Martes, 03 de mayo de 2011
La simbiosis carisma-formaci?n se logra cuando la persona consagrada logra hacer del carisma la parte fundamental de su vida.
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Superioras y Formadoras
Superioras y Formadoras

C?mo se ense?a y se transmite el carisma


Habiendo comprendido la importancia del carisma para lograr la formaci?n de la mujer consagrada en su triple identidad humana, cristiana y consagrada, nos queda por tanto explicar la manera en que la formadora utiliza el carisma para lograr esta formaci?n. Debe quedar claro el concepto de que el carisma por s? s?lo no logra la formaci?n de la persona. De nada servir?a pedir a la postulante, la novicia, la juniora, la religiosa de votos perpetuos o a cualquier religiosa en cualquier etapa de formaci?n que estudiara y aprendiera de memoria el carisma de la consagraci?n. Al final de un estudio memor?stico de las Constituciones obtendr?amos una persona experta en el carisma pero no una persona que vive de acuerdo con el carisma.

La simbiosis carisma-formaci?n se logra cuando la persona consagrada logra hacer del carisma la parte fundamental de su vida, cuando logra vivir de acuerdo con el carisma. Parafraseando a Bruno Secondin, dir?amos que cuando la religiosa logra vivir "el secreto com?n que lleva en el coraz?n", entonces el carisma comienza a conformar su personalidad en su triple identidad.1

Esta diferenciaci?n entre vivir el carisma o conocer el carisma nos lleva a hacer una distinci?n clara: no es el carisma el que forma, es la acci?n de la formadora sobre la formanda y la libertad con la que la formanda acepta transformar su vida, de acuerdo al carisma. Por ello, m?s que hablar de ense?anza del carisma, el t?rmino m?s adecuado ser?a el de transmisi?n del carisma.

Hoy en d?a se dan situaciones dentro de la Iglesia que contestan o confrontan el carisma. Hay quienes quisieran cambiar todo de nuevo y quienes creen en el carisma como una etiqueta del pasado.2 Por otro lado se dan tambi?n problemas y retos en la vida consagrada. Pensemos tan s?lo en la situaci?n que deben enfrentar las congregaciones religiosas en Europa, con el envejecimiento de sus conventos, aunada a la falta de vocaciones. Frente a este panorama podr?amos preguntarnos si a?n tiene valor formativo el carisma de la Congregaci?n. Si no ser?a mejor buscar modelos m?s eficaces, con una respuesta m?s activa a los problemas que enfrenta la vida religiosa.

Hay que partir del principio que el carisma es siempre actual. El seguimiento de Cristo inspirado por el Esp?ritu Santo al Fundador/a, no est? sujeto a unas circunstancias hist?ricas, sociales o culturales determinadas. Si bien nace en esas condiciones, por ser obra del Esp?ritu se adapta a las circunstancias de tiempos y lugares, sin perder su car?cter genuino. Quienes quieren hacer ver que el carisma muere cuando muere la necesidad por la cual hab?an sido generados, o dicha necesidad viene a ser suplida por alg?n otro agente (el Estado, las asociaciones civiles, etc.), hacen una lectura horizontalista de la vida religiosa, sin ver su trascendencia espiritual. Equiparan, a mi modo de ver, la vida religiosa con una asociaci?n humanitaria. No ven la vida religiosa como un especial seguimiento de Cristo, como una respuesta, no a una necesidad humana, sino a una invitaci?n del Amor.

Cuando se comprende al carisma como la forma espec?fica para responder a la llamada de Cristo, entonces las circunstancias de tiempos y lugares pasan a un segundo plano, si bien es necesaria una adaptaci?n. Pero una adaptaci?n no para traicionar o cambiar el carisma -nada quedar?a entonces del carisma originario- sino para vivir con mayo fidelidad el carisma del Fundador/a. Y aqu?, nuevamente, el documento de Juan Pablo II es de una exactitud magistral, por lo que no dudo en transcribir ?ntegramente este n?mero: "Se invita pues a los Institutos a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy. Esta invitaci?n es sobre todo una llamada a perseverar en el camino de santidad a trav?s de las dificultades materiales y espirituales que marcan la vida cotidiana. Pero es tambi?n llamada a buscar la competencia en el propio trabajo y a cultivar una fidelidad din?mica a la propia misi?n, adaptando sus formas, cuando es necesario, a las nuevas situaciones y a las diversas necesidades, en plena docilidad a la inspiraci?n divina y al discernimiento eclesial. Debe permanecer viva, pues, la convicci?n de que la garant?a de toda renovaci?n que pretenda ser fiel a la inspiraci?n originaria est? en la b?squeda de la conformaci?n cada vez m?s plena con el Se?or. En este esp?ritu, vuelve a ser hoy urgente para cada Instituto la necesidad de una referencia renovada a la Regla, porque en ella y en las Constituciones se contiene un itinerario de seguimiento, caracterizado por un carisma espec?fico reconocido por la Iglesia. Una creciente atenci?n a la Regla ofrecer? a las personas consagradas un criterio seguro para buscar las formas adecuadas de testimonio capaces de responder a las exigencias del momento sin alejarse de la inspiraci?n inicial".3

La formadora encuentra en este n?mero los lineamientos inspiradores en la tarea de formar las mujeres consagradas del Tercer Milenio. El carisma contiene el itinerario, el mapa que debe seguir y del que hemos hablado en el cap?tulo anterior, para lograr plasmar la mujer ideal que quiere seguir a Cristo de acuerdo a los deseos del Fundador/a. Muchas formadoras se dejan llevar por ciertas voces que en la Iglesia claman por una renovaci?n, cuando la misma renovaci?n se encuentra dentro del Instituto.

Afortunadamente la Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Vita consecrata ha trazado tambi?n un plan de trabajo para las formadoras, basado en el carisma: "Los formadores y las formadoras deben ser, por tanto, personas expertas en los caminos que llevan a Dios, para poder ser as? capaces de acompa?ar a otros en este recorrido. Atentos a la acci?n de la gracia, deben indicar aquellos obst?culos que a veces no resultan con tanta evidencia, pero, sobre todo, mostrar?n la belleza del seguimiento del Se?or y el valor del carisma en que ?ste se concretiza. A las luces de la sabidur?a espiritual a?adir?n tambi?n aquellas que provienen de los instrumentos humanos que pueden servir de ayuda, tanto en el discernimiento vocacional, como en la formaci?n del hombre nuevo aut?nticamente libre. El principal instrumento de formaci?n es el coloquio personal, que ha de tenerse con regularidad y cierta frecuencia, y que constituye una pr?ctica de comprobada e insustituible eficacia (...) Precisamente por su prop?sito de transformar toda la persona, la exigencia de la formaci?n no acaba nunca. En efecto, es necesario que a las personas consagradas se les proporcione hasta el fin la oportunidad de crecer en la adhesi?n al carisma y a la misi?n del propio Instituto"4

Tenemos aqu? por tanto, los elementos esenciales para la transmisi?n del carisma que comentaremos enseguida.

a. El coloquio personal.
b. La transmisi?n mediante las adecuadas motivaciones.
c. La presentaci?n de modelos de vida accesibles a la formanda.
d. La uni?n de los diversos aspectos de la vida ordinaria con el carisma.
e. La presentaci?n de las obras propias de la Congregaci?n como una forma de expresar el carisma.
f. La vida fraterna en comunidad
g. La verificaci?n en la asimilaci?n del carisma.

a. El coloquio personal.
Hablamos hace poco de que el carisma se transmite, no se ense?a. No es una funci?n matem?tica que la mujer consagrada debe aprender, repetir o memorizar. El carisma es una forma de vida, un arte que debe vivir. No es posible exigir tan s?lo el conocimiento memor?stico de las normas o de los principales n?meros de la Constituci?n, si bien este conocimiento sea adecuado. Ser? importante que la formanda conozca los elementos esenciales de su carisma, las ?ltimas disposiciones del Cap?tulo General, los escritos de la fundadora y que los tenga presentes para que en su vida actual y en su vida futura, pueda acudir a ellos para llenar su esp?ritu y afrontar los retos de cada etapa de su vida, de cada d?a.

Pero la formadora debe pasar m?s all? de la ense?anza. Debe compartir un estilo de vida. Y qu? mejor medio de compartir este estilo de vida que el coloquio personal. Las palabras son las puertas hacia el coraz?n5 y es a trav?s del coloquio en el que se conocen las intenciones, los temores, las dudas. Adem?s, lo veremos en cap?tulos siguientes, el coloquio personal crea un lazo de amistad que hace posible un transfer afectivo adecuado al reforzamiento de las ideas que se quieren dejar.

Podemos mencionar tambi?n que la formadora establece no s?lo una relaci?n psicol?gica en el momento de transmitir el carisma., Sin descuidar los varios elementos psicol?gicos que sin duda deber? tener en cuenta y que lo veremos en los siguientes cap?tulos, la formadora aparece como una madre espiritual que da el alimento a la disc?pula o hija espiritual6. La formanda debe nutrir su esp?ritu del carisma, que le ser? transmitido por varios elementos que ya anteriormente hemos se?alado. Pero la formadora es uno de los elementos principales, el canal privilegiado por donde pasar? la transmisi?n de este carisma. Y a la manera en que una madre nutre a sus hijos, as? la formadora debe constantemente supervisar y dosificar este nutrimento, a trav?s de un coloquio personal.

Elementos de este coloquio ser?n el entablar primero una buena relaci?n, el revisar los avances en la profundizaci?n y asimilaci?n del carisma, el utilizar los instrumentos m?s adecuados para la transmisi?n del carisma durante el siguiente per?odo, previo al pr?ximo coloquio y la posibilidad de resolver dudas en caso necesario7.


b. La transmisi?n mediante las adecuadas motivaciones.
"Motivar es presentar a una persona aquellos valores que puedan revelarse m?s interesantes y eficaces para ella"8 . Como la transmisi?n del carisma requiere una relaci?n de persona a persona, no basta simplemente que la formadora ense?e el carisma. Si bien es necesario que la formanda asimile el carisma, esta asimilaci?n se lograr? s?lo en la medida en que la formanda se d? cuenta del valor que tiene el carisma para su vida de consagraci?n. Pero "el darse cuenta" de este valor del carisma para la vida consagrada, no es algo abstracto. No cae en el campo de la pedagog?a. Cae en el campo del amor. Este "darse cuenta" es algo muy personal. La formanda debe llegara apreciar que para ella el carisma es su vida. Es un valor personal, ?nico e intransferible, a semejanza de lo que puede ser un madero para un n?ufrago en la mitad del mar. El arte del amor consistir? en que la formadora sepa presentar el carisma de tal forma que la formanda lo tome como su valor, como algo hecho a la medida de ella.

Este arte del amor, requiere mucha paciencia y mucho conocimiento de la formanda. Para unas formandas bastar? con presentar el carisma como el instrumento que Dios ha querido dejar a trav?s del Fundador/a para conquistar almas para Cristo. Esta sola motivaci?n ser? capaz de mover a las almas con un car?cter m?s bien combativo y avezado a la lucha, a superar obst?culos y dificultades. Habr? otras formandas cuyo temperamento se muevan m?s bien por motivaciones de tipo espiritual. De alguna manera el arte del amor debe llevar a la formadora a presentar el carisma como la motivaci?n fundamental de la vida consagrada: el camino que Dos quiere para seguir a Cristo.


c. La presentaci?n de modelos de vida accesibles a la formanda.
El carisma no es algo te?rico, sino el resumen de un esp?ritu que se hace vida en la realidad de lo cotidiano. No son f?rmulas m?sticas para alcanzar el cielo, sino un programa de vida pr?ctico para vivirlo en esta Tierra y vivi?ndolo, eso s?, alcanzar el cielo.

No basta s?lo con las explicaciones y las motivaciones. La joven formanda debe verlo plasmado en la realidad. Bien sabemos que las j?venes de nuestros d?as son hijas de su tiempo y que por lo tanto, la mayor?a de ellas carece de una adecuada formaci?n intelectual que les permita asimilar principios y nociones te?ricas. Acostumbradas a los medios de comunicaci?n social, en d?nde constantemente se presentan mensajes y modelos de vida a trav?s de los ojos, la joven est? acostumbrada a ver, m?s que a o?r o a razonar. Por lo tanto, es muy conveniente que en la transmisi?n del carisma, la formadora sepa presentar modelos de vida humanos, reales y en forma muy atractiva. La joven formanda, hecha al mundo de los sentidos y de los sentimientos, necesita ver, tocar, sentir que el carisma toma forma en la realidad de la vida, de su vida. Por ello es muy conveniente salpicar las explicaciones del carisma con an?cdotas, hechos de vida reales y personajes de la congregaci?n que han vivido el carisma.

Si la Congregaci?n ha sido bendecida con modelos de vidas santas como m?rtires, siervas de Dios, beatas o santas, convendr? traerlos a la memoria. Pero no como algo inalcanzable, sino como trampolines para lanzarse a vivir el carisma, a semejanza de esas religiosas. Que vean el carisma en su aspecto din?mico. Que vean el carisma como algo pr?ctico y posible. No como un sue?o irrealizable.



d. La uni?n de los diversos aspectos de la vida ordinaria con el carisma.
Relacionado con la presentaci?n de modelos de vida, est? el hecho de hacerle ver a la formanda que todo su quehacer cotidiano est? impregnado del carisma. Presentar el carisma no como un art?culo de lujo espiritual, o como un yugo opresor de la libertad, sino como la forma pr?ctica de llevar cabo en la vida real y de forma gozosa la consagraci?n a Dios en el seguimiento de Cristo.

La jornada diaria, desde laudes hasta las completas debe estar guiada por el carisma. Ninguna actividad debe quedar desprendida del carisma. El genio de la formadora estar? en presentar al carisma como una br?jula que permea, gu?a y orienta toda la vida consagrada. El levantarse en la ma?ana, el realizar el servicio fraterno en la sacrist?a, en la cocina, en la lavander?a, el llevar a cabo el apostolado espec?fico del Instituto o de la Congregaci?n, hasta el morir, debe quedar sellado por el carisma. La genialidad de la formadora consistir? en hacer aparecer al carisma como una gu?a para la vida ordinaria. Y esto sin inventar o forzar las circunstancias, sino a trav?s de la vivencia amorosa y fiel de ella misma al propio carisma.

Si es cierto que las palabras arrastran, pero el ejemplo empuja, esta m?xima se aplica verdaderamente cuando de transmitir el carisma se trata, especialmente a trav?s de la vida ordinaria.

Algunas congregaciones podr?n encontrarse aparentemente con el problema de no contar en forma espec?fica un Directorio o Reglas en donde queden registradas las actividades que deben desarrollarse en la vida diaria, de acuerdo al carisma. La formadora prudente y equilibrada, con ayuda de sus Superioras Mayores, podr? detallar esas actividades, de acuerdo a las sanas tradiciones que se vienen observando por a?os (quiz?s siglos) en la Congregaci?n. La fidelidad creativa querida por el Magisterio de la Iglesia, tiene en este campo un abundante trabajo por realizar: "Su apremio incita a una fidelidad que devuelva al momento actual de la vida y misi?n de cada Instituto el ardor con que los Fundadores se dejaron conquistar por la fuerza inicial del Esp?ritu"9.

De la presentaci?n de esta estilo de vida unido y apegado al carisma depender? en gran parte la adecuada asimilaci?n de la vida consagrada de la formanda, al estilo propio de cada Instituto o Congregaci?n.


e. La presentaci?n de las obras propias de la Congregaci?n como una forma de expresar el carisma.
"El carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Esp?ritu, transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne. Por eso la Iglesia defiende y sostiene la ?ndole propia de los diversos Institutos religiosos. La ?ndole propia lleva adem?s consigo, un estilo particular de santificaci?n y apostolado que va creando una tradici?n t?pica cuyos elementos objetivos pueden ser f?cilmente individuados"10.

El estilo particular del apostolado se desprende naturalmente del carisma. No es un a?adido ni un agregado. Para muchas Congregaciones e Institutos de vida consagrada, ha sido precisamente el apostolado espec?fico -dir?amos que la respuesta a una determinada necesidad- el inicio del carisma. Por ello la formadora debe presentar la o las obras de la Congregaci?n, no s?lo como una respuesta a una determinada necesidad social o humana, sino como respuesta al llamado que Dios hizo al Fundador/a para responder, eso s?, a una determinada necesidad.

Reducir el apostolado a una respuesta humana, ser?a tanto como vaciar del contenido espiritual toda la obra querida por el fundador. Ser?a reducirlo a un voluntariado de signo horizontalista en donde se da poca o ninguna relaci?n con Dios. Presentar el apostolado de la Congregaci?n inserto en el carisma, es presentar una forma espec?fica de seguir a Cristo en la cotidianeidad de la vida, con la posibilidad tambi?n de transformar a la sociedad, a trav?s del testimonio personal en el mismo apostolado. Por ello la formadora debe formar corazones ansiosos por servir a Cristo en el campo que ?l ha mostrado al Fundador/a.

De esta manera el carisma va apareciendo como un instrumento de formaci?n, de tal manera que nada escapa a la formaci?n integral de la joven que quiera consagrar su vida a Dios.


f. La vida fraterna en comunidad.
Elemento com?n a todo carisma es la reuni?n de un grupo de almas que buscan vivir de acuerdo a una regla o estatuto de vida. El carisma no es inspirado por Dios s?lo para una persona, sino para un grupo de personas, que se conformar? en una asociaci?n dentro de los l?mites jur?dicos establecidos por la Iglesia.11 De aqu? que la comunidad viva siempre animada por el carisma: "La comunidad religiosa es c?lula de comuni?n fraterna, llamada a vivir animada por el carisma fundacional"12.

De alguna manera la vida fraterna en comunidad se convierte en un instrumento para vivir el carisma: "Una comunidad es formadora en la medida en que permite a cada uno de sus miembros crecer en la fidelidad al Se?or seg?n el carisma del instituto"13. La formadora presentar? a las alumnas los diversos elementos que conforman la vida fraterna en comunidad como una respuesta espec?fica al carisma del Fundador/a: la forma de relacionarse entre s?, la caridad mutua, la posesi?n en com?n de elementos esenciales al sustento diario, el compartir momentos de alegr?a y tristeza, el sost?n mutuo, el ejercicio de la autoridad como servicio a la comunidad. Elementos que de alguna manera responden a una forma muy espec?fica que ha querido el Fundador/a y no tan s?lo como una respuesta a una necesidad social de vivir en compa??a. De esta forma, la futura religiosa apreciar? la vida fraterna en comunidad como un medio para vivir el carisma.


g. La verificaci?n en la asimilaci?n del carisma.
No podemos dejar todo a la buena voluntad de la alumna. La formadora conf?a en la formanda, pero sabe que por la fragilidad humana es necesario realizar una labor de verificaci?n. Comprobar que la alumna vaya asimilando en su vida en el carisma es una obra de caridad que la formadora debe ofrecer a la formanda y a la Congregaci?n. A la formanda porque le hace ver con un esp?ritu positivo, los puntos en los que debe seguir trabajando para alanzar el ideal que quiere lograr como mujer consagrada. Y como servicio a la Congregaci?n pues asegura que la transmisi?n del carisma se d?, dentro de lo que los limites de la fragilidad humana lo permitan, en un grado tal que asegura la supervivencia del Instituto o Congregaci?n en esa futura religiosa. "La verificaci?n de la unidad de vida se har? oportunamente en funci?n de cuatro grandes fidelidades: fidelidad a Cristo y al Evangelio, fidelidad a la Iglesia y a su misi?n en el mundo, fidelidad a la vida religiosa y al carisma propio del instituto, fidelidad al hombre y a nuestro tiempo"14.

Esta verificaci?n puede realizarse de diversos modos. Sin duda alguna, uno de ellos ser? a trav?s de la observaci?n detenida del actuar de la religiosa, que le permitir? comprobar el grado de asimilaci?n del carisma. A trav?s de esta observaci?n del actuar, la formadora podr? formarse un juicio de la alumna y se dar? cuenta de los aspectos en los que debe trabajar m?s. La transmisi?n del carisma vendr? graduada de acuerdo a lo que la formanda va necesitando. Habr? veces en que la formadora tendr? que apretar el paso, en otras procurar? acompa?ar a la alumna y ense?arle a superar las dificultades. Todo esto se logra cuando se verifica en forma constante y caritativa, la asimilaci?n del carisma. Cuando se hace as?, hay tiempo para corregir, si hay voluntad y esfuerzo de parte de la alumna.

Sin embargo, la formadora no debe enga?arse al dar por supuesto que todo est? conseguido con s?lo hablar y seguir de cerca de la alumna. Necesita conocer de cerca qui?n es ella para as? transmitir con mayor eficacia y amor el carisma. De este conocimiento hablaremos en el siguiente cap?tulo.





NOTAS
1 Bruno Secondin, Abitare gli orizzonti, Ed. Paoline, Milano, 2003, p.186
2 Baste leer a Joan Chittister, OSB o a Giordano Rocca, entre otros muchos como R?gamey, Labont?, Midali, Ruiz Jurado, Ghirlanda.
3 Juan Pablo II, Vita consecrata, n. 37
4 Juan Pablo II, Vita consecrata, n. 65 y 66
5 Conviene traer aqu? a colaci?n los aportes de la Psicolog?a de consultaci?n del prof. Antonio Tamburello, quien cree que mediante las palabras y el coloquio se puede llegar a conocer las intenciones y los deseos profundos de las personas, ayud?ndoles as? a tomar una opci?n fundamental en su vida.
6 Este concepto de nutriente espiritual, ha sido tomado por varios autores que hablan profusamente de la direcci?n espiritual, Basta citar a Mauricio Costa S.I., Andr? Louf y Enzo Bianchi, entre otros.
7 De alguna manera, estas t?cnicas son el resultado de la aplicaci?n de la t?cnica del coloquio psicol?gico, a la transmisi?n del carisma.
8 Marcial Maciel, La formaci?n integral del sacerdote, Citt? nuova, Roma, 1991, p. 213
9 Sagrada Congregaci?n para los Religiosos e Institutos Seculares, Religiosos y promoci?n humana, 25-28.4.1978, n.30
10 Sagrada Congregaci?n para los Religiosos e Institutos Seculares, Criterios Pastorales sobre relaciones entre obispos y religiosos en la Iglesia, 14.5.1978, n. 11
11 Giancarlo Rocca, Il carisma del fondatore, Ancora, Milano, 1998, pp. 81 - 86
12 Sagrada Congregaci?n para los Religiosos e Institutos Seculares, La vida fraterna en comunidad, 2.2.1994, n.2
13 Sagrada Congregaci?n para los Religiosos e Institutos Seculares, Orientaciones sobre la formaci?n en los institutos religiosos, 2.2.1990, n. 27
14 Idem. N.18


Publicado por mario.web @ 23:02
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