Martes, 03 de mayo de 2011
Para poder llevar adelante la dif?cil pero importante misi?n de la formaci?n o del ejercicio del servicio de la autoridad, es necesario tomar en cuenta la fenomenolog?a de las acciones del hombre, pero explicadas a la luz de lo que es el hombre.
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?Ha cambiado el hombre despu?s del Concilio Vaticano II?
?Ha cambiado el hombre despu?s del Concilio Vaticano II?
?Qu? es el hombre, para que te acuerdes de ?l?
El misterio del hombre ha fascinado ha generaciones enteras. Sin embargo, ?no es el hombre el que se plantea el problema: es el mismo hombre el problema, y su existencia es problem?tica.? 1 Una problem?tica que toca a todos los componentes del g?nero humano.

Este misterio y esta problem?tica cobran matices interesantes cuando una persona humana decide seguir a una persona de naturaleza humana y de naturaleza divina: Cristo. Si como dice Benedicto XVI, ?no se comienza a ser cristiano por una decisi?n ?tica o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci?n decisiva? , 2 el misterio del hombre se comprende s?lo a la luz de la Persona a la cual ha decidido seguir y de la cu?l mantiene siempre su impronta, su huella (Gn. 1, 27). Conocer al hombre, entenderlo, es conocer su naturaleza y de alguna manera descifrar el misterio que contiene en s? mismo.

Si a este ya complicado misterio sumamos otro misterio, que es el de la vida consagrada, la cuesti?n se complica un poco m?s. ?La comunidad religiosa es un don del Esp?ritu, antes de ser una construcci?n humana. Efectivamente, la comunidad religiosa tiene su origen en el amor de Dios difundido en los corazones por medio del Esp?ritu, y por ?l se construye como una verdadera familia unida en el nombre del Se?or. Por lo tanto, no se puede comprender la comunidad religiosa sin partir de que es don de Dios, de que es un misterio y de que hunde sus ra?ces en el coraz?n mismo de la Trinidad santa y santificadora, que la quiere como parte del misterio de la Iglesia para la vida del mundo.? 3 Para quien vive en comunidad, la concepci?n del hombre debe ser vista por tanto a la luz del misterio de Dios y del misterio de la vida fraterna en comunidad.

Una dificultad ulterior lo encontramos en las circunstancias por las que atraviesa el mundo. Una cultura ajena a los valores evang?licos ha generado muchas heridas en el hombre, en su naturaleza humana. Heridas que en cierto modo pueden predisponer el seguimiento de Cristo, y no s?lo, sino incluso una sana vida humana .4 Frente a tales problema que se pone el hombre de hoy, existe la tendencia equivocada a pensar que el hombre de la as? llamada post-modernidad deba ser concebido en manera distinta a como fue pensado en su origen. Se trata para muchos, de un cambio de paradigma que nos haga capaces de entender al hombre de hoy para ayudarle a superar traumas y fijaciones que lo hab?an encadenado en el pasado a un estado de vida que lo hac?a infeliz. Se habla por tanto de condicionamientos culturales que inciden sobre el hombre.

Frente a estas y otras dificultades, quien lleva sobre sus espaldas la formaci?n y la animaci?n de una comunidad religiosa, puede sentirse perdido. Son muchas las teor?as, las escuelas de psicolog?a, los puntos de vista que tratan de explicar lo que es el hombre, en forma tal que mediante esas explicaciones ofrecen un diagn?stico de lo que sucede en cada hombre y tratan de ayudarlo, mediante indicaciones, consejos, sugerencias. La formadora o la superiora de comunidad puede sentirse confundida ante este mar de explicaciones, ya que muchos de ellos se contraponen entre s?, y, lo m?s importante, parece que van en contra de la concepci?n cristiana del hombre.

Para no perderse en este marem?gnum de confusi?n que quita paz y la tranquilidad en las comunidades religiosas, creo que lo primero que debe hacerse es distinguir entre lo que son las explicaciones que tratan de discernir lo que es la concepci?n de la persona humana y aquellas explicaciones sobre la conducta del ser humano. Bajo esta perspectiva, la formadora y la superiora de comunidad deber?n distinguir entre Psicolog?a y Antropolog?a. Mientras que la Psicolog?a ?es el estudio cient?fico del comportamiento y de la experiencia humana? , 1 la Antropolog?a o Filosof?a del Hombre ?estudia al hombre entero y establece la existencia y la naturaleza del principio primero de su ser y de su obrar mediante la reflexi?n cr?tica sobre sus propios actos.? 1 Debe por tanto hacerse una diferencia entre la concepci?n del hombre y el actuar del hombre, que engloba su conducta y su forma de pensar. La diferencia entre Psicolog?a y la Antropolog?a filos?fica, bien podr?a quedar determinada mediante la siguiente cita. ?El hombre nos interesa en su totalidad (habla la antropolog?a filos?fica), no por este o aquel aspecto. Las ciencia particulares especializadas (antropolog?a, ling??stica, fisiolog?a, medicina, psicolog?a, sociolog?a, econom?a, ciencia pol?ticas), a pesar de sus esfuerzos, tienden a limitar la totalidad del individuo, consider?ndolo desde el punto de vista de una funci?n o de un impulso particular. Nuestro conocimiento del hombre se hace a?icos: a menudo cambiamos una parte por el todo. ?ste es el error que nos proponemos evitar.? 7

La formadora y la superiora de comunidad al distinguir entre la concepci?n del hombre y su conducta podr?n discernir entre aquellas explicaciones que s?lo miran un aspecto del hombre y aquellas que lo ven en su complejidad. Para poder llevar adelante la dif?cil pero importante misi?n de la formaci?n o del ejercicio del servicio de la autoridad, es necesario tomar en cuenta la fenomenolog?a de las acciones del hombre, pero explicadas a la luz de lo que es el hombre.

El hombre en su esencia no cambia, ni siquiera despu?s del Concilio Vaticano II. No cambia en su esencia, aunque influyen sobre ?l los cambios culturales. Una ley sobre el aborto puede crear una cierta presi?n en su ser, modificando su modo de pensar, de juzgar y de actuar. Cambia lo externo, pero lo interno, es decir, la forma estructural de su ser no puede cambiar. Si cambia su naturaleza dejar? de ser hombre. Por ello, es necesario distinguir la estructura interna de la persona, su naturaleza, de su conducta, su forma de actuar, su modo de pensar. Conviene por tanto iniciar nuestro peque?o estudio distinguiendo como viene conformada la estructura de la persona humana.


La estructura de la persona humana.
Para conocer la estructura de la persona humana utilizaremos la metodolog?a que sigue la antropolog?a filos?fica. A partir de los fen?menos que observamos en el hombre debemos preguntarnos sobre el origen de dichos fen?menos. Si el hombre piensa, quiere y tiene sentimientos se debe a que tiene unas facultades que le permiten pensar, querer y sentir. De esta forma podemos establecer unas facultades propias del hombre que lo configuran en su estructura humana y lo diferencian de cualquier otra criatura. Partiremos por tanto de las caracter?sticas esenciales del hombre, su fenomenolog?a esencial, para llegar a establecer su estructura, c?mo viene configurado.

La filosof?a ha siempre visto como caracter?stica esencial del hombre su interioridad, que es la capacidad de recogerse en s? mismo, de ensimismarse , 8 a diferencia de los animales que viven fuera de ellos mismos, pues no tienen un lugar interno en d?nde refugiarse, en donde puedan vivir. Esta caracter?stica de la interioridad permite al hombre conocerse a s? mismo y conocer todas las cosas que est?n fuera de ?l mismo. Conoce porque tiene la capacidad de interiorizarse. Por tanto, una primera potencia del hombre, que nos servir? en nuestro estudio, es la capacidad de conocer: puede conocerse a s? mismo y puede conocer todas las cosas en su esencia espiritual.

Pero no todo en el hombre es espiritual, no todo en el hombre es conocimiento. El hombre es tambi?n un ser material, un cuerpo con el que se relaciona consigo mismo, con sus semejantes y con el ambiente. Y aqu? se dan unas de las manifestaciones m?s importantes y caracter?sticas del hombre: puede sentir. Calor, fr?o. Amor y odio. Amistad y venganza. De un extremo a otro, de las pasiones a los sentimientos, el hombre es un ser que siente. Por ello encontramos en el hombre una cualidad que es la afectividad y cuyo fruto principal son los sentimientos y las emociones. ?Son los sentimientos y las emociones, que acompa?an los actos del conocimiento y las tendencias, que hacen vibrar todo nuestro ser.? 9

Sin embargo, para complicar m?s a este hombre, de por si ya complicado, observamos que no est? a la merced de sus sentimientos y de sus pasiones. Tiene la capacidad de estar por encima de ellas. Puede pasarse la vida amando, sublimando los sentimientos y las emociones de odio y venganza. O puede vivir siempre odiando, reprimiendo sus sentimientos de donaci?n hacia los dem?s. ?Qu? capacidad le permite dirigir sus sentimientos, estar m?s all? del nivel de los instintos? Es la potencia volitiva, la potencia de la voluntad, el querer humano. El hombre conoce las cosas, las siente, pero las puede querer o rechazar por esta capacidad volitiva.

Recordemos que la potencia del conocimiento y la potencia volitiva pertenecen al mundo espiritual del hombre, mientras que la afectividad se da en su aspecto material.
Con estas tres cualidades, el conocimiento, la voluntad y la afectividad, el hombre se constituye a s? mismo como un ser ?nico, diferente de todos los otros seres de la creaci?n. Es precisamente este ser el que queremos analizar. Es este ser y no otro, el que recibe el llamado de Cristo a seguirlo en una vida de intimidad con ?l y lo invita a dejar todo para vivir, a la manera de los ap?stoles, una vida de pobreza, castidad y virginidad. ?Cu?l ser? el servicio que le prestar?n dichas potencias al hombre en la respuesta que debe dar a la llamada de Cristo?

El conocimiento y la vida consagrada
Comencemos por la potencia del intelecto. Convendr? saber c?mo puede ayudar la capacidad intelectiva a alcanzar la identidad de la vida consagrada, que seg?n, hemos dicho en los cap?tulos precedentes, no es otra cosa que seguir la llamada de Cristo y configurarse con ?l en una vida de pobreza, castidad y obediencia.
Por la facultad intelectiva el hombre percibe 10 y conoce las cosas, todas las cosas. Este conocimiento puede ser intelectual o sensitivo. Las fases del conocimiento intelectual son tres, la conceptualizaci?n, el juicio y el razonamiento. Mediante estas tres fases el hombre puede analizar, sintetizar y relacionar los conceptos para formarse un juicio. La forma en que se realiza este conocimiento y las diversas operaciones a ?l ligadas puede estudiarse en los manuales de Filosof?a. Lo que debe quedarnos claro es que el hombre, con su capacidad de conocer, tiene la posibilidad de alcanzar el objeto que quiere conocer mediante su intelecto y no s?lo mediante una experiencia sensitiva, vaga o et?rea, en donde s?lo la subjetividad de la persona puede actuar como norma ?ltima. ?Finalmente, la naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabidur?a, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la b?squeda y al amor de la verdad y del bien. Imbuido por ella, el hombre se alza por medio de lo visible hacia lo invisible.? 11
Con estas definiciones podemos decir claramente que la facultad intelectiva permite conocer en su esencia los diversos objetos que se le presentan al hombre. Uno de estos objetos es la llamada que Jesucristo hace a hombres y mujeres para seguirlo m?s de cerca. Esta llamada puede ser percibida de diversas formas y puede ser conocida por el hombre. Las caracter?sticas de esta llamada y sus implicaciones son tambi?n materia del conocimiento, de forma que no se deja a la interpretaci?n subjetiva de la persona. La llamada comporta un estilo de vida muy preciso, requiere de un comportamiento espec?fico y de unas disposiciones muy especiales. El seguimiento de Cristo puede y debe ser reconocido por el intelecto y la persona consagrada puede informarse sobre el contenido de esa llamada.

Todo lo anterior nos permite establecer el servicio que presta la facultad intelectiva a la vida consagrada. La posibilidad de que el hombre y la mujer consagrad puedan conocer la llamada en forma inequ?voca y sustancial, es decir, en su esencia, no deja campo para las interpretaciones o la subjetividades personales. La vida consagrada, de acuerdo al deseo de Cristo, su fundador, queda establecida en una forma muy bien definida. Garante de esta definici?n es el Magisterio de la Iglesia. La persona consagrada con su mente debe esforzarse por entender el significado de la llamada en su vida y las implicaciones en su actuar personal. Si utiliz?semos una imagen del evangelio, podr?amos decir que la facultad intelectiva permite conocer la perla de gran valor, el tesoro escondido en el campo. Se percibe la llamada, pero el intelecto sabe razonar, juzgar y comparar esta llamada para valorarla. (Mt. 13, 44 ? 46)
La facultad intelectiva le permite conocer y ser consciente de sus actos. Sabe juzgar con claridad mediana sus actos en el pasado y prever los del futuro. La conciencia , 12 juicio pr?ctico de la raz?n, le ayudar? a discernir lo bueno de lo malo, tomar decisiones que lo lleven hacia el fin que se ha propuesto y le premiar? o le castigar? sobre los actos realizados. ?l es due?o de sus actos y no queda limitado por un pasado hist?rico.

Como colof?n de esta potencia, podemos decir que el intelecto permite al hombre conocer qui?n es el que llama y a qu? llama. Las formadoras de la vida religiosa deber?n tener siempre en cuenta en su labor formativa el saber presentar adecuadamente la llamada, de forma que la mujer consagrada pueda identificar lo que significa para su vida qui?n es el que le hace el llamado y a qu? la est? llamando. Ayudar? a la religiosa a conceptualizar, juzgar y hacer un razonamiento claro sobre esta llamada, n?cleo y esencia de la identidad de la vida consagrada. Hay que a?adir que un adecuado uso de la facultad intelectiva permite alcanzar la madurez en la persona, ?la cual se comprueba, sobre todo, en cierta estabilidad de ?nimo, en la facultad de tomar decisiones ponderadas y en el recto modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres?. 13 Sin esta facultad del entendimiento, cualquier hombre es como una hoja en tiempos de vendaval, dejada a la merced de las circunstancias, las pasiones, los sentimientos.

Pero no basta la sola raz?n.
<>: el amor de Dios vale m?s que conocer a Dios. 14
Dec?amos que la mujer consagrada que recibe la llamada se asemeja a la par?bola del evangelio de la perla preciosa o el tesoro en el campo. El hombre aprecia dicho tesoro o dicha perla, lo valora, es decir, lo conoce. Pero enseguida el evangelio apunta que tal hombre, ?va, vende todo lo que tiene y compra el campo? o ?va, vende todo lo que tiene y la compra?. (Mt. 13, 44 y 46). El conocer la perla o el tesoro no significa hacer nada para adquirirlo. Es necesario apetecer dicho tesoro o dicha perla. Surge entonces la segunda facultad del hombre: la facultad volitiva, la facultad de apetecer, la facultad de querer algo.

Los fil?sofos distinguen diversos tipos de apetito y volici?n. B?stenos en este peque?o estudio se?alar las consecuencias de esta capacidad de apetecer, de atraer las cosas hacia s?, como lo define Mondin . 15 Al querer las cosas el hombre se pone en la capacidad de decidir. Por lo limitado que es, no puede desear todo al mismo tiempo ni mucho menos puede hacer todo al mismo tiempo. Sin embargo, por la ley natural siente una gran atracci?n hacia el bien y una repulsa al mal. No son cuestiones culturales, son cuestiones que se llevan en el alma, por el hecho de participar de la naturaleza humana.
Esta capacidad de querer, lo pone de frente a una no menos gran capacidad, que es la de elegir. Se le presentan diversas opciones, diversos objetos por los que debe elegir. Y se elige en base a la ley natural: hacer el bien y evitar el mal. Esta capacidad de elecci?n no es otra cosa que la libertad. De manera que la libertad no es una facultad, sino un accidente de la facultad volitiva, que se explica del siguiente modo: la voluntad es una de las facultades del hombre. Los actos que provienen de esa voluntad, son los actos volitivos y algunos casos, estos actos volitivos son libres.

Para que un acto volitivo sea libre, es necesario que la persona conozca aquello que quiere hacer (los medios para llevarlo a cabo, sus implicaciones, sus consecuencias) y que la persona sea due?a de hacerlo o de no hacerlo. Se establecen de esta manera las condiciones del acto libre. Y es justo en este momento donde tambi?n nace el amor. El amor y la libertad est?n asociadas intr?nsecamente, pues ?ah? donde comienza la libertad nace el amor y donde nace el amor comienza la libertad? . 16 No podemos hablar entonces de determinismos psicol?gicos, cuando por determinismos psicol?gicos entendemos que la voluntad queda reducida o aniquilada por el pasado psicol?gico, el inconsciente o traumas de la vida pasada. Si bien es cierto que algunos de estos factores pueden condicionar y disminuir la libertad con la que la persona puede actuar, jam?s podr?n aniquilar del todo la libertad de la persona.

Por la libertad, esto es, la capacidad de elegir y de amar que tiene el hombre en los actos volitivos libres, puede elegir una opci?n fundamental para su vida, que es el sentido global y totalizante que el hombre da a su vida. Es un h?bito de la libertad de forma que todos sus actos pueden quedar orientados hacia esta opci?n fundamental, pero siempre queda en el hombre, por su facultad volitiva, la capacidad de actuar en determinados actos en contra de la misma opci?n fundamental que ?l libremente ha elegido.
Estas disquisiciones sobre la voluntad nos llevan a conclusiones sobre la persona consagrada. Por la capacidad volitiva, siguiendo la par?bola de la perla y del tesoro en el campo, la persona consagrada conoce el llamado, pero es su voluntad la que lo har? ?vender todo cuanto tiene? para comprar el campo o adquirir la perla d e inmenso valor. Es la voluntad la que mueve la persona a tomar decisiones que puedan hacer que responda al llamado de Dios. La voluntad, como facultad humana puede acrecentarse o disminuirse, dependiendo de la forma en que se ejercite. Con frecuencia las formadoras, superioras y animadoras vocacionales se preguntan el porqu? de la falta de vocaciones y su bajo ?ndice de perseverancia en la vida religiosa. Sin llegar a reducir todo a un factor, bien podemos apuntar que la d?bil fuerza de voluntad en los j?venes est? en el origen de estas dolencias en la vida consagrada. Las formadoras, superioras y animadoras vocacionales, har?n bien en integrar en sus programas de formaci?n, de comunidad o de animaci?n vocacional el cultivo de la voluntad, para desarrollar esta facultad en aquellas religiosas que adolecen de una d?bil fuerza de voluntad.

Por otra parte siendo la libertad un valor propagado a los cuatro vientos en nuestra ?poca, es necesario considerar el concepto verdadero de libertad en la vida religiosa, con sus consecuencias directas en el voto de la obediencia. Libertad no es hacer lo que yo quiera, sino lo que m?s me convenga para alcanzar el fin que me he propuesto en la vida. La persona consagrada se propone seguir m?s de cerca de Jes?s y utilizar?, en l?gica consecuencia con su capacidad volitiva, aquellos medios que m?s puedan ayudarle a alcanzar este ideal. Ideal que filos?ficamente se identifica con la opci?n fundamental. Este concepto de hacer una opci?n por seguir a Cristo en la vida consagrada, viene explicitado por Juan Pablo II, como una contribuci?n al desarrollo teol?gico de la vida consagrada en el periodo de la renovaci?n y que de alguna manera revelan la permanencia de la esencia de la vida consagrada a trav?s de toda la historia: ?Podr? haber hist?ricamente una ulterior variedad de formas, pero no cambiar? la sustancia de una opci?n que se manifiesta en el radicalismo del don de s? mismo por amor al Se?or Jes?s y, en El, a cada miembro de la familia humana?. ?Es ?l quien, a lo largo de los milenios, acerca siempre nuevas personas a percibir el atractivo de una opci?n tan comprometida.? 17

La vida consagrada, entendida como opci?n fundamental implica necesariamente la valoraci?n de otras opciones en la vida. Se hace una opci?n cuando se ha estado en la capacidad de elegir. Saber elegir no es un acto que se debe dar por descontado. La persona puede elegir por diversos motivos, incluso en contra de la ley natural. Puede elegir dej?ndose llevar por sus pasiones, sus instintos, su comodidad. Puede optar por modelos de vida diversos al evangelio. Puede optar por seguir a Cristo, pero por motivos ego?stas o condicionada por elementos que disminuyen o comprometen su libertad.
Ense?ar a elegir es una cuesti?n formativa que se logra haci?ndole ver a la persona que su elecci?n debe estar motivada por el amor, que es un inicio de libertad y viceversa, como apunt?bamos renglones arriba. Y un campo propicio para hacer esta elecci?n es la oraci?n. ?Las personas consagradas, en la medida en que profundizan su propia amistad con Dios, se hacen capaces de ayudar a los hermanos y hermanas mediante iniciativas espirituales v?lidas, como escuelas de oraci?n, ejercicios y retiros espirituales, jornadas de soledad, escucha y direcci?n espiritual. De este modo se favorece el progreso en la oraci?n de personas que podr?n despu?s realizar un mejor discernimiento de la voluntad de Dios sobre ellas y emprender opciones valientes, a veces heroicas, exigidas por la fe.? 18

Se han descuidado, pero son importantes?
?Qui?n tiene la primac?a en la vida del hombre? Un debate se ha abierto a lo largo de los siglos para saber si es el intelecto o la voluntad quien debe dirigir los actos del hombre. Santo Tom?s de Aquino resuelve la cuesti?n 19 al decir que cuando la cosa en el que el bien se encuentra es noble que el alma misma en la cual se encuentra su imagen intelectiva, entonces la voluntad es superior al intelecto con respecto a tal cosa. Pero si la cosa en la que se encuentra el bien est? por debajo del alma, entonces el intelecto es superior a la voluntad.

Sin embargo bien sabemos que el conocimiento y la voluntad pueden estar determinados por la manera en que percibimos y sentimos las cosas. Nos estamos refiriendo por tanto a la afectividad, cuyos frutos m?s palpables son los sentimientos y las emociones. Son sensaciones que se refieren a la parte sensible de nuestro organismo y que pueden tener una gran carga afectiva de temor, amor gozo, esperanza, etc. El sentimiento es una impresi?n agradable o desagradable que experimenta la persona y que no tiene ninguna relaci?n con un objeto. Es simple y puramente un aspecto subjetivo de la persona. As?, mientras que a alguien un d?a de lluvia le pone nervioso o tenso, a otro lo relaja y le invita a una convivencia fraterna con sus hermanos en religi?n.

Una emoci?n es un sentimiento intenso, de duraci?n m?s breve que un sentimiento, pero que comporta alguna reacci?n org?nica anterior, concomitante o posterior a la misma emoci?n.
Se han tratador establecer las causas m?s profundas de dichos sentimientos. Hay quien ve su origen en el inconsciente, quien en la combinaci?n de recuerdos y memorias. Otro lo tratar?n de analizar desde el punto de vista meramente biol?gico. Su origen escapa a una causa cierta y segura, constante en el tiempo. Sin embargo, lo que es real es la parte subjetiva de la sensaci?n. El gozo de una persona es su gozo. De igual forma que la tristeza es su tristeza.

Durante alg?n tiempo, especialmente en la vida consagrada, se trat? de suprimir la vida afectividad. Hoy en d?a nos encontramos con el p?ndulo del reloj hacia el otro lado y as? hay quienes de alguna manera quieren dar una primac?a a la vida afectiva de las personas consagradas. En la vida consagrada se ha de buscar la integraci?n afectiva 20 de la persona consagrada, esto es, que la persona sea capaz de encauzar todos sus sentimientos y emociones a la consecuci?n de su identidad como consagrado.
Los sentimientos y las emociones no se pueden, ni se deben eliminar. Mientras que el hombre sea hombre, por m?s consagrado que lo sea, no dejar? de sentir. Su sensibilidad y su afectividad, lejos de apartarlo de su identidad como persona consagrada, pueden ayudarle a enriquecer esa identidad. Para ello tendr? que utilizar el intelecto y la voluntad. El intelecto para conocer si dicho sentimiento o emoci?n lo aparta o lo acerca a su opci?n fundamental. Y la voluntad para poner en marcha los medios necesarios para aceptar o apartar dicho sentimiento o emoci?n.

?Aqu? finaliza lo que es el hombre?
Al inicio de este peque?o art?culo habl?bamos de la importancia de considerar al hombre en toda su integridad, para no caer en un aspecto reduccionista, como es el caso de algunas ciencias. Hasta ahora hemos hablado de una parte del hombre, de la estructura de su alma. Pero debemos considerar que el hombre es tambi?n cuerpo y esp?ritu. Una forma de concebir al hombre que s?lo tome en cuenta su alma, con las tres potencias antes se?aladas y que deje a un lado el componente biol?gico y el componente espiritual, es una concepci?n hombre incompleto, un error, como otros muchos en los que se puede caer al considerar lo que es el hombre.

Una visi?n global de lo que es el hombre nos lo da la Revelaci?n, el plan de Dios para el hombre. Oigamos lo que dice S. Pablo al respecto: ?Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, para que os conceda, seg?n la riqueza de su gloria, que se?is fortalecidos por la acci?n de su Esp?ritu en el hombre interior, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, pod?is comprender con todos los santos cu?l es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vay?is llenando hasta la Plenitud de Dios.? (Ef,. 3, 14 ? 19).

Se establece por tanto una concepci?n tripartita en el hombre: el cuerpo, en su aspecto biol?gico (bios), su esp?ritu, con sus facultades y potencias (psiche) y el alma (nous), el lugar en d?nde habita Dios. Los nombres que reciben los distintos estratos de esta concepci?n tripartita son muy variados, de acuerdo a las culturas, yen el caso de la cristiandad, de acuerdo a los santos. Para santa Teresa de ?vila por ejemplo, conviene revisar la nomenclatura que utiliza en sus escritos, especialmente cuando describe la vida del alma en ?El castillo interior?. Hay santos que utilizan una terminolog?a a m?stica que puede escapar a todo concepto humano, pero que refleja sin lugar a dudas el hecho de que existe un lugar en el hombre en d?nde su alma habita con Dios.

En base a esta concepci?n tripartita, se establecen las diferentes ciencias que tratan de cada uno de estos aspectos del hombre y que la superiora o formadora deber? tener en cuenta en el momento de formar y dirigir a una persona. No debe olvidar sin embargo que la persona humana es una unidad y como tal lo que sucede en una parte de su ser tiene repercusiones en las otras, como vasos comunicantes. As?, puede observarse en un ejemplo t?pico, que las personas que pasan por una fuerte crisis de depresi?n quedan afectadas no s?lo en su ?nimo (psiche ? nous), sino tambi?n en su parte biol?gica (bios), a trav?s de los des?rdenes en el comer, en el sue?o, en sus actividades motoras. Por ello conviene que conozca en forma somera cu?l es el estado normal del alma y sus enfermedades m?s importantes, as? como el estado normal del esp?ritu y sus enfermedades m?s importantes.

Como puntos de referencia para conocer el estado del esp?ritu y sus enfermedades m?s importantes un libro bastante aceptable, completo y de f?cil lectura es Terapia delle malattie spirituali, un?introducione alla tradizione ascetica della Chiesa ortodossa, de Jean-Claude Larchet, Edizioni San Paolo, Milano 2003. Otro libro cl?sico en este aspecto es de Teolog?a de la perfecci?n de Royo Mar?n. Libro un tanto dif?cil de leer, pero cuya lectura vale la pena para conocer los distintos estados del alma y sus enfermedades. Existen por ?ltimo los libros de los santos, que tanto ayudan a ilustrar en la pr?ctica lo que los manuales y libros de teolog?a espiritual tratan de desentra?ar.

En lo que se refiere al estado del esp?ritu, puede servir el tener contacto con buenos manuales de Psicolog?a, sobre todo aquellas escuelas que est?n siempre abiertas al trascendente y a la concepci?n cristiana de la persona humana. Aquellas que aceptan por tanto la influencia de la gracia en la persona, a trav?s del alma y que dan al hombre la posibilidad de superar sus deficiencias o sus influencias del pasado mediante la libertad y la fuerza de voluntad. Hablaremos un poco m?s al respecto en el siguiente inciso de nuestro art?culo.

La superiora o formadora deber? estar muy al pendiente de aquellas concepciones reduccionistas del hombre. En nuestro tiempo la de mayor importancia es la del materialismo que reduce al hombre bajo distintas dimensiones a su cuerpo. Como el cuerpo humano participa en todas las expresiones de su ser (esp?ritu y alma), muchos reducen a la dimensi?n corporal la dimensi?n del esp?ritu y la dimensi?n del alma a meras manifestaciones psicosom?ticas. Las principales manifestaciones de este materialismo que han acosado el siglo pasado y el actual son el materialismo marxista, el materialismo humanista, el materialismo del bienestar econ?mico y el materialismo psicoanal?tico. Brevemente podemos decir lo siguiente de cada uno de ellos .21

El materialismo marxista se basa en la convicci?n de que la materia es la matriz ?ltima de toda realidad, y en particular de cualquier expresi?n humana. El hombre es una expresi?n m?s elevada de la materia evolutiva. Significa que el hombre puede comprenderse con la ayuda de categor?as materiales.

El materialismo humanista, muy extendido en Europa, dice que los valores y los bienes materiales deben servir para la realizaci?n de los ideales de justicia, libertad, fraternidad, humanizaci?n del hombre por parte del hombre mismo. EL sentido del hombre se encuentra dentro del hombre y s?lo en el horizonte humano. El mismo hombre es capaz de crear estos valores humanos partiendo de una base material. La soluci?n a los problemas como el dolor, la angustia, el sufrimiento, deben ser resueltos, seg?n ellos, s?lo mediante iniciativas humanas. Este tipo de materialismo se ha extendido quiz?s en las comunidades religiosas femeninas cuando se piensa que todos los problemas de la vida fraterna en comunidad, por ejemplo, se resuelven con la sociolog?a, con la aplicaci?n de las teor?as de liderazgo, dejando a un lado la acci?n de la gracia en la vida de la comunidad y en la vida personal de cada religiosa. Otra variaci?n de este mismo problema es cuando se piensa resolver todos los problemas de las religiosas a trav?s de la Psicolog?a o cuando se pide a las novicias o postulantes que hagan un psicoan?lisis, como requisito a la admisi?n o a la profesi?n perpetua.

El materialismo del bienestar econ?mico da una importancia excesiva a los valores del cuerpo como ?nica posibilidad para acceder a la felicidad, generando una cultura de consumismo. Quiz?s este materialismo puede infiltrarse en la vida consagrada cuando se exigen medios materiales desproporcionados a la misi?n o siguiendo ?nicamente la moda del mundo.

El materialismo psicoanal?tico piensa que la vida ps?quica (psiche) es s?lo un reflejo de procesos corp?reos o materiales. La libido sexual es la que gobierna a todo el ser humano, en forma tal que esta escuela de psicolog?a reduce el hombre al instinto. Seg?n ellos, el esp?ritu, con sus facultades de conocimiento, libertad y afectos est? dominada por las energ?a l?bicas que dirigen y orientan todas las decisiones de la persona.


La gracia y la libertad.
Muchos de estos materialismos influyen en la concepci?n del hombre, reduciendo todo sus ser a expresiones de la materia. Conviene estar atento y analizar con cautela cada una de estas nuevas teor?as que de vez en cuando aparecen y que prometen la soluci?n de los problemas personales y los problemas comunitarios. No existen recetas para saber si dichas teor?as reducen al hombre a una manifestaci?n de la materia. Sin embargo, para descubrirlas, hay que pasarlas por la cerniera de la libertad y de la gracia.

El hombre, mediante su cuerpo (bios), sus capacidades espirituales (psiche) y su alma (nous) tiene una doble capacidad para caminar por la vida y enfrentar toda vicisitud que se le presente. Esta doble capacidad es la gracia y la libertad. Por la gracia se hace part?cipe de la misma vida de Dios que reside en su alma (nous) y lo hace capaz de vivir en plenitud, en amistad y en armon?a con Dios, como recordaba el ap?stol San Pablo, en la cita que hemos arriba se?alado: ??para que os vay?is llenando hasta la Plenitud de Dios.? (Ef,. 3, 19). No es por tanto una quimera o un sue?o el saber que Dios act?a en cada persona, en la medida que cada persona quiera actuar. Entramos por tanto en la otra capacidad del hombre, su libertad. Como hemos visto, por su libertad el hombre tiene la capacidad de elegir el bien y rechazar el mal, siempre y cuando tenga bien formada la recta conciencia, en forma tal que buscar? agradar a Dios en cada una de las decisiones que tome. Por el misterio de la Encarnaci?n sabemos que la humanidad de Cristo se ha unido misteriosamente a la divinidad, en la persona del Verbo. Todo su ser actuaba para dar gloria a Dios, esto es para agradarlo. La persona consagrada puede aprender del misterio de la Encarnaci?n el actuar eligiendo (libertad) el agradar a Dios. Su actuar se convierte por tanto en un instrumento para divinizarlo.

La superiora y la formadora que quiera conocer verdaderamente a las personas que la Providencia le ha encomendado pueden ayudarse de las ciencias humanas como la Psicolog?a, la Sociolog?a, siempre y cuando ?stas est?n abiertas al trascendente. Pero deber? tomar cuenta que es una visi?n parcial de la persona humana. Estas, y otras ciencias dan una visi?n del hombre bajo un punto de vista. El hombre no es s?lo liderazgo ni conducta humana. El hombre es tambi?n y sobre todo lugar en d?nde Dios habita, mediante la gracia, en la medida que el hombre se deje modelar de ella, es decir, en la medida en la que el hombre con su libertad elija seguir siempre la vida que le indica Dios. De esta manera la superiora y la formadora podr?n ayudar a conocer mejor a sus compa?eras y a vivir con mayor plenitud la vida consagrada. El hombre, como misterio que es, como esp?ritu encarnado puede y debe llegar a su plenitud, que es transformarse en Cristo para vivir la vida de Dios que le ha sido regalada en el bautismo. Las religiosas, por la especial consagraci?n que hacen de su persona a Dios poseen medios especial?simos para que esta vida pueda fluir con mayor abundancia. Bienvenidas todas aquellas ciencias que con su car?cter cient?fico co-ayudan al conocimiento de la persona consagrada de modo que ?sta sea verdadero templo del Esp?ritu santo.


Publicado por mario.web @ 23:12
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