesta ya nada conseguir lo que queremos.

Frente a la abundancia y la facilidad de los bienes pudiera al menos uno fortalecer su voluntad a trav?s de la templanza, renunciando a lo que no es ni conveniente ni necesario. Pero los dictados de nuestra sociedad actual son los de una sociedad hedonista, permisiva y de consumo:

?Atrag?ntate, h?rtate, empu?rcate, no de otra manera ser?s feliz?, nos bombardean los medios masivos en cada segundo de nuestras vidas.

Un paso previo para educar la templanza es, pues, el convencernos de que los medios masivos y la sociedad consumista en general nos mienten. Para ello, echemos una mirada cr?tica al paradigma de felicidad que nos ofrecen: hombres que triunfan porque tienen con qu? satisfacer cualesquiera de sus caprichos. Hollywood en alguna medida identifica el lugar donde encontrar?amos las mayores oportunidades para as? triunfar: Estados Unidos. All? cada individuo puede vivir, se nos dice, ?a su manera?, y lograr el ?sue?o americano?. Revisemos este paradigma no por criticar a nuestros vecinos sino para no dejarnos enga?ar por el modelo hedonista, relativista, consumista y permisivo propuesto.

Si se dice que los estadounidenses son exitosos porque pueden satisfacer mejor sus antojos, tal vez por ello muchos sufren de un alma gorda y blandengue. Tan ensimismados en sus f?ciles caprichos, carecen de la suficiente fuerza como para renunciar un poquito a s? mismos y sostener alguna relaci?n permanente y profunda con alguien m?s. Un americano rompe un promedio de siete veces en su vida con la comunidad la cual se propuso hacer permanente, mud?ndose, en cada ocasi?n, a otra a miles de millas de distancia donde tampoco echar? ra?ces. [iii] Es decir, no tiene lazos comunitarios, ni amigos, ni huella en ning?n sitio permanentes. Es m?s, solo un 23% de los adultos permanecen casados, pues s?lo la mitad de sus ?familias? llegan a fundarlas en el matrimonio y, de ellas, la mitad de sus ?familias? las deshacen por el divorcio??la ropa interior dura m?s que la mayor?a de los matrimonios?, ha aguijoneado un bromista?; es m?s, entre los divorciados, aqu?llos que se vuelven a casar tienen las m?s altas probabilidades de reincidir en el divorcio. En fin, la cantidad de viviendas con personas solas supera ya al n?mero de viviendas con familias tradicionales. [iv] A estas estad?sticas del ?ltimo censo estadunidense podr?an agreg?rseles los hallazgos de David Blakenhorn, del Institute of American Values: en los programas de educaci?n p?blica americanos se prefiere ahora la palabra ?relaci?n? a la de ?matrimonio? [v] a tal punto que las autoridades locales a lo largo del pa?s ?no aceptar?an de ninguna manera materiales escolares que avalen al matrimonio?. [vi] Algunas escuelas, como la Rodeph Sholem en Manhattan, han prohibido incluso las celebraciones del D?a de la Madre para ?no ofender los sentimientos? de los ni?os a quienes deliberadamente se les ha privado de una madre, pues est?n a cargo de pap?s siempre solteros o de parejas gay. [vii] La comunidad y la familia no son ya ?valores americanos? [viii] porque nuestros vecinos no han sabido ni podido, por blandengues, renunciar a su individualismo. Muchos americanos son hombres que viven en la m?s triste de las soledades.

As?, aunque consuman hasta el hartazgo, forman una sociedad que sufre un profundo vac?o de vida. Y tienen que llenar ese vac?o de vida con algo, lo que sea. As?, si en M?xico uno de cada veinte habitantes alguna vez han abusado de alguna droga,[ix] en Estados Unidos lo han hecho uno de cada tres, inclusive sus dos ?ltimos presidentes.[x]

Clinton espec?ficamente estuvo a punto de perder la Presidencia por su relaci?n con la Lewinski. Seg?n nos confiesa en su reciente libro Mi vida,[xi] se enred? con la mujer porque no hab?a obst?culos, porque le fue f?cil, porque no ten?a ni que esforzarse en conquistarla, es decir, porque ?l fue un d?bil. Con la colegiala ya encima, no tuvo la templanza, la fuerza de voluntad, de decir ?no?.

De hecho, no s?lo con droga, sino con la m?s degradante pornograf?a intentan los americanos simular el contento. Producen 800 millones de videos triple XXX al a?o, un promedio de tres por habitante, m?s de cinco por adulto.[xii] Para entender la perversidad de esta cifra, hay que visualizarla en casos concretos. Un tailand?s, compa?ero m?o de estudios, comparti? un dormitorio universitario con un americano por seis meses. Comparti? tambi?n el tel?fono. ?Qu? susto se llev? el tailand?s al recibir el primer recibo telef?nico! Se hab?a gastado el americano varios miles de d?lares en llamadas pornogr?ficas. Le preocupaba al tailand?s menos el lograr que el americano pagase los d?lares que le correspond?an que el pensar que su compa?ero de cuarto era un degenerado sexual.

Una sociedad blandengue es tambi?n una sociedad que no puede contener su ira. Algunos pensar?an que la violencia contra la mujer es mayor en Italia y en Espa?a, donde sus varones les gusta presumir de muy machos, y cuyas culturas se alimentan a?n, dicen algunos, del oscurantismo eclesi?stico y medieval.

Pues no. La violencia y aun asesinatos contra la mujer prevalecen en los pa?ses m?s ricos y ?progresistas? de Europa, es decir, Finlandia, Dinamarca, Suecia, Alemania y el Reino Unido. Lo que une a estos pa?ses es su cultura permisiva, hedonista, relativista, consumista y su riqueza sin l?mite. Si ceder a tus impulsos, cualesquiera que sean, es aceptable y aun encomiable, entonces tambi?n es aceptable y encomiable que golpees a las mujeres: ?es que as? me nace?. No hay templanza, por tanto, no hay freno contra la violencia hacia la mujer.[xiii]

La educaci?n de la templanza
No nos hagamos tontos, pues, acerca del valor de la templanza. Es una virtud maestra y debemos inculcarla en nuestros hijos. Para ello les ofrezco las siguientes recomendaciones:

1?. No te d? pena ser firme, incansable, constante en repetir la interminable lista de ?noes? a tus hijos (?no hagas esto, no hagas lo otro?). Pero no lo hagas con pena, con enojo, con amargura. Que no piensen que la templanza, las renuncias, son propias de una se?ora rega?ona, seca y avinagrada. Las renuncias son de una se?ora hermosa y de buen gusto.

2?. Salvo algunas excepciones, la templanza nos permite renunciar no a cosas feas, sucias o absolutamente malas, sino a cosas buenas en favor de otras mejores. Por tanto, no presentes el sexo como sucio, ni los dulces como feos, ni el vino como el demonio. El d?a que los prueben tus hijos descubrir?n que fuiste un mentiroso. Lo que deben saber, pues, tus hijos es que renuncian a esos bienes para asegurarse otros que m?s les convienen.

3?. Por tanto, en la medida en que tus hijos vayan teniendo uso de raz?n, inf?rmales y recu?rdales los bienes mayores que persiguen tras renunciar a los menores con la templanza.

4?. De all? sigue el formarles el buen gusto. Para ello, si les pides que renuncien a los muchos dulces, demu?strales que la renuncia es sensata, que el platillo por el cual esperan hasta la hora de la comida no s?lo alimenta sino adem?s es mucho m?s sabroso. En consecuencia, preoc?pate por cocinar mejor que el vendedor de fritos y refrescos embotellados de la esquina. Preoc?pate por demostrarles, con ejemplos de vida, que el amor es m?s hermoso que una p?gina pornogr?fica.

Seg?n santo Tom?s de Aquino, hay dos tipos de desenfreno. Uno es consecuencia de la impetuosidad: el hombre responde inmediatamente a sus impulsos y se abandona tontamente a ellos sin informarse. Otro desenfreno es consecuencia de la debilidad de car?cter: aunque el hombre est? informado, aun as? cede a sus bajos apetitos. De esta distinci?n siguen las siguientes dos recomendaciones para educar la templanza:

5?. Logra que tus hijos, antes de obrar, se acostumbren a informarse. Que aprendan a ser prudentes, que no reaccionen como resorte y ciegamente a sus impulsos. As? vencer?n al desenfreno por impetuosidad.

6?. Ahora bien, el desenfreno por debilidad de car?cter lo vencen d?ndole vigor a la voluntad. Educa, pues, la fortaleza de tus hijos. No les des todo en la boca. Seg?n su edad, que cada uno vaya gradualmente encarg?ndose de conseguir sus cosas. ?Si quieren azul celeste, que les cueste?. El vigor propio de la fortaleza finalmente es un vigor que redunda a favor de toda la voluntad, es decir, tambi?n en favor de la templanza.
Otras formas de vigorizar la templanza son las siguientes:

7?. La templanza se puede fortalecer directamente si empezamos con su hija menor, la modestia. ?sta es tan modesta que no pide ni grandes ni aparatosas renuncias. Las pide peque?itas. No nos dice ?no compres vestidos? sino ? no compres vestidos caros?; no nos dice ?no comas pastel? sino ?no te comas todo el pastel?; no nos dice ?c?llate? sino ?no hables solamente t??. De este modo, si ya aprendimos a hacer peque?as renuncias, nos ser? m?s f?cil hacer grandes renuncias despu?s.

8?. Pero si les pides renuncias a tus hijos, ponles el ejemplo. Demu?strales que t? tambi?n puedes, y que puedes mucho. Renuncia, por ejemplo, a concretar el m?s grande negocio de tu vida, a la oportunidad de lograr la paz entre los palestinos y los jud?os, a ganar el t?tulo mundial ?Non Plus Ultra? si as? lo exige el tiempo no solo ?cualitativo?, sino tambi?n cuantitativo que requieren tus hijos. No te conformes con evitar la glotoner?a y las borracheras, extr?mate en la calma, la humildad, la mansedumbre, la alegr?a, la clemencia, la fidelidad en el matrimonio y aun la castidad, pues la castidad es tambi?n para los esposos. Tu esposa no es un objeto de uso, no es un trozo de carne que conseguiste por all? para desfogar tus genitales. Ella es tu amada. Por tanto, resp?tala, ?mala. Sean los dos no ?nicamente un solo cuerpo sino tambi?n una sola alma.

Ahora bien, debes ponerle especialmente el ejemplo a tus hijos al corregirlos en sus destemplanzas. Por tanto, no cedas a la ira. Escoge mejor la mansedumbre y la humildad, frutos de la templanza. La humildad en particular no puede permitirse eso del orgullo herido, eso de ??Qu? bochorno!?, eso de ??Hijo m?o, por qu? me haces esto, a m?, tu padre!? La humildad no puede sino solidarizarse con la fragilidad humana.

Por supuesto, lo hace no para aplaudir o abandonarse en la mediocridad, sino para levantarse y salir de ella. Del mismo modo, la mansedumbre no significa permisividad. Significa s?lo que la firmeza se expresa no iracunda sino calmada.

9? La templanza adem?s se fortalece y ennoblece d?ndole directamente un valor positivo a la renuncia. Entonces, que no sea para tus hijos un simple privarse de algo. Que sea mejor un acto de justicia: que den lo que les sobra a los que no tienen. Que sea mejor un acto de generosidad: que den lo que no les sobra a quienes no tienen. Que sea incluso un acto de amor: que se den ellos mismos a los dem?s.

Dios, que es Amor, resume la raz?n de la templanza con estas palabras:

?El que quiera conservar para s? mismo su vida, la perder?; pero el que la pierda por mi causa, ?se la encontrar?.
La templanza nos exige, pues, no s?lo peque?as renuncias. A veces nos las exige grandes, renuncias completas, como el entregar nuestras mismas vidas. De all? que deba adelantarles a ustedes una ?ltima recomendaci?n.

10?. Denle vigor a su templanza con la virtud de la religi?n, ?rmenla con la fortaleza de Dios, que hay renuncias tan grandes que no podr?an sus hijos, ni ustedes, ni nadie cumplir de no sostenernos su Santo Esp?ritu.

Notas

[i] .El tema de la templanza lo desarrolla santo Tom?s de Aquino en su Suma de Teolog?a, II?II, cuestiones 141?170.
[ii] .Ver La rebeli?n de las masas.

[iii] .Uno de cada 15 norteamericanos se muda permanentemente de condado cada a?o, precisa Robert Putman en ?Who Killed Civic America?? Prospect (Londres: Marzo de 1996), y agrega que en las ?ltimas d?cadas la desintegraci?n de las comunidades se ha agravado por la proliferaci?n de lo que se llama ?suburbia?, es decir, zonas rurales urbanizadas en donde los vecinos viven lo suficientemente lejos los unos de los otros como para ignorarse del todo.

[iv] . Ver, por ejemplo, ?Menos del 25% en EU vive casado y con hijos. Cada vez son m?s los estadounidenses que viven solos, reporta el censo?, nota de la agencia REUTERS publicada por El Norte (Monterrey: 16 de mayo del 2001) 23A.
[v] . En M?xico, es muy normal que hablemos ya no de ?mi esposa? o ?mi esposo? sino de ?mi pareja?.

[vi] . Ver David Blakenhorn, ?On marriage? Propositions (Invierno del 2000), citado por Richard John Neuhaus, ?The Public Square?, First Things 113 (Mayo del 2001).
[vii] .Ver Jonah Goldberg, NRO editor, ?My School Bans Mother?s Day?, National Review Online, (8 de mayo del 2001), .
[viii] .Notese que se empezar?a a romper el cerco relativista si en lugar de hablar de ?valores americanos? se hablase, con razones, simplemente de valores.

[ix] .Ver Encuesta Nacional de Adicciones, DGE, IMP, CONADIC/SSA, 1998.
[x] .Ver Michael D. Lyman y Gary W. Potter, Drugs in Society. Causes, Concepts, and Control, (Cincinnati: Anderson Publishing Co., 1996) 77, quienes citan el reporte nacional del U.S. Bureau of Justice Statististics de 1992.
[xi] .Ver Bill Clinton, My Life, (Knopf, 2004).
[xii] .Ver, por ejemplo, ?El cine porno con todo?, www.zonagratuita.com; ?El cine porno genera, solo en los EEUU, ventas por valor de 10.000 millones de d?lares anuales?, www.noticiasdot.com.

[xiii] .Ver Miguel A. Loma, ?Golpe a golpe?, Revista Arbil, Apostando a los valores, 81 (Espa?a: junio del 2004) www.iespana.es/revista-arbil/arbi-d81htm.

Publicado por mario.web @ 22:16
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